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Tiempos oscuros — capítulo 6

  • ¡Debería daros vergüenza venir tan poco a ver a vuestra hermana!

Molly Weasley miró a sus hermanos con las manos apoyadas en las caderas y negando levemente con la cabeza mientras trataba de mantener un gesto serio.

  • Venga, Mols, sabes que, si no venimos, es porque no podemos. - Respondió Fabian, dedicándole una media sonrisa.

  • Exacto, no seas cascarrabias. - Gideon intercambió una mirada rápida con su gemelo y, antes de que la pelirroja pudiera hacer nada, se abalanzaron sobre ella y la abrazaron. - Te echamos mucho de menos.

  • Y yo a vosotros. - Ella suspiró cuando se separaron. - Solo sé cómo os va por mamá y papá, ¿por qué a ellos si vais a verlos y a mí no?

  • Ya sabes que es peligroso, si alguien nos descubriera… - Fabian negó con la cabeza. - Lo hacemos por tu propia seguridad, Molly.

Ella apretó un poco los labios y sus hermanos suspiraron. Todos sabían que estaba en peligro desde el mismo instante en el que había aceptado casarse con Arthur y, de hecho, aquel había sido uno de los principales motivos por el que los gemelos se habían unido a la Orden. Querían un mundo mágico más justo, libre de mortífagos y dictadores, pero también querían proteger a su hermana.

  • ¿Dónde están nuestros preciosos sobrinos? - Preguntó Gideon entonces, intentando cambiar a un tema más alegre.

  • Durmiendo la siesta, aunque no creo que Percy tarde mucho en ponerse a llorar y despertar a sus hermanos. - Respondió ella. - Sentaos, prepararé un poco de café.

  • No podemos quedarnos mucho.

  • Venga, Fabian, un ratito. Hace mucho que no hablamos, quiero que me contéis qué tal va todo.

  • No podemos decirle que no o nos pondrá su carita de pena. - Dijo su gemelo mientras Molly enarcaba una ceja y lo fulminaba con la mirada. - O su cara de enfado, que es mucho peor.

  • Pero no más de una hora.

  • Tiempo suficiente. - Los llevó hasta la cocina e hizo un par de hechizos para que la bebida empezara a prepararse antes de sentarse. - Bueno, ¿qué tal le va a la Orden?

  • No podemos contestar a esa pregunta, son asuntos confidenciales. - Respondió Fabian rápidamente.

  • El sábado estuvimos de boda.

  • Gideon. - Lo fulminó con la mirada.

  • ¿Qué? No he dicho nada comprometedor, solo que fuimos a una boda, aunque no nos habían invitado precisamente.

  • ¿Os colasteis en la boda de los Malfoy? - La pelirroja abrió mucho los ojos. - ¿Estáis locos o qué os pasa?

  • Alguien tenía que vigilar a esos mortífagos. - Gideon se encogió de hombros. - Solo tuvimos un enfrentamiento sin importancia, ya se había ido casi todo el mundo.

  • Por Merlín…

  • No entiendo por qué no estábamos invitados, los titos fueron.

  • Ya, bueno, la tita Lucretia era una Black, es normal que fueran. - Murmuró Molly. - A nosotros tampoco nos llego la invitación, si eso te consuela.

  • Hombre, teniendo en cuenta que borraron a tu suegra del árbol familiar era más bien evidente que no os iban a invitar.

  • Gideon, era ironía. - Ella empezó a reír y Fabian no pudo evitar unirse a sus risas. - ¿Cuándo aprenderás a distinguir cuando hablo en broma o en serio?

  • Creo que nunca.

Finalmente él también se unió a las risas y abrazó a su hermana. Su gemelo no tardó en unirse a aquel abrazo y pronto los tres estaban riendo sin parar en mitad de la cocina.

  • Por Merlín, qué idiotas somos… - Molly se secó las lágrimas y sonrió a sus hermanos. - Prometedme que tendréis mucho cuidado en las misiones y que no dejaréis que os hagan nada.

  • Por supuesto, Mols. - Fabian sonrió. - Pero prométenos tú que Arthur y tú estaréis siempre alerta. No me fío ni un pelo de los Black, están todos locos.

  • Por eso la gente huye de esa familia. - Puso los ojos en blanco. - Y no te preocupes. Tenemos cuidado, no queremos poner en peligro a los niños.

Justo entonces escucharon un llanto y la pelirroja suspiró.

  • Hablando de niños… - Se puso de pie y señaló la cafetera. - Voy a por ellos, id sirviéndoos, ya debe estar listo.

Molly se marchó de la cocina y los dos chicos intercambiaron una rápida mirada.

  • No deberías decirle esas cosas a Mols. - Murmuró Fabian. - No quiero asustarla.

  • Ya es mayorcita, puede soportarlo. - El otro se encogió de hombros. - Además, no le he dicho nada malo, solo que estuvimos en la boda de los Malfoy.

  • Eso ya es demasiado.

  • Venga, no seas así.

  • Al final acabaremos metidos en un lío enorme…

  • Tú antes eras más divertido, ¿qué te ha pasado, Fabian?

  • Que me gustaría conservar la vida o, al menos, no morir en vano. - Negó con la cabeza.

  • Venga, todos estaremos bien. - Trató de animarlo el otro.

No pudieron seguir hablando más pues dos pequeños entraron corriendo en la cocina y se lanzaron a sus brazos.

  • ¡Tito! ¡Tito! - Gritaron ambos.

  • Niños, tened cuidado.

Molly les dedicó una media sonrisa mientras entraba en la habitación con el pequeño Percy en brazos. Gideon cogió a Charlie mientras Fabian cogía a Bill y ambos empezaron a jugar con ellos. La pelirroja se sentó y les dedicó una mirada cargada de cariño. Lo único que pedía era que su familia estuviera bien.

  • Te juro que de este año no pasa, Canuto. - Dijo James con determinación, tumbado bocarriba en la cama y jugando con una snitch.

  • ¿No llevas un par de años ya diciendo eso, Cornamenta? - Sirius se incorporó un poco en la cama y le dio una pequeña patada, que lo alcanzó de lleno en el costado. - Ríndete de una vez, no lo vas a conseguir.

  • La esperanza es lo último que se pierde. Además, este año no estará el cretino de Quejicus para hablarle mal de mí y se dará cuenta de lo genial que soy.

  • Con lo divertido que es ir de flor en flor…

  • ¿Y nunca repetirías con ninguna? - Se incorporó también y lo miró con una ceja enarcada.

  • No. - Respondió él rápidamente.

  • ¿Seguro?

  • Claro que sí. - Mintió de forma casi inconsciente. - ¿Para qué repetir?

  • Parece que se te olvida que ya repetiste con cierta rubita. - James tuvo que contener una carcajada. - ¿O vas a decirme ahora que McKinnon es como las demás?

  • Estábamos borrachos. - Contestó, fulminándolo con la mirada. - Yo puedo usarlo para molestarla a ella, pero tú no. Además, la primera vez fue solo porque tú me retaste a besarla porque nunca había besado a nadie y ella estuvo a punto de matarme.

  • Eso me suena a excusas.

  • A ver, McKinnon es probablemente una de las chicas más guays de todo Hogwarts, pero ya está.

  • Si claro, lo que tú digas. Me apuesto lo que quieras a que este año repites con ella. - James sonrió de medio lado. - Estoy seguro de que, si no pasa nada, será solo porque ella no quiera.

  • Por favor, Cornamenta, no digas estupideces. - Se dejó caer en la cama y arrugó la frente. - Ninguna chica puede resistirse a mis encantos.

  • ¿Quieres que apostemos?

  • Lo que quieras.

  • Si consigues que McKinnon vuelva a liarse contigo antes de Halloween entraré al Gran Comedor en calzoncillos subido en mi escoba y me declararé otra vez a Evans.

  • ¿Y si no lo consigo?

  • Pues tendrás que hacerlo tú.

  • ¿Declararme a Evans, Cornamenta? - Se incorporó y lo miró con chulería haciendo que el otro negara con la cabeza. - Podría acabar enamorada de mí, te lo advierto.

  • Claro que no, imbécil, declararte a McKinnon. - Replicó, un poco molesto. - De todas formas, Evans jamás se fijaría en ti.

  • No intentes ponerme a prueba…

Justo entonces la puerta se abrió, interrumpiendo su conversación. Euphemia Potter asomó la cabeza y les dedicó una cálida sonrisa a sus dos hijos - porque Sirius Black era un Potter más al fin y al cabo y, tal y como ella le había asegurado el día que apareció en la puerta de su casa con sus cosas, desde ese momento sería otro hijo más y ellos se harían cargo de él -.

  • Ya está la cena, chicos.

  • Vale, mamá, ya bajamos. - Contestó James guiñándole el ojo.

  • ¿Habéis terminado ya de recoger todas las cosas? - Les preguntó.

  • Sí, Euphemia, no te preocupes. - Sirius también sonrió. - Todo está listo para marcharnos mañana por la mañana temprano.

  • Muy bien, de todas formas no os olvidéis de revisar de nuevo el dormitorio después de la cena, con lo despistados que sois seguramente se os olvidará algo. - Lanzó una pequeña carcajada antes de salir del dormitorio y gritarles mientras empezaba a bajar las escaleras. - ¡Y ahora bajad, la comida se está enfriando!

  • ¡Ya vamos!

James se levantó de un salto de la cama y se alborotó el pelo mientras su amigo se ponía de pie también y se desperezaba de forma perezosa.

  • Entonces, ¿trato?

  • Por supuesto, Cornamenta, pero no me vengas llorando cuando tengas que declararte a Evans medio desnudo y McGonagall ponga el grito en el cielo.

  • A lo mejor así consigo salir con ella, puede que mi cuerpo de jugador de quidditch la impresione. - Sacó músculo antes de echarse a reír. - Por Merlín, qué ganas tengo de verte declararte a McKinnon.

Sirius negó con la cabeza y sonrió de forma burlona aunque no pudo evitar sentir una pequeña punzada en el estómago que jamás admitiría. Él era un rompecorazones, un chico duro y no podía reconocer que le aterraba la mera posibilidad de pensar qué podía llegar a sentir exactamente por Marlene. Desde la primera vez que la había besado hacía ya tantos años todo había cambiado entre ellos, aunque Sirius no se había percatado de ello hasta que había vuelto a besarla. Bendito juego de la botella y bendito alcohol que había hecho que ambos salieran de la torre después del juego ante la atónita mirada de todos sus compañeros. Sabía que Marlene no era como las demás chicas del castillo, era muy decidida y sarcástica y decía todo lo que se le pasaba por la cabeza. Era la típica chica que ningún padre aceptaría a pesar de sus buenas notas y su carita de niña buena y eso le encantaba. Pero de ahí a declararse había un gran salto y no podía hacerlo. Tenía que conseguir volver a liarse con ella como fuera, aunque eso no era precisamente algo que le disgustara.

  • Sigue soñando porque eso no pasará jamás.

  • Ya veremos.

  • Anda, deja de decir tonterías y bajemos a cenar, no me gustaría hacer esperar a tus padres, bastante han hecho ya al dejar que me quede aquí sin pedirme nada a cambio. Incluso me han comprado las cosas para el colegio… - Suspiró. Se había ido de su casa prácticamente sin nada, solo lo que llevaba puesto, su varita y dos o tres cosas que había podido recoger mientras seguía discutiendo con su "queridísima" madre.

  • Sabes que para ellos eres un Potter más. - Se encogió de hombros.

El mayor de los Black sonrió ampliamente. Le encantaba oír aquello y es que nada le habría gustado más que haber nacido en aquella familia.