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Tiempos oscuros — capítulo 7

Eran casi las once del día uno de septiembre y el andén 9 y ¾ estaba a rebosar de magos y brujas. Muchos se subían ya al tren mientras otros buscaban a sus amigos y, los más dormilones, cruzaban rápidamente la barrera.

  • ¡Lily!

La pelirroja suspiró aliviada al ver a la familia McKinnon. Por un momento había llegado a temer que no llegaran a tiempo.

  • Ya era hora, Lene. - Dijo tras abrazarla. - Creía que no llegabais.

  • Nick es un desastre, no había terminado de recoger las cosas todavía y mi madre ha tenido que prepararle el baúl rápidamente esta mañana. - Explicó la rubia, negando con la cabeza.

  • Lo tenía todo controlado.

  • Ya claro…

  • Por cierto, hola Lily. - La saludó con una media sonrisa. - Estás muy guapa.

  • Gracias, Nick. A ti también te ha sentado muy bien el verano. - Respondió. Él se acercó entonces a ella y la abrazó, haciendo que lanzara una carcajada.

  • ¿Eres consciente de que es muy mayor para ti, verdad? - Dijo su hermana, poniendo los ojos en blanco. - Me encantaría tener a Lily de cuñada, pero no creo que hagáis muy buena pareja. Ella ya puede usar la red flu sin supervisión.

  • ¡Marlene!

El rubio se separó de la chica completamente rojo y fulminó a su hermana con la mirada.

  • Tranquilo, si ya sabía que estás coladito por ella. Se lo conté hace mucho.

  • ¿Qué?

  • Le pareció adorable.

  • Yo… Me voy al tren.

Se despidió de sus padres y hermanos pequeños y subió rápidamente por la primera puerta que encontró, incapaz de volver a mirar a la chica.

  • No seas mala con él, Lene. - La reprendió Lily. - Es pequeño aún.

  • Es que es divertido. - Contestó, encogiéndose de hombros. - ¿Tiene posibilidades contigo?

  • Más que Potter desde luego.

  • Mira, Cornamenta, parece que alguien quiere quitarte a Evans. - Comentó Sirius con ironía señalando a Nick McKinnon.

  • Tranquilo, tu cuñado no tiene nada que hacer contra mí.

  • ¿Cuñado? - Euphemia sonrió. - ¿Tienes novia y no me lo cuentas, Sirius?

  • No es mi novia, es que Jamie tiene mucha imaginación. - Contestó rápidamente. - Si me echo novia serás la primera en saberlo.

  • No dejes que te engañe, mamá. - Insistió James. - Es la rubia que está junto a la pelirroja preciosa.

  • La "pelirroja preciosa" es la chica de la que te hablé. - Dijo Sirius entonces.

  • Así que esa es la famosa Lily que tanto le gusta a James…

  • ¡¿Qué?! - Fulminó a su amigo con la mirada sin poder evitarlo. - ¿Se lo has contado a mi madre?

  • Claro, tenía que saberlo. - Contestó, cruzándose de brazos y dedicándole una sonrisa cargada de chulería. - No puedes ni imaginarte lo mucho que nos reímos mientras le contaba la de veces que te ha dado calabazas.

  • ¿Qué has hecho qué? - Abrió mucho los ojos. Sabía que había palidecido y lo único que quería en ese momento era que la tierra lo tragara.

  • Tú sigue intentándolo, hijo. - Lo animó la mujer. - Es muy guapa y, por lo que me ha contado Sirius, muy inteligente también.

  • Es la prefecta de Gryffindor.

  • También me lo ha dicho.

  • Joder, Canuto, ¿hay algo que no le hayas contado?

  • Sí. - Miró a la mujer con preocupación. - El otro día volvió a rechazarlo cuando fuimos al Callejón Diagon.

  • ¡No me digas! - Euphemia dio una pequeña palmada y apretó los labios.

  • ¡Dejadlo ya! - Se quejó el pelinegro. - Mi madre y mi mejor amigo aliados contra mí, esto debe ser solo una pesadilla.

  • Ojalá, Cornamenta, pero por desgracia para ti no lo es. - Rodeó sus hombros con su brazo y sonrió ampliamente. - Somos así de fabulosos.

  • Te contaré toda la historia de Sirius y Marlene en mi próxima carta, mamá.

  • Oh, así que la rubia se llama Marlene. - Euphemia enarcó una ceja y tuvo que contener una carcajada. - Quiero conocerlas a ambas, más os vale traerlas pronto a casa para que yo pueda darles mi visto bueno. Nadie sale con mis hijos sin pasar un examen previo.

Los dos chicos sonrieron y Sirius se sonrojó un poco sin poder evitarlo, pero aquel buen ambiente se rompió al ver aparecer a Walburga, Orion y Regulus Black. Los tres entraron al andén con paso decidido y la cabeza alta y, cuando sus ojos se encontraron con los de su hijo mayor, le dedicaron una mirada de auténtico asco.

  • Lo mejor será que subamos ya al tren. - Se apresuró a decir James.

  • Estoy de acuerdo. - Su padre sonrió. - Buen viaje chicos, escribidnos pronto para saber qué tal os va todo.

Se despidieron con unos abrazos rápidos y los dos chicos subieron al tren.

  • Malditos traidores, estoy deseando que el Señor Tenebroso llegue al poder para que les de su merecido. - Masculló Walburga por lo bajo.

  • El día llegará pronto, querida. - Dijo su marido, también en voz baja, y dedicándole una sonrisa. - Los verdaderos magos volveremos a ocupar el lugar que nos corresponde.

  • Y nuestro pequeño colaborará para que eso suceda. - Le dedicó una mirada de orgullo a su hijo que se obligó a fingir una sonrisa. - Nuestro digno heredero, no como otros.

  • Tranquila, madre, yo sé cuál es el lugar que me corresponde por ser un Black y no dejaré que ningún traidor empañe nuestro apellido. Haré todo lo que esté en mi mano para evitar que Sirius siga avergonzando a esta familia, aunque ya no pertenezca a ella. No es más que una desgracia.

  • No puedes ni imaginarte lo orgullosos que estamos de ti, Regulus.

  • Gracias. - Asintió con solemnidad. - Debo marcharme o el tren partirá sin mí. Prometo escribir pronto.

Se despidió de los dos de forma cordial, aunque un poco fría, y se subió al tren rápidamente, abriéndose paso a empujones.

  • Malditos ingratos que no me dejan paso. - Masculló por lo bajo, echando de mala manera a un lado a unas niñas que debían estar en segundo.

  • ¡Eh, tú!

Se detuvo al escuchar aquella voz. Marlene estaba justo delante de él, cruzada de brazos y dedicándole una mirada enfadada.

  • ¿Qué?

  • Que sea la última vez que empujas a unos niños pequeños.

  • ¿O qué?

  • O te las verás conmigo y, créeme Black, no quieres verme enfadada. - Negó con la cabeza antes de acercarse a él y agarrarlo del brazo. - Y también que sea la última vez que dices eso de tu hermano.

  • Vaya, McKinnon, no sabía que estabas tan pendiente de todo lo que se dice de Sirius. - Replicó, enarcando una ceja. - Una mestiza no me dice qué hacer.

  • Más te vale empezar a tener cuidado. Me da igual que seas un mortífago, deja tranquilo a tu hermano y al resto o te arrepentirás.

Lo soltó y se dirigió de nuevo hacia su compartimento mientras el chico entraba en el que estaban el resto de sus amigos de Slytherin: Snape, Avery y Mulciber. Les dedicó una sonrisa un tanto fingida y se sentó con un nudo en el estómago. A él no le gustaba ser así, pero sabía que era lo que se esperaba de él. Ya no era uno más, ya no era el hijo pequeño, ahora era el heredero. Debía actuar así, debía mostrar superioridad y, sobre todo, debía fingir que odiaba a Sirius más que a cualquier otro ser del universo por mucho que le doliera hacerlo.

  • Ya estoy de vuelta.

Marlene se sentó frente a Lily, que escribía algo de forma distraída en un pergamino. El comentario de Regulus la había puesto alerta. Aquello era cierto, ¿desde cuándo estaba tan pendiente de todo lo que decían de Sirius? Había escuchado el comentario que su hermano había hecho desde una distancia considerable, no había podía evitar prestar atención a sus palabras al escuchar el nombre del chico. A veces eso la asustaba un poco, especialmente desde el día que se liaron. ¿Por qué hicieron aquello? ¡Si ella todavía seguía enfadada con él por haberle robado su primer beso en tercer curso! Se empeñaba en echarle la culpa a lo que habían bebido en la fiesta, pero no había hecho aquello contra su voluntad. Había querido hacerlo, había querido besar a Sirius Black. Pero aquello jamás lo admitiría en voz alta y no pensaba permitir que pasara de nuevo. Ella no iba a ser una más de una lista de conquistas.

  • ¿Ha pasado algo?

  • ¿Qué? - La voz de su amiga la había sacado de sus pensamientos. La pelirroja la miraba con el ceño fruncido y ella se notó palidecer. Lily era su mejor amiga, pero no quería que nadie se enterara de aquello.

  • Estás más callada de lo normal, Lene. ¿Te has encontrado a Black o algo fuera?

  • Sí, pero no a Sirius. - Respondió, encogiéndose de hombros. Menos mal que era solo eso. - Regulus estaba molestando a unos niños pequeños y he tenido que intervenir.

  • No se lo digas a Remus o te echará la bronca. - Puso los ojos en blanco y la otra sonrió.

  • Me da igual que ese niñato sea un mortífago, yo no pienso tenerle miedo. - La rubia se echó hacia atrás en el asiento. - No sé qué se cree que es.

  • Sabes que estoy de acuerdo contigo, pero debemos tener cuidado. En el colegio estamos seguras, pero en cuanto salgamos las cosas cambiarán. Tendremos que luchar si queremos sobrevivir, ya somos objetivos, no deberíamos señalarnos todavía más.

  • No nos pasará nada. - La cortó. - Pueden pasar muchas cosas en dos años, quizás hayan acabado con ellos para entonces.

  • ¿Y si no?

  • Pues tú misma lo has dicho: lucharemos.

Lily no pudo contestar. La puerta del compartimento se abrió y Remus asomó la cabeza.

  • Lils, reunión de prefectos.

  • Voy, Rem.

  • Y, Lene, te he traído compañía para que no te aburras mientras Lily está en el vagón. - Añadió dedicándole una sonrisa nerviosa. - Bueno, más bien me ha seguido.

  • No. - Dijo rápidamente, abriendo los ojos.

  • No.

  • Hola, McKinnon. - Antes de que pudiera decir nada más, Sirius pasó al interior y se dejó caer junto a ella. - ¿Me has echado de menos?

  • Merlín, ¿qué habré hecho yo para merecer esto? - Masculló, enterrando la cabeza entre las manos.

  • Ser una buena persona, probablemente. - Respondió él, dedicándole una media sonrisa burlona. - Si no la vida no te habría recompensado conmigo.

  • ¿No puedo ir yo también a esa reunión?

  • Solo prefectos. - Se disculpó Remus dedicándole una mirada arrepentida.

  • Podría tomar notas o me quedaría en una esquina en silencio. - Insistió. - Incluso podría fingir que soy una planta, de verdad. Cualquier cosa es mejor que esta tortura.

  • Es una reunión confidencial, lo siento.

  • Ya os vale a los dos…

  • El deber nos llama, Lene. - Lily se encogió de hombros. - Anda, vámonos Remus o llegaremos tarde.

  • Luego os vemos.

Los dos se marcharon y el mayor de los Black aprovechó para apoyar las piernas en el asiento de enfrente.

  • No te pongas cómodo, Black. - Dijo Marlene, cruzándose de brazos. - No vas a quedarte aquí.

  • Tienes razón.

  • Por supuesto que… Espera, - Frunció el ceño y lo miró un poco preocupada. - ¿acabas de darme la razón?

  • Es que la tienes.

  • ¿Ah, sí? - Agitó la cabeza para borrar su mirada sorprendida. - Quiero decir, por supuesto que sí.

  • Nos están esperando en otro sitio.

  • ¿Están?

  • James y Peter. - Respondió con tranquilidad, encogiéndose de hombros.

  • Ni hablar.

  • No te estoy dando a elegir, McKinnon. No pienso dejarte aquí sola y desprotegida, hay gente en este colegio que no es de fiar y no me perdonaría que algo malo te pasara.

  • ¿En el tren?

  • Exacto.

  • Sí, tienes razón, puede intentar atacarme la señora del carrito de chuches. - Contestó ella, llevándose una mano al pecho y fingiendo preocupación. - Podría intentar obligarme a comer ranas de chocolate o, peor aún, grajeas. ¿Cómo lo soportaría, Sirius?

Ambos se miraron fijamente durante unos instantes y estallaron en carcajadas.

  • Demasiado melodramática, Marlene.

  • McKinnon, para ti. - Le recordó.

  • Tú me has llamado Sirius antes, creo que ya tenemos la suficiente confianza como para dar un paso más y llamarnos por nuestros nombres de pila.

  • Eres imposible.

  • Tú también. - Se puso de pie. - Y ahora vamos, los demás nos están esperando.

  • No pienso ir.

  • Vas a venir.

  • Tendrás que obligarme.

  • Nada que no entrara en mis planes.

La cogió en volandas y la subió a su hombro antes de abrir la puerta y salir al pasillo. La rubia empezó a patalear y protestar, sin importarle las miradas curiosas que les dedicaba la gente al verlos pasar. Cuando finalmente llegaron al compartimento en el que estaban los amigos del chico, él la soltó y se sentó a su lado.

  • Hola, McKinnon. - La saludó James con una amplia sonrisa.

  • Que os den.

  • Joder, Marlene… - Intervino Peter, negando con la cabeza.

  • A ti no, Peter. - Se apresuró a decir con una amplia sonrisa. - Solo a estos dos.

  • Nos espera un viaje muy interesante. - Añadió Sirius, también sonriendo y pasando un brazo por los hombros de la rubia, que lo apartó con una mirada de indignación.

  • No te imaginas cuanto.


Hola a todos ^^

Pues parece que los chicos por fin vuelven a Hogwarts ;) ¿Qué os ha parecido el capítulo? Me encanta la relación que tienen Sirius y la señora Potter xD Pobre James jajaja Y vaya tela con Marlene ;)

Esta semana solo voy a subir este capítulo porque con esto de la Semana Santa no voy a parar apenas por casa (y no tengo más capítulos escritos de esta historia, tengo que adelantarla en serio), así que nos leemos de nuevo el martes ;)

Muchos besos y buenas vacaciones,

María :)