La niña que sobrevivió — capítulo 4
Un lunes apareció una noticia en la sala común de Gryffindor; que los hizo protestar a todos.
Las lecciones de vuelo comenzarían el jueves... y Gryffindor y Slytherin aprenderían juntos.
—Perfecto —dijo en tono sombrío Hydra—. Ahora tenemos que ver a Parkinson y las chimpancés que la siguen a todos lados durante una clase más.
Harly deseaba aprender a volar más que ninguna otra cosa.
Entre las chicas no se hablaba mucho del tema, pero en cuanto los muchachos vieron el anuncio no se habló de otra cosa entre ellos.
Solo Neville, quien tenía mejor relación con las chicas de su curso que con sus compañeros de cuarto, y que no había tenido una escoba en toda su vida, porque su abuela no se lo permitía, no hablaba de ello, y las pocas veces que lo hacía, su cara se ensombrecía por el miedo y los nervios.
Hermione estaba casi tan nerviosa como Neville con el tema del vuelo. Llegó al desayuno del jueves de su acostumbrado paseo por la biblioteca por las mañanas con un libro llamado Quidditch a través de los tiemposy comenzó a leerlo en voz alta. Neville estaba pendiente de cada palabra, desesperado por encontrar algo que lo ayudara más tarde con su escoba, pero Harly no pudo evitar alegrase cuando lalectura de Hermione fue interrumpida por la llegada del correo.
Mientras Hydra les compartía golosinas que le acababan de llegar de parte de su casa, un lechuzón entregó a Neville un paquetito de parte de su abuela. Él Lo abrió excitado y les enseñó una bola de cristal, del tamaño de una gran canica, que parecía llena de humo blanco.
—¡Es una Recordadora! —explicó—. La abuela sabe que olvido cosas y esto te dice si hay algo que te has olvidado de hacer. Mirad, uno la sujeta así, con fuerza, y si se vuelve roja... oh... —se puso pálido, porque la Recordadora súbitamente se tiñó de un brillo escarlata—... es que has olvidado algo...
Neville estaba tratando de recordar qué era lo que había olvidado, cuando Draco Malfoy que pasaba al lado de la mesa de Gryffindor; le quitó la Recordadora de las manos. Hydra en seguida se levantó de su asiento para encarar a su primo
—Devuélvele su Recordadora a Neville, Draco
—No tengo muchas ganas de hacerlo ¿sabes?
Hydra estaba cada vez más molesta con la actitud de su primo, ella nunca lo había visto así cuando su madre y él iban de visita a casa de su tía y no entendía porque se volvía tan idiota cada que estaba con sus amigos
—¿Qué ganas tú molestándolo?
En ese momento, la profesora McGonagall se acercó
—¿Qué sucede?
—Malfoy me ha quitado mi Recordadora, profesora.
Con aire ceñudo, Malfoy dejó rápidamente la Recordadora sobre la mesa.
—Sólo la miraba —dijo, y se alejó, seguido por Crabbe y Goyle.
Aquella tarde, a las tres y media, Harly, Hydra y Hermione, junto con losGryffindor's de su curso salieron del castillo hacia el parque, para asistir a su primera clase de vuelo. Era un día claro y ventoso. La hierba se agitaba bajo sus pies mientras marchaban por el terreno inclinado en dirección a un prado que estaba al otro lado del bosque prohibido, cuyos árboles se agitaban tenebrosamente en la distancia.
Los Slytherin's ya estaban allí, y también las veinte escobas, cuidadosamente alineadas en el suelo.
Y también Fred Weasley, uno de los hermanos mayores de Ron, que rápido se acercó a saludar a Hydra, haciendo la cara de ella compitiera con el color del cabello de él; y un muchacho castaño, alto y muy guapo que Harly había visto en el callejón Diagon el día de su cumpleaños.
El chico al parecer no quería quedarse solo, ya que acompaño a Fred cuando se acercó a donde estaban Harly, Hydra y Hermione.
—Vaya, no sabía que la chica más linda del mundo iba a estar en esta clase —le dijo a Harly—. Creo que no me presente la otra vez, soy Cedric.
Cedric se inclinó un poco y le dio un beso en la mejilla.
—Yo Harly
Harly sintió la mirada burlona de Hermione cuando se puso de puntillas para regresarle el beso.
Entonces llegó la profesora, la señora Hooch. Era baja, de pelo canoso y ojos amarillos como los de un halcón.
—Bueno ¿qué estáis esperando? —bramó— ¿Ya habéis repartido las escobas? —les dijo a Fred y a Cedric, cuando éstos asintieron, se dirigió a la clase —. Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rápido.
Harly miró su escoba. Era vieja y algunas de las ramitas de paja sobresalían formando ángulos extraños.
—Extended la mano derecha sobre la escoba —les indicó la señora Hooch— y decid «arriba».
—¡ARRIBA! —gritaron todos.
La escoba de Harly saltó de inmediato en sus manos, consiguiendo una sonrisa de parte de Cedric, pero fue una de las pocas que lo consiguió.Hydra también lo había conseguido perola de Hermione no hizo más que rodar por el suelo y la de Neville no se movió en absoluto.
Luego, la señora Hooch les enseñó cómo montarse en la escoba, sin deslizarse hasta la punta, y recorrió la fila, corrigiéndoles la forma de sujetarla. Harly, que estaba harta de las historias sobre vuelos que contaba Malfoy, no pudo evitar reírse cuando la profesora le dijo que lo había estado haciendo mal durante todos esos años pero se calló cuando vio la cara triste que tenía Hydra cada que recordaba a su primo desde la mañana.
—Ahora, cuando haga sonar mi silbato, dais una fuerte patada —dijo la señora Hooch—. Mantened las escobas firmes, elevaos un metro o dos y luego bajad inclinándoos suavemente. Preparados... tres... dos...
Pero Neville, demasiado nervioso como para escuchar bien las indicaciones, dio la patada antes de que sonara el silbato.
—¡Vuelve, muchacho! —gritó, pero Neville subía en línea recta, como el corcho de una botella... Cuatro metros... seis metros... Halry le vio la cara pálida y asustada, mirando hacia el terreno que se alejaba, lo vio jadear; deslizarse hacia un lado de la escoba y…
BUM... Un ruido horrible y Neville quedó tirado en la hierba. Su escoba seguía subiendo, cada vez más alto, hasta que comenzó a torcer hacia el bosque prohibido y desapareció de la vista.
La señora Hooch se inclinó sobre Neville, con el rostro tan blanco como el del chico.
—La muñeca fracturada —la oyó murmurar la clase—. Vamos, muchacho... Está bien... A levantarse.
Se volvió hacia el resto de ellos.
—No debéis moveros mientras llevo a este chico a la enfermería. El señor Weasley y el señor Diggory quedan a cargo hasta que yo vuelva. Dejad las escobas donde están o estaréis fuera de Hogwarts más rápido de lo que tardéis en decir quidditch. Vamos, hijo.
Neville, con la cara surcada de lágrimas y agarrándose la muñeca, cojeaba al lado de la señora Hooch, que lo sostenía. Casi antes de que pudieran marcharse, Malfoy ya se estaba riendo a carcajadas.
—¿Habéis visto la cara de ese gran zoquete?
Los otros Slytherin's le hicieron coro.
—¡Cierra la boca, Malfoy! —dijo Hydra en tono cortante.
—Oh, ¿estás enamorada de Longbottom? —dijo Parkinson con tono burlón —. Nunca pensé que te podían gustar los gorditos llorones, Hydra.
—¡Mirad! —dijo Malfoy, agachándose y recogiendo algo de la hierba—. Es esa cosa estúpida que le mandó la abuela a Longbottom.
La Recordadora brillaba al sol cuando la cogió.
—Trae eso aquí, Malfoy —dijo Cedric con calma.
Todos dejaron de hablar para observarlos.
Malfoy sonrió con malignidad.
—Creo que voy a dejarla en algún sitio para que Longbottom la busque... ¿Qué os parece... en la copa de un árbol?
—¡Muy bien! Haz lo que quieras, yo seré el más feliz cuando te expulsen, te lo aseguro.
—¡Tráela aquí! —intervino Harly, pero Malfoy había subido a su escoba y se alejaba.
Desde las ramas más altas de un roble la llamó:
—¡Ven a buscarla si eres tan valiente, Potter!
Harly cogió su escoba.
—¡No! —gritó Hermione —. Harly, La señora Hooch dijo que no nos moviéramos. Nos vas a meter en un lío.
Por primera vez, Harly no le hizo caso a su amiga. Le ardían las orejas. Se montó en su escoba, pegó una fuerte patada y subió. El aire agitaba su pelo y su túnica, silbando tras ella y, en un relámpago de feroz alegría, se dio cuenta de que había descubierto algo que podía hacer sin que se lo enseñaran. Era fácil, era maravilloso. Empujó su escoba un poquito más, para volar más alto, y oyó los gritos y gemidos de las chicas que la miraban desde abajo.
Dirigió su escoba para enfrentarse a Malfoy en el aire.
Éste la miró asombrado.
—¡Déjala —gritó Harly— o te bajaré de esa escoba con un embrujo!
—Ah, ¿sí? —dijo Malfoy, tratando de burlarse, pero con tono preocupado.
Harly sabía, de alguna manera, lo que tenía que hacer. Se inclinó hacia delante, cogió la escoba con las dos manos y se lanzó sobre Malfoy como una jabalina. Malfoy pudo apartarse justo a tiempo, Harly dio la vuelta y mantuvo firme la escoba, nunca se había sentido tan libre en su vida. Abajo, algunos aplaudían.
—Aquí no está tu papi para salvarte, Malfoy —exclamó Harly
Parecía que Malfoy también lo había pensado.
—¡Atrápala si puedes, entonces! —gritó.
Giró la bola de cristal hacia arriba y bajó a tierra con su escoba. Harly vio, como si fuera a cámara lenta, que la bola se elevaba en el aire y luego comenzaba a caer. Se inclinó hacia delante y apuntó el mango de la escoba hacia abajo. Al momento siguiente, estaba ganando velocidad en la caída, persiguiendo a la bola, con el viento silbando en sus orejas mezclándose con los gritos de los que miraban, aunque el cabello le tapaba más de la mitad de la cara, alcanzó a ver claramente donde había caía la Recordadora. Extendió la mano y, a unos metros del suelo, la atrapó, justo a tiempo para enderezar su escoba y descender suavemente sobre la hierba, con la Recordadora a salvo.
—¡SEÑORITA POTTER!
Su corazón latió más rápido que nunca. La profesora McGonagall corría hacia ella. Se puso de pie, temblando.
—Nunca... en todo mis años en Hogwarts...
La profesora McGonagall estaba casi muda de la impresión, y sus gafas centelleaban de furia.
—¿Cómo te has atrevido...? Has podido romperte el cuello...
—No fue culpa de ella, profesora, solo quiso ayudar a un compañero...
—Silencio, Diggory.
—Si la va a castigar mejor castíguenos a nosotros, profesora, que estábamos a cargo…
—Ya es suficiente, Weasley. Harly Potter, ven conmigo.
En aquel momento, Harly pudo ver el aire triunfal de los Slytherin's, mientras andaba insegura tras la profesora McGonagall, de vuelta al castillo. La iban a expulsar; la sabía. Quería decir algo para defenderse, pero no podía controlar su voz. La profesora McGonagall andaba muy rápido, sin siquiera mirarlo. Tenía que correr para alcanzarla. Esta vez sí que lo había hecho. No había durado ni dos semanas. En diez minutos estaría haciendo su maleta. ¿Qué dirían los Dursley cuando lo vieran llegar a la puerta de su casa?
Subieron por los peldaños delanteros y después por la escalera de mármol. La profesora McGonagall seguía sin hablar. Abría puertas y andaba por los pasillos, con Harly corriendo tristemente tras ella. Tal vez la llevaba ante Dumbledore. Pensó en que quizá podría irse a vivir con Hydra a con Hermione, después de todo, ambas tenían contacto con el mundo muggle.
La profesora McGonagall se detuvo ante un aula. Abrió la puerta y asomó la cabeza.
—Discúlpeme, profesor Flitwick. ¿Puedo llevarme a Wood un momento?
«¿Wood? —pensó Harly aterrada—. ¿Wood sería el encargado de aplicar los castigos físicos de los que habla Filch todo el tiempo?»
Pero Wood era sólo un muchacho corpulento de quinto año, que salió de la clase de Flitwick con aire confundido.
—Seguidme los dos —dijo la profesora McGonagall.
Avanzaron por el pasillo,Wood mirando a Harly con curiosidad.
—Aquí.
La profesora McGonagall señaló un aula en la que sólo estaba Peeves, ocupado en escribir groserías en la pizarra.
—¡Fuera, Peeves! —dijo con ira la profesora.
Peeves tiró la tiza en un cubo y se marchó maldiciendo. La profesora McGonagall cerró la puerta y se volvió para encararse con los muchachos.
—Señorita Potter, éste es Oliver Wood. Wood, te he encontrado a una buscadora.
La expresión de intriga de Wood se convirtió en deleite.
—¿Está segura, profesora?
—Totalmente —dijo la profesora con vigor—. Esta chica tiene un talento natural. Nunca vi nada parecido. ¿Ésta ha sido tu primera vez con la escoba, Potter?
Harly asintió con la cabeza en silencio. Su alivio era tan grande que no podía ni hablara
—Atrapó esa cosa con la mano, después de un vuelo de quince metros —explicó la profesora a Wood—. Ni un rasguño. Charlie Weasley no lo habría hecho mejor.
A juzgar por su cara, Wood parecía pensar que había llegado al paraíso.
—¿Alguna vez has visto un partido de quidditch, Potter? —preguntó excitado.
—Wood es el capitán del equipo de Gryffindor —aclaró la profesora McGonagall.
—Y tiene el cuerpo indicado para ser buscadora —dijo Wood, paseando alrededor de Harly y observándola con atención, Harly se sentía como un perrito al que alguien quiere comprar —. Ligera, seguro es veloz... Vamos a tener que darle una escoba decente, profesora, una Nimbus 2.000 o una Barredora 7.
—Hablaré con el profesor Dumbledore para ver si podemos suspender la regla del primer año. Los cielos saben que necesitamos un equipo mejor que el del año pasado. Fuimos aplastados por Slytherin en ese último partido. No pude mirar a la cara a Severus Snape en varias semanas...
La profesora McGonagall observó con severidad a Harly, por encima de sus gafas.
—Quiero oír que te entrenas mucho, Potter, o cambiaré de idea sobre tu castigo.
Luego, súbitamente, sonrió.
—Tu padre habría estado orgulloso —dijo—. Era un excelente jugador de quidditch.
—¿Buscadora? —dijo Hydra—. Pero los de primer año nunca... Serías la jugadora más joven en...
—Un siglo —terminó Harly, metiéndose un trozo de pastel en la boca. Tenía muchísima hambre después de toda la excitación de la tarde—. Oliver Wood me lo dijo.
Era la hora de la cena. Harly había terminado de contarles a Hydra y Hermione todo lo sucedido cuando dejó el parque con la profesora McGonagall.
Hermione estaba boquiabierta de la sorpresa.
—Tengo que empezar a entrenarme la semana que viene —dijo Harly—. Pero no se lo digan a nadie, Oliver quiere mantenerlo en secreto.
Fred y George Weasley aparecieron en el comedor; vieron a Harly y se acercaron rápidamente.
—Bien hecho —dijo George en voz baja—. Wood nos lo contó. Nosotros también estamos en el equipo. Somos golpeadores.
—Te lo aseguro, vamos a ganar la copa de quidditch este curso —dijo Fred—. Nola ganamos desde que Charlie se fue, pero el equipo de este año será muy bueno. Debes ser muy buena, Harly. Wood casi saltaba cuando nos lo contó.
—Bueno, tenemos que irnos. Lee Jordan cree que ha descubierto un nuevo pasadizo secreto, fuera del colegio.
—Seguro que es el que hay detrás de la estatua de Gregory Smarmy, que nosotros encontramos en nuestra primera semana.
—Nos vemos a medianoche, Hydra —dijo Fred completamente ruborizado.
Fred y George acababan de desaparecer, cuando se presentaron unas visitantes mucho menos agradables. Era Parkinson, junto con su amiga Greengass.
—Solo vine a darte mis condolencias, Potter ¿Cuándo coges el tren para volver con los muggles?
—Nunca, de hecho, gane puntos gracias a tu amiguito—dijo fríamente Harly.
Cuando Parkinson se fue, Hermione se apresuró a cambiar de tema.
—¿Qué es eso de "te veo a medianoche, Hydra"? —preguntó imitando la voz de Fred
—Sí, ¿Qué fue eso? —quiso saber Harly
—O bueno, la verdad no es para tanto —a Hydra le temblaba un poco la voz —. Solo que mientras que Malfoy se hacía el idiota con la Recordadora, Fred me invitó a ver un eclipse que habrá hoy en la noche
—¡Tienes una cita! — dijo Harly emocionada por su amiga.
—No lo puedo creer Hydra.
Las tres voltearon a ver quién había hablado. Era Ron Weasley.
—¿Vas a ser mi cuñada? —dijo Ron.
Hydra no le hizo caso y se dirigió a Harly y Hermione
—No es una cita, sólo vamos a ver un eclipse...
—Todas dicen eso "no es una cita" —murmuró Ron.
—... y ¿si vas a ir? Si te atrapan le pueden bajar puntos a Gryffindor.
—Vamos Hermione, ¿no te alegras por Hydra? —respondió Harly.
—Adiós, buena suerte —añadió Ron.
Poco después, cuando se dirigían hacia la torre de Gryffindor, Cedric se acercó a Harly
—Lo siento tanto, Harly, fue mi culpa, espero que no te hayan castigado mucho…
Cedric hablaba casi sin respirar y antes de que pudiera añadir más, Harly lo interrumpió
—No pasa nada, no me castigaron
—¿En serio?
—¡En serio! Es más, McGonagall me hizo buscadora de Gryffindor… Pero no le puedes decir a nadie porque lo quieren mantener en secreto…
—¡Wow! ¡Felicidades! Yo también soy buscador, pero de mi casa, claro.
—Gracias, pero de verdad prométeme que no le dirás a nadie, por favor
Harly puso la cara más tierna que pudo.
—Mi boca está sellada — dijo Cedric, luego, le cambió la cara, como si pensará en algo —. Tenemos que celebrarlo ¿Qué te parece hoy a medianoche? Va a haber un eclipse y el cielo se verá hermoso…
— Me gustaría mucho — Harly se sonrojo.
—Entonces, te veo a medianoche afuera de tu sala común…
Cedric se fue corriendo hacia el primer piso.
De todos modos, pensó Harly cuando por fin se fue a dormir, era demasiado bueno para ser verdad.
Estaba acostada, despierta, esperando a que Parvati y Lavender se durmieran para poder salir. Hydra y ella se habían pasado toda la velada intentando arreglarse un poco. Ella no tenía mucha idea de que ponerse y después de mucho buscar y de consejos de Parvati (quien creía que la ropa era para el sábado y no para esa noche), se decidió por un vestido negro con rosa y unos zapatitos negros (http://www.polyvore.com/cgi/set?.locale=es&id=193544252).
Tenían grandes probabilidades de que los atraparan Filch o la Señora Norris, y Harly sintió que estaba abusando de su suerte al transgredir otra regla del colegio en un mismo día. Por otra parte, el pasar unas horas con Cedric era una gran oportunidad. Y No podía perderla.
—Doce menos cinco —murmuró finalmente Hermione—. Deberían bajar ya.
Cogieron sus varitas, se despidieron de Hermione, quien les deseó buena suerte y se lanzaron a través del dormitorio de la torre. Bajaron la escalera de caracol y entraron en la sala común de Gryffindor. Todavía brillaban algunas brasas en la chimenea, haciendo que todos los sillones parecieran sombras negras.
Fred ya estaba en un sillón. Se levantó y saludo a Hydra, después vio a Harly.
—¿También vas a venir?
—No te preocupes, ella va a ver a Cedric Diggory, la está esperando afuera —se apresuró a aclarar Hydra
Empujaron el retrato de la Dama Gorda y se metieron por el agujero.
Afuera ya la esperaba Cedric.
—Hola, Harly. Te ves preciosa.
Le dio un beso en la mejilla.
—Gracias, tú también te ves muy bien.
No era mentira, Cedric realmente se veía muy guapo.
—¿Vamos?
—Si, claro. Por cierto, Hydra y Fred también van…
Empezaron a caminar intentando distinguir algo en la oscuridad
—Esperen un momento —dijo Harly—. He oído algo.
Era una especie de respiración.
—¿La Señora Norris? —sugirió Hydra, tratando de ver en la oscuridad.
No era la Señora Norris. Era Neville. Estaba enroscado en el suelo, medio dormido, pero se despertó súbitamente al oírlos.
—¡Gracias a Dios que me habéis encontrado! Hace horas que estoy aquí. No podía recordar el nuevo santo y seña para irme a la cama.
—No hables tan alto, Neville. El santo y seña es «hocico de cerdo».
—¿Cómo está tu muñeca? —preguntó Harly
—Bien —contestó, enseñándosela—. La señora Pomfrey me la arregló en un minuto.
Neville se despidió y entró a la sala común.
Se deslizaron por pasillos iluminados por el claro de luna, que entraba por los altos ventanales. En cada esquina, Harly esperaba chocar con Filch o la Señora Norris, pero tuvieron suerte. Subieron rápidamente por una escalera hasta el tercer piso y entraron de puntillas a la torre de Astronomía.
El cielo era hermoso. Cedric y Harly fueron a una orilla del barandal que había entre el suelo y el vacío y se sentaron a observar. Los minutos pasaban. Harly sentía que las palabras no eran necesarias.
Fue recostando su cabeza en el hombro de Cedric mientras él la abrazaba. Los minutos siguieron pasando.
Poco a poco y sin saber muy bien cómo, sus caras se fueron juntando y antes de que se diera cuenta, Harly había dado su primer beso.
Los minutos siguieron pasando y el eclipse pasó.
Cedric se despidió de ella no sin antes acordar verse de nuevo y Fred, Hydra y Harly se fueron hacia su dormitorio.
Entonces un ruido en la habitación de al lado los hizo saltar. Harly ya había levantado su varita cuando oyeron unas voces.
—Olfatea por ahí, mi tesoro...
Era Filch, hablando con la Señora Norris.
Aterrorizada, Harly gesticuló salvajemente para que los demás la siguieran lo más rápido posible. Se escurrieron silenciosamente hacia la puerta más alejada de la voz de Filch. Fred acababa de pasar, cuando oyeron que Filch entraba en el salón de los trofeos.
—Tienen que estar en algún lado —lo oyeron murmurar—. Escuche ruidos, debe haber
—¡Por aquí! —señaló Fred a las chicas y, aterradas, comenzaron a atravesar una larga galería, llena de armaduras.
Podían oír los pasos de Filch, acercándose a ellos. Súbitamente, Hydra dejó escapar un chillido de miedo y, se aferró a la muñeca de Fred y se golpearon contra una armadura. Los ruidos eran suficientes para despertar a todo el castillo.
—¡CORRED! —exclamó Harly, y los tres se lanzaron por la galería, sin darse la vuelta para ver si Filch los seguía. Pasaron por el quicio de la puerta y corrieron de un pasillo a otro, Harly delante, sin tener ni idea de dónde estaban o adónde iban. Se metieron a través de un tapiz y se encontraron en un pasadizo oculto, lo siguieron y llegaron cerca del aula de Encantamientos, que sabían que estaba a kilómetros del salón de trofeos.
—Creo que lo hemos despistado —dijo Hydra, apoyándose contra la pared fría y secándose la frente.
—Estuvo... cerca...—añadió Fred, apretándose el pecho—. No... sé... como... no… me… di… cuenta…
—Tenemos que regresar a la torre Gryffindor —dijo Harly— lo más rápido posible.
—Vamos.
No sería tan sencillo. No habían dado más de una docena de pasos, cuando se movió un pestillo y alguien salió de un aula que estaba frente a ellos. Era Peeves. Los vio y dejó escapar un grito de alegría.
—Cállate, Peeves, por favor... Nos vas a delatar.
Peeves cacareó.
—¿Vagabundeando a medianoche, novatos? No, no, no. Malitos, malitos, os agarrarán del cuellecito.
—No, si no nos delatas, Peeves, por favor.
—Debo decírselo a Filch, debo hacerlo —dijo Peeves, con voz de santurrón, pero sus ojos brillaban malévolamente—. Es por vuestro bien, ya lo sabéis.
—Quítate de en medio —ordenó Hydra, que a esas horas no tenía paciencia, y le dio un golpe a Peeves.
Aquello fue un gran error.
—¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA! —gritó Peeves—. ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA, EN EL PASILLO DE LOS ENCANTAMIENTOS!
Pasaron debajo de Peeves y corrieron como para salvar sus vidas, recto hasta el final del pasillo, donde chocaron contra una puerta... que estaba cerrada.
—¡Estamos listos! —gimió Harly, mientras empujaban inútilmente la puerta—. ¡Esto es el final!
Podían oír las pisadas: Filch corría lo más rápido que podía hacia el lugar de donde procedían los gritos de Peeves.
—Oh, permiso señoritas —pidió Fred. Cogió su varita, golpeó la cerradura y susurró—: ¡Alohomora!
El pestillo hizo un clic y la puerta se abrió. Pasaron todos, la cerraron rápidamente y se quedaron escuchando.
—¿Adónde han ido, Peeves? —decía Filch—. Rápido, dímelo.
—Di «por favor». —No me fastidies, Peeves. Dime adónde fueron.
—No diré nada si me lo pides por favor —dijo Peeves, con su molesta vocecita.
—Muy bien... por favor.
—¡NADA! Ja, ja. Te dije que no te diría nada si me lo pedías por favor. ¡Ja, ja!
Y oyeron a Peeves alejándose y a Filch maldiciendo enfurecido.
—Él cree que esta puerta está cerrada —susurro Hydra
—Creo que nos vamos a escapar— dijo Harly, al ver que no le contestaban, añadió—. ¿Qué pasa?
Harly se dio la vuelta y vio, claramente, lo que pasaba. Durante un momento, pensó que estaba en una pesadilla: aquello era demasiado, después de todo lo que había sucedido.
No estaban en una habitación, como había pensado. Era un pasillo. El pasillo prohibido del tercer piso. Y ya sabía por qué estaba prohibido.
Estaban mirando directamente a los ojos de un perro monstruoso, un perro que llenaba todo el espacio entre una tramilla en el suelo y el techo. Tenía tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban en dirección a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los amarillentos colmillos.
Estaba casi inmóvil, con los seis ojos fijos en ellos, y Harly supo que la única razón por la que no los había matado ya era porque la súbita aparición lo había cogido por sorpresa. Pero se recuperaba rápidamente: sus profundos gruñidos eran inconfundibles.
Harly dejó escapar un chillido de miedo y abrió la puerta.
Retrocedieron y Fred cerró la puerta tras ellos. Corrieron, casi volaron por el pasillo. No dejaron de correr hasta que alcanzaron el retrato de la Dama Gorda en el séptimo piso.
—¿Dónde os habíais metido? —les preguntó, mirando sus rostros sudorosos y rojos y sus batas desabrochadas, colgando de sus hombros.
—No importa... Hocico de cerdo, hocico de cerdo —jadeó Fred, y el retrato se movió para dejarlos pasar.
Se atropellaron para entrar en la sala común y se desplomaron en los sillones. Pasó un rato antes de que nadie hablara.
—¿Qué pretenden, teniendo una cosa así encerrada en el colegio? —dijo finalmente Hydra
— Si algún perro necesita ejercicio, es ése — intentó bromear Fred
—¿No se dieron cuenta? —dijo jadeando Harly—. ¿No visteis lo que había debajo de él?
—¿El suelo? —sugirió Fred—. No miré sus patas, estaba demasiado ocupado observando sus cabezas.
—No, el suelo no. Estaba encima de una trampilla. Es evidente que está vigilando algo.
—Ahora, los dejo solos, me voy a la cama
Harly se puso de pie y se fue hacia su dormitorio.
Espero despierta a que subiera Hydra, necesitaba comentar con ella más de un asunto. El perro vigilaba algo... Cedric la había besado…
Cuando Hydra subió, Harly se sentó en su cama y comenzaron a charlar…
—¿Qué dijiste que había dicho Hagrid? ¿ Qué Gringotts era el lugar más seguro del mundo para cualquier cosa que uno quisiera ocultar? ¿Algo así, no? —Acribillo de preguntas Hydra
— Excepto tal vez Hogwarts —Completo Harly
—¿Crees que ahí esté el paquetito que dijiste que Hagrid se llevó de Gringotts?
—¡Completamente!
—Oye… ¿Podemos cambiar de tema un poco? —pidió Hydra —Necesito contarte algo…
—Como quieras… Igual tengo algo que contarte
—¡Tú primero!
—Bueno ¡Pero no te rías!
—Claro que no ¿cómo crees eso de mi? —dijo Hydra falsamente indignada
—Bueno… Cedric me besó en la torre de Astronomía…
Hydra se puso a aplaudir
—¿En serio? ¡No lo puedo creer! ¿Y qué tal besa?
—Bien… Supongo… No lo sé muy bien, nunca me habían besado, así que no tengo un punto de comparación…
—Oh vamos… ¿Y todos los libros muggles de romance que lees?
—Bueno… Me imaginaba un poco cómo sería… Al final quedamos de vernos otra vez… ¿Y tú? ¿Qué querías decirme?
Harly pudo notar que Hydra se ponía colorada en la oscuridad.
—Bueno, Fred me dio más de un beso… Y me invitó a volar con él porque nuestra clase se arruino…
—¿Le dijiste que si?
—¡Claro! Me gusta desde que lo vi en la estación de King Cross…
—¿En serio? Me alegro muchísimo por ti, amiga…
Y entre felices y asustadas cayeron en brazos de Morfeo, no sin antes acordar contarle por la mañana a Hermione todo lo que habían vivido esa noche…