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La niña que sobrevivió — capítulo 5

La cara de Hermione no podía haber sido más expresiva cuando Harly e Hydra le contaron su aventura al día siguiente, se debatía entre una sonrisita con una mirada perspicaz y una mueca de preocupación. En realidad, aunque seguían muertas de miedo, por la mañana Harly e Hydra pensaron que el encuentro con el perro de tres cabezas había sido una excelente aventura y que al final, había valido la pena, y ya estaban preparadas para tener otra, esta vez con Hermione.

Al mismo tiempo, el que el perro estuviera encima de una trampilla les trajo a flote el recuerdo del paquetito del que Harly les había contado que Hagrid había sacado de Gringotts.

—Es algo muy valioso, o muy peligroso —dijo Hydra.

—O las dos cosas—opinó Hermione

Pero como lo único que sabían con seguridad del misterioso objeto era que tenía unos cinco centímetros de largo, no tenían muchas posibilidades de adivinarlo sin otras pistas.

Hermione e Hydra insistían en buscar en la biblioteca, así que arrastraron a Harly a leer libros de historia y encantamientos que ella consideraba bastante aburridos.

Mientras Hydra y Hermione leían y tomaban notas a una velocidad increíble, Harly dibujaba y pensaba en una buena excusa para dejar de ir a la biblioteca. Afortunadamente, la excusa llegó una semana después, por correo.

Mientras las lechuzas volaban por el Gran Comedor, como de costumbre, la atención de todos se fijó de inmediato en un paquete largo y delgado, que llevaban seis lechuzas blancas. Harly estaba tan interesada como los demás en ver qué contenía, y se sorprendió mucho cuando las lechuzas bajaron y dejaron el paquete frente a ella, tirando al suelo sus panqueques. Se estaban alejando, cuando otra lechuza dejó caer una carta sobre el paquete.

Harly abrió el sobre para leer primero la carta y fue una suerte, porque decía:

¡NO ABRAS EL PAQUETE EN LA MESA!**Contiene tu nueva Nimbus 2.000, pero no quiero que todos sepan que te han comprado una escoba, porque también querrán una. Oliver Wood te esperará esta noche en el campo dequidditch a las siete, para tu primera sesión de entrenamiento.

Profesora McGonagall

Harly tuvo dificultades para ocultar su alegría pero no se pudo contener cuando Hydra y Hermione terminaron de leer la carta.

—¡Una Nimbus 2.000! —gimió Hydra — ¡No lo puedo creer!

Hermione simplemente se quedó boquiabierta, sin poder creer la suerte que tenía su amiga, primero no la habían expulsado (de milagro), luego la metían al equipo de quidditch y después le regalaban una escoba.

Salieron rápidamente del comedor para abrir el paquete en privado, antes de la primera clase, pero a mitad de camino se encontraron con Malfoy y Parkinson, que les cerraban el camino. Parkinson le quitó el paquete a Harly y lo examinó.

—Es una escoba —dijo, devolviéndoselo bruscamente, con una mezcla de celos y rencor en su cara—. Esta vez lo has hecho, Potter. Los de primer año no tienen permiso para tener una.

Hydra no pudo resistirse.

—¿Y a ti qué te importa? Y No es ninguna escoba vieja —dijo—. Es una Nimbus 2.000. ¿Cuál tienes en tu casa, Draco, una Cometa 260? —Hydra rió con aire burlón—. Las Cometa parecen veloces, pero no tienen nada que hacer con las Nimbus.

—¿Qué sabes tú, Hydra, si nunca te has subido a una? —replicó Malfoy—. Supongo que mi tía no te ha dejado ni intentarlo después de ver lo torpe que puede ser una parte de la familia, como Nynphadora, por ejemplo

Antes de que Hydra, cuya cara estaba desencajada por el coraje (odiaba que se metieran con su prima),  pudiera contestarle, el profesor Flitwick apareció detrás de Malfoy

—No os estaréis peleando, ¿verdad? —preguntó con voz chillona.

—A Potter le han enviado una escoba, profesor —dijo rápidamente Parkinson.

—Sí, sí, está muy bien —dijo el profesor Flitwick, mirando radiante a Harly—. La profesora McGonagall me habló de las circunstancias especiales, señorita Potter. ¿Y qué modelo es?

—Una Nimbus 2.000, señor —dijo Harly, tratando de no reír ante la cara de horror de Malfoy y Parkinson—. Y realmente es gracias a Draco y Pansy que la tengo.

Harly, Hydra y Hermione subieron por la escalera, conteniendo la risa ante la evidente furia y confusión de Malfoy y Parkinson.

—Bueno, es verdad —razonó Hermione cuando llegaron al final de la escalera de mármol—. Si él no hubiera robado la Recordadora de Neville, tú no estaría en el equipo...

Durante aquel día, Harly tuvo que esforzarse por atender a las clases. Su mente volvía al dormitorio, donde su escoba nueva estaba debajo de la cama, o se iba al campo de quidditch, donde aquella misma noche aprendería a jugar. Durante la cena comió sin darse cuenta de lo que comía, y luego se apresuró a subir con Hydra (Hermione dijo que aunque estaba muy feliz por Harly no le interesaban mucho las escobas y prefería ir a la biblioteca), para sacar; por fin, a la Nimbus 2.000 de su paquete.

—Oh, es maravillosa —suspiró Hydra, cuando la escoba rodó sobre la colcha de la cama de Harly.

Hasta Harly, que no sabía nada sobre las diferencias en las escobas, pensó que parecía maravillosa. Pulida y brillante, con el mango de caoba, tenía una larga cola de ramitas rectas y, escrito en letras doradas: «Nimbus 2.000».

Cerca de las siete, Harly salió del castillo y se encaminó hacia el campo de quidditch (**). Nunca había estado en aquel estadio deportivo. Había cientos de asientos elevados en tribunas alrededor del terreno de juego, para que los espectadores estuvieran a suficiente altura para ver lo que ocurría. En cada extremo del campo había tres postes dorados con aros en la punta. Le recordaron los palitos de plástico con los que los niños muggleshacían burbujas, sólo que éstos eran de quince metros de alto.

Demasiado deseosa de volver a volar antes de que llegara Wood, Harly montó en su escoba y dio una patada en el suelo. Las sensaciones de libertad y felicidad no se comparaban con nada. Subió hasta los postes dorados y luego bajó con rapidez al terreno de juego. La Nimbus 2.000 iba donde ella quería con sólo tocarla.

—¡Eh, Harly, baja!

Había llegado Oliver Wood. Llevaba una caja grande de madera debajo del brazo.

Harly aterrizó cerca de él.

—Muy bonito —dijo Wood, con los ojos brillantes—. Ya veo lo que quería decir McGonagall, realmente tienes un talento natural. Voy a enseñarte las reglas esta noche y luego te unirás al equipo, para el entrenamiento, tres veces por semana.

Abrió la caja. Dentro había cuatro pelotas de distinto tamaño.

—Bueno —dijo Wood—. El quidditches fácil de entender; aunque no tan fácil de jugar. Hay siete jugadores en cada equipo. Tres se llaman cazadores.

Al ver que Harly no decía nada, Wood siguió:

—Esta pelota se llama quaffle—señaló a la pelota roja que parecía ser de cuero—. Los cazadores se tiran la quaffley tratan de pasarla por uno de los aros de gol. Obtienen diez puntos cada vez que la quafflepasa por un aro. ¿Me sigues?

Harly asintió sin decir nada, en realidad estaba bastante concentrada en no olvidar nada

—Hay otro jugador en cada lado, que se llama guardián—continuó Oliver —. Yo soy guardián de Gryffindor. Tengo que volar alrededor de nuestros aros y detener los lanzamientos del otro equipo.

¿Y para qué son ésas? —Harly señaló las tres pelotas restantes.

—Ahora te lo enseñaré —dijo Wood tomando un  pequeño palo, parecido a un bate de béisbol —. Voy a enseñarte para qué son.  Esas dos son las bludgers.

Enseñó a Harly dos pelotas idénticas, pero negras y un poco más pequeñas que la roja quaffle. Harly notó que parecían querer escapar de las tiras que las sujetaban dentro de la caja.

—Quédate atrás —previno Wood a Harly. Se inclinó y soltó una de las bludgers.

De inmediato, la pelota negra se elevó en el aire y se lanzó contra la cara de Harly.

Oliver la rechazó con el bate, para impedir que le rompiera la nariz a Harly, y la mandó volando por el aire. Pasó zumbando alrededor de ellos y luego se tiró contra Wood, que se las arregló para sujetarla contra el suelo.

—¿Ves? —dijo Wood jadeando, metiendo la pelota en la caja a la fuerza y asegurándola con las tiras—. Las bludgersandan por ahí, tratando de derribar a los jugadores de las escobas. Por eso hay dos golpeadores en cada equipo; los gemelos Weasley (¿Ya los conoces, cierto?) son los nuestros. Su trabajo es proteger a su equipo de las bludgersy desviarlas hacia el equipo contrario. ¿Lo has entendido?

—En realidad es bastante sencillo: Tres cazadores tratan de hacer puntos con la quaffle, el guardián vigila los aros y los golpeadores mantienen alejadas las bludgersde su equipo —resumió Harly.

—Muy bien —dijo Wood.

—Hum... ¿han matado las bludgersalguna vez a alguien? —preguntó Harly bastante preocupada.

—Nunca en Hogwarts. Hemos tenido algunas mandíbulas rotas, pero nada peor hasta ahora. Bueno, el último miembro del equipo es el buscador o buscadora, en este caso. Esa eres tú. Y no tienes que preocuparte por la quaffleo las bludgers...

Wood buscó en la caja y sacó la última pelota. Comparada con las otras, era pequeña, del tamaño de una nuez grande. Era de un dorado brillante y con pequeñas alas plateadas.

—Esta dorada —continuó Wood— es la snitch. Es la pelota más importante de todas. Cuesta mucho de atrapar por lo rápida y difícil de ver que es. El trabajo del buscador es atraparla. Tendrás que ir y venir entre cazadores, golpeadores, la quaffley las bludgers, antes de que la coja el otro buscador, porque cada vez que un buscador la atrapa, su equipo gana ciento cincuenta puntos extra, así que prácticamente acaba siendo el ganador. Por eso molestan tanto a los buscadores pero no te preocupes, los Weasley no dejarán que te pase nada durante los partidos. Un partido de quidditchsólo termina cuando se atrapa la snitch, así que puede durar muchísimo. Creo que el record fue tres meses. Tenían que traer sustitutos para que los jugadores pudieran dormir... Bueno, eso es todo. ¿Alguna pregunta?

Harly negó con la cabeza. Entendía muy bien lo que tenía que hacer; el problema era conseguirlo, aunque empezaba a creer que si todo se limitaba a lo explicado, no tendría mucho problema.

—Todavía no vamos a practicar con la snitch—dijo Wood, guardándola con cuidado en la caja—. Está demasiado oscuro y podríamos perderla. Vamos a probar con unas pocas de éstas.

Sacó una bolsa con pelotas de golf de su bolsillo y, unos pocos minutos más tarde, Oliver y Harly estaban en el aire. Wood tiraba las pelotas de golf lo más fuertemente que podía en todas las direcciones, para que Harly las atrapara.

Ésta no perdió ni una y Wood estaba muy satisfecho. Después de media hora se hizo de noche y no pudieron continuar.

—La copa de quidditchllevará nuestro nombre este año —dijo Wood lleno de alegría mientras regresaban al castillo—. No me sorprendería que resultaras ser mejor jugadora  de lo que fue Charlie Weasley. Él podría jugar en el equipo de Inglaterra si no se hubiera ido a hacer quien sabe que con dragones.

Por la forma en la que hablaba, parecía que Oliver no estaba nada de acuerdo con la decisión de Charlie Weasley.

Tal vez fue porque estaba ocupada tres noches a la semana con las prácticas de quidditch, además de todo el trabajo del colegio, que sin la ayuda de Hydra y Hermione no habría podido acabar a tiempo, y las citas con Cedric, la razón por la que Harly se sorprendió al comprobar que ya llevaba dos meses en Hogwarts. El castillo era mucho más su casa de lo que nunca había sido Privet Drive, lugar donde vivía con sus tíos.

Sus clases, también, eran cada vez más interesantes, una vez aprendidos los principios básicos.

En la mañana de Halloween se despertaron con el delicioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasillos. Pero lo mejor fue que el profesor Flitwick anunció en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer volar objetos, algo que todos se morían por hacer; desde que vieron cómo hacía volar el sapo de Neville. El profesor Flitwick puso a la clase por parejas para que practicaran.

La pareja de Harly era Seamus Finnigan (el profesor no los había dejado elegir, sino que él los había ido nombrando al azar). A Hydra tampoco le había ido mal, su pareja era Neville.

Hermione, sin embargo, tuvo que trabajar con Ron, al que casi no toleraba. Era difícil decir quién estaba más enfadado de los dos, pues Ron tampoco toleraba a Hermione.

—Y ahora no os olvidéis de ese bonito movimiento de muñeca que hemos estado practicando —dijo con voz aguda el profesor; subido a sus libros, como de costumbre—. Agitar y golpear; recordad, agitar y golpear. Y pronunciar las palabras mágicas correctamente es muy importante también, no os olvidéis nunca del mago Baruffio, que dijo «ese» en lugar de «efe» y se encontró tirado en el suelo con un búfalo en el pecho.

Era muy difícil. Harly y Seamus agitaron y golpearon, pero la pluma que debía volar hasta el techo no se movía del pupitre. Seamus se puso tan impaciente que la pinchó con su varita y le prendió fuego, y Harly tuvo que apagarlo con la manga de su túnica.

Hydra, en la mesa de atrás, tampoco tenía mucha suerte, pero Hermione, en la mesa próxima,  se veía bastante exasperada por el hecho de que Ron, no hacía nada como el profesor lo había indicado.

—¡Wingardium leviosa!—gritó, agitando sus largos brazos como un molino.

—Lo estás diciendo mal. —Harly oyó que su amiga le decía, seguramente cuando ya no pudo aguantar más—. Es Win-gar-dium levi-o-sa, pronuncia garmás claro y más largo.

—Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente —dijo Ron con rabia.

Harly volteó a ver a Hermione, que se arremangó las mangas de su túnica, agitó la varita y dijo las palabras mágicas. La pluma se elevó del pupitre y llegó hasta más de un metro por encima de sus cabezas.

—¡Oh, bien hecho! —gritó el profesor Flitwick, aplaudiendo—. ¡Mirad, Hermione Granger lo ha conseguido!

Al finalizar la clase, Ron se veía de muy mal humor.

—No es raro que nadie la aguante, seguro Harly e Hydra solo se juntan con ella porque les ayuda con los deberes —escucharon que decía a Seamus y a Dean, cuando las tres amigas se abrían paso en el pasillo—. Es una pesadilla, te lo digo en serio.

Al escuchar esto, el llanto traiciono a Hermione, quien salió corriendo

—La próxima vez que quieras decir algo así de idiota y rastrero, asegúrate que sea donde nadie pueda salir lastimado —dijo Hydra con la cara desencajada por la rabia que sentía, mientras Harly y ella corrían su amiga

—¿Por qué me tendría que importarme? —alcanzaron a oír que decía Ron, aunque parecía un poco incómodo.

Encontraron a Hermione en el cuarto de baños del segundo piso. Parecía realmente afectada por lo que había oído.

—¿Hermione? —preguntó insegura Harly

—¿Es cierto? ¿Solo están conmigo porque les ayudo con los trabajos?

—¿Cómo va a ser cierto? —dijo Hydra

—Estamos contigo porque eres una gran amiga —continuó Harly

—En verdad, Hermione, te queremos mucho.

—Pero todos los demás piensan que soy insoportable…

Hermione estaba tan triste que tardaron bastante consolándola y subiéndole el ánimo. A través de las ventanas se veía oscuro cuando por fin salieron de la cabina del baño en que se habían sentado en el suelo.

De repente  empezó a oler bastante mal, era una mezcla entre calcetines sucios y baños públicos del metro.

Y lo oyeron, un gruñido y las pisadas inseguras de unos pies gigantescos. Algo enorme se movía hacia ellos. Se giraron al mismo tiempo las tres y  vieron en la puerta a una creatura horrible. Medía más de tres metros y medio de alto y tenía la piel de color gris piedra, un descomunal cuerpo deforme y una pequeña cabeza pelada. Tenía piernas cortas, gruesas como troncos de árbol, y pies achatados y deformes. El olor que despedía era increíble. Llevaba un gran bastón de madera que arrastraba por el suelo, porque sus brazos eran muy largos.

—¿Qué es eso? —fue lo primero que salió de la boca de Harly con voz bastante temblorosa de miedo.

—Un trol —susurró Hydra.

El monstruo se detuvo y miró hacia el interior de la habitación. Agitó sus largas orejas, tomando decisiones con su minúsculo cerebro, y luego entró lentamente.

Hydra, quien tenía muy buenos reflejos, corrió hacia la ventana para distraer al troll mientras Harly y Hermione corrían a la puerta del baño pero estaba cerrada, por más que las chicas intentaron abrirla, no podían y después de un rato, el monstruo se dio la vuelta y las vio.

Las chicas estaban agazapadas contra la pared opuesta a la puerta, con aspecto de estar a punto de desmayarse, el personaje deforme avanzaba hacia ellas, chocando contra los lavamanos, cuando alguien apareció por la puerta.

Era Ron

—¡Distráelo! —gritó Harly desesperada

El trol se detuvo a pocos pasos de Hermione. Se balanceó, parpadeando con aire estúpido, para ver quién había hecho aquel ruido. Sus ojitos malignos detectaron a Ron detrás de él. Vaciló y luego se abalanzó sobre él, levantando su bastón.

—¡Eh, cerebro de guisante! —gritó Hydra desde el otro extremo, tirándole una cañería de metal. El ser deforme no pareció notar que la cañería lo golpeaba en la espalda, pero sí oyó el aullido y se detuvo otra vez, volviendo su horrible hocico hacia Ron y dando tiempo a Harly, que era la más cercana al garrote del trol, para correr.

—¡Vamos, corre, corre! —Harly gritó a Hermione, tratando de empujarla hacia la puerta, pero la niña no se podía mover. Seguía agazapada contra la pared, con la boca abierta de miedo.

Los gritos y los golpes parecían haber enloquecido al trol. Se volvió y se enfrentó con Ron, que estaba más cerca y no tenía manera de escapar.

Entonces Hydra hizo algo muy valiente y muy estúpido: corrió, dando un gran salto y se colgó, por detrás, del cuello de aquel monstruo. La atroz criatura no se daba cuenta de que Hydra colgaba de su espalda, pero hasta un ser así podía sentirlo si uno le clavaba un palito de madera en la nariz, pues tenía varita todavía estaba en la mano cuando saltó y se había introducido directamente en uno de los orificios nasales del trol.

Chillando de dolor; el trol se agitó y sacudió su bastón, con Hydra colgada de su cuello y luchando por su vida. En cualquier momento el monstruo las destrozaría, o les daría un golpe terrible con el bastón.

Hermione estaba tirada en el suelo, aterrorizada, Harly seguía intentando moverla. Ron empuñó su propia varita, sin saber qué iba a hacer; y se oyó gritar el primer hechizo que se le ocurrió:

—¡Wingardium leviosa!

El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó, muy arriba, y luego dio la vuelta y se dejó caer con fuerza sobre la cabeza de su dueño. El trol se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación.

Harly, Hydra y Hermione se pusieron de pie. Les faltaba el aire. Ron estaba allí, con la varita todavía levantada, contemplando su obra.

Hermione fue la que habló primero.

—¿Está... muerto?

—No lo creo —dijo Harly—. Supongo que está desmayado.

Se inclinó y retiró la varita de Hydra de la nariz del trol. Estaba cubierta por una gelatina gris.

—Puaj... qué asco —dijo Hydra cuando la recibió

Un súbito portazo y fuertes pisadas hicieron que los tres se sobresaltaran. No se habían dado cuenta de todo el ruido que habían hecho, pero, por supuesto, abajo debían haber oído los golpes y los gruñidos del trol. Un momento después, la profesora McGonagall entraba apresuradamente en la habitación, seguida por Snape y Quirrell, que cerraban la marcha. Quirrell dirigió una mirada al monstruo, se le escapó un gemido y se dejó caer en un inodoro, apretándose el pecho.

Snape se inclinó sobre el trol. La profesora McGonagall miraba a Ron, Harly, Hermione e Hydra.

Nunca la habían visto tan enfadada. Tenía los labios blancos. Las esperanzas de ganar cincuenta puntos para Gryffindor se desvanecieron rápidamente de la mente de Harly.

—¿En qué estabais pensando, por todos los cielos? —dijo la profesora McGonagall, con una furia helada. Se voltearon a ver los unos a los otros, todavía jadeando—. Tenéis suerte de que no os haya matado. ¿Por qué no estabais en los dormitorios?

Snape dirigió a Harly e Hydra una mirada aguda e inquisidora. Harly clavó la vista en el suelo. Deseó con todas sus fuerzas estar soñando todo ese día.

Entonces, una vocecita surgió de las sombras.

—Por favor; profesora McGonagall... Me estaban buscando a mí.

—¡Hermione Granger!

Hermione finalmente se había puesto de pie.

—Yo estaba aquí desde antes del banquete por un comentario que escuché en el día, Harly e Hydra vinieron poco antes de la cena porque no me habían visto en todo el día… Así que ninguna sabía lo del trol, y hace un rato, Ron nos encontró, quería avisarnos para que corriéramos a la sala común… Pero fue demasiado tarde…

Harly no podía creerlo. ¿Su Hermione Granger diciendo una mentira a una profesora? ¿La misma Hermione de en la mañana?

—Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estaría muerta. Harly e Hydra lo distrajeron y Ron lo hizo golpearse con su propio bastón. Ninguno tuvimos tiempo de ir a buscar ayuda. Estaba a punto de matarnos cuando Ron llegó por nosotras.

—Bueno... en ese caso —dijo la profesora McGonagall, contemplando a los cuatro niños—... Hermione Granger; eres una tonta. ¿Cómo dejaste que por un cometario pasara todo esto?

Hermione bajó la cabeza. Harly estaba muda de asombro. Hermione era la última persona que haría algo contra las reglas, y allí estaba, fingiendo una infracción para librarlos a todos (Ron incluido) del problema. Era como si Snape empezara a repartir golosinas.

—Hermione, no puedo creerlo, por esto Gryffindor perderá cinco puntos —dijo la profesora McGonagall—. Estoy muy desilusionada por tu conducta. Si no te ha hecho daño, mejor que vuelvas a la torre Gryffindor. Los alumnos están terminando la fiesta en sus casas.

Hermione salió del baño.

La profesora McGonagall se volvió hacia Harly, Hydra y Ron.

—Bueno, sigo pensando que tuvisteis suerte, pero no muchos de primer año podrían derrumbar a esta montaña. Habéis ganado cinco puntos cada uno para Gryffindor. El profesor Dumbledore será informado de esto. Podéis iros.

Hermione estaba afuera esperándolos.

Salieron rápidamente y no hablaron hasta subir dos pisos. Era un alivio estar fuera del alcance del olor del trol, además del resto.

Luego, sin mirarse, todos dieron: «Gracias».

Siguieron sin hablar durante un tiempo y al llegar a la sala común se separaron, las tres chicas se quedaron juntas y Ron se fue a buscar comida. Como si no hubiera pasado nada.

Pero desde aquel momento Ron Weasley se convirtió en amigo suyo. Hay algunas cosas que no se pueden compartir sin terminar unidos, y derrumbar un trol de tres metros y medio es una de esas cosas.