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La niña que sobrevivió — capítulo 6

Porfis pásense por los comentarios, tengo una noticia ahí para ustedes...

LaGataNegra

Cuando empezó el mes de noviembre, el tiempo se volvió muy frío. Las montañas cercanas al colegio adquirieron un tono gris de hielo y el lago parecía de acero congelado. Cada mañana, el parque aparecía cubierto de escarcha. Por las ventanas de arriba veían a Hagrid descongelando las escobas en el campo de quidditch, enfundado en un enorme abrigo de piel de topo, guantes de pelo de conejo y enormes botas de piel de castor.

Esta era la temporada favorita de Harly, aunque hacía frío, la nieve siempre era divertida y poner los adornos de Navidad era lo único que hacía en casa de los Dursley sin quejarse, al fin y al cabo, siempre parecía que la casa adquiría algo de magia cuando terminaba de adornar.

Pero esta vez, había otra cosa que hacía que Harly se sintiera expectante. Iba a comenzar la temporada de quidditch. Aquel sábado, Harly jugaría su primer partido, después de semanas de entrenamiento: Gryffindor contra Slytherin. Si Gryffindor ganaba, pasarían a ser segundos en el campeonato de las casas.

Casi nadie había visto jugar a Harly, porque Wood había decidido que sería su arma secreta. Harly también debía mantenerlo en secreto. Pero la noticia de que iba a jugar como buscadora se había filtrado, y Harly ya no sabía qué era peor: que le dijeran que lo haría muy bien o que sería un desastre.

Con lo ocupada que estaba, Harly comenzaba a pensar que realmente era una suerte que tuviera a Hydra, Hermione y Ron como amigos. No sabía cómo habría terminado todos sus deberes sin la ayuda de Hydra y Hermione ni como no se hubiera vuelto loca sin los comentarios de Ron, con todo el entrenamiento de quidditchque Wood le exigía. Pero lo que más agradecía era que Hermione la hubiera obligado a leer Quidditch a través**de los tiempos, que resultó ser un libro muy interesante.

Así, Harly se enteró de que había setecientas formas de cometer una falta y de que todas se habían consignado durante los Mundiales de 1473; que los buscadores eran habitualmente los jugadores más pequeños y veloces, y que los accidentes más graves les sucedían a ellos; que, aunque la gente no moría jugando al quidditch, se sabía de árbitros que habían desaparecido, para reaparecer meses después en el desierto del Sahara.

Hermione se había vuelto un poco más flexible en lo que se refería a quebrantar las reglas, desde que Harly, Hydra y Ron la salvaron del monstruo, y ya no ponía cara de enfado cada que Harly salía de noche para ver a Cedric. El día anterior al primer partido de Harly los cuatro estaban fuera, en el patio helado, durante un recreo, con un brillante fuego azul, que podían llevar con ellos, en un frasco de mermelada que Hermione había hecho aparecer. Estaban de espaldas al fuego para calentarse cuando Snape cruzó el patio. De inmediato, Harly se dio cuenta de que Snape cojeaba.

Los cuatro amigos se apiñaron para tapar el fuego, ya que no estaban seguros de que aquello estuviera permitido. Por desgracia, algo en sus rostros culpables hizo detener a Snape. Se dio la vuelta, arrastrando la pierna. No había visto el fuego, pero parecía buscar una razón para regañarlos.

—¿Qué tienes ahí, Potter?

Era el libro sobre quidditch. Harly se lo enseñó.

—Los libros de la biblioteca no pueden sacarse fuera del colegio —dijo Snape—. Dámelo. Por desgracia, vamos a tener que restarle cinco puntos Gryffindor por esto.

—Seguro que se ha inventado esa regla —murmuró Harly con furia, mientras Snape se alejaba cojeando—. Me pregunto qué le pasa en la pierna.

—No sé, pero espero que le duela mucho —dijo Ron con amargura.

En la sala común de Gryffindor había mucho ruido aquella noche. Harly, Hydra, Ron y

Hermione estaban sentados juntos, cerca de la ventana. Hermione e Hydra estaban repasando los deberes de Harly y Ron sobre Encantamientos. Nunca los dejaban copiar («¿cómo vais a aprender?» habían dicho las dos a coro la única vez que se los pidieron), pero si les pedían que revisara los trabajos les explicaba las respuestas correctas.

Harly se sentía bastante inquieta. Quería recuperar su libro sobre quidditch, para mantener la mente ocupada y no estar nerviosa por el partido del día siguiente. ¿Por qué iba a temer a Snape? Se puso de pie y dijo a Hydra, Hermione y Ron que le preguntaría a Snape si podía devolverle el libro.

—Yo no lo haría —dijeron al mismo tiempo, pero Harly pensaba que Snape no se iba a negar, si había otros profesores presentes.

Bajó a la sala de profesores y llamó. No hubo respuesta. Llamó otra vez. Nada.

¿Tal vez Snape había dejado el libro allí? Valía la pena intentarlo. Empujó un poco la puerta, miró antes de entrar... y sus ojos captaron una escena horrible.

Snape y Filch estaban allí, solos. Snape tenía la túnica levantada por encima de las rodillas. Una de sus piernas estaba magullada y llena de sangre. Filch le estaba alcanzando unas vendas.

—Esa cosa maldita... —decía Snape—. ¿Cómo puede uno vigilar a tres cabezas al mismo tiempo?

Harly intentó cerrar la puerta sin hacer ruido, pero...

—¡POTTER!

El rostro de Snape estaba entre crispado de furia y sorpresa cuando dejó caer su túnica rápidamente, para ocultar la pierna herida. Harly tragó saliva.

—Me preguntaba si me podía devolver mi libro —dijo.

—¿Tu libro?

Harly asintió algo intimidada.

—Por favor, señor, verá, es que mañana tengo mi primer partido y pienso que leer sobre ella me ayudará, yo no sabía que estaba prohibido sacar libros de la biblioteca fuera del castillo…

—No estaba, sigue estando, Potter, te recomiendo que prestes más atención a las normas —dijo Snape un poco más amable, luego se dio la vuelta y sacó el libro de entre sus cosas —Aquí tienes, pero si te vuelvo a ver con un libro fuera, no te lo devolveré y serán diez puntos menos y ahora, vete —le advirtió el profesor recuperando su tono enojado de siempre.

Harly se fue bastante sorprendida, antes de que Snape pudiera cambiar de parecer y le quitará el libro. Subió corriendo la escalera.

—¿Lo has conseguido? —preguntó Ron, cuando se reunió con ellos.

Harly sonriente, les enseño el libro.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Hydra cuando vio la cara de su amiga

Entre susurros, Harly les contó lo que había visto.

—¿Sabéis lo que quiere decir? —dijo Hydra sin aliento—. ¡Que trató de pasar por donde estaba el perro de tres cabezas, en Halloween, y seguro Quirrell le ayudo y por eso se veía tan cansado!

—¿¡Hay un perro de tres cabezas en el colegio!? —interrumpió Ron.

Rápidamente, las tres chicas le contaron todo lo que sabían sobre el perro y lo que custodiaba.

­—…Allí se dirigía cuando lo vimos... ¡Iba a buscar lo que sea que tengan guardado allí! ¡Y apuesto mi escoba a que fue él quien dejó entrar al monstruo, para distraer la atención! —terminó de decir Hydra.

Harly asintió apoyando la teoría de su amiga.

Hermione tenía los ojos muy abiertos.

—No, no puede ser —dijo—. Sé que no es muy bueno, pero no iba a tratar de robar algo que Dumbledore está custodiando.

—De verdad, Hermione, tú crees que todos los profesores son santos o algo parecido —dijo enfadado Ron—. Yo estoy con Hydra. Creo que Snape es capaz de cualquier cosa. Pero ¿qué busca? ¿Qué es lo que guarda el perro?

Harly se fue a la cama con aquellas preguntas dando vueltas en su cabeza. Parvati y Lavender se estaban peinando mutuamente, al parecer, Harly no era la única que no podía dormir. Trató de no pensar en nada (necesitaba dormir; debía hacerlo, tenía su primer partido de quidditchen pocas horas) pero la expresión de la cara de Snape cuando Harly vio su pierna era difícil de olvidar, así que después de un rato, aceptó la invitación de Parvati y se dejó peinar por aquellas dos.

La mañana siguiente amaneció muy brillante y fría. El Gran Comedor estaba inundado por el delicioso aroma de las salchichas fritas y las alegres charlas de todos, que esperaban un buen partido de quidditch.

—Tienes que comer algo para el desayuno.

—No quiero nada.

—Aunque sea un pedazo de tostada —suplicó Hermione.

—No tengo hambre.

Harly se sentía muy mal. En cualquier momento echaría a andar hacia el terreno de juego.

—Harly, necesitas fuerza —dijo Seamus Finnigan—. Los que hacen siempre la diferencia son los buscadores.

—Gracias, Seamus —respondió Harly, observando cómo le servía gachas de avena en su plato.

A las once de la mañana, todo el colegio parecía estar reunido alrededor del campo de quidditch. Muchos alumnos tenían prismáticos. Los asientos podían elevarse pero, incluso así, a veces era difícil ver lo que estaba sucediendo.

Hydra, Hermione y Ron se reunieron con Neville, Seamus y Dean en la grada más alta. Para darle una sorpresa a Harly, habían transformado en pancarta una de las sábanas que Scabbers, la rata de Ron, había estropeado. Decía: « ¡Tú puedes, Harly! », y Dean, que también dibujaba bien, había trazado un gran león de Gryffindor. Luego, entre Hydra y Hermione habían realizado un hechizo y la pintura brillaba, cambiando de color.

Mientras tanto, en los vestuarios, Harly y el resto del equipo se estaban cambiando para ponerse las túnicas color escarlata de quidditch(Slytherin jugaba de verde).

Wood se aclaró la garganta para pedir silencio.

—Bueno, chicos —dijo.

—Y chicas —añadió la cazadora Angelina Johnson.

—Si Oliver, no olvides que ahora somos más… —secundó Katie Bell, otra de las cazadoras

—Y chicas —dijo Wood—. Éste es...

—El grande —dijo Fred Weasley

—El que estábamos esperando —dijo George.

—Nos sabemos de memoria el discurso de Oliver —dijo Fred a Harly—. Estábamos en el equipo el año pasado.

—Callaos los dos —ordenó Wood—. Éste es el mejor equipo que Gryffindor ha tenido en muchos años. Y vamos a ganar.

Les lanzó una mirada que parecía decir: «Si no...».

—Bien. Ya es la hora. Buena suerte a todos.

Harly siguió a Fred y George fuera del vestuario y, esperando que las rodillas no le temblaran, pisó el terreno de juego entre vítores y aplausos.

La señora Hooch hacía de árbitro. Estaba en el centro del campo, esperando a los dos equipos, con su escoba en la mano.

—Bien, quiero un partido limpio y sin problemas, por parte de todos —dijo cuando estuvieron reunidos a su alrededor.

Harly notó que parecía dirigirse especialmente al capitán de Slytherin, Marcus Flint, un muchacho de quinto año. Le pareció que tenía un cierto parentesco con el trol gigante. Con el rabillo del ojo, vio el estandarte brillando sobre la muchedumbre: «¡Tú puedes, Harly!». Se le aceleró el corazón. Se sintió más valiente.

—Montad en vuestras escobas, por favor.

Harly subió a su Nimbus 2.000.

La señora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata. Quince escobas se elevaron muy alto en el aire. Y estaban muy lejos.

—Y la quafflees atrapada de inmediato por Angelina Johnson de Gryffindor... Qué excelente cazadora es esta joven y, a propósito, también es muy guapa...

—¡JORDAN!

—Lo siento, profesora.

El amigo de los gemelos Weasley, Lee Jordan, un chico de los más gracioso, era el comentarista del partido, vigilado muy de cerca por la profesora McGonagall.

—Y realmente golpea bien, un buen pase a Alicia Spinnet, el gran descubrimiento de Oliver Wood, ya que el año pasado estaba en reserva... Otra vez Johnson y... No, Slytherin ha cogido la quaffle, el capitán de Slytherin, Marcus Flint se apodera de la quaffley allá va... Flint vuela como un águila... está a punto de... no, lo detiene una excelente jugada del guardián Wood de Gryffindor y Gryffindor tiene la quaffle... Aquí está la cazadora Katie Bell de Gryffindor; buen vuelo rodeando a Flint, vuelve a elevarse del terreno de juego y... ¡Aaayyyy!, eso ha tenido que dolerle, un golpe de bludgeren la nuca... La quaffleen poder de Slytherin... Adrian Pucey cogiendo velocidad hacia los postes de gol, pero lo bloquea otra bludger, enviada por Fred o George Weasley, no sé cuál de los dos... bonita jugada del golpeador de Gryffindor, y Johnson otra vez en posesión de la quaffle, el campo libre y allá va, realmente vuela, evita una bludger, los postes de gol están ahí... vamos, ahora Angelina... el guardián Bletchley se lanza... no llega... ¡GOL DE GRYFFINDOR!

Los gritos de los de Gryffindor llenaron el aire frío, junto con los silbidos y quejidos de Slytherin.

—Venga, dejadme sitio.

—¡Hagrid!

Hermione e Hydra se juntaron para dejarle espacio a Hagrid.

—Estaba mirando desde mi cabaña —dijo Hagrid, enseñando el largo par de binoculares que le colgaban del cuello—. Pero no es lo mismo que estar con toda la gente. Todavía no hay señales de la snitch, ¿no?

—No —dijo Ron—. Harly todavía no tiene mucho que hacer.

—Mantenerse fuera de los problemas ya es algo —dijo Hagrid, cogiendo sus binoculares y fijándolos en la manchita que era Harly.

Por encima de ellos, Harly volaba sobre el juego, esperando alguna señal de la snitch. Eso era parte del plan que tenían con Wood.

—Mantente apartada hasta que veas la snitch—le había dicho Wood—. No queremos que ataques antes de que tengas que hacerlo y no queremos que te pase nada, tampoco.

Cuando Angelina anotó un punto, Harly dio unas volteretas para aflojar la tensión, y volvió a vigilar la llegada de la snitch. En un momento vio un resplandor dorado, pero era el reflejo del reloj de uno de los gemelos Weasley; en otro, una bludgerdecidió perseguirlo, como si fuera una bala de cañón, pero Harly la esquivó y Fred Weasley salió a atraparla.

—¿Está todo bien, Harly? Hydra me mata si dejo que te pase algo… —tuvo tiempo de gritarle, mientras lanzaba la bludgercon furia hacia Marcus Flint.

—Slytherin toma posesión —decía Lee Jordan—. El cazador Pucey esquiva dos bludgers, a los dos Weasley y al cazador Bell, y acelera... esperen un momento... ¿No es la snitch?

Un murmullo recorrió la multitud, mientras Adrian Pucey dejaba caer la quaffle, demasiado ocupado en mirar por encima del hombro el relámpago dorado, que había pasado al lado de su oreja izquierda.

Harly la vio. En un arrebato de excitación se lanzó hacia abajo, detrás del destello dorado. El buscador de Slytherin, Terence Higgs, también la había visto. Nariz con nariz, se lanzaron hacia la snitch... Todos los cazadores parecían haber olvidado lo que debían hacer y estaban suspendidos en el aire para mirar.

Harly era más veloz que Higgs. Podía ver la pequeña pelota, agitando sus alas, volando hacia delante. Aumentó su velocidad y...

¡PUM! Un rugido de furia resonó desde los Gryffindors de las tribunas... Marcus Flint había cerrado el paso de Harly, casi tirándola de la escoba, para desviarle la dirección de la escoba, y éste se aferraba para no caer.

—¡Falta! —gritaron los Gryffindors.

La señora Hooch le gritó enfadada a Flint, y luego ordenó tiro libre para Gryffindor; en el poste de gol. Pero con toda la confusión, la snitchdorada, como era de esperar, había vuelto a desaparecer.

Abajo en las tribunas, Dean Thomas gritaba.

—¡Eh, árbitro! ¡Tarjeta roja!

—Esto no es el fútbol, Dean —le recordó Ron—. No se puede echar a los jugadores en quidditch...

—¿Y qué es una tarjeta roja? —le preguntó Hydra.

Pero Hagrid estaba de parte de Dean.

—Deberían cambiar las reglas. Flint ha podido derribar a Harly en el aire. Debería meterse con alguien de su tamaño, el muy…

A Lee Jordan también le costaba ser imparcial.

—Entonces... después de esta obvia y desagradable trampa...

—¡Jordan! —lo regañó la profesora McGonagall.

—Quiero decir, después de esta evidente y asquerosa falta...

—¡Jordan, no digas que no te aviso...!

—Muy bien, muy bien. Flint casi mata a la buscadora de Gryffindor, una niña pequeña de once años, cabe mencionar, cosa que le podría suceder a cualquiera, estoy seguro, así que penalti para Gryffindor; la coge Spinnet, que tira, no sucede nada, y continúa el juego, Gryffindor todavía en posesión de la pelota.

Cuando Harly esquivó otra bludger, que pasó peligrosamente cerca de su cabeza, algo ocurrió.

Su escoba dio una súbita y aterradora sacudida. Durante un segundo pensó que iba a caer. Se aferró con fuerza a la escoba con ambas manos y con las rodillas. Nunca había experimentado nada semejante.

Sucedió de nuevo. Era como si la escoba intentara derribarla. Pero las Nimbus 2.000 no decidían súbitamente tirar a sus jinetes. Harly trató de dirigirse hacia los postes de Gryffindor para decirle a Wood que pidiera una suspensión del partido, y entonces se dio cuenta de que su escoba estaba completamente fuera de control. No podía dar la vuelta. No podía dirigirla de ninguna manera. Iba en zigzag por el aire y, de vez en cuando, daba violentas sacudidas que casi lo hacían caer.

Lee seguía comentando el partido.

—Slytherin en posesión... Flint con la quaffle... la pasa a Spinnet, que la pasa a Bell... una bludgerle da con fuerza en la cara, espero que le rompa la nariz (era una broma, profesora), Slytherin anota un tanto, oh, no...

Los de Slytherin vitoreaban. Nadie parecía haberse dado cuenta de la conducta extraña de la escoba de Harly. La llevaba cada vez más alto, lejos del juego, sacudiéndose y retorciéndose, era una suerte que se hubiera dejado el peinado que le habían hecho Parvati y Lavender, porque sino, su cabello no la dejaría ver ya se hubiera caído.

—No sé qué está haciendo Harly —murmuró Hydra. Miró con los binoculares—. Creo que ha perdido el control de su escoba... pero no puede ser...

De pronto, la gente comenzó a señalar hacia Harly por encima de las gradas con preocupación. Su escoba había comenzado a dar vueltas y ella apenas podía sujetarse. Entonces la multitud jadeó. La escoba de Harly dio un salto feroz y Harly quedó colgando, sujeto sólo con una mano.

—¿Le sucedió algo cuando Flint le cerró el paso? —susurró Seamus.

—No puede ser —dijo Hagrid, con voz temblorosa—. Nada puede interferir en una escoba, excepto la poderosa magia tenebrosa... Ningún chico le puede hacer eso a una Nimbus 2.000.

Ante esas palabras, Hermione cogió los binoculares de Hydra, pero en lugar de enfocar a Harly comenzó a buscar frenéticamente entre la multitud.

—¿Qué haces? —gimió Ron, con el rostro grisáceo.

—Lo sabía —resopló Hermione—. Snape... Miren.

Ron cogió los binoculares, luego Hydra. Snape estaba en el centro de las tribunas frente a ellos. Tenía los ojos clavados en Harly y murmuraba algo sin detenerse.

—Está haciendo algo... Mal de ojo a la escoba —dijo Hermione.

—¿Qué podemos hacer?

—Déjenmelo a mí.

Antes de que Ron ni Hydra pudieran decir nada más, Hermione había desaparecido. Ron volvió a enfocar a Harly. La escoba vibraba tanto que era casi imposible que pudiera seguir colgado durante mucho más tiempo. Todos miraban aterrorizados, mientras los Weasley volaban hacía ella, tratando de poner a salvo a Harly en una de las escobas. Pero aquello fue peor: cada vez que se le acercaban, la escoba saltaba más alto. Se dejaron caer y comenzaron a volar en círculos, con el evidente propósito de atraparlo si caía.

Marcus Flint cogió la quaffley marcó cinco tantos sin que nadie lo advirtiera.

—Vamos, Hermione —murmuraban desesperados Hydra y Ron.

Hermione había cruzado las gradas hacia donde se encontraba Snape y en aquel momento corría por la fila de abajo. Ni se detuvo para disculparse cuando atropelló al profesor Quirrell y, cuando llegó donde estaba Snape, se agachó, sacó su varita y susurró unas pocas y bien elegidas palabras.

Unas llamas azules salieron de su varita y saltaron a la túnica de Snape. El profesor tardó unos treinta segundos en darse cuenta de que se incendiaba. Un súbito aullido le indicó a la chica que había hecho su trabajo. Atrajo el fuego, lo guardó en un frasco dentro de su bolsillo y se alejó gateando por la tribuna. Snape nunca sabría lo que le había sucedido.

Fue suficiente. Allí arriba, súbitamente, Harly pudo subir de nuevo a su escoba.

—¡Neville, ya puedes mirar! —dijo Hydra. Neville había estado llorando en su hombro aquellos últimos cinco minutos.

Harly iba a toda velocidad hacia el terreno de juego cuando vieron que se llevaba la mano a la boca, como si fuera a marearse. Tosió y algo dorado cayó en su mano.

—¡Tengo la snitch! —gritó, agitándola sobre su cabeza; el partido terminó en una confusión total.

—No es que la haya atrapado, es que casi se la traga —todavía gritaba Flint veinte minutos más tarde. Pero aquello no cambió nada. Harly no había faltado a ninguna regla y Lee Jordan seguía proclamando alegremente el resultado. Gryffindor había ganado por ciento setenta puntos a sesenta. Pero Harly no oía nada. Tomaba una taza de té fuerte, en la cabaña de Hagrid, con Hydra, Hermione y Ron.

—Era Snape —explicaba Ron—. Hermione, Hydra y yo lo vimos. Estaba maldiciendo tu escoba. Murmuraba y no te quitaba los ojos de encima.

—Con ayuda de Quirrell, si no, ¿por qué se iba tan de prisa cuando tú pasaste, Hermione? —añadió Hydra

—Tonterías —dijo Hagrid, que no había oído una palabra de lo que había sucedido—. ¿Por qué iba a hacer algo así Snape o Quirrell?

Harly, Hydra, Hermione y Ron se miraron, preguntándose qué le iban a decir. Harly decidió contarle la verdad.

—Descubrimos algo sobre él —dijo a Hagrid—. Trató de pasar ante ese perro de tres cabezas, en Halloween. Y el perro lo mordió. Nosotros pensamos que trataba de robar lo que ese perro está guardando e Hydra simplemente no confía en el profesor Quirrell.

Hagrid dejó caer la tetera.

—¿Qué sabéis de Fluffy? —dijo.

—¿Fluffy?

—¿Ven? ¡Les dije que el perro tenía que ser más tierno de lo que parecía! — dijo Hydra

—Ajá... Es mío... Se lo compré a un griego que conocí en el bar el año pasado... y se lo presté a Dumbledore para guardar...

—¿Sí? —dijo Harly con nerviosismo.

—Bueno, no me preguntéis más —dijo con rudeza Hagrid—. Es un secreto.

—Pero Snape trató de robarlo.

—Tonterías —repitió Hagrid—. Snape es un profesor de Hogwarts, nunca haría algo así.

—Entonces ¿por qué trató de matar a Harly? —gritó Hermione.

Los acontecimientos de aquel día parecían haber cambiado su idea sobre Snape.

—Yo conozco un maleficio cuando lo veo, Hagrid. Lo he leído todo sobre ellos. ¡Hay que mantener la vista fija y Snape ni pestañeaba, yo lo vi!

—Os digo que estáis equivocados —dijo ofuscado Hagrid—. No sé por qué la escoba de Harly reaccionó de esa manera. .. ¡Pero Snape no iba a tratar de matar a una alumna! Ahora, escuchadme los cuatro, os estáis metiendo en cosas que no os conciernen y eso es peligroso. Olvidaos de ese perro y olvidad lo que está vigilando. En eso sólo tienen un papel el profesor Dumbledore y Nicolás Flamel...

—¡Ah! —dijo Ron—. Entonces hay alguien llamado Nicolás Flamel que está involucrado en esto, ¿no?

Hagrid pareció enfurecerse consigo mismo.