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Nacimiento e Infancia del Trío de Plata. — capítulo 1
Noche de Luna llena. Estrellas decoraban el cielo. Eran casi las diez de la noche. La familia comía en el gran comedor de su mansión. Todo era perfecto. Draco y Astoria Malfoy estaban terminando de dar su último bocado, cuando la mujer sintió un dolor terrible en el vientre. Él, que nunca fue nada bueno con esos temas, se puso paranoico y ordenó a su elfo domestico que vaya a traer un medimago. Con ayuda de su madre, él llevó a su mujer hasta el primer sofá que encontraron. Narcissa Malfoy le decía como tenía que respirar ("inhalar y exhalar", repetía), pues ella era la única que ayuda, porque Lucius, al ver como rompió bolsa, cayó desmayado en el piso; por otro lado, Draco seguía estando paranoico. Astoria seguía a pie de mano los consejos de su suegra, a pesar de que cada vez que hablaban, terminaban peleando, ya que las dos tenían muy diferente formas de ver la vida, pero ahora el caso lo a meritaba, pues su querido esposo no estaba haciendo nada útil. Oh, le esperaría una gran bronca cuando nazca el niño. El medimago apareció, miró unos segundos a los señores Malfoy y chasqueó la lengua. Casi siempre pasaba eso. Caminó con paso decidido hasta donde se encontraban las señoras Malfoy, se puso de cuclillas y tomó la presión de Astoria, a la vez que Narcissa ordenaba a su hijo que avise, por medio de un patronus, a la familia de su nuera que ya daría a luz. Él, todavía un poco paranoico, aceptó, aunque mientras lo hacía, temblaba y balbuceaba cosas. Luego ordenó al elfo domestico que haga lo que sea para que su marido reaccione. Una vez que el medimago controló todo, hizo aparecer una camilla, con la ayuda de Draco, que ya se había calmado, llevó su mujer hasta allá, que ya no aguantaba más el dolor. Con Narcissa incluida, aparecieron en San Mungo, dejando al señor Malfoy al cuidado de los elfos domésticos. Algunas brujas enfermeras se unieron al medimago y se llevaron a Astoria a una habitación para partos, donde sólo fue su marido, luego de ponerse el conjunto necesario para entrar correctamente; Narcissa esperaba a la familia Greengrass. La señora Malfoy se encontraban ya con una bata que el Hospital San Mungo le entregó, agarrando la mano fuertemente de su esposo, que en ese momento ya estaba muy blanca por la presión que ella le ponía en el agarre. Trataba de darle palabras de consuelo, pero se veía desde kilómetros que la persona que las necesitaba más era él. También se veía que, como su padre, estaba apunto de desmayarse. Pero se prometió así mismo que no lo haría, él era un Malfoy y los Malfoy no hacen esas clases de co... ¡Por Merlín, que ya termine esto! En ese momento le vino una contracción y apretó más fuerte, si es que podía, la mano de Draco. Para el alivio de él, Daphne Greengrass apareció en la habitación y con paso apresurado se puso al otro lado de su hermana, dándole la mano. Ella le indicó como tenía que hacer y Astoria hizo exactamente lo que le dijo, acostándose de nuevo, más calmada. Un medimago llegó hasta la habitación, se fijo bien en su paciente e indicó que ya era hora de tener al niño. Draco Malfoy era medimago desde hace más de tres años y había traído muchos niños al mundo, pero ahora, que era su turno de ser padre, todas las palabras que le había dicho a otras mujeres para que tranquilicen, se habían borrado de la mente. Y el medimago pareció darse cuenta de eso también, pues él juraría que había escuchado de su boca salir: "Y mirar que Malfoy era el más tranquilo en estas cosas". Él empezó a hacer la cuenta regresiva para que Astoria pujara, mientras que las enfermeras preparaban todo para la llegada del bebé. La señora Malfoy empujaba y empujaba todo lo que podía, pero había momento en los cuales ni ella misma contenía algo de aliento. Sonrió cansada cuando escuchó que el medimago dijo que veía la cabeza, pero segundos después, frunció el ceño, pues había escuchado un golpe sordo en la habitación. Y hasta que no escuchó a su hermana decir lo que pasaba, no se había dado cuenta de que Draco se había desmayado. ¡Maldito Malfoy!, pensó en voz alta, continuando pujando. Por eso, una de las enfermadas agarró la mano de ella y le dedico palabras aliviadoras como lo hacía la hermana de la paciente. El medimago anunció que ya tenía la cabeza, sólo había que empujar más para que salga el bebé. Astoria respiraba con dificultad, apretaba los dientes y apenas tenía fuerza para empujar, ya que sentía un gran dolor en su cuerpo. Ella empujó por última vez y cayó rendida en la cama. En la habitación los únicos ruidos provenientes eran la respiración entrecortada de ella y el llanto de bebé, que era nada más ni nada menos que un niño. Mientras que las enfermeras se encargaban de atender al recién nacido, el medimago puso un liquido en una tela y la acercó a la nariz de Draco, haciendo que se levantara de golpe. Vio para todos los lados hasta que miró a su mujer, que asintió sonriendo y miró con extrema emoción y ternura como le acercaba un bulto celeste. Daphne, entendiendo que era un momento familiar, deseó felicidades a la familia y se marchó de la habitación, luego de darle un suave beso en la cabecita del niño. Draco se acercó a su mujer y a su nuevo hijo, miró con una infinidad de amor al pequeño y unas pequeñas lagrimas salieron de sus ojos grises, del mismo color que tenía su hijo. El 14 de Noviembre de 2005 nació Scorpius Hyperion Malfoy Greengrass. El chico fue criado en Gran Bretaña, en la Mansión Malfoy. Desde niño su padre y madre lo criaron con valores diferentes a la supremacía de sangre, cosa que no agradó mucho a sus abuelos. El niño era una replica maestra de su padre, desde los pies a los talones, sólo que tenía el mismo carácter que su madre. Scorpius tenía el mismo cabello rubio platinado como la mayoría de los Malfoy, ojos grises y tez nuez, ademas de tener la misma nariz respingada que su padre. Y como Draco, hizo magia accidental a los pocos meses de vida, cuando, enojado porque se tardaban mucho con su leche, hizo volar todo lo que había en su habitación. En vez de enojarse, sus padres se alegraron por aquello. Con cuatro años, Scorpius asistió a la Copa Mundial de Quidditch, donde quedó fascinado con las Veelas, pidiendo conocer una personalmente. Para la desgracia de ambos, como de muchos más, Inglaterra no ganó la Copa, sino Moldavia. Pero, al fin y al cabo, Scorpius la pasó de maravilla. El día de su séptimo cumpleaños, Scorpius recibió, de parte de su abuelo paterno, una Saeta de Fuego. Su progenitor le enseñó a usarla el día siguiente, pues, como todo Malfoy, tuvo una gran pila de regalos que abrir, la mayoría de parte de su querida tía y madrina Daphne. Como Draco, su hijo montó mal la escoba como él lo hizo hasta su primer año en Hogwarts, hasta que madame Hooch le dijo como tenía que hacerlo. No tardó más de dos días en enseñarle como volar bien en una escoba. Dos años más tarde, pidió a su padre que lo lleve al mundo muggle, pues quería conocer un poco de el. Claramente, recordando algunas cosas de su infancia, Draco se negó rotundamente, pero igual que él, Scorpius no se iba a rendir fácilmente. Al final, ambos pasaron todo el día en un parque muggle, donde él se hizo algunos amigos muggles, algo que no agradó mucho a su padre. Scorpius no era frío o arrogante como antes era su padre, sino que era amable con las personas, nunca ingenuo, tenía el mismo orgullo que sus padres, pero sabía cuando era el momento de disculparse, aunque a veces se demoraba mucho. Era muy amigable, pero el problema era que al ser un Malfoy, no tenía amigos, pues todos sabían que aquella familia eran los más leales seguidores de Voldemort. Aun así, él se prometió que buscaría amigos que lo quieran por como es y por cual familia venga, a pesar de que a veces se sentía triste cuando la sociedad lo rechazaba. Fue educado por su madre, porque, por nada en el mundo, Draco mandaría a su hijo a un colegio muggle. Desde niño fue desinteresado por los libros y el estudio, algo en lo que se parecía a su padre, pero con el tiempo fue cambiando, aunque eso no llega que se convirtieran en un mago superdotado. En otras palabras, sabía lo suficiente como para asistir a Hogwarts, y con eso le bastaba; no tenía ganas de estudiar más. Pero si mostró real interés en el libro Quidditch a través de los tiempos. No veía la hora de estar en su segundo año en Hogwarts para presentarse en las pruebas como cazador. Cuando su padre se iba al Hospital San Mungo, Scorpius y Astoria recorrían las calles muggles, a petición de él; eso no le decían a Draco, ya que sabían lo molesto que se ponía a oír algo que tenga que ver con los muggles. Astoria no pudo cambiar mucho en él, pero si lo suficiente como para educar bien a su hijo. Scorpius Malfoy se crió de la mejor manera, tal y como no pudieron educar a sus padres. Llenó de alegría la Mansión Malfoy, la cual la había pedido desde siglos atrás. Había que añadir que tanto Narcissa como Lucius a veces olvidaban como eran y se divertían con las ocurrencias de su nieto, hasta aceptando que no sea como ellos. Él vivió los mejores años de su vida en aquella casa, y desde niño, esperaba impaciente la llegada de su carta con la aceptación de Hogwarts.