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Nacimiento e Infancia del Trío de Plata. — capítulo 2

Miraba maravillada la nieve. Desde niña le gustaba, como ahora de adulta. Acarició su vientre con una de sus manos, mientra que con la otra se llevó la taza con café hasta sus labios. Su esposo tocaba el piano, pues él sabía muy bien que a su mujer le encantaba la melodia de ese instrumento, por eso había aprendido a tocarlo desde el momento que ella le aviso que estaba embarazada. Siguió tocando, pero se detuvo al oír la taza chocar contra el piso. Hermione Weasley le pidió a gritos que la lleve al hospital muggles, en ese instante. Ya iba a dar a luz. Era una suerte que los señores Granger se encontraran ahí, ya que Ronald no tenía ni la menor idea de dónde quedaba el hospital, por muchas veces que haya ido a ver los avances del embarazo, no se acordaba de cómo llegar hasta allá. Ademas, cuando iban, él no hablaba, porque no entendía algunas cosas que salían de los lontodes. Entre él y el señor Granger llevaron a Hermione afuera de la cabeza, la señora Granger iba en cabecera, ya que ella tenía que prender el auto para no demorar mucho. Una vez en movimiento, Ron agarró la mano de su mujer y le decía palabras que hacían que ella se tranquilice lo más que pueda, su suegro estaba con el celular de su hija, llamando a Harry para que avise la noticia de que ya llega un nuevo integrante en la familia. Bajaron rápidamente del auto una vez que llegaron y empezaron a gritar que los ayuden. Unos segundos después, algunos doctores y enfermeros vinieron con una camilla, donde pusieron a la embarazada. Ron fue guiado a un cuarto donde cambió rápidamente y después fue a la habitación 258, donde Hermione ya estaba acostada, gimiendo de dolor de vez en cuando. Sonrió débilmente cuando le apretó la mano. El doctor explicó cosas a Ron que no él entendía, pero, en vez de interpretar la mirara de él como confusión, el doctor pensó que estaba nervioso por la llegada de su bebé. Aunque, para la suerte de ambos, la señora Granger entró en la habitación y conversó con el doctor, cuando él se fue, prosiguió a contarles a los lo que ocurría. En unos minutos nacería su bebé. Y también que la familia Weasley y los Potter se encontraban en la sala de espera. ¿Por qué no fuimos al San Mungo?, se preguntaba Ron, viendo con horror las cosas que trajeron las enfermeras, que no era nada para asustarse, al menos, a un muggle. Aun así, no paraba de dar suaves caricias en la mano de su mujer, que en ese momento pasaba una contracción, apretando mucho más fuerte la mano de su esposo, y, con todo el dolor que tenía en la muñeca, no paró de decirle palabras aliviadoras a Hermione, la cual se veía desde kilómetros que daría todo lo que fuera para sacar al bebé y estar con menos dolor. El doctor que la atendía se puso unos guantes celeste y caminó hasta su paciente. Asintió a dirección de Ron y la señora Granger; el bebé estaría a punto de nacer. Animó a la señora Weasley a empujar, y, aunque ella este muy débil, lo hizo, pero apretaba más fuerte la mano de su pareja, el cual hacía todo el esfuerzo para no desmayarse, pues sabía lo que le esperaba si hacía eso. Hermione empujó una vez y cayó a la cama, sabiendo que todavía faltaba más esfuerzo de su parte para que nazca la personita que llevaba adentro durante nueve meses. Volvió a la acción y Hermione pujó. Ahora sabía lo que pasó su madre para tenerla a ella. Oh, este bebé sería el último, no volvería a soportar tanto dolor; pero, después de todo, ese dolor tiene una buena recompensa al final. Quizá sólo uno más, para variar. Ah, pero el dolor es..... Sólo un poco más. Un poco más. Hermione admiraba como su marido todavía —todavía— no se desmayaba. Ella había presenciado el parto de su ahijado y Harry se desmayó, apenas vio parte del cuerpo de su hijo. Rogaba a Merlín que a Ron no le pase lo mismo. Pero ella también debía de ejercer menos presión en su mano, ¿no? Ya estaba más pálida de lo normal. El doctor siguió insistiendo que empuje más, pero ella estaba más que rendida, sólo cuando escucho a Ron y a su madre consiguió seguir empujando. Él avisó que tenía la cabeza; Hermione sintió como su marido se tensaba. Si te desmayas, Weasley... Ay, pobre de ti. Pobre de ti, pensaba. Aulló de dolor y pujó una vez más. Sonrió cuando el doctor dijo que era una niña. Ron suspiró aliviado y depositó un suave beso en los labios de su mujer, a la ves que los enfermeros se encargaban de la beba. Habían decidido no saber el sexo de su bebé, pues querían que sea una sorpresa. Y ahora la tenían ahí, envuelta en unas sabanas rosadas, recién limpiada. La beba abrió los ojos, luego de que se haya calmado, y descubrieron, para su placer, que aquella linda niña tenía los mismos ojos que su padre. Sonrió, mientras le hacia algunas cosquillas abajo del cuello. La señora Granger sonrió con ternura al ver la escena que se desarrollaba en frente de sus ojos: su yerno estaba algo agachado, para estar a la misma altura que la cabecita de su hija, mirándola con amor, de la misma forma que Hermione los miraba a ambos. El 31 de Marzo de 2006 nació Rosebud Jean Weasley Granger. La pequeña se crió en la ciudad de Londres, en la casa que su padre construyó con ayuda de su suegro para su familia. Sus padres la educaron como educaron a toda la familia Weasley, enseñándole que era mucho mejor ser un "traidor de sangre" que andar siguiendo la supremacía de la sangre. Si no fuera porque su madre la mantuvo durante nueve meses en su vientre, no se diría que es su hija, pues Rose era como la gemela de su padre cuando él tenía su edad: cabello rojo como el fuego, los ojos azules que se comparaban perfectamente con zafiros, la piel tan blanca como la nieve que estaba cubierta de pecas. Era una niña muy bien educada, hasta, cuando nació su hermano menor, Hugo, se portaba como una buena nena, a pesar de que tenga dos años. Nunca trajo problemas a su familia, para su corta edad, parecía ser muy madura. Ron podía ver un parecido a su hija con su mujer cuando la primera fruncía el ceño al ver algo que no le gustaba. A sus cinco años desarrolló su pasión por los libros como su madre, que estaba muy orgullosa de aquello. Rose sólo pedía para sus cumpleaños libros y libros, y amaba cuando sus padres o tíos le prestaban los libros de Hogwarts para leer. Como su madre, el libro Historia de Hogwarts, desde que Teddy se lo prestó, se convirtió en su favorito. Y ni hablar de sus notas, ella, como su hermano y los hijos de Harry y Ginny, asistieron al colegio que su madre antes iba, convirtiéndose en la mejor alumna. El día de su sexto cumpleaños, su padre, ademas de regalarle un libro, le regalo una escoba, donde también se llegó a conocer cuando le gustaba el Quidditch a Rose. Le costó a prender, pero aun así, una vez que lo logró, fue la mejor guardiana que hayan visto. Ron no podía estar más que orgulloso de ella. Pero había que agregar que si la obligaban a elegir entre el Quidditch o los libros, te hace una lista completa los libros que quiere para su cumpleaños. Cuando Ron y Hermione anunciaron que iban a hacer padres, tal y como predijo George ese día, Rose tiene el doble de orgullo que tenían sus padres, siendo muy difícil ganarle en alguna discusión. Y como sus padres, es muy terca. Era algo tímida, al menos hasta que entra en confianza. También era muy sociable, tenía tanto amigos del mundo mágico como amigos del mundo muggle. Al cumplir los nueve años, fue la primera vez que hizo magia accidental delante de muggles. Ese día estaba en su colegio, charlando con su primo Albus cuando un niño se burló de su padre, argumentando que más anormal no podía ser. Pero claro, era un mago, ¿no?, Ron todavía no se había acostumbrado a la vida muggle. Rose apretó los puños y al siguiente segundo, mesa, sillas y algunos niños estaban flotando en el aire, a la vez que tizas y borradores perseguían a los que se quedaron en el suelo. El Ministerio completo tuvo que venir a borrar la mente de todos lo que estaban allá Quizá físicamente salió a su padre, pero era como su madre psicológicamente. Cuando veía que alguno de sus primos, amigos o hermano no hacía las cosas bien, les decía como había que hacerlo, aunque eso les irritara. Más de una vez, insistió su familia a que estudie más, sobretodo a los que iban a Hogwarts, por eso les regalaba un calendario para estudiar para Navidad. Como su madre seguía teniendo amistad con Viktor Krum, que su padre tuvo que aceptar, Rose consiguió que él le presentara el equipo completo de los Chudley Cannons, su equipo favorito de Quidditch. En su habitación se podía apreciar la remera del equipo, firmado por todos ellos, en una vitrina. Rose Weasley, a pesar de todo, siempre fue muy unida con sus familiares y amigos, hasta dando su vida por ellos. Una chica tan inteligente como orgullosa. Sus padres no pueden estar más que orgullosos de ella como de su hermano menor, pues los dos salieron idénticos a sus padres. Y, aunque a veces tenga el carácter como los mil demonios, cuando se le pasa, es una de las mejores personas que pueda existir. Para ella, ahora lo único que le importaba era ya cumplir los once años, para que llegue su carta de Hogwarts.