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Nacimiento e Infancia del Trío de Plata. — capítulo 3

Él miraba como su esposa dormía tranquilamente. Ya era una costumbre de que se levante temprano y la observe. Sonrió encantado cuando frunció el ceño en medio de su sueño, luego salió de su habitación, para ir a la de su hijo primogénito. El pequeño Potter ya estaba despierto, mirando encantado el dibujo del Mapa del Merodeador que había pintado en la pared. Harry Potter intuía que aquel niño sería idéntico a su padre, tanto físicamente como psicológicamente. James lo miró por algunos segundos, pero posteriormente su mirara se dirigió al bolsillo del pantalón de su padre, donde habitaba la varita de él. ¡Que daría para usar una! Para ser un a niño de dos años, era muy profesional cuando de problemas se trataba, y lo había desmostado infinidades de veces, sobretodo, cuando lograba quitarle la varita a alguno de sus padres. A la habitación entró otro nene de ocho años, que saludó a su querido padrino y luego fue junto a James, para jugar un momento con él. Harry miraba con una tierna sonrisa a los dos niños, Teddy estaba quedándose unos días en la casa de los Potter, pues quería estar presente para cuando nazca el nuevo integrante de la familia; era una gran ayuda, él se ocupaba muy bien de James, parecía que hacía más caso al metamorfomago que a su propio padre, ya que el niño se entretenía mucho viendo cambiar de color el cabello de Teddy. Harry se disponía a salir, cuando escuchó un gritó de dolor en su habitación, pidió al pequeño que se haga cargo de su hijo mientras él iba a fijarse que le pasaba a su esposa. Minutos después, que a Ginny Potter le parecieron una eternidad, estaban en San Mungo. Habían dejado a los dos chicos al cuidado de los señores Weasley, que luego irían a ver que tal con el recién nacido. A ella la estaban llevando a una habitación, a la vez que gritaba maldiciones a cualquier ser vivo o muerto, sobretodo a su esposo, echándole la "culpa" por haberla dejado con ese dolor. Ella parecía que se iba a desmayar por el terrible dolor que sentía en su vientre. El medimago no tardó en aparecer, siendo recibido por los insultos de su paciente, que decía que se demoró mucho, a pesar de que había llegado medio minuto después que ellos. Él suspiró, había traído al mundo a James Potter II y había recibido los mismos insultos de parte de la madre. Revisó a Ginny, antes de ordenar a las enfermeras que trajeran lo necesario para que el bebé nazca bien. La señora Potter sentía a cada rato las contracciones que de a poco a poco iban matando su cuerpo, y él que su marido le diga que tenga paciencia, no ayudaba para nada. Oh, Hermione, ¿dónde estas? Pero ella no podía ir, no había pasado ni un mes desde que su hija nació. Con una mirara llena de furia, calló a Harry, luego pidió a gritos que ya saquen al crío de ella. Su marido trataba de relajarse, acariciándole el cabello con delicadez y pareció funcionar, pues se acostó mejor en la cama y suspiró cansada. Con James no fue así, dolía menos. Empezó a pujar todo lo fuerte que pudo, como le indicaba el medimago; a veces lo hacía bien, otras caía en la cama cansada. La voz de su amado sonaba muy lejana. Que daría ella para que los hombres queden embarazados y no las mujeres, así entendían lo que sufrían para traerlos al mundo. Un empujó más. Un dolor más. Harry acariciaba la mano de ella, a la vez que trataba de auto-serenarse; cuando se desmayó en medio del nacimiento de su hijo, al quedarse solos, Ginny le echó en cara todo su enojo por lo que había hecho, y no quería volver a pasarlo. Otra vez no, por favor Merlín. ¿El bebé sería igual a su madre o a su padre?, se preguntaban. James era igual a su padre, pero con los ojos de su madre, pero este bebé, ¿tendría los ojos de Harry y el cabello pelirrojo de Ginny, o al revés? ¿O sería de otra forma? Da igual, podía ser hasta de cabello morado con ojos negros e igual así lo amarían tanto como a James. Medio cuerpo del bebé ya estaba afuera, sólo un empujón más. Harry sonrió, faltaba poco para que nazca a su hijo. Al siguiente minuto, el llanto del bebé se hizo presente en la habitación, anunciando la llegada del pequeño. Mientras le sacaban la sangre, la pareja se dio un dulce beso, aliviados de que todo había salido bien. En unas cobijas color celeste cielo, le acercaron al pequeño bebé, que seguía, no tanto como antes, llorando. El bebé tenía unos pocos cabellos, pero se veía que eran de color negro y cuando abrió los ojos, su madre bufó. ¡El bebé tenía el mismo cabello y los mismos ojos que Harry! ¡Era la replica exacta de él cuando era un bebé! ¡No parecía ser hijo de ella! Su marido tan solo rió, mientras miraba los ojos verdes de su niño, tan iguales a los de su abuela. El 16 de Junio de 2006 nació Albus Severus Potter Weasley. Él fue criado y educado en el Numero 12 De Grimmauld Place. A pesar de que su madre sintió más dolor con él durante su embarazo, Albus fue más tranquilo que James, el cual siempre lo miraba con mucha curiosidad y al que le echaba la culpa de todo lo que él cometió. El primogénito de los Potter había heredado los ojos de su madre, sin embargo el segundo hijo de ellos no tenía nada de parecido con su madre; como su padre, tenía el cabello azabache indomable, los ojos verdes de su abuela, aunque era más alto que su padre cuando él tenía su edad y no estaba flacucho como él. Sentía una fascinación incontrolada como su abuelo por los muggles, sólo que él admiraba más su cultura que la tecnología. Aunque le gustaba los libros de magia muggle que no tenía nada que ver con lo que en realidad era, no era muy lector, pues los libros que había leído siempre los dejaba por la mitad. Pero lo que si le gustaba, que su prima Rose le mostró, era la música muggle. Sus poderes se desarrollaron en primer día que puso un pie en la casa, cuando Kreacher venía con u juguetito para el niño y mágicamente llegó hasta sus pequeñas manitas, sin que nadie se lo acerque. Iba a hacer un mago tan grande como su padre. Como a James, Teddy lo quiso de la misma manera, aunque con el paso de los años, se podía dar cuenta que tenía como favorita a la última Potter, Lily. Los dos hermanos no compartían pieza por el bien del mundo, pues nunca faltaban las peleas de ambos porque, a pesar de que se querían mucho, las discusiones entraban en sus vidas, peleando de cualquier cosa que haya, y no terminaban hasta que entraba su pequeña hermana a la discusión, diciendo que se callen porque no podía escuchar sus dibujos animados. El elfo domestico de la familia siempre se encontraba de su lado, pues Albus era él que mejor lo trataba en la casa. Era igual de inteligente como su madre, pero nunca pudo superar a Rose en algo académico. Y como todo Potter, tenía una facilidad inigualable para meterse en problemas, también de poder salirse con la suya, o al menos, en la mayoría de veces. Pero había que admitir que James era el más problemático de todos, había heredado la personalidad de su abuelo paterno. Su hermano a sus nueve años había robado del despacho de su padre el Mapa del Merodeador, por eso Harry le entregó la Capa de Invisibilidad a Albus, que la uso barbaridades de veces con sólo Rose, pues era en la que más confiaba. También, de su padre, había heredado el idioma de las serpientes, aunque nadie pudo explicar cómo, si había sido borrado de la vida de Harry cuando el Horrocrux dentro de él había sido destruido. Albus al principió se sintió mal, creyendo que eso lo convertiría en una mala persona, pero con las palabras de su padre, el parsel se convirtió en una de las cosas más valiosas que poseía. No se cansaba de escuchar de su padres las aventuras que vivió junto a sus dos mejores amigos, algo que no le decía a su hijo mayor porque sabía de lo que era capaz de hacer si se enteraba. No le contó de todo, sólo lo suficiente para que este informado, sin embargo, le ocultó cómo asesino a Voldemort y algunos de los problemas relacionados con dicho mago tenebroso. Aunque, tampoco hizo mucha falta que él le cuente, pues en el mundo mágico, por mucho que pasen los años, se seguía hablando de los tres mejores amigos que vencieron al Señor Oscuro. Albus Potter no era malo, pero cuando se enojaba, era mejor salir huyendo, a no ser que descargue su furia contra ti, tenía un mal genio, algo que heredo de su padre. También, como su progenitor, era muy tímido con las mujeres y no las comprendía en lo absoluto. Y la historia que más le gustaba, era la historia que sus padres le contaron del por qué le pusieron Albus Severus. Tenía una gran emoción porque le entreguen la carta de Hogwarts así ir allá y conocer al profesor Snape en uno de los retratos, así agradecerle lo que hizo por su padre y tíos.