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Historia 187766 — capítulo 1

—Tu eres la inteligente, dinos dónde estamos. Harry Potter y sus mejores amigos cursaban su sexto año en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Ese día había sido muy cansador para él, pues desde que Ron empezó a salir con Lavender Brown, las peleas con Hermione eran el doble de peores y demasiado largas. Y por aquella discusión, algunos alumnos se acercaron, incluyendo a las serpientes, que querían saber qué era todo ese alboroto. Pero justo cuando Hermione se iba a dar la vuelta para irse, así poder llorar en paz, una luz blanca apareció en las puntas de las varitas de algunas personas que estaban al lado de ellos, haciendo que se desmayaran. Pero ya habían despertado y lo que fue una confusión para todos era que estaban en la Torre de Astronomía. Y lo más raro era que no se parecía su Torre de Astronomía. Las paredes antes eran de color crema, pero en ese momento eran violetas, con algunos adornos amarillos, parecidos a estrellas. Hasta había una Luna dibujada en el techo, junto a galaxias y planetas. La baranda donde se podía ver todo ahora era negra, con puntos blancos, dándole más estilo. Y las cosas de Astronomía eran diferentes. Las personas que habían viajado mágicamente a quién sabe dónde eran Harry, Ron, Hermione, Neville, Ginny, Luna, Lavender, Cormac McLaggen, Hannah Abbott, Draco Malfoy, Pansy Parkinson, Daphne y Astoria Greengrass, Theodore Nott y Blaise Zabini. Y todos preguntaron a la vez a Hermione que rayos pasaba. —Tal vez... —¡Pero no tuviste que hacer eso! Al escuchar las palabras de una chica, al parecer, enojada, se escondieron, por las dudas, cerca de la baranda, donde tuvieron suficiente acceso para ver lo que pasaba. A la torre entró un chico de cabello rubio platinado, con unos hipnotizantes ojos grises que desprendían enfado y con el ceño fruncido. Era alto, le llevaba una cabeza a la chica que acababa de entrar, ella tenía el cabello castaño con bien definidos rizos, que caían con gracia por sus hombro, hasta llegar hasta la mitad de su cabello. Ella también estaba molesta. —¡¿Y qué quieres que haga?! ¡¿Qué me quedé de brazos cruzados mientras ese estúpido coquetea con mi novia?! Ron no había tomado importancia a los chicos que entraron, por eso se había ido a barra, para ver el jardín de Hogwarts, descubriendo que también estaba diferente de como lo tenían aquella mañana. Pero al oír el comentario, volteó con curiosidad y observó a los dos jóvenes. Unos segundos después, abrió los ojos como platos, mientras apretaba los puños. ¿Y si habían viajado en el futuro? Porque, sino, ¡¿qué alguien le explique porqué Hermione y Malfoy están juntos?! Al parecer tienen su misma edad, ¿significa qué serán novios prontos? Ahora que lo pensaba, no había visto a su ex mejor amiga desde hace tiempo, ¿acaso se encontraba con él cuando desaparecía? Y Malfoy había dejado de insultarla, ¿será porqué esta enamorado de ella? Él caminó con paso firme hacia su enemigo, lo agarró del cuello de su camisa por sorpresa y lo acorraló contra una pared, bajo la expectante y asombrada mirara de sus compañeros de colegio. —¡Dime ahora, Malfoy, porqué tu estas de novio con Hermione! —le esperó, él lo miró confundido. ¿Él, Draco Malfoy, saliendo con una Sangre sucia? ¿Acaso Weasley era tan pobre que no podía pagar sus medicamentos para bajarle la locura? —¿Pero de qué hablas? —le preguntó de la misma forma, tratando de soltarse de su agarre. —Que, por lo visto, viajamos al futuro ¡y mira! ¡Ese chico es igual a ti y esa chica, a Hermione! ¡Y dijo que era su novia! —¿Eres estúpido o qué, Weasley? —le dijo, aunque miraba con desconfianza hacia los chicos, que seguían discutiendo sin saber lo que pasaba a su al rededor. Ron soltó a Malfoy bruscamente y caminó hacia Hermione, que estaba con los ojos abiertos al oír que quizá ella termine con el peor enemigo de su mejor amigo. Ron le gritó en la cara, aunque casi en un susurro, para que aquellos chicos nuevos no los escucharan, pero ella también empezó a gritarle, diciendo que ni en un millón de años andaría con Malfoy. Harry y Ginny miraban la escena, suspirando y rodaron los ojos, ¿es que todavía no se habían cuenta de qué Ron estaba celoso? Pero Lavender si, por eso había empezado a hacer ruidos con los dientes. —¡Pero tu no parecías molesta porque ese Sangre sucia te estuviera coqueteando! —Ron y Hermione se callaron al oír el grito del rubio. Él frunció el ceño, demasiada coincidencia. —¡Te dije que dejaras de llamar así a las personas! ¡Tu no eres así! —el chico bajó la cabeza, avergonzado, pero se notaba que seguía enfadado—. ¡Y yo estaba concentrada leyendo mis libros para fijarme si alguien me estaba mirando! ¡¿Es que no entiendes que te amo sólo a ti?! —Leyendo; ¿cómo pudiste, Hermione? —le preguntó Ron, pero que le sorprendió a la castaña era que su voz estaba dolida. El rubio suspiró y se sentó en el suelo, donde un segundo más tarde, la chica se sentó. Estaban de espaldas y él le pasó su brazo por el hombro de ella, acercándola, antes de depositar un beso en su frente. Decir que Ron estaba enojado, era muy poco. —Lo siento, amor. Es que batallé mucho para obtenerte, todo lo que tuvimos que pasar para estar juntos. Ya sabes, tu una Gryffindor y yo un Slytherin... —¿No son suficiente pruebas? —murmuró Ron, con los brazos cruzados, mientras que las miraras iban de Hermione a Malfoy, que estaban paralizados. —Y yo, ¿crees que fue fácil que tu padre me aceptara? —el pelirrojo bufó—. Pero ahora estamos aquí, juntos, y nadie se interpondrá ante nosotros. —Dile eso a Potter y Weasley. —¡Ahora si que caes muerto, Malfoy! —Ron, al oír el comentario del chico, se lanzó hacia el mencionada, los dos estaban en el suelo, pegándose a todo pulmón, cuando la pareja fue hasta ellos, con el ceño fruncido, preguntándose qué pasaba. —¡Ya mismo se separan! ¡Soy Prefecta, así que ya mismo lo hacen! —gritó la chica. Los dos se separaron, mirándose con odio. Pero una vez que ambos miraron con determinación a las personas que estaban allí, se llevaron la mano a la boca horrorizados. —¡Ro-Ro!—exclamó Lavender, al ver como la boca de su novio sangraba. Corrió hasta él y se acercó para limpiarlo, pero él la apartó bruscamente, yendo hacia Hermione, que a pesar de todo, seguían firme. —¡¿Cómo es posible que estés con Malfoy?! —Primero —dijo con la voz calmada—, tu no eres quien para poder decirme que hacer. Segundo, si eso llega a pasar, no es incumbencia tuyo. Y tercero, ¡los ojos de ella son azules, no marrones como los míos! Ron frunció el ceño y se volteó para ver que la castaña tenía los ojos azules zafiro, que seguían mirándolos con preocupación y algo les decía que no era por la pelea. Él se sonrojó rápidamente, mientras que Malfoy suspiraba de alivio, se volvió hacia Hermione, que lo miraba con enojo. —Yo.. —¡Ahórrate las palabras! ¡Ya no quiero escucharte! —¡Rose! ¡Scorpius! ¡¿Están aquí?! —ellos escucharon los gritos de un chicos y, los que al parecer eran Rose y Scorpius, se miraron más preocupados que antes y salieron al encuentro con un chico un poco más bajo que el rubio, pero más alto que la castaña. Tenía la cabellera negra azabache, unos brillantes ojos verdes y estaba jadeando por la carrera que hizo para alcanzarlos. Se apoyó sobre su pierna, mientras respiraba agitadamente. Harry miró al chico con los ojos en par en par, ¡él era igual a él! ¡Hasta tenían el mismo tamaño! Eso si, él no tenía una cicatriz en forma de rayo en su frente. —Ustedes... dos... deben... dejar.. de pelear —le dijo, parándose—. Realmente, me cansa ir de un lado a otro porqué ustedes dos están peleando. ¡Ya tienen quince años, maduren! —¿Por qué tu lo hiciste, verdad? —le dijo Scorpius, burlón. El chico nuevo se sonrojó levemente—. Hay un problema, Al. —No me digas que los Merodeadores trataron de matarte otra vez, no fue suficiente con dejar una cicatriz en tu espalda —al acabar de decir eso, se llevó las manos a la boca, mientras que su amigo lo miraba con enfado. —¡¿Qué?! —gritó Rose—. ¡¿Cómo que tienes una cicatriz en la espalda?! ¡Oh, esos idiotas conocerán mi furia! ¡Muévete, Albus! Pero Scorpius la tomó entre los brazos y la abrazó fuertemente, unos segundos después, ella dejó de luchar y se quedó seria, esperando que la liberan para ir a asesina a esos chicos. —¿Merodeadores? —preguntó Harry, confundido. Albus levantó la mirara y al verlo, se quedo tan blanco como la nieve, luego le echó una mirara preocupada a sus amigos. —Ni la menor idea. Yo creo que hay que avisarle a la directora. —Director —corrigió Ron, todavía ceñudo. Scorpius giró la cabeza hacia él, por supuesto no permitiría que alguien le corrija, sólo su novia, por mucho que sea su suegro... o su futuro suegro. —Directora —replicó. —Es director —dijo Ron, más enojado. Y lo que más le enfadó, es que el chico soltó una carcajada burlona. —Esta claro que tu no sabes nada. Es directora, Weasley. Pero después de eso, Rose le dio una fuerte colleja a su novio, haciendo que se callé de inmediato. Y por la mirara de Hermione, Ron también se calló. —Hay que llevarlos con la directora —dijo Albus. Scorpius miró sobre su hombro y le sonrió divertido al pelirrojo. La segunda generación se miraron confundidos, Albus Dumbledore era hombre, ¿verdad? ¿Acaso les oculto su verdadero sexo? ¿Y en realidad se llamaba Albulina Dumbledore? Caminaron tras los chicos, que discutían en murmullos que ellos no consiguieron escuchar, pero si algunas, la cuales las que más se destacaban era "Esto es plan de los Merodeadores". Harry estaba aturdido, ¿Merodeadores? ¿Cómo era eso posible? Y también se preguntaba porqué ese chico se parecía tanto a él. Llegaron a una gárgola gigante y para sorpresa de todos, incluyendo a Albus y Scorpius, Rose dijo la contraseña y las escaleras aparecieron. Mientras subían, los chicos no paraban de decirle porqué no les había dicho que sabía la contraseña de la oficina de la directora. —Porqué los conozco. Si se los decía, ay Merlín. Ademas, me hizo prometer que no se lo diría a nadie. —Si nos dijiste sobre tu Giratiempos, podrías avernos dicho esto —le reprochó Albus. Harry y Ron le dirigieron una mirara a Hermione, ¿ella no tenía aquello?—. Aún no entiendo como puedes soportar once asignaturas. —Que ustedes tengan el cerebro tan pequeño como un snitch, no se significa que yo si —los dos se cruzaron de brazos, algo molestos—. Y hubieran sido doce si Adivinación fuera coherente. —Aún no sé porqué la tome —se quejó el azabache—, ¡con Scorpius tenemos que inventar cosas para pasar!

—¡Eso esta mal! ¡Tu eres Prefecto, Scorpius! —Albus me obliga —le dijo con temor al ver el enojo de ella, apuntando con el dedo a su mejor amigo, que estaba con igual o más temor que él. Rose miró a los dos con enojo antes de seguir subiendo. —Me recuerdan a tres personas —le dijo Luna a Ginny, mirando a Harry, Ron y Hermione. Su amiga pelirroja asintió. Cuando llegaron, tocaron las puertas de roble dobles. Se escuchó un adelantey todos pasaron. Una vez adentro, los visitantes pusieron fijarse que había algunas cosas que nunca habían visto en el despacho de Dumbledore, sobre todo, el retratos de Albus Dumbledore y Severus Snape, los dos estaban demasiados ocupados para fijarse en ellos. ¿Por qué estaban ahí?, se preguntaban. ¿Y quién era entonces la directora? Su respuesta surgió cuando el sillón se dio vuelta. Minerva McGonagall estaba como antes, sólo que con más arruga y un nuevo par de gafas, miró pesadamente hacia Rose, Albus y Scorpius, preguntándose que clase de travesura habían hecho. Pero luego recordó que ella era la que los traía y no ellos. Pero la castaña sabía la contraseña de la gárgola, ¿para que habían venido? Y fue entonces cuando su vista se enfocó en las demas personas que estaban ahí. —¿Fueron los Merodeadores II? ¿O ustedes, Trío de Plata? ¿Merodeadores II? ¿Trío de Plata? ¿En dónde rayos estaban? —No fuimos nosotros, profesora. Esta vez no —dijo Albus, con una de sus mejores sonrisas inocentes—. Y no estoy seguro si fueron ellos, pero eso si, ellos están acá y..... Digamos que sera un largo día. —O una larga semana —dijeron Rose y Scorpius, mirando como los nuevos invitados miraban a todos lados curiosos.