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Historia 187853 — capítulo 2
Una vez terminados los postres y cuando los últimos desaparecieron de los platos, dejándolos completamente limpios, Albus Dumbledore volvió a ponerse de pie. El rumor de la charla que llenaba el Gran Comedor se apagó al instante y sólo se oyó el silbido del viento y la lluvia golpeteando contra los ventanales.
-¡Bien!
- dijo el director con una sonrisa. - Ahora que todos estamos bien comidos, debo una vez más, rogar su atención mientras les comunico algunos anuncios: el señor Filch me ha pedido que les diga que la lista de objetos perdidos se ha visto incrementada este año con a la inclusión de yoyos gritadores, los discos voladores con colmillos y los bumeranes. La lista compren de 437 artículos y puede consultarse en la conserjería con el mismo señor Filch. Lo segundo, es comunicarles que, como cada año, el bosque que está dentro de los terrenos del castillo, es una zona prohibida para los estudiantes. Otro tanto ocurre con el pueblo de Hogsmeade para los alumnos de primer y segundo año. Es también mi doloroso deber informarles que la Copa de Quidditch no se celebrará este curso.
- hubo muchos reclamos por parte de todas las mesas, incluida Alice soltó un "¿qué?". - Esto se debe a un acontecimiento que dará comienzo en octubre y continuará a lo largo del curso, acaparando gran parte del tiempo y la energía de los profesores… pero estoy seguro que lo disfrutarán. Tengo el placer de enunciar que este año en Hogwarts…
En aquel momento se escuchó un trueno ensordecedor, y las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe. En la puerta apareció un hombre que se apoyaba en un largo bastón y se cubría con una capa negra de viaje. Todas las cabezas del Gran Comedor se volvieron para observar al extraño, repentinamente iluminado por el resplandor de un rayo que apareció en el techo. Se bajó la capucha, sacudió la larga melena, en parte cana y en parte negra y caminó hacia la mesa de los profesores. Un sordo golpe repitió cada uno de sus pasos por el Gran Comedor. Llegó a un extremo de la mesa de los profesores, se colocó a la derecha y fue cojeando pesadamente hacia Dumbledore. El resplandor de otro rayo cruzó el techo y el cabello de Alice se ponía blanco, pues el rostro de aquel hombre tornó claro y era espantoso: cicatrices en cada milímetro de piel, pero lo que lo hacía verdaderamente terrorífico, eran los ojos. Uno de ellos era pequeño, oscuro y brillante, el otro era grande, redondo como una moneda, de azul vívido que se movía sin parar, sin parpadear, in dependiente del ojo normal y luego se quedaba en blanco, como si mirara al interior de la cabeza.
El director y el hombre estrecharon su mano y cruzaron palabras murmuradas, final ente Dumbledore asintió con la cabeza y le indicó al hombre dónde debía sentarse y éste obedeció. Frente a él, tenía un plato con salchichas que olfateó y pinchó con una navaja y después comenzó a comerlas. Su ojo normal estaba fijo en su comida, pero el azul seguía inquieto por todo el Gran Comedor y los estudiantes.
-Quiero presentarles a su nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras. - anunció Dumbledore. - El profesor Alastor Moody. - pero ninguno de los esperados aplausos se hizo escuchar, salvo por los de Dumbledore y Hagrid. Moody parecía ajeno a esa fría bienvenida y solo bebió de una petaca, ignorando el zumo de calabaza que tenía en su copa. Dumbledore se aclaró la garganta y prosiguió. - Como iba diciendo, tenemos el honor de ser la sede de un emocionante evento que tendrá lugar durante los próximos meses, un evento que no se celebraba desde hace casi cuarenta años. Es un gran placer para mí, informarles que este curso tendrá lugar en Hogwarts: el Torneo de los Tres Magos. Seguramente muchos de ustedes no saben qué es, les daré una breve explicación: es una competencia amistosa entre las tres escuelas de magia más importantes en Europa: Beauxbatons, Durmstrang y Hogwarts, se elige a un campeón de cada colegio y los tres participarán en tres competencias. El torneo se daba cada cinco años, pero el número de muertes de los participantes incrementaba, sin embargo este verano nos hemso asegurado de que las pruebas no sean tan mortales. En octubre arribarán los directores con sus candidatos y la elección tendrá lugar en el Banquete de Halloween, un juez imparcial decidirá qué estudiantes reúnen más méritos para competir por la Copa de los Tres Magos, la gloria de su colegio y el premio en metálico de mil galeones.
Había una emoción rotunda entre los estudiantes, sin embargo Alice estaba casi pálida, y su cabello no se había transformado desde que Moody llegó, seguía blanco. ¿Ese era el evento en el que casi toda su familia había participado? ¿Acaso querían deshacerse de ella? Sin duda el premio era muy atrayente, pero valoraba mucho su desgraciada vida como para arriesgarse a participar en un concurso mortal. Bebió un poco de zumo de calabaza, pero ni eso le devolvía el color.
-Aunque me imagino que todos están deseosos de participar, - siguió el director. - se ha acordado que habrá una restricción de edad para los participantes. Sólo los estudiantes que tengan 17 años o más podrán proponerse. - los gritos de protesta, similares a los que hubo cuando Dumbledore anunció que se cancelaba la Copa de Quidditch retumbaron por el Gran Comedor. Alice seguía sofocándose, pues ella recién había cumplido los 17. Ya no tenía excusa para no participar.
-¡No pueden hacer esto! - Reclamó uno de los gemelos Weasley. Ambos chicos eran amigos de Alice, y ella los adoraba. Sin embargo, los únicos momentos en los que podía reunirse con ellos era en las horas de estudio, en los pasillos. Ambos eran un año menor que ella.
-Les aseguro que es por el bien de ustedes. Las pruebas serán complicadas y un alumno que no sea de sexto o séptimo, no podrá enfrentarse a ellas. Sé que todos ustedes tratarán con externada cortesía a nuestros huéspedes y darán su apoyo al campeón de Hogwarts cuando sea elegido o elegida. Y por ahora, creo que es suficiente, ¡hora de dormir!
Alice se puso de pie de inmediato y fue al frente de la mesa para guiar a los pequeños de primer año. Tornó su cabello violeta al ver que algunos niños la reconocieron del compartimiento. Uno de sus compañeros que también era prefecto fue quien iba dando las advertencias y señales del recorrido hacia la Sala Común de Slytherin.
-¡Alice!
- eran dos voces muy similares y ella volteó. Soltó la mano de uno de los pequeños y le dijo que continuara la fila sin despistarse.
-Chicos.
- saludó a los gemelos Weasley.
-Tu cabello se parece a una bella flor. - dijo Fred y con un movimiento de manos le mostró una pequeña violeta hecha de papel.
-Oh, gracias. - sonrió y recibió el detalle.
-¿Es lo mejor que puedes hacer, Fred? - preguntó George y resopló. Entonces tomó un pañuelo y dio media vuelta, cuando regresó al frente, tenía un ramo de lilas y se lo dio a Alice. - Para una bella chica.
-Eres un simpático, gracias.
-Y dime, preciosa, ¿vas a participar en el Torneo?
-Tienes la edad y el conocimiento. - agregó Fred.
-Oh, por supuesto que no.
-¿Pero, cómo? - protestó George. - Yo desearía estar en tu lugar, no lo dudaría ni dos veces. Valdría la pena arriesgar un poco la vida por ese premio, ¿no crees?
-No para mí.
-Nosotros sí entraremos, ¿cierto George?
-Cierto Fred.
-Acaban de escuchar a Dumbledore. Además, el juez no los dejará participar.
-Un poco de poción envejecedora podría bastar. - dijo George.
-Están locos. - rió Alice. - No lo podrán engañar.
-Ya veremos al final. Creo que al juez no va a importarle mucho eso de la edad, sino quien sea el mejor de cada colegio y por supuesto que ahí estará uno de nosotros.
-Seguro.
- contestó Alice, sin darle mucha importancia.
-Queríamos preguntarte si tú estás dispuesta a ayudarnos.
-¿En qué?
-Si logramos entrar, creo que necesitaremos un poco de práctica con alguien mayor, ¿no te parece? Ya sabes, con esto de los duelos, pura cuestión física. - dijo Fred, levantando una ceja y haciendo una mirada coqueta.
-Escuché hace unos segundos que ustedes eran los mejores, ¿qué les hace pensar que yo puedo ayudarlos?
-Bueno, eres de séptimo curso, tienes más experiencia que nosotros…
-Tienes solo "Extraordinarios", en tu libreta. - agregó George.
-Claro.
- contestó Alice, con sarcasmo. - ¿Saben qué? Ya es muy tarde y siendo prefecta puedo restarles algunos puntos si no se van a su Sala Común ahora.
-Me encantan esas amenazas.
-Más aún si vienen de una Slytherin que aparte, es una metamorfomaga. - dijo Fred.
-Sin duda es algo sexy.
-Estoy a punto de decir las palabras, si no se van en tres… dos…
-Está bien, está bien… nos vamos. Pero, piénsalo. - le dijo Fred, guiñándole el ojo.
Ambos depositaron un beso en las mejillas de Alice al mismo tiempo y se fueron. Ella quedó un tanto sonrojada y continuó su camino hacia la Sala Común de Slytherin, a la que cuando iba a entrar, la puerta se abrió y de ahí emergió el jefe de su casa. Incontrolablemente, el violeta de su cabello se convertiría en una mezcla de blanco con azul. Asustada y nerviosa, al mismo tiempo.
-Battleby.
- dijo con su ronca voz. - ¿Último año y quizás necesita un mapa para encontrar su Sala Común? O tal vez quitándole esa placa de prefecta… pueda ser un buen ejemplo.
-Yo… yo sólo estaba - aclaró su garganta y habló tan rápido. - Yo sólo estaba cuidando de que todos los alumnos ya estuvieran dentro… señor.
-¿Y le regalaron flores por su buen trabajo? - contestó, viendo despectivamente el ramo de lilas que ella traía en sus manos.
-Creo.
-Entre… ahora.
-Sí, señor. - dijo Alice y corrió a la Sala Común. Pero antes de entrar, ella aún se quedó viéndolo de espaldas hacia ella. - Buenas noches, profesor. - dijo y sin esperar respuesta, ingresó a su Sala Común. Snape se volteó, pero ella ya no estaba.
-Buenas noches… Battleby. - murmuró y emprendió camino a su mazmorra.