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Historia 187853 — capítulo 4
Despertó sudorosa y las sábanas le hacían estorbo, Newt estaba emanando demasiado calor, pero eso le sirvió para darse cuenta de que era tardísimo para su primer día de clases. Revisó su horario: DCAO. Moody la mataría. Su pequeño Opalaye bostezó lanzando un poco de fuego accidentalmente sobre las sábanas, "aguamenti", murmuró logrando sofocar las llamas y se metió a duchar.
-Alice Battleby. - decía Moody, justo cuando ella abrió la puerta.
-Presente.
- exhaló.
-Por supuesto que sí. - sonrió con complicidad el profesor. Ella ocupó el último lugar de la clase. - Bien, el profesor Lupin me ha dicho que son diestros en muchas áreas de las criaturas tenebrosas. Pero muy rara vez se enfrentarán a ellos, a menos que sean Battleby. Están muy atrasados en lo que se refiere a las maldiciones. Cuanto antes sepan a qué se están enfrentando, mejor. Un mago que esté a punto de e charles una maldición no se va a comportar de manera caballerosa, deben estar vigilantes… atentos. La mayoría de ustedes ya sabe hacer los encantamientos no verbales, pero sólo un mago muy poderoso podría lanzarles estas maldiciones sin mencionarlas. De las que les hablo, son las tres Maldiciones Imperdonables. ¿Alguien las sabe? Weasley, haz el honor de decirnos una.
El hermano mayor de los gemelos, Percy estaba en el grupo de Alice, un chico muy altanero para ser un Weasley, pensaba Alice, pero sin duda inteligente.
-Mi padre ha mencionado una… la maldición Imperius.
-Ah, sí… causó varios problemas al Ministerio.
De un tarro de vidrio, Moody sacó una araña negra, grande casi del tamaño de su palma y luego apuntó hacia ella con su varita.
-Imperio.
La araña comenzó a moverse cual marioneta. Todos en el salón reían por sus movimientos de baile, por sus brincos, gestos y pasos graciosos, todos… excepto Alice.
-Gracioso, ¿no? - dijo Moody, mostrando su sonrisa. - Seguramente les parecerá igual de divertido si yo se los hago a ustedes. - las risas pararon de inmediato. El cabello de Alice estaba de un celeste cielo, no había cambiado desde que arribó al salón. - Hace muchos años, varios magos fueron controlados por esta maldición. Se puede combatir la maldición, pero requerirá de voluntad y carácter. ¿Otra? ¡Battleby, dime una!
-La maldición Cruciatus. - contestó, luego de aclararse la garganta.
-¿Podrías explicarnos en qué consiste?
-Es para torturar al oponente. Causa dolor insoportable.
-Por supuesto. - dijo Moody y apuntó de nuevo a la araña. - ¡Crucio! - la araña encogió sus patas y comenzó a retorcerse. - Podría hacer hablar a cualquiera, ni siquiera duele como una fractura. Pero si queremos que deje de sufrir, ¿qué debemos hacer?
-La tercera maldición. - sugirió un Ravenclaw.
-Claro que sí. La maldición asesina. ¡Avada Kedavra!. - un destello de luz verde y la araña se desplomó, sin ninguna herida, pero indudablemente muerta. - No hay contraataque para esa, pero les enseñaré cómo se hace.
Su cabello blanco, y quería salir corriendo del salón. No podía imaginar lo duro que sería ver a alguien retorciéndose por una de esas maldiciones o muerta por un rayo verde. Sería un largo y complicado curso.