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Historia 187904 — capítulo 1
La nieve invade cada rincón del exterior, volviéndolo completamente blanco, sin dejar vislumbrar absolutamente nada más que ese liso y pálido color. A pesar de encontrarme bien resguardada y abrigada del frío, eso no impide que un escalofrío más terrible aún me recorra.
El helado prendedor del sinsajo dorado baila entre mis dedos. Su roce me hace recordar cada momento de mi vida, aunque aún no logro comprender por qué; tal vez, como dijo Peeta, el sinsajo me ayude a protegerme de cualquier cosa, hasta de mi misma si es necesario.
Han pasado ya dos meses desde el juicio que puso final a la tiranía de Snow. Y yo no he hecho más que pensar, y pensar... Peeta dice que estoy muy ausente, aunque ahora que lo pienso, nunca lo dijo; tan sólo su mirada y la de todos los demás lo delata. El apetito se me fue hace demasiado tiempo, tal vez mucho antes de que todo este tema de la bomba nuclear finalizara.
Mi corazón me dice que siga adelante por los que amo; mi mente me dice que ya no hay nada por lo que luchar, nada que valga la pena.
Primrose Everdeen era una pequeña niña de dos trenzas rubias a los costados de su cara la última vez que la vi. Sus ojos azules, tanto o más potentes que los de Mi Chico del Pan, te absorbían hasta no poder más. Se me oprime el corazón al pensar que esos ojos pueden estar todos chamuscados, ocultos bajo las cenizas del cuartel y la nieve.
A Haymitch no le ha parecido buena idea mi decisión, aunque no era tanto mía. Dice que estoy demasiado herida como para soportar otra cosa más; que puedo llegar a hundirme más en el pozo en el que me metí cuando la noticia llegó a mis oídos.
No, aguarda, esto último lo pensé yo.
A medida que avanzamos a los cimientos del antes lujoso cuartel de Snow, mi cuerpo se adapta al calor que la manta sobre mis hombros emana. A mi lado, el lugar que estaba vacío, únicamente por un pequeño bolso de tela, es ocupado.
Ahora su aroma no es a canela y eneldo, típico de él en épocas de la panadería. Utiliza una fragancia fuerte pero a la vez suave, tal vez una mezcla de la típica flor de pino con uno de los perfumes usuales que los hombres usan.
-
Hola. - me susurra. Su voz hace que en mí un millón de sensaciones aparezcan, entre ellas la amargura y el enojo.
-
Hola.
-
¿Cómo estás? - me pregunta. Recién ahí me digno a mirarle, y me llevo una gran sorpresa al ver debajo de sus ojos dos oscuras ojeras, casi negras. El azul intenso de sus ojos no existe más; ahora está reemplazado por un color casi gris, hasta negro si lo ves con muy poca luz.
Está pálido, muy pálido, y por un momento me pregunto si mi estado será igual o peor de deplorable.
- Bien no cuenta como respuesta, ¿no?
Se ríe un poco, una pequeña sonrisa alumbra diminutamente su cara. Luego vuelve al depresivo estado de amargura.
-
No, creo que no. Dímelo tú.
-
¿Pues qué quieres que te diga? - situación tensa, sí, obviamente.
-
¿La verdad? Sabes que puedes confiar en mí, Katniss. - veo cómo quiere poner una mano sobre la mía en modo cariñoso, pero la saco antes de que lo logre.
-
Lo sé. Sólo... necesito tiempo... - « Tiempo al tiempo; tiempo para digerir; tiempo para entender y poder volver a ser yo... »
-
¿Cuánto más, Katniss? - dice en tono frustrado. - Han pasado ya dos meses. Dos meses. - repite con más énfasis. - Sabes que te amo, y sé que tú también a mí, pero si me dejaras ayudarte... Sólo...
-
Mantente alejado y con eso me ayudas bastante. - le interrumpo en un tono duro y mucho más alto de lo que quería. Dos segundos después me arrepiento completamente de mis palabras; no era eso lo que quería decir, no quería que se sintiera mal, tan sólo...
-
Bien. Me alejaré si eso te ayuda. - dice mientras se levanta, sosteniendo la manta sobre sus hombros con ambas manos.
-
Peeta, no...
-
No, está bien, Katniss. Si eso es lo que deseas, está bien. - y sin más se va... A la silla del rincón de enfrente, lo más apartado de todo y de todos que es posible. El aerodeslizador no da para más lugar.
Se aleja de mí, no sólo físicamente, sino psicológicamente; se aleja de mí, haciendo que me hunda más. Mucho más...
- Ya llegamos. - nos informa Boggs veinte minutos después, desde el mando del conductor. Me levanto, cerrando aún más la mante sobre mis hombros, asegurándome que el gorro en mi cabeza no se haya volado y que la bufanda en mi cuello, no permita que el frío llegue a la garganta.
Doy dos pasos y siento algo más pesado sobre mis hombros; cuando me doy la vuelta, veo que es Finnick el que trata de abrigarme aún más. Le doy una pequeña sonrisa de agradecimiento, pero luego me doy cuenta de que no la ve por la bufanda.
- Así está mejor. - dice, acomodándomela de manera que mis brazos estén completamente cubiertos. Mentiría si dijera que su gesto me molestó en algún sentido.
Afuera, el frío se nota mucho peor que adentro con calefacción. Bajo mis pies la nieve cruje, indicándome que lo que ha caído es reciente. Con cada paso que doy, mis pies se hunden en el colchón de blancura, y me hace recordar a los acontecimientos de dos meses atrás...
La goma negra en los túneles, yo hundiéndome en ésta hasta casi no poder salir...
- Katniss. Vamos. - me llama Finnick. Mientras sigo caminando, al lado de Finnick, por el rabillo del ojo veo a Peeta hundido completamente en su gordo abrigo, con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha. Me quedo mirándole, tratando de descubrir qué es lo que está pensando ahora mismo, justo como él hace en mí, pero sólo logro llegar a una única conclusión: Triste.
Cuando llegamos al bosque, ahora todo cubierto de blanco, no nos tenemos que preocupar por la alambrada; la sacaron poco después del juicio de Snow, y ahora hay paso libre al bosque. Cualquiera podría estar ahí dentro ahora, pero con este clima lo dudo mucho.
Así que cruzamos directo, y, luego de un largo rato de caminata, puedo diferenciar el lago congelado a unos metros de nuestra posición. Se lo aviso a Finnick, quien se lo avisa a Boggs y éste levanta la cabeza esperanzado, como si ese fuera el único punto de referencia que tenemos.
Al llegar al lugar indicado... Mi mundo se viene abajo. Creí que todo estaría cubierto de nieve blanca y espesa...
Pero no fue eso lo que me encontré. Restos de madera y muchas cosas más; cosas propias de lo que era el cuartel. Camino casi obligadamente por encima de los restos, y, cuando paso la gran montaña de ceniza, me llevo una sorpresa mucho peor...
Cadáveres. Montones, millones, centenares de cadáveres.
Mis manos tiemblan y mis ojos se nublan por las lágrimas. Me arrodillo ante los cuerpos, porque sino sé que me caeré desmayada. Me llevo una mano a la boca. ¿Por qué esto tenía que pasarme a mí?
¿Mi hermana? ¿Entre esos cuerpos? ¿Quemada hasta los órganos? ¿Muerta?
No puedo controlar los pequeños sollozos que salen de mi garganta, disparados hacia mi boca.
- No... - susurro. La realidad me ha caído sobre los hombros, haciéndome decaer más. « Ver para creer » creo que eso era lo que necesitaba. La perdí otra vez, pero esta vez definitivamente, ya no hay vuelta atrás.
Una mano se posa sobre mi hombro, haciéndome voltear un poco la cabeza por curiosidad. Es Peeta, que, aunque no me está mirando a mí, sé que trata de darme fuerzas. Sus ojos azules están aguados y, obviamente está viendo los cadáveres.
Muy seguramente debe hasta de estar pensando lo mismo que yo: Prim muerta.
Así que, como sé que no puedo hacer nada al respecto; no podré salvarla esta vez, no podré cuidarla y protegerla, no podré decirle lo mucho que la he extrañado ni lo que la extraño ahora.
Como sé que no podré hacer nada, me prometo a mí misma no volver a dejarme caer. No dejarme pisotear.
Me prometo cobrar venganza. Por Prim.
¡Nueva temporada! Espero que la disfruten tanto como yo. Esta tendrá más acción que la anterior, porque, obviamente, hay más cosas por descubrir...
¡Espero que les haya gustado este primer capítulo!
Un beso enorme ❤
CatchingFireKatniss