← Historia 187904 · de
Historia 187904 — capítulo 2
El recuerdo de una vez, muy lejana al presente, se formó en mi mente. Ese día yo había vuelto del kinder junto a mi madre con Prim en brazos, y, cuando llegamos a casa, llamé a papá.
Flashback
- ¡Papá! - le grité mientras dejaba mi mochila de Winnie Pooh sobre uno de los sillones de seda negra. No obtuve respuesta, así que volví a llamar.
- ¡Robert! - mi mamá se unió a mí, posicionándose a mi lado con Prim en brazos, y buscando al aludido con la mirada. Más lo único que se escuchó fue el maullido del feo Buttercup, un gato zaparrastroso, que, en un principio sería para mí cuando cumplí cuatro años, pero entre ese monstruo y yo nunca hubo feeling.
- ¿Dónde estará? - preguntó mi mamá, más para sí que para mí. Aún así me encogí de hombros en respuesta. Justo en ese mismo momento el teléfono fijo comenzó a sonar, haciendo resonar el timbrazo por las paredes de la cocina y el pasillo que llevaba a la sala de estar, donde nosotras estábamos. Antes de que pudiera hacer nada, ella fue corriendo hacia allí, y atendió sin esperar un segundo más. Prim estaba en su carrito a mi lado, y, como era costumbre, me miraba con sus grandes ojos azules. Con apenas once meses, era muy inteligente.
- Sí, soy yo. - oí decir a mamá desde la cocina. Hubo unos minutos de silencio en los que supuse estaba hablando la persona al otro lado de la línea, y luego, oí un golpe sordo contra el suelo, el cual hizo llorar a Prim.
Traté de calmarla cantándole la canción del Prado y, luego de unas estrofas, por fin logré que se quedara profundamente dormida. Mamá apareció por el pasillo, con la cara pálida y expresión nula. Me asusté mucho cuando la vi así, pero luego comprendí su estado.
Al decir aquellas palabras...
"Está muerto."
Fin del Flashback
Me sentía dolida, triste y asustada. Todo eso cubierto por una capa de seriedad demasiado exagerada para una persona normal. Me costó años volver a ser lo más parecido a mi antiguo yo, que sé que nunca, jamás volveré a ser.
Así me siento ahora; con una mezcla de emociones en mi interior, que se juntan entre sí, y molestan mucho.
La puerta frente a mí se abre y tengo un perfecto panorama de Gale Hawthorne, atado de piernas y brazos a una silla. Su cara está amoratada y su ojo derecho casi ni se ve gracias a la piel que lo cubre, todo esto símbolo de que le han estado pegando.
No me importa. Se lo merece; eso y mucho más.
Entro a la habitación de paredes y suelo blanco con paso decidido pero a la vez con un poco de temor... Aunque más que nada decidido. Él se da cuenta de mi presencia estando a tan sólo dos pasos de él.
-
Catnip...
-
Es Katniss. - ¿Por qué ahora me decía así?
-
Catnips... - entonces me doy cuenta de que no lo hace a propósito; no lo hace porque quiere. Tiene ambos labios partidos, ensangrentados, amoratados y deformados. Por eso es que, cuando pronuncia mi nombre, las letras no le salen como debe ser.
Está demasiado torturado, y, aunque no quiera, me preocupa aunque sea un poco.
- ¿Me quieres explicar? - le pregunto a medida que agarro una silla que estaba al costado de la puerta de entrada, posicionándola justo frente a él. Por su cara de confusión, deduzco que no comprende de lo que le hablo. - ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué nos traicionaste? - « ¿Por qué me traicionaste? »
Trata de hacer una sonrisa, pero más bien le sale una mueca que termina con un pequeño gemido de dolor.
-
¿Sabes? Hablabas en serio cuando dijiste en el juicio que me harías sufrir por todo lo sucedido. - dice costosamente.
-
Muy en serio. ¿Creíste que me quedaría de brazos cruzados? ¿Sin hacer nada?
-
Si es por lo de tu hermana... Sabes que no fue mi culpa... Ni siquiera la de Snow. - sé a quién se refiere con ello; y también lo tengo muy en claro. La única culpable de lo de Prim es Coin.
Pero, por más que es bastante su culpa, sé que también fue de ellos al haberla capturado y encerrado; no soy tan idiota como para caer en su trampa: Quiere que esté de su lado y lo libere.
Tomo una larga y profunda respiración antes de hablar, procurando mantener la calma que no tengo: - Escucha: Sé que la... muerte de Prim no fue su culpa directamente. - trago saliva al decir las palabras clave que indican el estado de Prim en estos momentos. - Pero ten en cuenta, que ustedes fueron quienes la capturaron y la encerraron. No sé por qué, ya no me interesa saberlo; ahora ella está muerta y tengo que vivir con eso. Pero entiende que es muy doloroso para mí haber perdido a otra persona más... Otra persona que agregar a la lista de gente importante para mí y que ya no está conmigo. Y...
- ¿Estás al tanto de que Coin sí sabía sobre la existencia de Prim en el cuartel, cierto? Antes de que lanzaran las bombas, y mucho antes de que te asignaran la misión. - me interrumpe, viéndome directamente a los ojos. Por un momento me pongo a meditar en ello, pero luego agito la cabeza. Es imposible, Coin no me pudo haber hecho eso. ¿Por qué me lo habría ocultado?
Así que sólo me conformo con pensar que Gale está detrás de todo esto, queriéndome poner en contra de A.L.A y de todos los que todos estos años me han acompañado.
-
No vine aquí para que me digas eso. Quiero una explicación, y si no la tienes, sufrirás las consecuencias.
-
¿No te parece suficiente con esto? - me pregunta, haciendo un gesto con la cabeza para señalarse a sí mismo. Sí, tal vez haya sido demasiado; sólo si lo veo desde el punto de vista de una persona inocente. Pero, no estamos hablando de una persona que no tuvo la culpa de nada.
Por eso le digo: - No. Te mereces eso y mucho más.
-
No me crees. - no es una pregunta, sino más bien una afirmación; una muy real.
-
¿Debería hacerlo?
-
Escucha, reconozco que no fui muy fiel a ti y...
-
No. No lo fuiste para nada. - le interrumpo, cruzándome de brazos e irguiendo la espalda para mantener una postura firme.
-
Ya lo sé. Pero, en serio, ¿por qué te mentiría sobre algo como esto?
No necesito pensar mucho la respuesta, en realidad nada, porque la digo al toque: - Tal vez porque podrías hacerlo para ponerme de tu lado y librarte, cosa que te beneficiaría y a la vez perjudicaría a la agencia. - ante su ceño fruncido, agrego. - No soy idiota.
-
No. Sé que no lo eres. De hecho eres muy inteligente, más que la mayoría...
-
Oye, oye, oye, para que te quede claro: A mí los halagos no me van. No me agradan, no me gusta que la gente diga cosas sobre mí que no son ciertas ni tampoco que traten de persuadirme con ello. ¿Comprendes? Además, no se necesita mucho cerebro como para entender tu plan.
Se ríe estrepitosamente, aunque una mueca de dolor cubre cualquier rastro de gracia.
- Sería un excelente plan, ¿no crees? Lo sería si no estuviera realmente arrepentido y te estuviera queriendo decir la verdad.
Me lo creí. O eso pensé. La verdad es que estaba reconsiderando sus palabras, por más inútil que se me hiciera. Y es que, si me ponía a pensar seriamente, las palabras de Gale podrían tener razón en algún sentido.
Aunque, reconsiderando la situación, podría estar persuadiéndome de la forma más hiriente y a la vez beneficiaria para él: Prim.
-
Lo que pasó, pasó. Tal vez se podría haber evitado, pero el "qué hubiera pasado si..." ya no existe. Por lo que deberás pagar las consecuencias por engaño.
-
¿Más tortura física? - pregunta con un deje de ansiedad. Abro la puerta y, estando de espaldas a él, aunque mirándolo por el rabillo del ojo, le respondo:
-
Ya veremos...