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Historia 187904 — capítulo 4
Estoy dentro de un pequeño baño, situado al fondo del cuartel general de Coin, con los brazos rodeando las rodillas y a punto de entrar en una crisis nerviosa.
El aparatito frente a mis ojos aún no da señales de "vida", y comienzo a preguntarme si en realidad Johanna tenía razón.
Es bastante estúpido; no, más bien, poco probable. Porque, ¿cuántas posibilidades hay de que pueda estar... embarazada?
La sola palabra en mi mente me hace acercarme cada vez más a ese ataque de nervios, y observo la prueba de embarazo, esperando algo...
- ¡Katniss! - me gritan del otro lado de la puerta, y, reconociendo la voz, deduzco que es mi chico del pan. Por suerte, la puerta tiene la traba puesta, y tengo la suficiente privacidad como para no perder los estribos cuando vuelvo a ver el aparto...
« No »
Mis ojos se mueven apenas unos milímetros hacia la izquierda en el aparato, donde se supone que dice qué significa cada cosa, y eso sólo hace que empeore todo.
- Katniss ábreme.
Su voz se escucha lejana. Yo sólo tengo ojos para el aparatito pequeño y chato. Sólo tengo oídos para los latidos desbocados de mi corazón, golpeando frenéticamente mi pecho, sumiéndome en la posibilidad de que éste se me salga.
Me levanto del frío suelo, aunque ahora casi ni siento esa sensación de baja temperatura recorriendo mi cuerpo. Es increíble cómo, en menos de diez minutos, tu vida puede cambiar radicalmente. Es una pena que yo no estuviera completamente preparada para ese tipo de cambios.
Mirándome de frente en el espejo, me encuentro con dos oscuras y grandes ojeras bajo mis cansados ojos. Aún sin comprender bien que es lo que está ocurriendo, escondo el aparato dentro de un cajón en el cual es muy poco probable que alguien vea, y destrabo la puerta.
Peeta entra respirando agitadamente, como si hubiese corrido una carrera de mil metros sin parar.
-
Ay, Katniss, ¿qué te pasa? Me tenías muy preocupado. - me dice mientras me estrecha entre sus brazos. Ese simple gesto hace que me ponga a pensar en un mes y unas semanas atrás...
-
Estoy bien. - respondo, tratando de alejarme de esos pensamientos que no hacen más que sonrojarme. Al parecer él se da cuenta, porque me mira raro, pero no dice nada.
Salgo con paso acelerado de allí, e ignoro las miradas que los demás espías a mi alrededor me dan. De estar yo en su lugar, muy seguramente me vería de la misma forma que ellos me ven; debo de tener la piel más pálida que un papel.
Si bien Johanna me dijo que tendría entrenamiento y no podría ver los resultados de la prueba conmigo, es ella la que me para a medio camino, justo frente al puesto de lanzamiento de cuchillos.
- ¿Y? - me pregunta. Se la ve ansiosa, tal vez incluso más de lo que yo estaba antes de los resultados, y no entiendo por qué.
Muevo mi cabeza disimuladamente, señalándole la puerta de salida del entrenamiento, y ella comprende perfectamente, porque tira de mi brazo para llevarme hacia allí.
Buscamos, o más bien busca, una habitación cerrada, segura, y sin acceso alguno a ninguna otra persona. Al final, sin muchas opciones entre manos, elige un pequeño cuarto, el cuarto con los utensilios de limpieza.
Traba la puerta tras de sí y se vuelve para mirarme intensamente. Sé que espera una respuesta, pero aún no logro encontrar la voz necesaria para decir las palabras.
Por eso, simplemente hago un asentimiento de cabeza, a la vez que mis rodillas fallan y termino sentada en el piso.
"Estoy embarazada"
Cuando menos me lo espero, los brazos de Johanna me rodean y yo, aunque sin mi consentimiento del todo, me refugio en ellos como una niña pequeña.
Lloro. Lloro, aunque no sé exactamente por qué. Siento a Johanna suspirar en mi cabello, y me separo para verla.
-
No conoces las precauciones, ¿verdad? - me dice, aunque en tono juguetón. Esta vez, luego de haber pasado por lo "peor", logro captar su mensaje, y aunque sonrojada, le respondo:
-
Sí, las conozco. Ni siquiera sé cómo pasó. - me veo sorprendida y a la vez obligada al decirle aquello.
Johanna trata de aguantar una carcajada que se atora en su garganta. Muy seguramente esto le esté pareciendo una película humorística. - Ay, descerebrada. No me digas que no te acuerdas cuándo pasó eso.
- Eres incorregible. - es lo único que atino a decir.
Se ríe, ahora sí que ríe, y ni siquiera tapándose la boca con las manos amortigua el sonido. - Es cierto, sí soy incorregible, pero yo conozco las precauciones.
-
¡Yo también las conozco!
-
¿Y por qué no las usaste? ¿Eh? - sonríe de costado.
-
Ay, qué se yo.
-
Pues deberías saberlo, a no ser que quieras que se lo pregunte al panadero...
-
¡No! Johanna, ni se te ocurra mencionar una sola palabra sobre esto. Y menos que menos a Peeta.
-
¿Por qué? Se supone que él es el padre. Debería saberlo... Él es el padre, ¿cierto? - pregunta luego de unos segundos, con una ceja alzada y una mirada especulativa.
-
¡Sí! ¿De quién más sino?
-
Está bien, está bien, sólo preguntaba... No, ahora va en serio, ¿no piensas decírselo?
-
Sí. - respondo casi al instante. - Pero aún no.
-
¿Y cuándo? - me lo pienso un poco. « ¿Cuándo? » Johanna tiene razón: Peeta es el padre y merece saberlo.
-
Todavía no. - repito.
Pov Peeta
- ¿Qué le pasa ahora? - pregunto a la nada. Katniss ha estado muy rara los últimos meses, y más luego de eso...
Cada vez que lo recuerdo, pienso si estará arrepentida. Obviamente yo no lo estoy, pero me preocupa lo que ella piense respecto a lo que hicimos.
Había pasado apenas una semana y un poco más del juicio de Snow, y, siendo sincero, ni sé cómo pasó. Es decir, sí, sé lo que hicimos, pero fue todo muy repentino.
Ella besando mis labios desesperadamente, yo correspondiéndole, nosotros llegando a su habitación, yo encima de ella, nosotros quitándonos la ropa, y luego nuestros cuerpos uniéndose...
-
Hey, amigo, ¿qué ocurre? - me pregunta Finnick. Por un momento me pregunto si estoy rojo como un tomate, puesto que me ve con el ceño fruncido levemente.
-
Nada. Nada. - trato de escaparme de su mirada que indica que no me cree nada, pero cuando no lo logro, opto por decirle lo que me pasa. - Katniss ha estado muy extraña últimamente.
-
Oh, pero ella ha estado así desde el juicio de Snow... Tú sabes, debe de ser duro perder a tu hermana dos veces, y que la segunda sea definitiva; todo lo que ha pasado, en algún momento se junta y es una gran carga.
-
Sí, tal vez sea eso. - respondo, aunque sin convicción alguna.
-
No es eso lo único que te preocupa, ¿verdad?
Lo miro, y busco algún rastro de burla o broma en su rostro, más lo único que encuentro es seriedad total. Me mira con sus ojos verdes, buscando una respuesta.
Sigo mi camino, aunque Finnick a mis espaldas. Abro la puerta de mi cuarto y entro, al igual que él. Sentados en el borde de la cama, no tengo más opción que decirle la verdad, por más incómodo que me ponga ésta.
-
Hace unas cuantas semanas... Katniss y yo... Ella y yo...
-
Ella y tú...
-
... Katniss y yo estuvimos juntos. - le suelto, cerrando los ojos, como si así fuera más fácil decirlo. Esperando una carcajada y bromas pesadas se su parte, me encuentro impresionado cuando me dice, con el mismo tono que anteriormente usó:
-
¿Fue la primera vez que lo hicieron?
Lo miro con los ojos como platos, y con una cara de "No voy a responderte eso", aunque en realidad es completamente cierto. Y eso es lo que más mas preocupa: ¿Y si se arrepintió de haberlo hecho conmigo?
-
Es en serio, Peeta.
-
Sí. - susurro agachando la cabeza.
-
¿Y cuál es el problema? - me pregunta como si nada. Me vuelvo hacia él.
-
¿Qué no es obvio? ¿Y... si se ha arrepentido?
Con un suspiro entre cansado y divertido, me repite: - Te recuerdo que son muchas cosas para ella. Es una gran carga.
-
¿Y se supone que hacer el amor es una gran carga para ella? Porque yo también he pasado por muchas cosas pero no me parece una carga justamente eso. - exploto, frustrado con la idea de que sea así; de que para Katniss no haya sido más que un simple peso más.
-
Tranquilo, Mellark. No estoy diciendo eso. - él también comienza a subir la voz, aunque lo modula cuando logra tranquilizarse, aunque sea un poco. - Quiero decir, que entre el juicio de Snow, la pérdida de su hermana, y demás, no habrá tenido tiempo de asimilar lo sucedido.
Entonces decido contarle lo que ella misma me dijo ese mismo día, luego de haber hecho el amor.
- Ese mismo día, ella me dijo que me amaba y que eso fue lo mejor que le pudo haber ocurrido. ¿Por qué entonces me ha estado ignorando completamente?
Me siento estúpido cuando las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas y, por más que intento quitarlas, no lo logro.
-
¿Y si la pierdo? Finnick, es lo único que me queda. Mi familia... mi familia está muerta; a pesar de que Josh, Liam, Ahron y Grace me hayan criado. Ellos no son mi verdadera familia.
-
No, ya lo sé. Pero no pierdas las esperanzas. Todas las parejas tienen sus altibajos. Sino, no serían una pareja. - entonces, con una sonrisa triste, agrega. - Annie y yo también los tenemos.
Asiento, porque no sé qué más agregar. Y no es hasta que Finnick habla, una vez más, que sé lo que debo hacer.
- Tal vez deberías hablar con ella. Con Katniss. Es la mejor forma de arreglar las cosas. Quizás así te diga por qué está tan distante contigo. No creo que sea nada malo, ya verás.