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Harry Potter y la piedra Filosofal: El trío de ahora es un cuarateto — capítulo 9

Harry había mencionado algo sobre el profesor Quirrell siendo intimidado por Snape, como si protegiera la piedra para evitar que el profesor de pociones la robara, según creíamos nosotros. El profesor de defensa contra las artes oscuras era realmente valiente sin embargo las semanas siguientes comenzó a verse más delgado y pálido, pero no parecía que su voluntad hubiera cedido. Cada vez que pasábamos por el pasillo del tercer piso, apoyábamos las orejas contra la puerta para ver si Fluffy estaba gruñendo allí dentro. Snape seguía con su habitual mal carácter, lo que significaba que la piedra seguía a salvo  y cada vez que nos cruzábamos con Quirrell le sonreíamos para darle ánimo. Hermione comenzó a estudiar como una loca obsesiva pues los exámenes estaban cerca "según ella" así que había hecho horarios para repasar. —Hermione, faltan siglos para los exámenes. —Diez semanas—replico ella—eso no son siglos, Rachel. Es un segundo para Nicolás Flamel —claro…pero nosotros no somos Nicolás Flamel—dijo Ron— de todos modos ¿para qué repasas si ya te lo sabes todo? — ¿estás loco? ¿Te has dado cuenta de que tenemos que pasar estos exámenes para entrar en segundo año? Son muy importantes, tendría que haber empezado a estudiar hace un mes, no sé lo que me paso… Le hice unas señas a Ron de que Hermione estaba loca y que no le prestara atención —te vi Rachel…tus notas, por cierto, son terribles, estudiaras conmigo —claro que no…. ¡SUELTAME! —grite mientras ella me jalaba a una mesa a estudiar, Ron no me ayudo. Los profesores parecían pensar lo mismo que Hermione, pues dejaban trabajos tras trabajos como si fuéramos maquinas sin la capacidad de sentir cansancio. Un día en la biblioteca mientas Hermione nos repetía una y otra vez un montón de cosas que seguramente saldría en los exámenes, Hagrid nos sorprendió. — ¿Qué hace Hagrid en la biblioteca? —le pregunte a Harry —No lo sé, le preguntare—el pelinegro se acercó al semigigante — Hagrid ¿Qué haces en la biblioteca? —Estaba mirando—dijo nervioso cuando Harry lo sorprendió, yo me acerque y Ron me siguió. Hermione seguía inmersa en sus libros. —pero que hacen ustedes... ¿No estarán buscando a Nicolás Flamel? —Lo encontramos hace años—dije yo tranquila — ¡shhh!, no pueden decir eso tan tranquilamente, alguien podría escucharlos. —tranquilo Hagrid, no hay nadie cerca —tengan cuidado, siempre digo cosas de las que no deben enterarse—dijo el negando con la cabeza—me regreso a mi cabaña, nos estamos viendo pronto— dijo —te veremos más tarde—anuncio Harry mientras veíamos al hombre salir del lugar —es sospechoso, que haría Hagrid en…. ¿la sección de dragones? —Pregunte— miren esos, especies de dragones en gran Bretaña e Irlanda y del huevo al infierno. —dije mientras leía las portadas de algunos libros. —Hagrid siempre quiso tener un dragón, me lo dijo el día que lo conocí —Va contra la ley—dijo Ron— criarlos fue prohibido por la convención de magos de 1709, todos lo saben. —claro, pero esto es un colegio de magia inmensamente grande con un muy pequeño bosque en sus terrenos—agregue—un lugar perfecto para esconderlo. —Hasta que el bosque comience a incendiarse…. —dijo Ron Cuando llamamos a la puerta de la cabaña del guardabosque, una hora más tarde, nos sorprendió ver todas las cortinas cerradas. Hagrid preguntó «¿quién es?» antes de dejarnos entrar, y luego cerró rápidamente la puerta tras nosotros. En el interior; el calor era sofocante. Pese a que era un día cálido, en la chimenea ardía un buen fuego. Hagrid nos preparó el té y nos ofreció bocadillos de comadreja, que solo yo acepte. Después de todo solo se vive una vez en la vida y si eso es comida, pues bienvenida sea.  —Entonces ¿querían preguntarme algo? —Sí —dijo Harry No tenía sentido dar más vueltas—. Nos preguntábamos si podías decirnos si hay algo más que custodie a la Piedra Filosofal, además de Fluffy. — ¡Por supuesto que no puedo¡—dijo—. En primer lugar; no lo sé. En segundo lugar, ustedes ya saben demasiado, así que tampoco se los diría si lo supiera. Esa Piedra está aquí por un buen motivo. Casi la roban de Gringotts... Aunque eso ya lo sabían, ¿no? Me gustaría saber cómo averiguaron lo de Fluffy. —Oh, vamos, Hagrid, puedes no querer contarnos, pero debes saberlo, tú sabes todo lo que sucede por aquí —dijo Hermione. La barba de Hagrid se agitó y vieron que sonreía. Hermione continuó—: Nos preguntábamos en quién más podía confiar Dumbledore lo suficiente para pedirle ayuda, además de ti.  Con esas últimas palabras, el pecho de Hagrid se ensanchó. Harry y Ron Miraron a Hermione con orgullo.  —Bueno, supongo que no tiene nada de malo decir esto... déjenme ver... Yo le presté a Fluffy... luego algunos de los profesores hicieron encantamientos... la profesora Sprout, el profesor Flitwick, la profesora McGonagall —contó con los dedos—, el profesor Quirrell y el mismo Dumbledore, por supuesto. Esperen, me he olvidado de alguien. Oh, claro, el profesor Snape. — ¿Snape? —Ajá... No siguen con eso todavía, ¿no? miren, Snape ayudó a proteger la Piedra, no quiere robarla.  Harry sabía que Ron y Hermione estaban pensando lo mismo que él. Si Snape había formado parte de la protección de la Piedra, le resultaría fácil descubrir cómo la protegían los otros profesores. Es probable que supiera todos los encantamientos, salvo el de Quirrell, y cómo pasar ante Fluffy.  —Tu eres el único que sabe cómo pasar ante Fluffy, ¿no, Hagrid? — preguntó Harry con ansiedad—. Y no se lo dirás a nadie, ¿no es cierto? ¿Ni siquiera a un profesor? —Ni un alma lo sabe, salvo Dumbledore y yo —dijo Hagrid con orgullo.  —Bueno, eso es algo —murmuró Harry a los demás—. Hagrid, ¿podríamos abrir una ventana? Me estoy asando. —No puedo, Harry, lo siento —respondió Hagrid. Harry notó que miraba de Reojo hacia el fuego. Harry también miró. —Hagrid... ¿Qué es eso? —pregunte yo mientras veía una especie de huevo entre la chimenea  Pero ya sabía lo que era. En el centro de la chimenea, debajo de la cazuela, había un enorme huevo negro.  —Ah —dijo Hagrid, tirándose con nerviosismo de la barba—. Eso... eh... — ¿Dónde lo has conseguido, Hagrid? —preguntó Ron, agachándose ante la chimenea para ver de cerca el huevo— Debe de haberte costado una Fortuna. —Lo gané —explicó Hagrid—. La otra noche. Estaba en la aldea, tomando unas copas y me puse a jugar a las cartas con un desconocido. Creo que se alegró mucho de librarse de él, si he de ser sincero. —Pero ¿qué vas a hacer cuando salga del cascarón? —preguntó Hermione. —Bueno, estuve leyendo un poco —dijo Hagrid, sacando un gran libro de debajo de su almohada—. Lo conseguí en la biblioteca: Crianza de dragones para placer y provecho . Está un poco anticuado, por supuesto, pero sale todo. Mantener el huevo en el fuego, porque las madres respiran fuego sobre ellos y, cuando salen del cascarón, alimentarlos con brandy mezclado con sangre de pollo, cada media hora. Y mirad, dice cómo reconocer los diferentes huevos. El que tengo es un ridgeback noruego. Y son muy raros — Parecía muy satisfecho de sí mismo, pero Hermione no.  —Hagrid, tú vives en una casa de madera —dijo. —bueno, Hermione tiene un punto…esa cosa puede prender fuego a toda tu casa—dije yo mirando el huevo con cuidado.  Pero Hagrid no nos escuchaba. Canturreaba alegremente mientras alimentaba el fuego.  Así que ya teníamos algo más de qué preocuparnos: lo que podía sucederle a Hagrid si alguien descubría que ocultaba un dragón ilegal en su cabaña  —Me pregunto cómo será tener una vida tranquila —suspiró Ron, mientras noche tras noche luchaban con todo el trabajo extra que les daban los profesores. Hermione había comenzado ya a hacer horarios de repaso para Harry, Ron y para mí. Nos estaba volviendo locos.  Entonces, durante un desayuno, Hedwig entregó a Harry otra nota de Hagrid. Sólo decía: «Está a punto de salir». Ron quería faltar a la clase de Herbología e ir directamente a la cabaña. Hermione no quería ni oír hablar de eso.  —Hermione, ¿cuántas veces en nuestra vida veremos a un dragón Saliendo de su huevo? —Tenemos clases, nos vamos a meter en líos y no vamos a poder hacer Nada cuando alguien descubra lo que Hagrid está haciendo... —Hermione, tienes que aprender a divertirte un poco—le dije yo — nos escapamos de clase, nos divertimos, eliminamos la evidencia y lo negamos todo. Tan simple como eso — ¡las dos, cállense! —susurró Harry  Malfoy estaba cerca de nosotros y se había quedado inmóvil para escucharnos. ¿Cuánto había oído? A Harry no le gustó la expresión de su cara. Ron y Hermione discutieron durante todo el camino hacia la clase de Herbología mientras yo pensaba en la manera de callar a Malfoy en caso de que se hubiera enterado de todo. Cuando al final de las clases sonó la campana del castillo, los cuatro dejamos sus trasplantadores y corrimos por el parque hasta el borde del bosque. Hagrid los recibió, excitado y radiante.  —Ya casi está fuera —dijo cuando entramos.  El huevo estaba sobre la mesa. Tenía grietas en la cáscara. Algo se movía en el interior y un curioso ruido salía de allí. Todos nos acercamos con las sillas a la mesa y esperamos, respirando con agitación. De pronto se oyó un ruido y el huevo se abrió. La cría de dragón aleteó en la mesa. No era exactamente bonito. Parecía un paraguas negro arrugado. Sus alas puntiagudas eran enormes, comparadas con su cuerpo flacucho. Tenía un hocico largo con anchas fosas nasales, las puntas De los cuernos ya le salían y tenía los ojos anaranjados y saltones. Estornudó. Volaron unas chispas.  —¿No es precioso? —murmuró Hagrid. Alargó una mano para acariciar la Cabeza del dragón. Este le dio un mordisco en los dedos, enseñando unos colmillos puntiagudos.—¡Bendito sea! miren, conoce a su mamá —dijo Hagrid. —Hagrid —dijo Hermione—. ¿Cuánto tardan en crecer los ridgebacks Noruegos?  Hagrid iba a contestarle, cuando de golpe su rostro palideció. Se puso de Pie de un salto y corrió hacia la ventana. — ¿Qué sucede? —Alguien estaba mirando por una rendija de la cortina... Era un chico... Va Corriendo hacia el colegio.  Harry fue hasta la puerta y miró. Incluso a distancia, era inconfundible: Malfoy había visto el dragón.  —Si me disculpan…regresare en unos momentos—dije yo subiéndome las mangas de mi saco — ¿Rachel que piensas hacer? — pregunto Hermione —romperle los dientes a Malfoy. Es obvio… es eso o terminaremos expulsados Hermione El rostro de mi amiga empalideció de una manera preocupante y luego asintió —atrápalo. — ¡espera! —Dijo Harry— el dragón es de Hagrid, no nuestro…no te metas en problemas antes de tiempo, ayudemos a Hagrid a esconderlo — ¿Cómo? —pregunte — ¡Charlie! —dijo Ron emocionado.  Algo en la sonrisa burlona de Malfoy durante la semana siguiente hacia que mis nervios se pusieran de punta, quería lanzarme sobre él y golpearlo hasta que perdiera la memoria de ser posible pero Harry y Hermione siempre me lo impedían, para suerte mía, aún tenía a Ron de mi parte.   Pasábamos la mayor cantidad de tiempo libre en la cabaña a de Hagrid, teníamos que planear todo en caso de que a la rubia se le ocurriera abrir la boca y también teníamos que lograr que Hagrid entrara en razón. —Déjalo ir— insistía Harry — déjalo en libertad. —No puedo— decía Hagrid— es demasiado pequeño, se morirá El dragón al cual Hagrid había bautizado como Norberto no hacía más que estragos en la pequeña cabaña, crecía a una velocidad preocupante y no tardaría mucho en terminar quemando toda la cabaña. —Charlie—dijo Ron — él puede recoger a Norberto, lo cuidara y luego lo dejara en libertad. Recuerda que él trabaja con dragones—dijo. Y al final, Hagrid acepto que enviaran una lechuza para pedirle ayuda a Charlie La semana siguiente pareció alargarse, la noche del miércoles encontré a Harry y Hermione sentados solos en la sala común, mucho después de que todos se fueran a acostar, el reloj de la pared acababa de dar doce campanadas cuando el agujero de la pared se abrió de golpe. Ron surgió de la nada quitándose la capa de invisibilidad de Harry. Pues había estado ayudando a Hagrid a alimentar a Norberto con ratas muertas. —un momento ¡¿le prestaste a Ron la capa y no a mí?! —me queje —honestamente Rachel…eres peligrosa aun sin capa, no quiero imaginar lo harías con ella —¡¡no haría nada!! Solo me divertiría sanamente. Todos me miraron con una expresión de "no confiamos en ti, Rachel" y me quede callada Hedwig regreso con la respuesta de Charlie sin embargo había un problema, el traslado de un dragon desde Hogwarts hacia Rumania, seria ilegal pues nadie contaba con el papeleo indicado para hacerlo, lo que puso en marcha un plan que nos pondría en riesgo a todos, pero cuando se habla de adrenalina…yo me uno a todo. —tenemos la capa de invisibilidad—dijo Harry —pero no todos podremos cubrirnos y mucho menos cuando tenemos que llevar a un dragón también. —dije yo —cabremos dos de nosotros por mucho, los demás tendrán que vigilar  —me ofrezco a ser distracción si aparece Peeves—dije yo— ese maldito fantasma y yo tenemos asuntos pendientes— dije recordando la semana anterior cuando quise ayudar a los gemelos con una broma y el muy maldito termino arruinándolo todo. —bien, Rachel será la distracción ¿estamos todos listos? —pregunto Harry Todos asentimos. El sábado había llegado y una vez se hizo de noche el plan se puso en marcha, Hagrid lloro literalmente despidiéndose de su preciado "bebé" mientras nosotros esperábamos ansiosos. Hagrid puso a Norberto en una jaula y se preparó. —Tiene muchas ratas y algo de brandy para el viaje— dijo— y le puse su osito de peluche por su se siente solo. De interior de la jaula salieron unos sonidos que nos hicieron pensar que Norberto le estaba arrancando la cabeza al osito —si…su osito debe quererlo mucho—dije yo sarcástica mientras recibía un codazo de Harry  —Oye—me queje —shhh, la gracia es hacerlo sentir mejor—dijo señalando con la mirada a Hagrid —bien, bien…Hagrid. Norberto crecerá, será un dragón sano y fuerte, te recordara con cariño y cuando tenga una familia seguramente les contara sobre ti—dije mientras lo consolaba —Gracias, Rachel—me dijo el mientras se limpiaba algunas lágrimas. Harry por otra parte negaba con la cabeza. Cubrimos a Norberto con la capa de invisibilidad mientras nosotros nos metíamos bajo la capa, mis pies quedaban descubiertos pero trataba todo lo posible de mantenerlos fuera de la vista de cualquiera. —es una lástima que Ron no este aquí—dije  —bueno, La señora Pomfrey no lo dejara salir de la enfermería hasta que su mano regrese a su tamaño natural—dijo Hermione —Norberto malo—dije yo a la jaula—no debes morder a nadie Aun me pregunto cómo rayos es que nos las arreglamos para llevar la jaula hasta la torre norte del castillo, sin embargo lo habíamos logrado y casi a media noche ya nos estábamos dirigiendo por las escaleras de mármol del castillo, siguiendo por los pasillos y subiendo una escalera tras otra.  —ya casi llegamos—susurro Harry mientras alcanzábamos el pasillo que había bajo la torre más alta Entonces un súbito movimiento por encima de nosotros casi nos hace soltar la jaula. Habíamos olvidado que aparentemente éramos invisibles, nos encogimos en las sombras y contemplamos dos siluetas oscuras de personas que discutían a unos tres metros de nosotros. Una lámpara brillo. La profesora Mcgonagal con un bata tejido escoces y una redecilla para el cabello, tenía sujeto a Malfoy por la oreja. Yo hubiera pagado por repetir esa escena una y otra vez por el resto de mi vida. — ¡Castigo! —Gritaba—¡y veinte puntos menos para Slytherin! Vagando en medio de la noche ¿Cómo te atreves? —usted no lo entiende, profesora, Harry Potter vendrá ¡y con un dragón¡ —¡que absurda tontería! —Dijo Mcgonagall— ¿Cómo te atreves a decir esas mentiras? Vamos, hablare de ti con el profesor Snape —Si Malfoy, ve con ella y no vuelvas a fumar, mandrágora—susurre yo haciendo reír a Harry y a Hermione. Después de aquello la escalera de caracol hacia la torre más alta nos pareció lo más fácil del mundo. Cuando salimos al frio aire de la noche donde nos quitamos la capa, felices de poder respirar bien, Hermione dio una especie de salto. — ¡Malfoy está castigado¡ podría ponerme a cantar¡ —Aún mejor Hermione…se lo recordaremos toda su vida—dije yo mientras Hermione seguía saltando de felicidad. Nos reímos de Malfoy un buen rato hasta que los amigos de Charlie aparecieron. Todos ayudamos a colocar a Norberto en un arnés especial para que estuviera muy seguro y luego estrechamos las manos con quienes ahora tenían la responsabilidad sobre el dragón. Por fin, Norberto se iba….se iba….se había ido. Bajamos rápidamente la escalera de caracol con los corazones tan libres como nuestras manos, sin embargo la respuesta que nos esperaba al pie de la escalera no fue nada satisfactoria. Allí estaba, de pie en la oscuridad. El horroroso rostro de Filch esperando por nosotros —Vamos a morir—susurre y aun peor, ese fue el momento en que nos dimos cuenta que habíamos dejado la capa invisible en la torre. Éramos unos completos tarados.