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Historia 188015 — capítulo 1

La fiesta del sábado

  • Cate, ¿Te enteraste de lo que hizo Nicolle en la fiesta? - susurro Camille a mi espalada.    Como respuesta lo único que pude hacer fue asentir levemente la cabeza.
  • Aún no puedo creer que no me dejarán ir. Tu y yo teníamos que ver eso - dijo ella y podía notar su ligera rabia.
  • Te dije que le mintieras a tu madre sobre la dirección, si me hubieras hecho caso sabríamos bien lo que pasó - susurre tratando de no mover mucho los labios, ya que prácticamente tenía a la profesora al frente. 
  • ¿Mentirle a mi madre? Sabes lo horrible que son sus castigos, no me iba a arriesgar.
  • Oh vamos, te haz arriesgado muchas veces y ella no se a dado cuenta.
  • Y luego mi madre asegura que tu eres una buena influencia - dijo Camille y no pude evitar reírme.     La profesora no tardo en darse cuenta, dejó de escribir sobre el pizarron y volteo a vernos a mi y a Camille. Solo levanto una ceja y nos dirigió una mirada llena de frialdad antes de volver a escribir sobre el pizarron.     La verdad, eso no era común. La profesora Ester se caracterizaba por los gritos que se escuchaban a millones de distancia y sus golpes a los pupitres mientras hablaba. Ser una de las mejores alumnas de la clase tenía sus ventajas, y una de esas era que la profesora Ester era más flexible... a veces.     En realidad en el instituto no era normal que las profesoras no fueras estrictas. Todas eran frías y duras, ya que, según el lema del instituto, todas las señoritas tenían que estar bien formadas. Si, este era un instituto solo de chicas.    Sonó el timbre que indicaba la salida y la profesora se volteo a la clase.
  • Bien señoritas, puede salir la que haya terminado de copiar - dijo Ester con un tono duro y se sentó detrás de su escritorio.    Camille fue la primera en salir, ella siempre copiaba más rápido pero su letra eran casi garabatos. Cuando salí ella me estaba esperando. 
  • Sigo furiosa. Yo debía ir a esa fiesta - dijo Camille apenas me vio.
  • Iremos a la próxima que haga Marie. Siempre hace fiestas, no te sorprenda que haga otra en dos semanas - dije tratando de animarla. 
  • Es cierto - dijo ella y embozo una sonrisa - ¿Te imaginas que vayan chicos lindos? 
  • No Camille, contrólate. 
  • Oye, calmate. No seré tan suelta como Nicolle, a mi primero me tienen que llevar a cenar antes de ir a la cama - dijo Camille seriamente. 
  • Eso dices ahorita. 
  • Y será así.     Busqué el carro de mi tío y justamente estaba estacionado en la entrada, así que me despedí de Camille y fui hasta el auto. 
  • Hola Manuel - dije alegremente mientras entraba al auto.
  • Catherin... - dijo él seriamente.
  • Hola tío Manuel - dije igual de seria. 
  • ¿Ves que no es difícil? - dijo él sonriendo.     Había prometido tenerle respeto a mi tío Manuel, pero era difícil cuando él solo tenía 22 años y era tan inmaduro y bromista como yo. Ahora que él era mi tutor legal me hizo prometer que hablaría con él con respeto y formalidad.    Viviamos en un pueblo pequeño, por lo tanto los rumores corrían rápido. Así es, mi tío se enteró de lo de Nicolle.
  • No, otra vez no - dije golpeando mi cabeza contra el asiento.
  • Si, otra vez si - dijo él serio - Por eso es que no te dejo ir a esas fiestas. 
  • Tío Manuel, yo no haré lo mismo.
  • Lo sé, confío en ti. Pero no en los chicos - dijo tratando de sonar comprensivo - Por eso tienes que llegar vir...
  • Oh vamos, tu no eres virgen, y no estas casado - dije con cara de poco amigos. 
  • Ey, no me hables así, más respeto jovencita.     El mismo discurso de siempre. Cada vez que él tenía la oportunidad para hablarme sobre las relaciones sexuales entre adolescentes la aprovechaba, así él no practicara lo que me dijera.    Nicolle Westher era la hija del pastor del pueblo, por eso hubo tanto alboroto con esa noticia. Nadie creería que la dulce y viril hija de un matrimonio cristiano se hubiera emborrachado y drogado en una fiesta, sin contar que se acostó con un completo desconocido. 
  • Tío Manuel, no hablemos más de eso, por favor - dije cansada.
  • Esta bien, no hablaremos más de eso - dijo él deteniéndose ante un negocio de postres - Voy a comprar unas cosas.
  • Esta bien - dije satisfecha de que dejara el tema.
  • Ah, terminaremos de hablar del tema en la casa - dijo con una sonrisa antes de cerra la puerta.     Sabía que era raro que me hiciera caso.