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Historia 188015 — capítulo 2

Horarios   9:23 pm.

  • Tengo tanta hambre que me podría comer un autobus - dije en voz alta mientras le enviaba un mensaje a Camille.    Me levante de la cama y salí de mi habitación, dispuesta a ir directamente a la cocina a buscar algo de comer, cuando algo al pasar por la sala de estar me llamó la atención...
  • ¿Vas a salir? - pregunte impresionada ante la figura que tenía al frente.    No era algo común ver a mi tío Manuel en traje de vestir, ni siquiera para la boda de mis padres fue tan arreglado como estaba ahorita. Él solo se detuvo a mirarme dos segundos antes de asentir con la cabeza y seguir arreglándose la corbata ante un espejo circular.
  • ¿No es ya muy tarde? Tu eres él que me dice que a esta hora solo salen los que buscan alcohol y placer. 
  • Voy a salir con unos amigos, regresaré más tarde - dijo seriamente terminando de arreglarse y agarrando las llaves - Te acuestas a las 10:00 pm. Nada de desobedecer el horario.
  • Nunca lo he hecho - dije mientras él se acercaba y me daba un beso en la frente - Cuídate.
  • Vete a dormir - gritó antes de cerrar la puerta y montarse en su auto.     Me asomé en la ventana y vi como el auto se fue alejando hasta perderlo de vista.
  • ¡Si! Tengo la casa para mi sola - dije sonriente dirigiéndome a la cocina - Veamos que tenemos por aquí.     Abrí unos de los estantes superiores y me encontré con más de 10 paquetes de galletas dulces, las cuales variaban en sabor y marca. Manuel amaba el dulce, si fuera por él todos los estantes estuvieran llenos de todo tipo de golosinas. Terminé agarrando un paquete de galletas de chocolate, lo cual me arruinaría completamente la dieta, pero algo de dulce no hace daño.     Desde que mis padres murieron mi tío Manuel se había hecho cargo de mi, prácticamente había dejado su vida en la ciudad para venir y cuidarme, no dejó su trabajo ya que como periodista podía trabajar por internet, pero a veces si tenía que hacer pequeños viajes para visitar la oficina.     A mi padre nunca le agradó la idea de darle responsabilidades a su hermano menor, consideraba a Manuel como un hombre inmaduro, e irónicamente, fue el único de sus seis hermanos que pidió ser mi representante hasta que pudiera ser mayor de edad.     Creo que antes no tuve la oportunidad de presentarme. Mi nombre es Catherine Holden, tengo 16 años y fui la única hija del matrimonio Holden. He vivido en este mismo pueblo todos mis años de vida, y, como muchos otros habitantes, sueño con irme de aquí.     Subí a mi habitación y me acosté a comer las galletas, cuando mi celular comenzó a sonar y mostró a Camille en la pantalla.
  • ¿Hola? 
  • Cate, te tengo grandes noticias - dijo Camille con emoción, podía verla dando pequeños saltos mientras reía. 
  • ¿Qué? No me digas que es sobre una fiesta - dije seriamente mientras comía una galleta. 
  • No, esas ya son cosas de la Camille del pasado, ahora hablas con una nueva chica - dijo ella y yo solo puse los ojos en blanco - Tu y yo iremos de compras el viernes.
  • Camille, no creo...
  • Oh si, iremos. Te divertirás, así que preparate.    En gustos de ropa, Camille era una experta, sabía perfectamente que colores combinaban, las telas que eran de mejor calidad, lo que te podía quedar bien y lo que no. En cambio yo era más partidaria de que cada quien usara lo que quisiera. Si, mis gustos eras pésimos. 
  • Pidele dinero a Manuel, dile que ese es tu regalo de cumpleaños.
  • Camille, él no es un banco, y para mi cumpleaños faltan meses - dije cansada, ya eran las 9:48.
  • Bueno, yo te compro cosas. Vamos, hay que distraernos - dijo ella animada. 
  • ¿Solo iremos a comprar ropa? 
  • Si.
  • ¿Segura? - dudé de sus palabras. 
  • Catherine, estoy segura - dijo ella seriamente. Tal vez no mentía.      Las veces que Camille me decía para comprar ropa era por dos razones: 1- Para en verdad comprar ropa; 2- Para ver chicos. Más de una vez me había engañado diciendo que compraría cuando en realidad miraba y hablaba con la segunda razón. Por culpa de eso mis padres me castigaron durante meses. 
  • Bueno, yo le pregunto a mi tío. 
  • ¡Perfecto! Así que prepárate - desde aquí podía notar su felicidad.
  • Ajá, ya voy a dormir ¿Si?. Nos vemos mañana - dije vagamente rascándome un ojo. 
  • Esta bien, hasta luego perra.     Y eso fue lo último que escuche antes de que colgara.      Si, por comentarios como ese también había sido reprendida. Camille sabía cuando decir esas cosas, en cambio cuando las decía yo, me escuchaban hasta los vecinos.      Tape es paquete de galletas y lo guarde bajo mi cama. Ya había sido suficiente por hoy.