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Historia 188093 — capítulo 1
Limpiar TextoCapítuloscapitulo 1EDITAR ESTE CAPÍTULO Comenta este capítuloOscuridad, es lo único que detectan sus ojos, profunda oscuridad. No siente nada solo aquel abismal silencio que de apoco se va convirtiendo en susurros extraños.
¿Estoy muerta?—Se pregunta a si misma—Es posible.
Y de pronto todo se aclara ante ella, al tiempo en que experimenta un punzante dolor de cabeza y la sensación de haber estado inconsciente por años luego de haber sido abatida por una enorme manada de animales. Su cuerpo le pesa por completo.
Parpadea varias veces intentando opacar los zumbidos en su cabeza y sorpresivamente estos pronto ceden y comienzan a cesar, mientras siente como su cuerpo va obteniendo una inmensa fuerza. Se encuentra en medio de una enorme habitación, redonda, totalmente iluminada con enormes columnas blancas.
Levanta sus brazos y estos reaccionan sin problema, sus manos son pequeñas y muy pálidas más de lo normal y se sorprende al notar la claridad con la que sus pupilas captan cada detalle en ellas. Su piel es extraña casi como porcelana.
--¡Finalmente has despertado!
Su mirada se desvía al instante y se encuentra con un hombre mayor de piel incluso más blanca que la suya, vestido con ropajes negros tan oscuros como la larga melena que cae sobre sus hombros. Sus ojos son profundos y se sobresalta al notar aquel vehemente color rojo en ellos.
La joven se incorpora tan rápidamente que ella misma queda sorprendida y es hasta que está de pie cuando logra notar las demás figuras a su alrededor.
Dos hombres más la observan sentados desde dos de los tres tronos situados al fondo de la habitación, ambos muy pálidos y de aterradores ojos rojos. Y rápidamente supone que el tercer trono pertenece al hombre de cabello oscuro quien la observa tanto o más curioso que los otros dos.
--No temas pequeña—Dice con un tono tan apacible—No te aremos daño.
Su voz suena tan amistosa pero algo en ella siente que sus palabras no son del todo ciertas. ¿Quiénes eran aquellos hombres? ¿Y cómo es que llego ahí?
--¿Puedes hablar o no sabes cómo hacerlo?—Pregunta el hombre rubio quien parece algunos años más joven que los demás.
La joven los mira a los tres por un instante pero no logra responder, está completamente desconcertada.
--¿Recuerdas como llegaste aquí?—Pregunta nuevamente con un tono mucho más hostil que el hombre de cabello oscuro.
La joven lo observa confundida y entonces trata de responderse ella misma a esa pregunta adentrándose en su propia mente. Un par de imágenes borrosas pasan por su memoria acompañadas de uno gritos aterrados pero no reconoce nada, todo es tan borroso.
--¿Dónde…?—No logra completar la pregunta cuando nota lo extraña y desconocida que le resulta su propia voz-- ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegue aquí? ¿Qué está pasándome?
--¿No lo recuerdas?
Ella niega varias veces con su cabeza. Los tres intercambian fugaces miradas pero enseguida regresan su atención a la pequeña joven de cabello cobrizo asustada en medio de la habitación.
--¿Qué recuerdas exactamente querida?
Intenta adentrarse nuevamente en su memoria y solo logra ver las mismas imágenes borrosas tan borrosas que parecen irreales, no reconoce nada. ¿Qué había pasado? No lo sebe ¿Cómo llego a ese lugar? Eso tampoco lo sabe y entonces lo comprende… No había nada, su memoria estaba vacía. Nada hasta que abrió sus ojos y se encontró ahí, perdida y aturdida. No había nada, ni siquiera quien era ella misma.
Lleva entonces sus manos a su cabeza y la sujeta con fuerza como si de esa forma los recuerdos fueran a regresas a ella, pero no es así, está vacía.
--¿Qué está pasando?—Profiere agitada-- ¿Por qué no recuerdo nada?
--¡O querida!—Exclama el hombre de cabello oscuro como si sintiera pena por ella y en cuestión de segundos están frente a frente, ofreciéndole su mano--¿Puedo? No temas, no te are daño.
Se sobresalta ante lo rápido que llega hasta ella y al ver su mano duda en tomarla pero finalmente lo hace. El la atrae a él con mucha facilidad sujetando su pequeña mano entre las suyas, su piel es fría.
Sus ojos se encuentran con los del hombre y ella se paraliza ante la cercanía pues al verlo de tan corta distancia el rojo de sus pupilas es aún más profundo, más aterrador. Sabe que eso no es normal, los humanos no tienen esa clase de color en sus miradas. Y entonces comprende que puede recordar los detalles, distingue los colores, los aromas. Sabe lo que es normal y lo que es diferente. Y aquellos hombres son lo más distinto que alguna vez haya visto. Ahora entiende que la verdadera pregunta no es quien sino que ¿Qué son ellos?
De pronto una sonrisa curva los labios de él y una fila de dientes blancos aparece ante ella. La curiosidad regresa a su mirada.
--¿Qué sucede Aro?—Pregunta aquel hombre rubio mientras observan la escena.
Están tan desconcertados como ella ante la expresión de aquel hombre al que llaman Aro, su líder.
--Es una pena—Comenta sin apartar la mirada de ella, pero sus palabras no encajan con su tono de asombro—No hay nada.
La expresión de sus compañeros simula un poco a la suya, están sorprendidos.
--La memoria de esta pequeña neófita está casi por completo vacía.
Esta vez son los ojos de ella los que casi salen de sus órbitas. ¿Qué ha dicho? ¿Cómo puede él saber que no hay nada en su memoria? ¿Qué está pasando? Insiste para sí totalmente asustada.
Y lo que sucede enseguida la asusta aún más. Su mano se aferra con más fuerza a la de él y un sinfín de sensaciones la invade en segundos. Más fuerza, cada vez más, es como si una especie de energía recorriera su cuerpo. Y el vacío de su mente pronto comienza a ser ocupado por memorias, un sinfín de ellas, más de las que cualquier mente humana pudiera conservar. Pero son tantas que le es difícil acceder a ellas con claridad y lo más extraño ninguna de ellas es suya.
Tantas voces, tantas imágenes…
Un grito la trae de regreso al presente y Aro logra liberarse de su mano, retrocede varios pasos tambaleándose, como si no pudiera mantenerse en pie con la misma fuerza de siempre. La habitación gira bajo sus pies pero todo está en su cabeza.
Ella retrocede sin entender lo que acaba de suceder y se dispone a salir de ahí. El tercer hombre --el de mayor edad-- intenta ir asía ella pero el rubio lo detienen enseguida.
--No la toques—Le ordena y grita-- ¡Alec, Jane!
Las puertas se abren al instante y dos chicos aparecen centrando sus ojos en la joven dispuestos a atacarla. Regresa su mirada al que llaman Aro, ahora acompañado por el rubio quien lo sostiene y la mira como si la acusara de algo, algo que ella no entiende.
--¡Alec!—Ordena nuevamente y el chico levanta sus manos asía ella.
Su mirada va de un lado a otro por la habitación, asustada y totalmente desconcertada, y finalmente se detiene en el humo negro que emana de aquel chico. Este llega hasta donde se encuentra en unos pocos segundos y aunque intenta liberarse de él la envuelve rápidamente y cae nuevamente al suelo. No puede moverse.
--¡Alto!—Grita esta vez la voz autoritaria de Aro.
--¿Pero Aro has visto lo que te ha hecho?
--¡He dicho alto!
Alec inclina la cabeza asintiendo a su orden y el humo comienza a regresar asía el hasta consumirse por completo.
--No ha sido un ataque Caius—Le indica su compañero—No lo ha controlado, lo he visto.
Su vista regresa a la normalidad y logra ver y moverse nuevamente pero el miedo y su desconcierto aún no han desaparecido. ¿Qué está pasando? Es todo lo que puede preguntarse.
--Tranquila querida—Le dice Aro en tanto logra recuperarse por completo.
Había pasado tanto tiempo desde que un neófito lo había sorprendido de la forma en la que ella lo había hecho que definitivamente no estaba molesto, sino todo lo contrario, estaba feliz de comprobar lo fuerte que era su nueva adquisición.
--No debes temer—Le dijo ofreciéndole nuevamente su mano—Todo estará bien, yo me encargare de explicártelo todo.