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Historia 188093 — capítulo 2
Él lograba escuchar a Bella hablando alrededor de la habitación pero no era capaz de ponerle atención, no hoy. Ni siquiera los estruendosos rayos que avisaban se aproximaba una tormenta podían lograr que dejara de recordar aquel día, y en realidad el clima no ayudaba en nada, era tal cual aquel día.
Las nubes cubrían todo como un enorme manto gris, cada vez más oscuro, pues la noche estaba cerca. El viento soplaba con tanta fuerza que parecía atormentado, mientras las ramas de aquel árbol rasgaban la ventana por donde Edward contemplaba asía afuera.
--¿¡Edward!?
Reacciono al ver el rostro de Bella frente él, observándolo, totalmente confundida. Pero claro que debía estarlo llevaba todo el día prácticamente ignorándola.-- ¡Demonios! ¿Qué me estaba diciendo? --Se preguntó. Era estos momentos en los que más le frustraba no poder entrar en su mente y saber lo que pensaba.
--Lo siento, estaba distraído—No tuvo otra opción que disculparse-- ¿De que estábamos hablando?
--¿Estás bien?
--Por supuesto.
--¿Seguro Edward? Has estado distraído todo el día. Y si mal no recuerdo la distraída normalmente soy yo.
No pudo evitar sonreír ante su comentario. Valla hasta en sus peores días Bella lograba hacerlo sonreír, sin embargo el gusto no le duro demasiado. Ella aun lo observaba esperando una respuesta y él no era capaz de mentirle, no a ella.
--Es complicado—Admitió.
--Puedo entender lo complicado. Mi novio es un vampiro ¿recuerdas?
Sonrió de nuevo.
--Confía en mí Edward.
Duda por un segundo en hablar pero ya había pasado todo el día guardando silencio Bella se merecía una respuesta. Además ella confiaba en él a pesar de todo, a pesar de lo que era.
--Es…--Titubea de nueva cuenta y toma su delicada mano entre las suyas. Era tan cálida, tan pequeña—Es este día—Responde finalmente—Esta fecha. No puedo evitar sentirme mal, cada año es igual.
--Lo sé.
La mira rápidamente, desconcertado ¿Cómo es que lo sabía?
--He hablado con Alice—Le explica como si hubiera escuchado sus pensamientos—Me ha contado que cada año reaccionas de la misma forma. Pero no me ha explicado nada más, dijo que no podía hacerlo, que debías ser tú quien lo hicieras.
Debía haber imaginado que hablaría con Alice después de todo eran mejores amigas. Ahora se sentía peor, Bella pasó el día confundida por su comportamiento seguramente preocupada por él. Incluso había estado hablando con Alice y él no se había dado cuenta. Estaba tan sumergido en sus recuerdos, totalmente distante, que había ignorado su preocupación. Era tan egoísta.
--No tienes que hablar si no quieres—Le dice atrayendo nuevamente su atención—Puedo entenderlo.
--No es eso, en verdad quiero explicártelo todo, es solo… es solo que temo que me desprecies tanto como yo lo hago después de escucharme.
Bella mordió su labio inferior en una expresión que a Edward solía parecerle muy atractiva, y volvió a mirarlo esta vez decepcionada. ¿En que estaría pensando? Era lo que siempre se preguntaba.
--¿En serio piensas que puedo despreciarte?
--Creo que ni tu puedes asegurar lo contrario hasta que lo escuches.
--Entonces hazlo, cuéntame que sucede.
Edward asiente un par de veces, debía hacerlo, ella tenía derecho a saberlo todo de él como él lo sabía de ella.
--Ven conmigo—Le pide y la conduce escaleras arriba hasta su habitación.
Bella permanece en la entrada observándolo mientras busca aquella pequeña y vieja cajita de madera "su pequeña máquina del tiempo" como suele llamarla. En ella guardaba las pocas cosas que conservaba de su antigua vida todo lo demás se había esfumado, solo le quedaba eso y borrosos recuerdos.
La caja se encontraba detrás de sus viejos libros justo donde la había dejado la última vez que se había atrevido a mirar dentro de ella, hacía ya bastante tiempo.
Era aún más pequeña de lo que recordaba, de un tono guinda quemado con líneas doradas grabadas por todas partes. Toda la caja había padecido el pasar de los años pero a pesar de ello y el ir y venir de un lugar a otro aún se mantenía en buen estado.
--No he logrado deshacerme de ella—le confiesa—Le pertenecía a mi madre.
Contuvo la respiración antes de animarse a abrirla. Tal vez estuvo así por un par de minutos, en realidad no logro notarlo, pero Bella aguardo paciente en silencio.
Adentro había un par de cartas amarillentas por el correr de los años y el pequeño estuche en el que guardaba el anillo de compromiso de su madre, el cual deseaba que algún día Bella portara. También había un broche con piedrecillas verdes que le atraía tantos recuerdos…Valla todo ahí lo hacía, cada cosa lo transportaba a otra vida que algún día había sido la suya pero que en aquel momento se sentía tan ajena.
Toma las cartas que tenían grabadas fechas de varias décadas atrás y entonces la ve. Tan solo ver aquel rostro provoca un enorme dolor en su interior, un dolor que le era difícil describir. Podía notar el cobrizo color de su rebelde cabello pese a que la foto no tenía ningún color, él se encontraba a su lado y recordaba perfectamente el día en que había sido tomada. 22 de noviembre de 1917 tres días antes de su cumpleaños número 16.
Aun lograba escuchar cómo se esforzaba por no dejar escapar una risita mientras ambos se burlaban en voz baja del regordete fotógrafo y su madre insistía avergonzada que permanecieran quietos.
Dejo la caja sobre su librero y la contemplo unos segundos más antes de entregársela. Bella dudo un momento en acercarse mientras le ofrecía aquel maltratado pedazo de papel, pero finalmente lo hizo y al igual que él la observo en silencio.
Pudo ver como su expresión demostraba su sorpresa al verle por primera vez como nada más que un simple humano.
--¿Quién es ella—Pregunta intrigada.
Él no dice nada solo voltea la foto y tras ella podía verse anotada la fecha y sus nombres. Edward Anthony Masen y Ronalee Elizabeth Masen.
La mirada de Bella rápidamente se posa en el cuándo logra entenderlo.
--¿Es…?
--Mi hermana—Termina por ella.
Bella no dice nada más por lo que a Edward le parece un largo tiempo. Continua observando la foto totalmente asombrada, puede notar el parecido entre ellos más allá del mismo tono de cabello, su boca, su nariz incluso su mirada.
--¿Por qué nunca me habías hablado de ella?—Pregunta finalmente rompiendo el silencio.
--No hablo de ella con frecuencia—Confiesa alejándose hacía la ventana al tiempo en que un estruendoso trueno retumba en toda la habitación—No me atrevo a hacerlo.
--¿Por qué?
--En parte es por el dolor y por otra parte supongo que me siento culpable.
--¿Culpable?—Repite confundida no podía entender porque podría sentirse culpable-- ¿Por qué?
--Porque murió por mi culpa…
--Hijo tienes que escucharnos—Le rogo Carlisle al tiempo en que Ronalee se interponía en su camino de nueva cuenta.
Pero no pretendía escucharlos, no había nada que escuchar ya no podía dar marcha atrás, el Edward que conocían ya no existía el monstruo que ahora era -o al menos en el que sentía que se había convertido—lo había consumido por completo. Solo quedaba la sed, aquella que quemaba con tanta fuerza en su garganta.
Un viento helado azoto los cobrizos cabellos de Ronalee contra su rostro al interponerse en el camino de su hermano. Habían recorrido un largo camino hasta llegar ahí y no pensaban irse, no sin él.
--No tenemos nada de qué hablar.
--Por supuesto que si…
--¿Qué es eso tan importante que tienes por decir Carlisle?—La voz de aquella pequeña niña logro ponerle los pelos de punta a Carlisle quien la miro aterrado cuando su cuerpo apareció de entre las sombras de aquel callejón sin salida en el que Edward había cobrado la vida de otro hombre, el cuarto de aquella noche.
Estaba acompañada por su hermano gemelo y dos vampiros más, algunos años mayores que ellos.
--¡Jane! ¡Alec!
Ronalee se giró rápidamente para mirar los rostros de aquellos niños de los que tanto le había hablado Carlisle, aquellos a quienes les temía sin siquiera conocerlos. Y rápidamente sus ojos ennegrecidos por la sed se encontraron con el rojo vibrante que reinaba en las pupilas de aquella pequeña. Una imagen que recordaba muy bien pues era la misma mirada con la que se había encontrado al verse por primera vez al espejo como una inmortal.
--¿Qué están haciendo ustedes aquí?
Lo que más temía Carlisle se había hecho realidad con su llegada, la pila de cadáveres que Edward había acumulado a su paso les había atraído hasta él.
--Lo mismo me estaba preguntando yo Carlisle—Respondió la pequeña con un tono realmente tranquilo-- ¿Qué estas asiendo tu aquí, y acompañado por estos dos neófitos? Pensaba que preferías estar solo.
--Bueno, me he dado cuenta que la soledad no es tan divertida como parece.
Jane sonríe maliciosamente y asiente.
--Por supuesto.
--¿Ahora dime tu Jane, que están haciendo aquí?
Sabía la respuesta incluso antes de que ello lo dijera.
--Aro nos ha enviado a encargarnos de unos neófitos que están causando caos por estos lugares. Y tal parece que ya los hemos encontrado—Dijo estas últimas palabras dirigiendo su mirada a la pequeña Ronalee y a su hermano.
--Aro debe estar equivocado.
Carlisle se situó rápidamente al frente de Ronalee y Edward, protegiéndolos, esos chicos ahora eran su familia y no iba a permitir que los dañaran pero tan poco pretendía pelear eso era algo que no era parte de sus instintos.
--Aro nunca se equivoca querido Carlisle, tú más que nadie debería saberlo.
--Lo sé, pero ahora tengo todo bajo control.
Edward finalmente pudo notar la voz de aquella pequeña niña entre todas las voces de los pensamientos que se acumulaban en su cabeza, eran tantas y tan abrumadoras, realmente odiaba su don pero esta vez le había sido bastante útil para descubrir que era lo que pretendían hacerles a él y a su hermana.
--No permitiré que la dañen.
Él se abalanzo decidido a defender a su hermana, pero tan pronto como lo hizo cayó desplomado al suelo gritando por el inmenso dolor que le causaba.
Todo sucedió tan rápido, Edward callo y Carlisle corrió a su lado mientras que Ronalee se abalanzaba sobre ella. Uno de los dos hombres que la acompañaban se interpuso para proteger a Jane pero rápidamente Ronalee lo aparto de su camino arrojándolo con fuerza, él tal vez era mucho más antiguo que ella pero tenía a su favor la increíble fuerza de un neófito.
Sujeto entonces el rostro de Jane absorbiendo cada fracción de energía que le era posible, cada memoria y cada sensación, todo ahora lo compartía con ella. Y jane pronto se vio imposibilitada para seguir torturando a su hermano. Gritando con tanta fuerza al sentir por primera vez su propio don sobre ella.
De pronto una nube de humo oscuro la envolvió en segundos y su visión desapareció cayendo de igual forma que Edward al suelo. Alec utilizaba su don sobre ella mientras su hermana intentaba recuperarse del ataque de Ronalee.
--¡Alto por favor!—Pidió Carlisle ayudando a Edward a incorporarse.
Alec lo miro enfurecido por lo que le habían hecho a su hermana, no estaba dispuesto a pasarlo por alto.
--Alec detente—Le ordeno Jane y el la miro sorprendido.
Aquella neófita se merecía morir por el daño que le había causado, no comprendía porque su hermana deseaba que se detuviera.
--Pero hermana…
--He dicho que te detengas.
--Gracias—Dijo esta vez Carlisle realmente agradecido porque la pelea terminara, sabiendo que no tenían ninguna oportunidad contra la guardia.
--No me agradezcas aun Carlisle, Aro decidirá que aremos ahora.
Su mirada demostraba el desprecio que sentía por aquella pequeña niña que le había atacado pero más allá de ello se encontraba el asombro que sentía por su poder. Era una verdadera joya y Aro agradecería que la llevara ante su presencia.