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Historia 188182 — capítulo 2
Luego de unos años en Argentina, la ciudad de Córdoba estaba tranquila siguiendo sus tareas diarias normalmente, viviendo en medio de la inseguridad de las calles continuaban con cautela y naturalidad sus costumbres, yendo al trabajo, limpiando sus casas, asistiendo al colegio, entre otras cosas. En una de las calles había una niña de unos seis años que jugaba con su muñeca sentada en la acera, su cabello castaño y largo hasta la cintura, sus ojos marrones y su rostro redondo con pecas sobre él. Estaba distraída completamente charlando con su juguete que no se percató que un hombre de unos treinta años aparcó rápidamente su vehículo frente a ella, de este descendieron otros dos que la agarraron violentamente, ella gritó pidiendo ayuda resistiéndose a ingresar al coche, las personas que estaban por allí salieron en busca de un oficial de policía que andaba cerca haciendo guardia. Pero, fue tarde para cuando llegó la pequeña niña ya no estaba más allí ni tampoco el auto que la secuestro. Su muñeca quedo tirada en la acera solitaria y sin dueña. Ningún vecino pudo memorizar la patente del coche asique el policía no pudo hacer nada a cambio por la vida de esa jovencita, la gente no conocía a sus padres tampoco se dio presencia de ninguno de ellos. La situación quedo sin resultados efectuados por la policía que desgraciadamente habían llegado demasiado tarde a la escena de la delincuencia.
Un auto rojo corría a toda velocidad por las calles, los gritos de una niña se escuchaba en su interior, los delincuentes intentaron sedarla con una droga pero ella era inmune a eso. Seguía despierta, luchando con todas sus fuerzas por defender y liberarse de ese secuestro. Tenía mucho miedo de no volver a ver a su padre, el coraje en ella le mantuvo viva durante todo el trayecto. Le dio una patada en la entre pierna a uno de los secuestradores, que se quejo del dolor, después le pegó un puñetazo con demasiada fuerza para su edad al otro que quedó inconsciente golpeándose la cabeza con la ventanilla. El conductor entró a un galpón deteniéndose, se giró hacia atrás viendo a sus compañeros intentando que la niña dejará de pelear contra ellos, no se iba a dar por vencida, las mejores personas no lo hacen ni ella tampoco. Esta vez, sus ojos se tornaron de negro completamente, teniendo la habilidad de reconocer las partes débiles de los cuerpos de los atacantes, le dio una patada en el antebrazo a uno haciendo que el hueso se quebrará y él gritara de dolor quedándose en desventaja. Al otro que la sujetaba por detrás le dio un codazo en el estomago, se volvió contra él dándole una trompada en el rostro quedando nuevamente inconsciente fuera de combate. El único que quedó fue el chofer, el cual le dio un golpe en la cara haciendo que el tabique de su nariz se rompiera sangrándole a montones. La niña abrió la puerta saltando al exterior saliendo corriendo librándose de esos sujetos, corrió varios metros sintiendo como sus pies empezaban a levitar a unos centímetros del suelo, no le dio miedo continuo en carrera alejándose lo más lejos de esos secuestradores. Ahora se encontraba volando a unos metros del suelo, casi dos, eso se sentía bien y le animo para seguir explorando las habilidades que su cuerpo le permitía. Súper fuerza y volar. Las personas se quedaron plasmadas en sus lugares observando como esa niña estaban haciendo algo fuera de lo normal, algo imposiblemente humano. Era como aquellos personajes ficticios que adquirían poderes a través de desastres naturales o expuestos a experimentos, ella seguramente era una nueva humana creada por algún laboratorio, sin dudas.
La niña dejó de volar cayendo bruscamente al suelo, se incorporo sin quejarse de alguna lesión. Estaba contenta, se sentía una súper heroína. Frente a ella había un oficial de policía que había contemplado todo desde que verla volar a caer delante de él, se sintió confundido, la niña lo miró con una sonrisa.
-No soy peligrosa. Estoy perdida, intentaron secuestrarme.-le explicó con dulce voz.-Soy Camila Polk.
-Este...Pero tu...¿Cómo hiciste eso?-le dijo perplejo el hombre uniformado sin prestarle atención a lo que dijo antes.
-Simplemente sucedió.-le dijo utilizando palabras que ningún niño de su edad sabe usarlas. Ella era inteligente y astuta, lo había demostrado con esos tipos.-Por favor, ayúdeme.
-Está bien.-dijo el policía tomándola de la mano, llevándola a una patrulla donde había otro policía sentado en el asiento del conductor.-Eduardo, llévala a la comisaria. Esta perdida.
El otro tardó en reaccionar, la niña subió al auto y arranco dirigiuiendose al destino indicado por el otro hombre que aun no salía de su asombro. No era nada común, ver a alguien volar. ¿Qué estaba sucediendo en el mundo, para que alguien experimente con un niño? Estaba todo fuera de orden, siendo policía estaba acostumbrado a ver cosas fuera de lugar pero nunca como aquello.