Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 90,161/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 188182 · de

Historia 188182 — capítulo 5

A los siguientes días, los medios de comunicación de todas las partes del mundo hablaban de la nueva figura heroica que solucionaba problemas ambientales y salva vidas en ocasiones necesarias de socorro. La televisión estaba encendida en el gran dormitorio de Camila, acostado junto a su gata, Jazmín, comiendo unas palomitas de maíz viendo los comentarios de asombro de los periodistas y de los panelistas, cada vez que cambia el canal a los géneros de información aparecía aquel personaje victorioso captado por las cámaras de seguridad, o a talentosos paparazis  que lograban sacar esas extraordinarias fotografías.

-Nada mal.-comentó para si misma la castaña acariciando a su mascota.- ¿Qué opinas, Jaz?

Su gata maulló afirmativamente, ella sonrió arrellanándose más en su cama mientras seguía haciendo zapping para entretenerse un rato antes de que el sueño llegará a ella. Finalmente decidió quedarse viendo The Avengers, además podía ver las habilidades que los actores efectuaban en la gran pantalla para poder imitarlos, se sorprendía de las grandes cosas que podían hacer siendo unos simples humanos con talentos ocultos. Amaba el cine siempre le ha gustado las películas de cualquier tipo, había a veces que se quedaba viendo películas de Disney pero teniendo catorce años estaba bien, supuestamente es lo que hacían las chicas de su misma edad, ¿No? Por lo que tenía que actuar como una adolescente caprichosa y desobediente. A pesar que ella no tuviera esas características, capaz lo de ser caprichosa podía entrar en razón pero siempre seguía las reglas aunque en determinados casos tuviera que romperlas, después de todo las obedecía. Alguien golpeó la puerta volteó su cabeza a la derecha, dio un grito para que ingresara, la puerta se abrió asomando por ella una cabeza albina, se trataba de Ricardo, el mayordomo de los Polk.

-Señorita Camila, su padre solicita su presencia.-le informó el hombre con un traje negro y una camisa completamente blanca.

-Pero, ¿No está ocupado con sus amigos?-le inquirió la chica recordando que los viernes por la noche su padre se reunía con unos viejos amigos a jugar al póker.

-Ya se han ido.-le contestó Ricardo cerrando la puerta sin nada más que decirle.

Camila bajó de la cama colocándose unas pantuflas de gatitos, salió de su habitación recorriendo el pasillo hacia las escaleras estilo georgianas, cruzó el salón de estar donde deberían estar jugando a los naipes, no había nadie. Ricardo le dijo la verdad ya se habían marcho, le sorprendió aquello pues acostumbraban a quedarse hasta más tarde jugando. Siguió a la siguiente sala donde el señor Polk estaba fumando un habano mirando a través de la ventana el jardín bellamente decorado con arbustos y flores, vislumbrando la gran piscina vacía.

-¿Qué quieres decirme?-le preguntó directamente la chica estaba cansada quería irse a acostar para estar preparada mañana para cumplir con sus obligaciones de súper heroína.

-Buenas noches, hija.-le saludó su padre volteándose a verla, llevaba puesto unos pantalones celestes a cuadrille y una remera blanca.- Perdóname por molestarte a estas horas, necesitaba informarte que mañana vendrá un nuevo huésped que será tu instructor. No quiero que hables de tu trabajo con él, simplemente actúa como una adolescente y no voy a aceptar ningún reproche. Quiero que tengas una buena educación, además aprenderás otras habilidades con este hombre.

-Pero...

-No, no. Nada.-intervino negando con la cabeza dándole una pitada al habano.-Quiero que estés despierta a las nueve. Ve a descansar.

-¿Solo me has hecho levantar para decirme que llegará un nuevo maestro...?-empezó diciéndole con fastidio.

-¡No me hables así!-le gruño el hombre.

 Ella se calló girándose sobre sus talones regresando sobre sus pisadas, murmurando por lo bajo la fastidioso que es tener a un padre estricto, que le gusta tener todo en orden y apoderarse de todo lo que desea. Espera que nada de eso se le haga un problema en el futuro. Subió nuevamente las escaleras, atravesó el pasillo entrando a su habitación cerrando la puerta de golpe fuerte, escucho como un crack sonó detrás de ella. Si, había dañado un lateral de esta. Rodeó los ojos sabiendo que eso le traería nuevos problemas con el señor Polk, suspiró volviéndose a su cama, a la cual se metió de un salto. Acarició a su gata, apagó la tele y se acomodó entrando en sueños.

A la mañana siguiente, se despertó al oír sonar su despertador de su celular, la apagó levantándose con pereza. Sus cabellos estaban completamente desprolijos, le había quedado la marca de la almohada en su rostro soñoliento. Jazmín maulló molesta, pues Camila también interrumpió su sueño. Se calzó, se dirigió a su guardarropas contemplo por un momento todo el pequeño cuarto lleno de prendas; vestidos, zapatos, tacones, faldas, remeras, camisas, pantalones, etc.

Finalmente decidió ponerse una falda turquesa junto a una camisa sin mangas blanca. Tomó unas sandalias blancas con suelas color crema, salió de allí encaminándose al baño de su habitación. Tenía que suerte de vivir en una gran casa lujosa y llena de objetos de valor, estando a las afueras de la ciudad de Córdoba, disfrutando de tener hectáreas de cultivos y una granja con vacas, caballos, cerdos, gallinas. Todo era de ellos. El señor Polk además de ser científico, era un gran inversionista de su dinero.

Camila abrió la ducha metiéndose dentro, se sentía relajada allí sintiendo el agua golpearle sobre su cuerpo, nada más agradable que esa sensación de comodidad y frescura. Se lavó el cabello, se enjabono el cuerpo y luego de unos minutos salió de allí. Empezó a cambiarse, verificó la hora en su celular. Eran las ocho y media. Recogió las cosas guardándolas en sus lugares, dejando el baño ordenado, seguidamente bajó a la cocina.

-Hola.-saludó animada a la cocinera, Susana. Era rechoncha, de cabello entrecano y llevaba gafas.- ¿Qué tienes hoy para mí?

-Unas lindas tostadas con queso y un café con leche.-le contestó llevándole el desayuno a la mesa circular que estaba en un rincón junto a la ventana que daba al jardín.

-¡Perfecto! gracias, Susi.-le dijo amablemente sentado en una silla, tomó la taza dándole un sorbo a la bebida caliente. A pesar que era Septiembre recientemente empezaba la primavera, aun hacía frío debido a la mano del hombre, el clima dejó de ser exacto como anteriormente.- ¿Llegó el diario?

-Lo tiene tu padre.-le respondió la mujer que estaba limpiando las cosas que había utilizado para hacerle el desayuno a Camila.- Si quieres puedo darte la computadora...

-No te preocupes, luego lo leeré.-le dijo sin mucho interés en ponerse a leer las noticias, tendría tiempo más tarde para informarse de qué andaba sucediendo en el mundo. Alguien ingresó a la cocina, ella se giró viendo a Ricardo acercarse a ella.- Hola, Richi.

-Señorita, su padre quiere presentarle a alguien.-le comunicó el hombre seriamente ignorando la sutileza de la joven.- Es importante.

-Pero, mi desayuno...-dijo con tristeza, bebió un sorbo del café y tomó una tostada poniéndose de pie.-Perdón, Susi. El deber llama.

Ella siguió al mayordomo a la habitación de reuniones encontrándose al señor Polk y a un joven hombre recibiendo instrucciones del otro. Ella se arrimó tímidamente a ellos, el señor Polk se calló al verla allí presente.

-Camila te presento a tu instructor, el seño Gutiérrez.-le dijo haciéndole una señal para que estreche la mano del joven. Era alto, un metro ochenta aproximadamente, de cabello azabache, ojos oscuros y piel bronceada.

-Puedes tutearme, no me gustan las formalidades.-se expresó con naturalidad el hombre de unos veinte cinco años.- Soy Martín.

-¡Oh, está bien!-dijo ella sonriéndole, no se dio cuenta que llevaba la tostada en la mano, cosa que el chico arqueo una ceja extrañado.- ¡Oh, esto...! Es que no tuve tiempo de comer algo..

-¡Ah, bueno...! Pues el desayuno es una de las comidas más importantes del día, debes hacerlo bien.-le comentó indicándole que comiera la tostada sin sentirse incomodo por nada. Ella le dio un mordisco al pan, sonriéndole al joven. Percibió que se llevarían muy bien.