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Historia 188182 — capítulo 4
Las nubes alrededor de su cabeza se paseaban sin interrumpirla en su visión, concentrada en los miles de sonidos de la humanidad a varios kilómetros de distancia desde el cielo a el suelo, sin darse cuenta que había otro poder oculto en ella: telepatía, que le permitía escuchar y percibir los ruidos. Quería empezar por algo simple para no cometer ningún error, era una novata. Asique decidió viajar sobre la ciudad de México, presenciando un secuestro de una joven mujer, atravesó el espacio a gran velocidad siguiendo la camioneta blanca que avanzaba a gran velocidad por la autopista quería atraparlos en su escondite porque estaba segura que allí encontraría a otras rehenes para los tratados de prostitución y ventas de órganos humanos en el mercado negro. Les siguió por unos veinte minutos, donde retomaron una calle destruida adentrándose a un barrio en miseria sintió los gritos de la mujer dentro del vehículo, necesitaba intervenir porque estaban a punto de violarla allí adentro, descendió unos metros abriendo las puertas de atrás con su telequinesis ingreso velozmente golpeando a los delincuentes, esto le hizo recordar aquella vez que intentaron secuestrarla estando jugando a la vereda, luego se enteró que esos hombres buscaban venganza por un negocio en quiebra que su padre estaba involucrado. Regresó la atención al conductor que intento dispararle con un arma de fuego, ella le arrebató la pistola en breves segundos y la colocó sobre la sien del hombre.
-Sigue tu camino sin quejas.-le ordenó. Intentó leer sus intenciones estaba conduciendo por otra ruta.-¡Te he dicho que sigas el camino!
-¿Quién eres?-le preguntó enfadado el hombre de unos cuarenta años.
-Alguien a que no quieres hacer enojar. Asique ve por dónde estabas y no saldrás herido.-volvió a insistirle hundiéndole más el frío metal sobre su cabeza.-Hazlo.
Sin más, el chofer retomó el camino principal, uno de los caídos empezó a moverse, ella le lanzó una patada haciendo que cayera hacia atrás nuevamente. Llegaron a una casa en ruinas aunque su interior estaba habitado por otras personas, Camila ató a los delincuentes con unas sogas que tenían dentro del vehículo para que no se escaparan. Bajó con la mujer dándole protección sin antes verificar que estuviera sana, temblaba de miedo pero ella le hizo entrar en confianza demostrándole que estaba en contra de ellos. Entró al sitio observando su alrededor, notando que todo estaba hecho un desastre, el olor a encierro se impregnaba sobre ella siguió avanzando junto a la muchacha cuidándola que nadie le hiciera daño, entro a una habitación, sorprendiéndose con lo que se encontró, había aproximadamente veinte mujeres en mal estado, todas en una situación lamentable, estaba heridas, drogas, algunas de ellas estaban dormidas. Allí hacía mucho calor más de veinticinco grados de temperatura, Camila estuvo a punto de romper en llantos de indignidad olvidándose de lo tan poderosa que era, no alcanzaba para sentirse vulnerable ante los casos de delincuencia que había en el mundo. Iba a tener que acostumbrarse, esos tres hombres eran los responsables de que todas esas mujeres sufrieran sus castigos para conseguir unos malditos dólares sin importarle la situación en que dejaban sus cuerpos. La muchacha que estaba custodiando también se puso a llorar presenciando por primera vez aquello.
-¡Quiero irme!-le suplicó a Camila.
-Primero, tenemos que llamar a las autoridades y que ellos se ocupen de este caso.-le dijo tranquila para que no se pusiera más nerviosa. Apretó un botón del comunicador que tenía puesto en su oreja para comunicarse con la empresa.-Solicito una llamada a las autoridades policiales en México, sector Distrito Federal...
-Aguarda un momento. Estamos verificando tu posición a una de las patrullas más cercanas a ti.-le pasaron el uniforme.-¿Cuál es la situación?
-Encontré un establecimiento con aproximadamente veinte personas escondidas, es una posibilidad de secuestro.-le pasó el dato.
-Enseguida enviaremos más patrullas.-le dijo su interlocutor.
Camila le informó a la mujer la situación quedándose allí esperando que llegara la policía con los refuerzos, se sentaron en un sillón mientras que ella mantenía una conversación para distraer a la mujer de eso al mismo tiempo manteniendo su percepción en alerta.
A los veinte minutos de espera aparecieron dos vehículos de las autoridades, donde cuatro uniformados se acercaron al interior de la casa alzando sus armas. Camila se presentó a ellos como Súper Girl, una nueva compañera de protección para la humanidad, los hombres revisaron cada una de las habitaciones encontrando varios modelos de armas, dinero, drogas y documentos de identidad seguramente de las personas retenidas en el establecimiento. Camila al ver que no solicitaban más su ayuda tras dar el testimonio de lo ocurrido a uno de los oficiales se retiro en pleno vuelo, dejando a la joven mujer en manos de la policía.