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Maldición Potter — capítulo 1
James Sirius Potter podía ser reconocido por muchas cosas. ¿Hijo de Harry Potter? Si ¿Cazador profesional de los Puddlemere United? Por supuesto. ¿Bromista? No hay que decirlo dos veces. ¿Problemático y desinteresado por los deberes? Puff, claro. ¿Un buen padre? Siempre lo repiten. Y todo eso lo sabia a las perfección Alexander Lyon Potter, el primogénito de él. Decir que sentía admiración por su padre era muy poco. Él sentía mucho mas que eso. Él había sido muy importante para él en su vida; le enseñó a jugar Quidditch como cazador, le ayudó a coleccionar todos los cromos de las ranas de chocolate, le contó historias de sus años en Hogwarts y muchas cosas más, pero su hijo sólo sabía algo: él tenía ganas de saber que eran los Merodeadores II. Cada vez que su padre contaba sobre sus años de estudios, ese nombre se repetía cientos de veces, pero nunca explicó que significaba. Y ahora, que empezaría en menos de un mes el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, más que nada quería saber. Su madre había salido al Callejón Diagon, tenía que hacer algunas compras, y Alexander aprovechó la ocasión para hablar con su padre. James Potter II se encontraba en la cocina, dando la espalda a su único hijos mientras preparaba su café. Su padre había sido criado por muggles, y a pesar de que su infancia no fue muy buena, él le enseñó tanto a su mujer como hijos sobre las cosas muggles, y lo que siempre le gustó a él, era el café. Y una vez terminado, se dio vuelta y se apoyó sobre la mesada, esperando que su hijo le pregunte lo que tanto quería decirle. —¿Y bien? —preguntó, luego de darle un sorbo a la taza. —Papá, ¿qué son los Merodeadores II? James sonrió, orgulloso de la pregunta de su hijo. Podía hacer que haya cambiado bastante cuando se enamoró de verdad, pero ese lado bromista pedía a gritos que le cuente todo a Alexander. Justamente fue eso lo que hizo, le reveló todas las travesuras que había hecho con Fred Weasley II, Frank Longbottom II y Lysander y Lorcan Scamander. Su hijo estaba más que fascinado, las bromas eran su debilidad, ahora sabía de quien lo había heredado. Aunque, tras la respuesta que recibió, una nueva se desarrolló. —¿Y qué es la Maldición Potter? —La Maldición Potter es algo que todo primogénito de un Potter tiene. Tu lo tienes. Yo lo tengo. Y tu abuelo lo tiene. —¿Y Jake y Crystal también? —preguntó, recordando los hijos mayores de sus tíos. —Jack, si. Crystal, no. Sólo funciona con hombres. —¿Y en qué se basa eso? —En cinco maldiciones que te están y estarán pasando. —¿Cuales son? Tomó de un tirón su café, tenía que mantenerse despierto si le iba a contar a su hijo sobre esa famosa maldición que atormentaba al primer hijo de todo Potter.