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Maldición Potter — capítulo 3

Molesto. Con esa palabra se podía describir que sentía James Sirius Potter en ese instante. No podía entender que les pasaba a las chicas, ¿cómo podían creer eso? Era totalmente ridículo. ¡Él era mucho más guapo que su hermano! Sólo decían aquello por sus ojos verdes brillantes, sólo eso. James tenia los ojos color chocolate, como su madre y abuela materna, en cambio Albus, tenía los ojos del mismo color que su padre y abuela paterna. —Si, Albus Potter puede ser de Slytherin, pero tienes que admitirlo, es muy guapo. Incluso más que su hermano mayor —había escuchado de los labios de muchas personas. Si bien se sentía molesto de que considerarán que él era menos guapo que su hermano menor, también estaba enojado por el hecho de que Albus sea una serpiente. Y también, que sea amigo del hurón de Scorpius Malfoy que, para su desgracia, había quedado en Gryffindor. Y lo peor, su prima favorita, Rose Weasley, era su mejor amiga. Las cosas estaban bastante mal: un Potter en Slytherin, un Malfoy en Gryffindor, un Potter y una Weasley siendo amigos de un Malfoy y que todos crean que Albus era guapo tan solo por tener ojos verdes. Los gemelos Scamander y Frank Longbottom rieron cuando James les contó su "problema", pero Fred Weasley lo palmeó en la espalda, entendiendo lo que le pasaba. A él le había pasado lo mismo con Louis, su primo, Fred siempre decía que las chicas los admiraban más porque era un octavo de Veela, y que él sólo era el galán de la familia. Pero el primogénito de los Potter quería hacer algo para que todos dejaran de decir que Albus era más guapo que él. —¿Algún hechizo para cambiar el color de los ojos? —le preguntó James una vez a una chica de su mismo curso, la cual nunca había cruzado ni una palabra. Ella negó con la cabeza, volviendo a concentrarse en las palabras del profesor de Encantamientos. —¿Ni una? Lysander me dijo que tu eres la cere... la inteligente de Hogwarts —dijo rápidamente. La chica se ruborizó, en parte porque él estuvo a punto de decirle algo que escuchaba desde su primer año, y también por otro lado porque él, James Potter II, el chico más popular del colegio, le estaba hablando. —¿Para que quieres cambiar el color de tus ojos? —le preguntó con voz dulce, mirando con sus ojos azules los ojos color chocolates de él—. Yo creó que son hermosos. Perfectos, incluso. Pero al darse cuenta de lo dicho, enrojeció de tal manera que su cara se camuflaba perfectamente con su cabello rojo como el fuego. Agarró su libro y metió la cabeza ahí, tratando de que nadie viera su rubor en las mejillas. James lo había visto y sonrió, las palabras de ellas funcionaron para que la absurda ida de querer tratar de convertirse en metamorfomago se alejen, al igual que las ganas de transformar sus ojos en color gris, como el hurón Malfoy, en verde, como los de Albus, o azules, como los de esa chica que ni el nombre sabía, pero que intentaría de cualquier forma acercarse más a ella. Y luego pensó que qué más daba, después de todo él tenía la Maldición Potter y si o si tenía que tener los mismos ojos que su madre. Además, a esa chica le gustaban sus ojos.