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Olvidé olvidarte — capítulo 3

Capítulo 3: Después de todo.

Al día siguiente, Hermione y Cormac daban una fiesta junto a sus mejores amigos. Tan solo quedaban diez días para la boda y querían salirse un poco de la rutina y los nervios que provocaba aquella circunstancia. Como reunir a magos y brujas siempre era algo extraño, decidieron trasladarse a la casa de campo de los padres de Hermione. Era una finca grande y a su alrededor había un prado inmenso y un bosque poblado en la parte de atrás. A la castaña le encantaba ir allí, porque sentía que podía ser ella misma.

Justo lo que sucedía en aquellos momentos.

Estaba sola, paseando por el jardín, con el viento azotando sus cabellos y elevando el bajo de su vestido. Le gustaba aquella sensación de paz interior y el saberse rodeada solo por la naturaleza. La noche anterior había sido difícil para ella, tanto que se había visto obligada a preparar una poción para dormir sin soñar. Los sentimientos que había provocado su encuentro con Ron en el Callejón Diagón, aun revoloteaban por su estómago como caprichosas mariposas. Además, continuaba pensando que como persona dejaba mucho que desear y que Cormac no se merecía nada de aquello.

Merlín sabía que había luchado contra Él, contra lo que sentía por Él.

Pero su amor había sido más fuerte.

Ron era el motor de su corazón.

Ahora que lo sabía, podía decirlo bien alto en su cabeza.

Pero el amor nunca fue suficiente para mantener a flote una relación. Ron no le podría dar nunca lo que Cormac le ofrecía con los brazos abiertos, sin resentimientos, sin condiciones. Y era en eso en lo que se tenía que concentrar. Tampoco es que fuera a vivir una vida sin amor. Si Ron no existiera, Cormac y ella serían la pareja perfecta. Pero el pelirrojo existía y era el dueño de su corazón. Hermione se mordió el labio inferior y con la mano izquierda se apartó un mechón de cabello castaño de la cara.

Tenía que dejar de pensar en Ron.

En diez días se casaba con Cormac.

Su corazón debería de pertenecerle a él.

Pero Hermione no había encontrado aun el libro que le dijera como dirigir su corazón.

Seguiría buscando.

Hermione, tu madre quiere saber si habrá suficiente bebida para todos. -Cormac se acercaba cruzando el jardín con sus andares elegantes y una sonrisa complaciente iluminando su rostro.- Ya le he dicho que si, pero ha insistido en darme las llaves de la bodega.

Probablemente piensa que somos unos borrachos sin medida. -contestó ella con un suspiro de resignación. Se llevó las manos a los brazos.- De todas formas, lo que seguro que correrá son las cervezas de mantequilla y los whiskie's de fuego. Mi padre estará encantado de saber que su bodega está a salvo.

Ha quedado todo muy bonito ¿no? -observó Cormac mirando a su alrededor.

Si. Hemos hecho un buen trabajo. -Hermione se dio la vuelta para seguir mirando hacia el prado cubierto por pequeños helechos y flores silvestres. Paulatinamente, el cielo se estaba tiñendo con los colores del atardecer.

Cormac se acercó a ella y le pasó un brazo por la cintura.

¿Qué haces aquí tan sola? -su voz sonó apenas un susurro, pero cargado de preocupación.

Nada, solo contemplaba el paisaje. -dijo ella encogiéndose de hombros.- Siempre me embarga una sensación de paz cuando estoy aquí. Hacía tanto tiempo que no venía que lo había olvidado. -se recargó ligeramente en el hombro del castaño.

Estás muy guapa esta noche.

Aun no es de noche.

Bueno, esta tarde-noche. -rió Cormac y le dio la vuelta para tener su rostro frente al suyo. Colocó una mano en la mejilla de ella y la miró fijamente a los ojos antes de besarla. Hermione correspondió al beso y subió sus manos por el pecho del castaño.

¿Por qué no podía sentirse siempre así cuando estaba con él?

¿Y esto? -preguntó cuando se separaron.

Porque te quiero.

Hermione sonrió y lo abrazó.

¿Quieres bailar?

Te has vuelto muy bailón ¿no? -Hermione se separó de él para mirarlo con una ceja enarcada y la sonrisa pintada en sus labios.

No. Es que me gusta sentir tu cuerpo cerca del mío. -confesó Cormac guiñándole un ojo y dándole un nuevo beso.

Eso es hacer trampa. Además, no hay música.

Nada más decirlo, el prado se llenó de una melodía dulzona.

Hermione se echó a reír.

Magia. -dijo Cormac cogiéndole la mano y llevándola hasta el centro, donde habían dejado un espacio precisamente para bailar.

¿O.V. Wright?

Se que te gusta mucho.

Cierto. -se movieron al ritmo de la música.- Y esta canción es de mis favoritas.

Lo sé. ¿Cómo se llama?

Everybody knows.

Ah, si, ya me acuerdo. -después de uno de sus giros, la atrajo hacia él y la besó antes de soltarla de nuevo.

Y en aquellos momentos, Hermione se convenció de que no estaba cometiendo ningún error. Nunca encontraría a nadie como Cormac, que se preocupaba de que hasta la música fuera la que a ella le gustaba. Ese Cormac al que se le iluminaban los ojos cuando la miraba. Hermione quería que él fuera feliz, y no podía haber nada malo en aquello.

¿No?

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Hermione procuró no separarse de Cormac durante las dos horas siguientes. Los invitados que iban llegando podían comentar lo bien que se veían juntos, incluso que se les notaba un brillo de emoción en los ojos. Y es que la castaña había aplacado los latidos de su corazón, volviendo a encerrar bajo llave lo que sentía por el pelirrojo. Era lo mejor para todos, pero sobretodo para ella. Porque pensar en Ron siempre le llevaba a sufrir y a recordar su infidelidad y como le había hecho sentir. Había sido Cormac quien había estado a su lado para recoger los pedazos y recomponerlos con mimo y paciencia. Y Hermione lo quería, era algo que siempre había tenido muy claro. Pero aquella noche, viéndolo sonreír a cada instante y buscarla con la mirada, preocupándose por ella, acabó de convencerse del todo.

Cogidos de la mano daban vueltas alrededor del jardín saludando a los invitados. A algunos hacía tiempo que no los veían, otros eran viejos amigos. Se habían mezclado en pequeños grupos; compañeros de Hogwarts, compañeros del ministerio, amigos de Hermione y los amigos de Cormac. Entre todos no componían un grupo muy numeroso, pero si ruidoso. Y la castaña se felicitó mentalmente por todos los hechizos que había lanzado alrededor. Saludó con la mano a Neville, que había llegado de la mano de su novia Hannah. También le sonrió a Dean que charlaba con su inseparable camarada Seamus. Ninguno de los dos había cambiado desde que salieron de Hogwarts. Aunque si una visión le hizo especial ilusión, fue ver a Lupin y Tonks. El antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras era un orgulloso padre de familia. Él y Tonks tenían dos hijos y venía otro en camino.

¿Qué hay, parejita? -dijo la auror sosteniendo un vaso de cerveza de mantequilla.- ¿Nerviosos por la boda?

Un poco. -confesó Cormac pasando un brazo por la cintura de su prometida.

Estás especialmente bonita esta noche, Hermione. -observó Lupin con una sonrisa fraternal.

Gracias, profesor.

Que bonito es el amor. -dijo Tonks dramáticamente.- Eso ha sonado muy antinatural viniendo de mi. -añadió riendo.

  • Con quién habéis dejado a Teddy y Leah? -preguntó Hermione provocando la ilusión en el rostro de Lupin.

Se han quedado con su abuela.

Están muy emocionados con eso de ir a una boda y ponerse ropa bonita.

Los dos son un encanto. -Hermione miró en derredor buscando a alguien.- ¿Habéis visto a Harry y Ginny? Es extraño que no hayan llegado aun. Son muy puntuales siempre.

No, no los hemos visto. -respondió cortésmente Lupin.

Pero mira, ahí llega Ron. -intervino Tonks, ajena a la tensión que provocaron sus palabras.- Pregúntale, seguro que sabe algo.

Vamos, Dora. He visto a alguien a quien quiero saludar. Hasta luego, chicos.

Pero ni Cormac ni Hermione respondieron a sus palabras. Aun estaban demasiado sobrecogidos por la visión del pelirrojo. Ron acababa de llegar del brazo de una chica, una autentica belleza recién salida de la escuela. Hermione compuso una mueca disconforme y movió la cabeza hacia el otro lado. No iba a permitir que todo el trabajo que había hecho durante el día, Él se lo arruinara con tan solo una mirada. Se apretó más contra Cormac, atrayendo su atención. El castaño bajó la cabeza y la miró a los ojos. Había confusión en su semblante.

No sabía que vendría.

¿Entonces no lo has invitado tú? -Hermione frunció el ceño.

No. Creía que lo habías invitado tú. -le pasó una mano por el cabello castaño y ella le dio un beso en la palma cuando al retirarla pasó por sus labios.

No, no lo hice. Hace mucho tiempo que no tengo contacto con Ron.

Bueno, tampoco tiene porqué afectarnos a nosotros ¿no? Ya que está aquí, que se divierta. ¿Sabes quién es su acompañante?

No. -Hermione respiró hondo, cansada de responder preguntas que tenían que ver con Ron. Aun se encontraba molesta por su visión de ídolo de masas, de hombre triunfador, con la belleza del momento colgada del brazo. Sabía que no tendría porqué afectarle, pero lo hacía. Así que solo le quedaba perderlo de vista e intentar no pensar en él.- Sigo preocupada por Harry y Ginny. No es normal en ellos.

Seguro que están bien. -Cormac le dio un beso rápido en los labios.- Son recién casados, como quien dice. -añadió con una sonrisa pícara.- Vamos, relájate.

Lo siento. -Hermione se recostó contra el cuerpo de Cormac, que la envolvió con sus brazos y evitó que el viento alborotara aun más sus cabellos.- Es que…quiero que esta noche sea perfecta. Que no falte ninguno de nuestros amigos.

Será perfecta, ya lo verás. -el castaño miró por encima del hombro de su novia y ensanchó su sonrisa.- Mira, ahí vienen los dos. Y muy contentos, a juzgar por sus rostros. Ves, yo tenía razón.

Cormac. -rió Hermione. Se dio la vuelta y esperó a que Harry y Ginny se encontrasen a escasos metros de ellos dos.- Por fin, ya creía que no vendríais.

¿Y perdernos una fiesta tan maravillosa? -dijo Harry dándole un beso en la mejilla.- Siento el retraso. Es que…hemos recibido una noticia de última hora y…

¿Una noticia? -Hermione se giró hacia donde la pelirroja estaba saludando a Cormac.- ¿Qué…? ¡Estás embarazada! -gritó señalando a su amiga con el dedo.

¡Siii! -confirmó Ginny dando pequeños saltitos. Las dos amigas se abrazaron y vertieron alguna que otra lagrimita de felicidad.- Ya se que esta es vuestra noche, pero…no podía callármelo.

Enhorabuena, Harry. -Cormac estrechó la mano del moreno.

Gracias. -respondió satisfecho el futuro papá.

Oh, Harry, vas a ser papá. -exclamó emocionada Hermione y abrazó con fuerza a su mejor amigo, al que consideraba como un hermano.- No me lo puedo creer. Estoy tan contenta por vosotros.

Gracias, Herm. -le dio un nuevo beso en la mejilla. Mientras, Cormac se alejó para solucionar un problema con el suministro de bebida y Ginny entró en la casa para dejar el bolso y la chaqueta.- Estás muy guapa esta noche.

Todo el mundo me dice lo mismo, así que supongo que será verdad. -lo abrazó de nuevo.- Oh, Harry…un bebé.

Lo sé, yo aun no me lo creo. -se le notaba nervioso, pero complacido por la noticia.

Me alegro mucho por ti.

Espero que me reserves un baile.

Todos los que quieras.

Se quedaron callados unos segundos, hasta que Harry, que conocía muy bien a la castaña, le pasó un brazo por los hombros y se la llevó hasta un banco de piedra algo alejado de la zona donde estaban los demás invitados. Harry siempre había intentado mantenerse al margen en lo concerniente a la vida amorosa de sus mejores amigos. Por supuesto, él tenía su propia opinión sobre lo ocurrido. Pero jamás la había dicho en voz alta, ni siquiera a Ginny. Saber que Hermione se iba a casar con Cormac había sido difícil de digerir para él, pero lo comprendía perfectamente. Después de Ginny, Hermione era la mujer más importante de su vida, la única que nunca le había fallado, en ningún momento.

Cuando se sentaron en el banco, Hermione apoyó la cabeza en el hombro de su amigo.

Ya queda muy poco para la boda. -observó este.

Si. -suspiró ella.

Herm, ya sabes que yo…-cogió una de las manos de ella entre la suya.- Solo quiero saber cómo te sientes, si te sientes bien. Eso es lo más importante para mí.

No se, Harry. Son muchas emociones diferentes. -Hermione suspiró de nuevo y levantó la cabeza para mirar los ojos verdes del moreno.- Nerviosa, confundida, insegura, segura, deseando que llegue el día de la boda, deseando que ese día no llegue nunca…

Es normal sentir todo eso en algún momento del proceso. -la tranquilizó él, como siempre.

Me siento como si fuera a explotar en cualquier momento. Y a veces tengo ganas de salir de casa y marcharme lejos y gritar y gritar y gritar hasta quedarme afónica.

Hermione, ¿tú estás segura de querer casarte con Cormac? -era la primera vez que se lo preguntaba y Harry sintió como sus mejillas se teñían ligeramente de rojo.

Si, Harry. Aunque a veces no lo parezca, aunque hasta yo misma tenga dudas, pero…es lo correcto, y es lo que quiero. -respiró hondo.- Cormac se ha portado muy bien conmigo todo este tiempo y yo se que me quiere.

Pero…-Harry se debatía entre lo que le decía su corazón que hiciera y lo que su cabeza le ordenaba. Sin embargo, antes de que pudiera decidirse, una imagen pasó por sus ojos.- ¿Ron? ¿Qué hace Ron aquí? -no es que no se alegrara de ver a su cuñado, sino que sentía que su presencia allí no procedía.- No sabía que estaba invitado.

Y no lo está. -dijo Hermione encogiéndose de hombros con estudiada indiferencia.- Apareció por aquí unos minutos antes que vosotros.

No tendría que haberlo hecho. -opinó el moreno en voz alta.

Hermione no respondió y siguió mirando en la dirección donde se encontraba el pelirrojo. Su corazón latió con fuerza y sintió como un nudo se aposentaba en su garganta.

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Una hora después, los diálogos fueron sustituidos por la música y las risas. Los invitados se lo estaban pasando en grande. Lo cual contrastaba con el modo en el que se sentía Hermione por dentro. Desde que lo divisara entrando por la puerta, no había podido dejar de pensar en Él. Y era una tontería que tan siquiera lo intentara. Mirase a donde mirase, Él siempre se las ingeniaba para colarse en su plano de visión. Hermione estaba enfadada consigo misma por caer de nuevo en su embrujo. Actuaba lo mejor que podía delante de los demás, sobretodo delante de Cormac. Era preciso que su prometido no se diera cuenta de la situación. Pero para las personas que conocían bien a Hermione, era prácticamente imposible pasar desapercibido el rictus de tensión alojado en sus labios cuando se veía obligada a sonreír.

Ron, por su parte, seguía dando vueltas e intercambiando opiniones con los demás invitados. Estos estaban entusiasmados con su presencia y no dejaban de darle ánimos para los partidos finales de la Liga. El pelirrojo bromeaba con ellos, atendía sus peticiones de autógrafos para sus hijos y sobrinos, recordaba viejos tiempos con sus compañeros de Hogwarts… Pero realmente su punto focal estaba en una sola persona. Por muy alejada de él que se mantuviera, Ron sabía en todo momento donde se encontraba ella.

Era increíble como a pesar del tiempo transcurrido, a pesar de las cosas que habían ocurrido entre los dos, ella seguía siendo la única persona en el mundo que era capaz de acaparar su atención durante más de dos segundos seguidos. Ninguna mujer se podría comparar jamás a ella. Ron se pasó una mano por el cabello pelirrojo y apagó el cigarrillo que alguien le había dado. Aun tenía muy presente lo que le había dicho a Ginny el día anterior. Lucharía por ella y no se daría por vencido hasta que fuera demasiado tarde. Porque genuinamente creía que estaban destinados a estar juntos.

La miró por última vez y entró en la casa.

Hermione suspiró desde su asiento, donde escuchaba la conversación que mantenían Ginny, Hannah Abbott y Parvati Patil. Aun le daba vueltas la cabeza y no era capaz de concentrarse. ¿Por qué todo el mundo tenía que preguntarle si estaba segura? ¿No se daban cuenta de que aumentaban sus dudas? Hermione estaba cansada de tener que responder a todos lo que era correcto, lo que esperaban. De ninguna manera podría decirle a nadie que desde que había visto a Ron sus dudas se habían multiplicado por tres.

Porque no.

Porque no seria justo para Cormac.

Porque no tenía sentido para ella.

Porque era humillante.

Hacía cinco años Ron le había roto el corazón, lo había pisoteado y lo había exhibido por todo el mundo mágico. Y desde entonces ella había sido la pobre Hermione Granger que no había sabido lidiar con la fama de su novio de toda la vida. Para el resto del mundo, ellos siempre fueron la pareja perfecta. Pero los problemas, las discusiones, las malas caras y las palabras malsonantes comenzaron a ser el pan de cada día. Cierto que Hermione no supo aceptar que la fama cambiara a su novio de un día para otro. Ron dejó de ser el chico del que se había enamorado con tan solo catorce años. Aunque en el fondo, aun tenía la esperanza de que ese chico aun siguiera dentro de él.

Hermione suspiró atrayendo la atención de sus tres amigas.

¿Estás bien, Hermione? -preguntó Hannah mirándola con sus ojos azules.

Si, lo siento. Es que…-ella se mordió el labio inferior y bajó la cabeza.

Le estaba diciendo a Parv que se lance a por Dean, que no espere a que él venga a ella. -intervino Ginny, que conocía muy bien el gesto de confusión de su mejor amiga.

Pero, Ginny, no puedo hacer eso. -replicó la aludida sorprendida.

Claro que puedes, mujer. ¿Acaso piensas que yo estaría casada y esperando un bebé de Harry si no me hubiera decidido a dar el primer paso?

Bueno, es que Harry siempre fue muy parado. -opinó Hannah con una sonrisa.

Bah. Incluso Hermione fue la primera en dar el paso cuando comenzó a salir con…-Ginny se calló antes de terminar la frase. Miró de reojo a la castaña y chasqueó la lengua fastidiada.- Lo que quiero decir es que no te quedes de brazos cruzados. ¡Que estamos en el siglo XXI, mujer!

Está bien. Voy a ir a hablar con él. -Parvati se levantó y se alisó la falda del vestido antes de ir al encuentro de Dean.

Acuérdate de mi cuando tengáis vuestro primer hijo. -gritó Ginny para hacerse oír por encima de la música. Parvati se dio la vuelta y le sacó la lengua a modo de respuesta.

Eres de lo peor, Ginny Potter. -exclamó Hannah retrepándose en la silla y sonriendo.

Seguro. Pero tú tampoco estarías con Neville si no hubiera sido por mi pequeño empujoncito. -le dijo señalándola con el dedo.

Está bien, me rindo ante ti.

En otro tiempo, en otro lugar, Hermione habría participado de la conversación, incluso habría animado a Parvati. Pero aquella noche tenía la cabeza puesta en otro lugar y no era una buena compañía. Sintió una punzada en el estómago cuando Ginny estuvo a punto de decir "Ron". Porque todo el mundo sabía que durante la batalla de Hogwarts ella le había echado los brazos al cuello al pelirrojo y lo había besado. Justo en aquel momento, cuando no sabían si iban a vivir o a morir, en lo único que pudo pensar fue en besarlo. Porque no quería morirse sin, al menos una vez, haberle dicho lo que sentía.

Disculpadme, tengo que ir al baño. -se levantó y al paso le dio un suave apretón en el hombro a la pelirroja, que la observó con preocupación mientras entraba en la casa.

La mayoría de las luces estaban encendidas y algunos invitados se habían trasladado al salón, donde conversaban en voz baja con una cerveza de mantequilla en las manos. Hacía rato que Hermione no veía a Cormac, aunque tampoco se puso a buscarlo enseguida. Lo mejor sería, para ahuyentar Su recuerdo, echarse un poco de agua fría en la cara y pasar a solas unos cuantos minutos en el cuarto de baño. Pensó en ir al baño que había en el piso de arriba, en su habitación, pero no tenía ganas de subir las escaleras. Y además, no necesitaba nada que en el cuarto de abajo no hubiera en abundancia.

Llamó a la puerta del cuarto de baño. A través de la rendija del suelo se colaba un foco de luz. Pero lo mismo pasaba con casi todas las estancias de la casa, así que no le dio importancia. Sin embargo, para asegurarse, llamó una segunda vez y esperó a que contestasen. Al no recibir ningún sonido, presumió que no había nadie, entró y cerró la puerta tras de si.

Graso error.

Cuando Hermione levantó la cabeza, sus ojos se encontraron con la imagen del pelirrojo reflejada en el espejo. El corazón latió desaforadamente durante unos segundos y sintió la boca pastosa. Quiso decir algo enseguida, pero las cuerdas vocales no le respondieron y en su lugar se escuchó un burdo ruidito. Hermione se sonrojó y apretó las manos contra la solidez de la puerta.

Creía que no había nadie. -dijo finalmente, con furia.- ¿Por qué no has contestado cuando he preguntado?

Por que entonces no habrías entrado. -Ron se secó las manos con una toallita blanca.-Además, quería verte.

Tienes razón, no habría entrado. -Hermione se dio la vuelta y aferró el pomo de la puerta con fuerza. Sentía su presencia a su espalda, lo cual era peor que verlo de frente.

¿Dónde vas?

¿No es obvio? Esperaré fuera. -giró el pomo y entreabrió la puerta dos centímetros, hasta que él la cerró empujando la palma de su mano contra los goznes.

No te vayas, Hermione, por favor. -el tono de suplica en su voz hizo bajar la guardia a Hermione.- Somos amigos ¿no?

En cambio, con esa última frase fue como si se produjera un cortocircuito. Hermione se dio la vuelta, con sus ojos ambarinos embargados por la emoción y la furia. No podía creer que él fuera aun tan inocente, tan infantil, como para soltarle una frase como aquella. Después de todo...

¿De veras lo crees? -preguntó apretando los dientes.- ¿Después de todo lo que hemos pasado juntos aun piensas que volvería a ser tu amiga? ¿Así como si nada?

Ron ser acercó peligrosamente a ella, con las manos extendidas por delante. Sus ojos azules eran más grandes de lo que recordaba, y más azules también. Hermione pegó su cuerpo a la puerta, como si empujando pudiera traspasarla y huir de allí. Pero Ron no se iba a detener. Por fin la tenía donde él quería. Llevaba cinco años esperando ese momento, y a su modo, también estaba nervioso. Se pasó una mano por la cara e hizo una mueca. El dolor que veía en los ojos de Hermione lo traspasaba como si hubiera veinte cuchillos atacando a su corazón. Le había hecho daño, muchísimo daño. Pero él también había pagado las consecuencias de sus actos.

La principal fue perderla.

Lo siento. -dijo con un tono de voz especial, que implicaba mucho más de lo que aquella simple palabra parecía expresar. Sus ojos no se apartaron en ningún momento de los de ella, que a tiempo se dilataban a tiempo brillaban. Captó como el labio inferior de ella temblaba y luchó como un condenado para evitar subir la mano y tocarlo.

No quiero hablar de eso ahora. -contestó Hermione al fin. Tragó saliva y se dio la vuelta de nuevo.- Así que esperaré fuera.

Pero yo si quiero hablar. -y ahora si que alargó el brazo y la alcanzó en el hombro. Sintió la suavidad de su piel a través de la callosidad de su mano de guardián de Quidditch. Y sintió como ella se estremecía y se doblegaba a su parecer.

Demasiado tarde, Ronald. -susurró.

Solo dime una cosa, ¿me has olvidado?

Ahí estaba otra vez, la montaña rusa de emociones que implicaba cada encuentro con él. Hermione se dio la vuelta y lo enfrentó una vez más. ¿Por qué no podía simplemente marcharse y dejarla en paz?

No has cambiado nada. -dijo con tristeza.- Sigues siendo tan egocéntrico y artificial como la fama que te rodea.

No has respondido a mi pregunta. -se acercó a ella hasta acorralarla contra la puerta.

No voy a hacerlo, Ron. No voy a entrar en tu juego. -Hermione cerró los ojos para no tener que perderse en aquel cielo azul que la miraba con tanta intención. ¿Qué quería de ella?

De acuerdo. Entonces contestaré yo por ti: no lo has hecho. No me has olvidado, Hermione. Seguro que lo has intentado, pero estoy demasiado clavado en tu corazón. Y seguro que te odias a ti misma por eso, del mismo modo en que me odias a mi. -se acercó hasta colocarse muy cerca de su oído.- Donde hay amor hay odio. Y tú todavía me quieres, puedo verlo en tus ojos cuando me miras, puedo sentirlo cuando te llevas la mano al corazón si yo estoy cerca de ti. -se la quedó mirando dos segundos.- ¿No vas a negarlo?

Hermione abrió los ojos, embriagada por el aroma masculino que él desprendía.

¿A qué has venido, Ron? Dime la verdad.

Solo quería comprobar si eres feliz.

Lo soy, gracias.

Ron la miró y deslizó una mano hasta su cintura. Después ladeó la cabeza y esbozó una sonrisa autosuficiente. Disfrutó al sentir como ella se estremecía ante el roce de su mano, y como no se apartó.

Sigue engañándote, Hermione. -le dijo antes de asir el pomo y abrir la puerta dejando a la castaña descolocada y con el corazón latiéndole a mil.

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La fiesta terminó rayando la media noche, con algún que otro invitado achispado, aunque en general reinó el buen humor. Algunos de los amigos de Cormac hablaron durante la cena y desearon a la pareja una feliz convivencia en común. El castaño se mantuvo serio durante la mayor parte de la cena, y eso descolocó un poco a Hermione. Ella se preocupó porque Cormac estuviera en todo momento a gusto y lo colmó de atenciones, ajena a la chispeante mirada del pelirrojo. Cada caricia que ella le hacía a otro, era como un puñal clavándose en el pecho de Ron. Pero no debían de olvidar el motivo por el que todos estaban allí.

Para alivio de la castaña, cuando tuvieron que hablar de su parte, sus amigos se abstuvieron de hacer alusión al pelirrojo. Pero claro, siendo Neville y Harry los encargados, jugaba sobre seguro. En especial agradeció las palabras del moreno y se fundió en un sentido abrazo con él. Era su hermano, no podía pedir más perfección por su parte. Y cuando todos pidieron que la pareja se besara, Cormac tomó la iniciativa, aunque de manera un tanto brusca y sobresaltando a Hermione.

Sin embargo, era ahora cuando ella se daba cuenta de todo esto. De la extraña actitud que había tenido Cormac, de la presión de sus dedos cuando la cogió por la cintura, del hosco movimiento de sus labios. El corazón de Hermione comenzó a latir con fuerza y se llevó una mano a la sien. El aire de medianoche azotaba sus cabellos castaños y erizaba la piel de sus brazos desnudos. Pero no tenía ninguna intención de entrar en la casa, no aun. Se estaba muy bien allí fuera, disfrutando de la tranquilidad y de la naturaleza latente que había a su alrededor. Hermione se sentó en una de las mecedoras del porche trasero y se quitó los zapatos de tacón alto, liberando así a sus doloridos pies. Tenía mucho que pensar y que digerir, como por ejemplo su encuentro con Ron en el cuarto de baño. No había estado preparada para escuchar sus palabras. Esas mismas palabras que danzaban por su mente impidiendo que se concentrase en cualquier otra cosa.

"Sigue engañándote", le había dicho el pelirrojo ante su vehemente afirmación de que sí que era feliz. Hermione no era tonta y lo último que pretendía era engañarse a si misma, como venía haciendo desde hacía cinco años. Tal vez no fuera lo excesivamente feliz que fue al lado de Él, pero a su manera era feliz al lado de Cormac. El castaño así lo procuraba en todo momento. Aunque a veces la notara ausente, o viera que a sus ojos le faltaba el peculiar brillo de enamorada. Pero ambos podrían vivir con aquello. El amor dentro de una pareja se fundamentaba en muchas más cosas que en la pasión. Y no es que ellos dos no fueran apasionados cuando la ocasión lo requería, pero… Siempre había una pequeña mancha en el ambiente que enturbiaba el corazón de Hermione y que Cormac percibía.

Hermione se mordió el labio inferior, incapaz de expresar un solo sonido. Sobrecogida por los acontecimientos, y sintiéndose devastada por dentro. Exhaló un suspiro al mismo tiempo que Cormac salía con un vaso de té helado para ella. Hermione lo cogió, y al mirarle a los ojos le sonrió. Sin embargo, el castaño no correspondió a su sonrisa, sino que se dio la vuelta y caminó hasta la barandilla, donde contempló la noche durante unos segundos. Después, se dio la vuelta con las manos en los bolsillos y el resentimiento pintado en sus ojos. Hermione lo miró de nuevo y frunció el ceño. Algo debía de haber ocurrido durante la fiesta, porque Cormac nunca se portaba así.

Ha sido una noche muy larga, eh. -comentó él para romper el hielo. Las alarmas de la cabeza de Hermione sonaron con fuerza. Terminó de beber el sorbo de té y contestó con el tono de voz más plano que pudo encontrar en su garganta.

Si, no veía la hora en que terminase la fiesta. -respiró hondo y se llevó una mano al cabello.- Demasiada gente pendiente de nosotros en todo momento. Nunca me he sentido cómoda siendo el centro de atención.

Hermione...-ahora fue Cormac el que de forma vacilante se pasó una mano por el cabello y dio un par de pasos al frente para sentarse en la mesita de café, quedando frente a ella.- ¿Tú... tú estás segura de querer seguir hacia delante con la boda?

Lentamente, Hermione se incorporó en la mecedora y dejó el vaso de té sobre la mesita.

¿Por qué me preguntas eso, Cormac? ¿A qué viene? -preguntó cruzando las manos en su regazo y sin quitarle los ojos de encima.

Bueno, no sé. -Cormac sudaba, pero llevaba toda la noche convenciéndose de que tenía que preguntárselo, al menos una vez.- Sé que te habría gustado dar este paso con otra persona y...

¿Cuándo he dicho yo eso? -Hermione se llevó una mano a la frente, cansada de la actitud que todo el mundo tenía hacia ella. Lo último que esperaba aquella noche, sería tener que lidiar con las inseguridades y los celos de Cormac. Después de todo, ella no le había dado ningún motivo ¿no? Al menos, no conscientemente. Porque que aun seguía sintiendo algo por Ron, era algo que llevaba guardado en el fondo de su corazón. Jamás se le ocurriría decírselo a alguien.

Nunca, pero...-al castaño se le veía azorado, pero ya que se había metido en aquel laberinto, tendría que buscar la forma de salir de él.

¿Por qué todo el mundo piensa que soy yo la que no está segura? -exclamó Hermione levantándose.- A lo mejor eres tú el que ya no quiere casarme conmigo. A lo mejor eres tú el que está muerto de miedo.

Tienes razón. -intervino Cormac conciliador.- Estoy muerto de miedo, lo reconozco. Pero si que quiero casarme contigo, en ningún momento lo he dudado.

Hermione se llevó una mano al abdomen, luchando contra las ganas de llorar que subían por su garganta.

¿Entonces por qué has dicho eso?

Por que... os he visto, ¿vale? -al ver que ella no entendía, añadió.- Primero a él saliendo del cuarto de baño y seguidamente tú. Y me he puesto a pensar. Tal vez no tendría que haberte dicho nada, pero... Todo el mundo piensa que él es el amor de tu vida y que...tendría que estar él en mi lugar. Luego tú te has comportado de una manera demasiado solícita y...

¿Todo esto es por Ron? Tú nunca has sido una persona celosa, Cormac. Ni siquiera cuando desde el principio quedó claro que...-Hermione se interrumpió al darse cuenta de que sus palabras solo harían más que dañar aun más al castaño.- No ha ocurrido nada entre nosotros dos. Los caminos de nuestras vidas se separaron hace cinco años.

Lo sé, pero...

¿Pero qué?

Nunca estoy seguro en lo que se refiere a él. Hermione eres un puto libro cerrado en cuanto a tus sentimientos. Nunca sé si estoy haciendo las cosas bien o mal. Nunca sé si me quieres porque no tienes más remedio o...

Hermione sintió ganas de tirarle el vaso de té helado a la cara. Pero también supo percibir el sufrimiento en la voz de Cormac. Él tenía razón, nunca había sido clara con respecto a sus sentimientos. Porque una vez le rompieron el corazón y se prometió que eso jamás volvería a suceder. Por eso nunca le había dicho a Cormac que lo amaba. Siempre le correspondía con un "te quiero", pero nunca con un "te amo". Hermione suspiró y acortó la distancia que había entre los dos.

Lo siento.

No quiero que lo sientas, Hermione. No quiero que te sientas mal por mi culpa.

No es tu culpa, Cormac. Tienes razón, cuando está Ron cerca siempre actúo de manera diferente, extraña. Pero es porque cuando lo veo, siempre recuerdo el momento en que me rompió el corazón.

Tienes que superarlo.

Puede que haya cosas que no se pueden superar en la vida.

Pero vas a casarte conmigo.

Si, si tú aun quieres.

Claro que quiero. -la estrechó entre sus brazos.- No sabría vivir sin ti.

Después de todo...

Shhh. -Cormac la acalló con un beso.- Déjalo en un "después de todo."