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Historia 188350 — capítulo 3
Se encontraba fuera del salón de ballet, la interceptaría en el callejón y la raptaría para matarla en un lugar apartado. Lo tenía todo calculado, el lugar, el arma que utilizaría, los materiales, incluso el maldito desinfectante para el auto. No podía dejar cabos sueltos.
Cuando la chica de cabello negro se acerco él ni siquiera lo dudo, la tomo por la cintura y coloco bruscamente el pañuelo con cloroformo sobre su nariz y boca, la metió en el auto, condujo lejos de ahí como endemoniado.
Cuando la chica despertó se encontraba en un lugar desconocido, aterrorizada trato de levantarse pero sus manos y tobillos estaban atados, comenzó a sollozar al verse tan indefensa.
-Demonios, no se suponía que despertaras tan pronto.
La voz del hombre sonaba preocupada.
-¿Quién eres? - dijo aun algo confundida.
Le dio la vuelta para poner el pañuelo con cloroformo de nuevo sobre su nariz pero la mirada aterrada de la chica lo hizo dudar.
Sus ojos se encontraron, azul contra dorado, por un momento el tiempo se detuvo y Chris supo, que no podría asesinarla.
-Eres… eres el chico del otro día, el que fue a hablar con Zira.
Él solo pudo verla durante un par de minutos, debatiéndose entre lo correcto y lo incorrecto.
-¡Demonios! - grito lleno de frustración.
-Déjame ir, por favor déjame ir… por favor, no diré nada, lo prometo… por favor, no me lastimes.
Las lagrimas empañaban su mirada, caían por sus mejillas en una desesperada suplica.
Chris trago saliva.
-Lo siento, debo hacerlo. No tengo otra opción.
-Siempre hay otra opción. Por favor, no me lastimes.
Sus manos temblaron, demonios, no podía matarla. No lo haría.
Tomo la enorme cuchilla, Blanca cerro los ojos esperando el ataque pero en lugar de lastimarla corto la cuerda que mantenía sus muñecas juntas.
Lo miro sorprendida mientras cortaba también la cuerda que aprisionaba sus tobillos.
-Escúchame, no puedes volver a casa.
-¿Qué?
-No hago esto por diversión, me mandaron matarte.
-¿Qué? - no, no podía ser cierto, ¿Quién querría matarla? - pero… pero ¿quien querria…?
Él la miro durante un minuto, si, en el fondo sabía exactamente quien había sido.
-Zira.
Las lágrimas comenzaron a salir más rápidas, más amargas, mas desesperadas.
-Pero… pero…
-No puedes volver, ella te matara, si no soy yo, será alguien más, y te aseguro que la próxima vez no tendrás tanta suerte.
-Pero… si no puedo volver ¿Qué hare?
-No lo sé, pero si no quieres morir, no regreses a esa casa, desaparece.
-Pero yo… yo no puedo… yo no sé…
Chris pasó sus manos por su rostro y su cabello con desesperación. Demonios. Demonios y mil demonios, ¿Qué haría ahora?
-Escucha, puedo, puedo ayudarte pero solo… solo un poco, tu tendrás que hacerlo de ahora en adelante.
-¿Qué cosa? - pregunto con los ojos azules abiertos como platos.
-Sobrevivir.
Chris detuvo el auto frente a un local en decadencia, lucia triste, sucio y al parecer nadie se pasaba por ahí a menudo.
-¿En dónde estamos?
-En un lugar en donde tu madrastra jamás te buscara.
-Pero…
Chris salió del auto y ella hizo lo mismo, el hombre toco la puerta y después de un minuto esta se abrió con un chirrido.
-Chris, ¿Qué hay hermano? - pregunto un chico bajito y de cara regordeta.
-Hola Tom, me preguntaba si aun están buscando una empleada.
-Amm, si, aun necesitamos… - su mirada se poso en la chica de cabello negro.
Blanca se escondía detrás de Chris como un cachorro asustado.
-¿Es ella?
-Sí, es ella, necesita un empleo y un lugar en donde quedarse.
-Pues lamento no poder ofrecerle mucho - soltó un hombre que bajaba las escaleras detrás del mostrador.
El lugar era una joyería, bastante solitaria, necesitaba una buena limpieza y más publicidad, pero los artículos que Blanca vio en las estanterías le parecieron muy hermosos.
-Ah, Gerald - solto Chris.
Gerald tenía el cabello negro, iba vestido de traje, bastante elegante, totalmente impecable pero su ceño fruncido desviaba la atención de todo su encanto.
-Hola Chris, hacia mucho que no venias por aquí.
-Lo sé, debo hacerlo más seguido es solo que, Karina menciono el otro dia que necesitan una empleada.
-Si, en efecto.
-Pues - Chris se hizo a un lado para que Gerald viera a Blanca totalmente.
-¿De dónde la sacaste Chris? Parece estar aterrada.
-Solo, hazme el favor.
Gerald miro a Chris con los ojos entrecerrados por un momento.
-Lamento decir que si necesitas también un techo, no podre pagarte mucho.
-Está bien, solo será por un tiempo.
Blanca frunció el ceño. ¿Por un tiempo? ¿A que podría referirse?
Chris y Gerald charlaron durante unos minutos mientras ella veía las joyas embelesada, Tom la miraba con el rabillo del ojo y cuando ella levantaba la vista el sonreía apenado.
Cuando al fin Chris y Gerald terminaron de charlar y el primero se dirigió a la puerta ella corrió a alcanzarlo.
-Espera, ¿solo… te irás? ¿Me dejaras aquí?
-Bueno, no hay nada más que pueda hacer por ti.
-Pero… ¿a qué te referías cuando dijiste que esto solo será temporal?
-Ah, bueno… tu padre… está muy enfermo.
Ella bajo la mirada y sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo, su padre estaba muriendo y tal vez ella jamás lo podría volver a ver, tal vez no podría despedirse.
-Cuando todo se calme, podrás comprar un boleto a otro país, a cualquier lugar y desaparecer para siempre.
-Deberé dejar todo atrás, todo lo que conozco, todo lo que soy.
-Sí. - soltó él con algo de pesar.
Después de un minuto ella lo miro, sus ojos tenían lagrimas de tristeza pero también había decisión en ellos.
-Bien, muchas gracias Chris.
Él sonrió de lado y asintió.
-Qué tengas suerte, Blanca Nieves.