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Historia 188350 — capítulo 2
Había dado vueltas por su departamento durante toda la noche, era un trabajo, un trabajo más, haría esto y seria libre, libre al fin, la maldita de Zira lo dejaría en paz de una vez por todas, su familia seria libre.
Pero por otro lado, era solo una chica. Una hermosa chica que no había hecho nada malo, su único pecado era estar en medio de la fortuna de su malvada madrastra.
Paso sus manos por su rubio cabello de nuevo. Soltó un bufido. ¿Cómo podría matarla?
Después de unos días recibió el mensaje en su celular. Con la fecha y hora exacta en las que la chica salía a pasear, a sus clases de equitación y ballet, a comer, con sus amigas…
-Vaya, la tienen bien vigilada. - se dijo a si mismo ante el explicito horario de la chica.
-¿A quién? - escucho la dulce voz de su hermana tras él.
-A… a nadie. - guardo el celular en su bolsillo rápidamente y se volvió con una hermosa sonrisa que ilumino su rostro.
-¿Estas ocupado? No debí venir sin avisar.
-No, no, claro que no, para ti jamás estoy ocupado. - dijo abrasándola efusivamente.
-Traje la cena.
La rubia camino hasta la cocina y dejo las bolsas con comida sobre la isla. Se volvió y lo vio con esa tierna pero acusadora mirada, esa que te decía que sabía que algo andaba mal pero que no te juzgaría.
¿Qué sucede?
-Nada, todo está bien, mejor que bien. ¿Cómo está la florería?
-Genial, todo va genial.
Se formo un terrible silencio entre los dos, algunas veces eso pasaba, había tanto entre ellos que los separaba a pesar de sus esfuerzos por mantenerse unidos, el trabajo de Chris era el primer obstáculo entre ambos, un trabajo que Karina ignoraba claro.
-¿Comenzamos?
Chris comenzó a sacar la comida tailandesa de las bolsas y a servirla en la bajilla de porcelana.
Su hermana paso por su lado desarreglando su cabello rubio juguetonamente.
-Y dime, ¿alguna novedad en el trabajo?
-Ninguna.
Otro intento fallido por saber a lo que su hermano se dedicaba, lo intentaba unas diez veces como mínimo cada vez que lo veía.
-¿Alguna chica?
-Ninguna.
-Oh vamos, estoy segura de que las chicas mueren por ti.
-Oh, lo siento, ninguna que valga la pena mencionar.
Comieron viendo una película en la pantalla plana del chico y al final del día llevo a su hermana a casa, un día divertido, un día normal, un día que lo hizo olvidarse de la mierda en la que estaba metido.
De regreso de casa de su hermana tubo bastante cuidado de no atropellar a ningún idiota ebrio por la calle ya que tenía que pasar por la zona de los bares, una zona especial en la ciudad en la que los adolecentes ricos hacían sus desventuras.
Tuvo que frenar varias veces repentinamente cuando uno de ellos se lanzo contra su auto, ya fuera voluntaria o involuntariamente, de verdad, había mucha gente que quería morir en esa ciudad, mas cuando estaban ebrios y se sentían de goma.
Algo molesto volvió a pasar su mano por su cabello, algo llamo su atención, una chica, una chica con vestido que brillaba como si estuviera vestida con estrellas.
La chica corría aterrada, al parecer huía de algo o alguien. En su desesperación se adentro en un callejón, Chris vio como los hombres que la seguían entraban tras ella. Freno y se dirigió al callejón para ayudar a la damisela en peligro.
Al entrar a este le sorprendió ver a uno de los hombres salir volando. La chica pateaba traseros como en una maldita película china.
Después de noquearlos con patadas voladoras se agacho para revisar sus bolsillos.
-Vaya, debo decir que eso fue impresionante.
La chica levanto la mirada, no se había percatado de su presencia pues Chris se había quedado entre las sombras.
-¿Quién eres?
-Solo alguien que trataba de ayudar, pero la verdad, no pude decidir quien necesitaba la ayuda.
-Owww, un caballero en armadura - se burlo la chica irónicamente.
Él sonrió de lado con una mano en su cintura. La chica llevaba el cabello suelto en bucles, una cascada caoba sobre su espalda descubierta, la razón por la que parecía ir vestida con estrellas era que su vestido era de lentejuelas por lo que casi vibraba bajo la luz de las farolas de la ciudad, bastante corto a decir verdad.
Ella se acerco y lo miro como Chris solo pudo definir con "una mirada del gato Cheshire"
Sus ojos verdes lo traspasaron como si fuesen rayos X, sonrió tan dulcemente que de no haberla visto antes pensaría que sería incapaz de romper un maldito plato.
-Eres dulce - la sonrisa desapareció - detesto lo dulce.
La mujer salió del callejón haciendo sonar los tacones de sus botas en un delirante traqueteo.