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LOS CUATRO ACUERDOS — capítulo 2

1

PREÁMBULO AGOBIANTE

No puede haber una crisis la próxima semana. Mi horario ya está lleno.

HENRY A. KISSINGER, New Work Times Magazine (1 de Junio 1969)

Septiembre de 2017

     Las personas circulaban apresuradas, un nuevo año de clases iniciaba y Molly Weasley se encontraba en la vieja estación King's Cross.

     Era un día lluvioso y gris, como si una capa de humo cubriera el cielo de la ciudad de Londres. La verdad y siendo honestos era un clima normal. Londres siempre parecía tener ese aire de tristeza y humedad. Molly se preguntaba si alguien más lo notaba, o si simplemente era que ella no se encontraba de un humor particularmente bueno. Recordó porque estaba tan irascible y se deprimió aún más. Bueno se dijo, ya no hay vuelta atrás.

     Camino por el largo pasillo junto a su padre, Percy, su madre, Audrey y su insolente hermana. ¡Ah! La tierna Lucy, pensaba Molly, rebelde y arisca. Molly no sabía de donde había salido la actitud tan frívola por parte de su hermana hacia su persona. No entendía que había hecho para merecer tan poco tacto en su trato, y ni modo de preguntar, pensó, no es como si Lucy le fuera a responder, de hecho no es como si Lucy fuera a responder a ninguna pregunta que Molly le hiciera. Lucy hacia lo que quería y cuando quería, y trataba a la gente como quería. No había nada que hacer al respecto.

     —Molly tu primero —escucho decir—. ¡Molly!

     — ¿Si? —Molly escucho un bufido de burla, estaba segura de que había sido Lucy—. ¿Dijiste algo papa?

     —Que vayas primero Molly —dijo papa con mirada autoritaria. Molly sabía que su padre odiaba que no lo escucharan.

     Luego se volvió a ver a Lucy y su mirada se suavizo

     —Luego vas tú mi Lucy

     Molly puso los ojos en blanco. Ahí estaba de nuevo, recordó Molly, sin importar como se portara Lucy, su padre siempre la veía como si fuera la luz de sus ojos y Lucy, como siempre, le daba poca importancia o ninguna en lo absoluto.

     Sin más, se volvió a la pared mágica, como solía llamarle, el andén 9/3, el inicio de un nuevo año, no había nada de qué preocuparse, no había nada que temer. Solo era un año más, otro año cualquiera. Excepto porque no era otro año cualquiera, era su sexto año en Hogwarts y lo odiaba, de veras que lo odiaba. No odiaba el colegio, ni tampoco las clases, no era el paisaje ni los profesores. No era nada en absoluto. Salvo claro por una cosa, o mejor dicho por una persona. No, debía olvidarse de eso; superarlo.

     —No tenemos todo el día Molly —dijo Lucy—. No es como si la pared te fuera a comer, o ¿acaso le tienes miedo a unos cuantos ladrillos?

     —Lucy —dijo su madre. Su madre, quien no era una mujer de muchas palabras, siempre estaba ahí para ella. Molly se sintió aliviada. Únicamente a su madre le había contado su problema. Molly recordó sus palabras y se sintió fuerte. Cruzó.

     No debió hacerlo, definitivamente no debió haber cruzado.

     Apenas eran las 10 y 50 minutos de la mañana y Brittany Wood ya quería, con todo su ser, matar a su hermano.

     Brittany había tenido la esperanza y la vaga ilusión de empezar su séptimo y último año en el colegio Hogwarts sin problemas ni complicaciones. Infortunadamente, Brittany había olvidado apelar el lado humano de su insoportable hermanito menor, quien se jactaba de sus constantes bromas y travesuras, las cuales iban dirigidas especialmente hacia ella. Lógicamente sus años de padecimiento ante estas incesantes burlas la habían preparado para todo. Si, para todo, pensaba ella; para todo excepto, al parecer, tener el cuello de un extraño color purpura.

     —No se ve tan mal ¿o sí? —pregunto, con un resquicio de optimismo. Sus ilusiones murieron al ver la huidiza mirada de su mejor amiga, quien de repente tuvo un poco disimulado nuevo interés en la pared a su izquierda—. Vi eso

     — ¿Qué quieres que te diga? —pregunto Victoire Weasley, o como solo Brittany la llamaba, Vic.

     —La verdad —dijo Brittany decidida.

     —Se ve horrible —repuso Vic, con una sonrisa contenida en la comisura derecha de su tembloroso labio. ¡Ah!, ella estaba a punto de carcajearse, pensó Brittany. Conocía lo bastante bien a su mejor amiga para saberlo, pero claro, quien no se reiría. Si hasta ella misma se reiría si no fuera la perjudicada.

     —Voy a matar a ese niño —dijo Brittany resignada, llevándose una mano a la cara —. No entiendo que tiene de divertido esto y no entiendo como mis padres no hacen nada al respecto.

     —Pues yo creo que es muy divertido —dijo Victoire en un susurro tan bajo que solo Brittany pudo oírlo con gran esfuerzo.

     Brittany le dirigio a su amiga una mirada asesina.

     — ¡Hey! Solo digo —Victoire alzo las manos en señal de rendición—. Además, en primer lugar, a ti también te parece gracioso y, en segundo lugar, es solo un niño de 11 años. ¿Qué esperabas?

     —Te digo lo que no esperaba, desde luego no esperaba tener el cuello purpura y, definitivamente no esperaba tener a un niño necio y demasiado aburrido para su propio bien, como hermano menor —dijo cruzando los brazos

     — ¡Bonito cuello Wood! —escucho.

     Su compañero de clase no se sorprendió cuando Brittany le mostro el dedo de en medio

     — ¡Cállate James!

     — ¿Por qué?, es la verdad

     — ¿Por qué no mejor vas y molestas a tu amigo Vincent? Bien merecido se lo tiene

     —No metas a Vincent en esto

     —Entonces no insultes a mi mejor amigo, mucho menos enfrente de mí

     — ¡Ya basta! —gritó su madre—. Los dos, compórtense. ¿Es el ejemplo que le dan a Lily?

     —Pero mama —comenzó su hermano.

     —Dije silencio. Son hermanos, ¿Cómo es que pelean todo el tiempo? No lo entiendo

     —Los hermanos pelean Ginny, por eso son hermanos. No hay nada que hacer al respecto cariño —respondió su padre.

     —Si tienes razón —dijo su madre pensativa. Su familia siguió caminando, Albus se detuvo. A veces Albus se preguntaba si su madre habría tenido una relación tan conflictiva con sus hermanos, y es que Albus y su hermano James peleaban por todo. Aunque últimamente el centro del problema era su improbable y extraña amistad con Scorpius Malfoy.

     Extraña si era, para los demás; pero no para Albus. Para él solo era Scorpius, su mejor amigo, su compañero de cuarto en Hogwarts y una de las dos personas en quien más confiaba. La otra era Rose.

     Iniciaba su cuarto año en el colegio y no podría estar más aliviado. Podría pasar más tiempo con sus amigos, jugar un poco de quidditch y lo más importante, sería capaz de desayunar con tranquilidad sin la constante e irritante charla de James sobre porque era alguna clase de traición, para con la familia, el juntarse con un Malfoy y peor aún con el hijo de ese Malfoy. Aquel a quien el tío Ron le tenía una aguda aversión y claro, el tío Ron era el padrino de James. Albus pensaba sin lugar a dudas que su hermano era un poco influenciable.

     Su único apoyo era su padre, Harry, quien a pesar de no estar muy de acuerdo, no juzgaba ni hacia preguntas. El solo le dirigía a Albus una de sus mejores sonrisas y le decía "lo que sea que te haga feliz". Albus agradecía tener un padre tan comprensivo. Y luego estaban su madre y Lily.

    Su madre tampoco emitía un juicio al respecto, pero no sonreía, ni le dedicaba ninguna oración de apoyo. Prefería mantenerse neutral y ajena a todo el asunto.

    Y finalmente Lily, quien la mayoría de veces lo respaldaba en sus decisiones; pero al igual que su madre, elegía mantenerse alejada y solo decía "no lo conozco, así que no puedo opinar" Albus también apreciaba eso.

     Sus cavilaciones se vieron interrumpidas cuando sintió un pequeño empujón. Se volvió para ver a su amigo Scorpius, sonriéndole.

     — ¡Hey! Amigo, ¿Qué tal las vacaciones?

     —Ya sabes, lo normal, pasar tiempo con papa, pelear con James. Lo de siempre —dijo Albus encogiéndose de hombros—. Y tu ¿qué tal?

     —Nada fuera de lo extraordinario. Papa me llevo a visitar a los abuelos

     De repente frunció el ceño y alargo el cuello, buscando algo entre la multitud

     — ¿Viste a Rose? — Albus negó con la cabeza. Scorpius se acercó un poco más para susurrarle —. Ha estado muy extraña, no me respondió las dos últimas cartas, y ya sabes cómo es Rose, siempre responde. Incluso si no le has escrito, ella te escribe, al menos para reclamarte por qué no le has escrito

     — ¿No será que estas paranoico? —preguntó. Albus no se sorprendió al recibir un puño poco amistoso en el hombro.

     —Hablo enserio, ella me preocupa —Albus le dedico a su amigo una sonrisa cómplice, la clase de sonrisa por la cual haces que te golpeen. Albus vio a Scorpius poner los ojos en blanco—. No seas idiota. Presta atención y veras, esa clase de comportamiento no es normal en Rose. Es como si estuviera ocultando algo.