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LOS CUATRO ACUERDOS — capítulo 3

2

EL TEDIO DE PENSAR DE MÁS

Para la felicidad son menos nefastos lo males que el aburrimiento.

GIACOMO LEOPARDI, 1798 - 1837

     —Papá ¿Por qué mamá no vino a despedirnos? —pregunto Alice

     —Ya te lo dije Alice, mamá tenía mucho que hacer en el trabajo —dijo su padre. Frank vio como el ánimo de su hermana flaqueaba un poco, y es que Alice, su Alice, aun no aceptaba por completo la ausencia de su madre durante el año escolar.

     A su padre Neville lo veían todo el tiempo en el colegio, y aunque Frank quería mucho a su padre, una pequeña parte de su ser, aun se incomodaba porque su padre fuera el profesor de herbología y además el jefe de la casa de Gryffindor. La cual por cierto, era la casa en la que había sido elegido hacia seis años. Por otro lado estaba Alice.

     Ella siempre había estado más que encantada con tener a su padre cerca, aunque era comprensible, se dijo Frank. Después de todo Alice apenas tenía 13 años.

     —Bueno, pues asumo que quieren viajar con sus amigos en el tren —dijo su padre, dedicándoles una sonrisa amable—. Así que busquen un buen compartimento y nos vemos en el colegio

     A continuación le alboroto el cabello a Frank en un gesto cariñoso y le dio un beso a Alice en la frente. Entonces se fue. Su padre, pensaba Frank, era una persona bondadosa y entendía a los adolescentes mejor que nadie. Recordó entonces que también se incomodaba cuando escuchaba a alguien decir que el profesor Neville era su favorito. También recordó que no solo se sentía incómodo, sino también orgulloso.

     —Frank ¿te importa si te acompaño en lo que encuentro a Louis? —escucho decir a Alice, o al menos eso creía, pues su mirada había captado algo, o mejor dicho alguien. Lucy Weasley.

     Lucy, quien para Frank era como una figura de cristal, hermosa pero muy frágil. Y para él, frágil no necesariamente significaba débil. Lucy tenía su propia forma de ser, no dejaba que nadie le dijera que hacer ni cómo actuar. Ella era increíble. Era en esencia rebelde.

     Lucy, observo Frank, miraba a su hermana Molly con algo de molestia y escrutinio, como si estuviera meditando sobre algo. Frank dirigió su mirada a Molly y esta, a su vez contemplaba a la persona que tenía en frente, Vincent, como si la hubieran abofeteado. Todo tuvo sentido para Frank.

     Ahí había un problema. Vincent había hecho algo malo. Vincent era su mejor amigo. Frank se sentía culpable.

     —Frank ¿me estas escuchando? —sintió un tirón en el brazo. Por un momento había olvidado a Alice.

     —Lo siento Alice, me distraje —se volvió hacia su hermana—. ¿Decías algo?

     Su hermana le dedico una mirada de fastidio.

     —Que me voy a quedar contigo hasta que encuentre a Louis —Alice estiro el cuello en la dirección que Frank había estado mirando—. ¿A quién miras tanto?

     Frank fue testigo de cómo el rostro de Alice cambio de la duda al entendimiento en un segundo.

     — ¡Oh!, ya veo —dijo ella—. Estas mirando a Lucy

     —Dominique no encuentro a Alice

     — ¿Y qué quieres que haga?

     —No lo sé —dijo él, irritado.

     Louis Weasley iniciaba su tercer año en el colegio y no es como si le emocionara especialmente. Louis, hijo de William "Bill" y Fleur Weasley, con dos hermanas mayores. Dos hermanas mayores que por cierto, estaban enamoradas hasta la medula. Louis aun no entendía que implicaba estar enamorado y definitivamente no quería saberlo, ya que, obviamente no deseaba parecer un bobo. Eso y además no le antojaba mucho el asunto de los besos. El no entendía que tenia de placentero compartir saliva. Y para rematar, la única chica que apreciaba, aparte de sus hermanas, era su mejor amiga Alice, que además también estaba medio aturdida por alguien.

     Otra cosa que Louis Weasley no entendía era eso que Alice le había dicho, mediante una carta, durante el verano. Algo que creía poco probable, pues él mismo no lo había notado. Según Alice, las chicas lo querían.

     Louis no podía comprender eso, no era como si fuera lo más lindo que admirar en Hogwarts. Louis pensaba que había cosas más lindas en el colegio; el paisaje por ejemplo, o los hipogrifos. Pero definitivamente no las chicas.

     —Mira ahí esta Roxi —dijo Dominique—. ¿Vienes o te quedas?

     —Voy —dijo con voz monótona. El y su hermana empezaron a caminar hacia su prima Roxanne, hija de tío George y la tía Angelina. A Louis le agradaba el tío George y sus bromas. Siempre lo hacía reír.

     Al frente vio como Roxanne se dirigía hacia ellos.

     — ¡Nique!, hola ¿Cómo estás? —dijo Roxanne, abrazando a Dominique, luego le dirigió un asentimiento de cabeza—. Louis

     A Louis no le gustaban mucho los abrazos, se sentía abrumado cuando la abuela Molly le daba uno y toda la familia lo sabía. Roxanne se lo quedo mirando. Louis vio cómo su prima sonreía, como si estuviera conteniéndose por algo. Luego Louis se dio cuenta, y ya era demasiado tarde.

     —Ven aquí primito adorado. Te extrañe mucho —Roxanne lo estaba abrazando y llenándole la cara de besos—. Te has vuelto mucho más guapo

     A su derecha vio cómo su hermana contenía una carcajada cuando él le lanzo una mirada de súplica. Finalmente Roxanne lo soltó.

     —Lo siento, sé que no te gusta que te abracen, pero no me pude contener. Eres mi primo favorito —dijo con una mirada que claramente decía: "lo siento pero en realidad no".

     — ¡Hey! —repuso Dominique, dándole un codazo amistoso a Roxanne.

     — ¿Qué?, es la verdad —dijo con un encogimiento de hombros y una sonrisa.

     Roxanne era una de las mejores amigas de Dominique. La otra era Lucy.

     A Roxanne le encantaba dar abrazos, en especial a las personas que se molestaban por eso. Louis la había escuchado diciendo que lo encontraba divertido e inquietante. Louis se encontró haciendo una nota mental sobre ser precavido sobre Roxanne. Ella a veces era muy rara, pensaba Louis. Pero claro, ¿Qué era normal dentro de su familia?

     De repente Roxanne se tensó y puso un semblante serio. Louis supo que esa era la señal para "chisme súper híper mega importante" como lo llamaba Dominique. También supo que era su señal para irse. No le interesaba mucho saber sobre los cotilleos de su hermana porque la mayoría de estos implicaban chicos. Decidió que buscaría a Alice por su cuenta.

     Empezó a caminar y se dijo, para sí mismo, que este sería un año largo. Desgraciadamente, pensó, no se alejó con la rapidez suficiente, pues a lo lejos escucho como Roxanne decía "Adivina a quien escuche decir que se moría de ganas de verte".

     Si, indiscutiblemente sería un año largo.

     En un compartimento casi vacío del Expreso Hogwarts se encontraba un chico, un chico que hasta el momento pensaba que su vida no podía ser más rara. Nathan Corner

     Últimamente Nathan se había encontrado a si mismo considerando los factores que influían en la conclusión de su extraña vida. En primer lugar estaba el asunto con esa chica. Nathan accidentalmente había besado a Grace Zabini bajo el muérdago la navidad pasada. ¿Enserio había sido un accidente? Nathan no lo sabía y no quería averiguarlo. Por ese tiempo Nathan tenía 14 años y apenas había comenzado a interesarse en las chicas y en realidad nunca hubiera imaginado la idea de recibir su primer beso de la chica Zabini. No es como si alguien juzgara o mencionara algo al respecto pero en honor a la verdad, la gente no olvidaba y mucho menos olvidaban que los padres de Grace alguna vez fueron considerados malas personas.

     En segundo lugar, tanto él como Grace no habrían siquiera pensado lo que pasaría después de aquel beso. Pese a todo pronóstico ambos habían acordado seguir viéndose. Nathan no sabía exactamente qué era lo que tenían, aunque Grace lo llamaba "una amistad con derechos", o tan siquiera si la chica significaba algo para él. Por el momento no, se dijo dubitativo.

     Y finalmente y no menos importante, estaba el asunto de las dos chicas, tan diferentes de Grace. Le gustaban ambas, de diferentes maneras. Por un lado, una le despertaba admiración, mientras la otra le atraía tremendamente. Pero dentro de toda esa mezcla había algo que últimamente le preocupaba más. Usualmente pensaba en las dos chicas que le gustaban, pero recientemente se encontraba sin pensar en ninguna de las dos cuando estaba con Grace.

     Nathan se llevó una mano al rostro, agotado.

     De repente escucho la puerta abrirse. Lo extraño de la situación es que no se sorprendió de ver a Grace. Ella a continuación cerró la puerta y bajo las persianas. Luego se volvió a mirarlo con una sonrisa de satisfacción. Nathan se quedó sin respiración, como siempre que Grace le sonreía de esa manera.

     —Tengo veinte minutos —dijo ella—. He logrado despistar a mis amigas por un rato

    Entonces Grace se acercó dispuesto a besarlo. Nathan sonrió y la beso. ¡Ah! Cierto, nadie sabe qué hacemos esto. Se supone que debe ser secreto, pensó; con una nueva y extraña sensación de amargura.