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Historia 188526 — capítulo 2
Capítulo 2
Cálido chocolate
A la hora de cenar se escuchaba el sonido de los cubiertos tocando los platos, la tía Marie preguntaba sobre algunos detalles de la escuela y de mis calificaciones, después de ese tema, mamá charlaba con los chicos sobre las nuevas noticias. Era una cena común y corriente, afuera llovía con fuerza, las gotas cayendo solían relajarme siempre. Según mi madre, desde que era bebé el sonido de la lluvia conseguía relajarme.
—Estaba pensando en hacer aquel pastel de cerezas que tanto te encanta…—escuché decir a mi madre.
—¿Enserio?—sonrió Marie con sus ojos brillando.
—Me encanta esa idea, extraño mucho ese pastel tan jugoso—opinó Frank estando de acuerdo—¿Cuándo darás la receta, tía?
—Un chef jamás revela sus secretos—bromeó entre pequeñas risas—Necesito comprar los ingredientes para…
—Los chicos pueden ir mañana al mercado.
—Mamá—se quejó Hayley rodeando sus ojos.
—Nada de excusas ni lloriqueos, Crystal los acompañará, así puede caminar por allí un rato—finalizó la discusión. Miré a Frank quien hizo una mueca graciosa, mordí mi labio para no reírme.
La mañana se encontraba con el cielo gris, los pocos rayos del sol parecían querer traspasar las nubes costara lo que costara, el asfalto de las calles tenía algunos charcos de agua por la lluvia de la noche anterior, los árboles parecían lucir cómodos con las gotas recorriendo sus hojas y ramas, en pocas palabras, sentír el frío era exquisito aunque para mi prima no fuera lo mismo.
—¿Trajiste la lista, Crys?—escuché decir a Frank mientras entrábamos al mercado.
—Sí—introduje mi mano en el bolsillo de mi pantalón entregándosela luego, sus ojos pasearon por las letras dirigiéndose a uno de los pasillos, decidí tomar un carrito del mercado para las compras. Hayley arrastraba los pies teniendo cara de pocos amigos—¿Tanto odias el supermercado?—sonreí de lado moviendo el carrito sin perder de vista a Frank.
—No me gusta caminar por horas para buscar algo—rodeó los ojos llegando a mi lado—Odio a Frank por hablar tanto.
—Mira el lado bueno, comerás de ese pastel también—me miró incrédula. Decidí cambiar el tema para no hacerla molestar—¿Hablaste con tus amigas?
—Les escribí ayer cuando hablamos—fijó su vista en unas cajas de galletas mientras caminábamos lentamente—Miranda pasará buscándonos el lunes, iremos al cine a ver alguna película…—antes de poder decir algo agregó rápidamente—Y el martes iremos a la playa.
—¿Con este clima?—fruncí el ceño. Forks no era el mejor lugar para broncearse en verano.
—No de esa forma—corrigió divertida—Algunas veces nos reunimos con los chicos en una fogata, es agradable sentir el calor del fuego mientras de fondo tenemos el sonido de las olas.
No parecía mala idea.
—Entiendo—asentí sin decir más. A los minutos Frank había colocado en el carrito todo lo necesario, Hayley se antojó de algunos dulces para la tarde, mientras intentaba mover el carrito perdí a los chicos de vista. Las ruedas parecían no querer avanzar—Vamos, ¿Qué demonios sucede?—murmuré haciendo fuerza. Mis brazos comenzaron a doler.
—¿Estás bien?—una voz masculina me hizo detenerme. No era Frank, al subir mi rostro pude notar a un chico alto frente a mí, en su mano izquierda llevaba una cesta llena de cosas malas para la salud, chatarra mejor dicho, sus ojos eran de un color chocolate, quizás era cosa de mi imaginación pero el chico producía cierto calor agradable.
Su rostro parecía haber visto un fantasma, ¿Estaba sorprendido? Su piel era más oscura que la mía, se podía decir que casi era moreno, su cabello despeinado era totalmente negro, no era musculoso pero tenía buen cuerpo. Aclaré mi garganta regresando a la realidad.
—Sí, estaba…—miré mi carrito—Luchando con esta cosa, las ruedas no quieren moverse.
—Ya veo—volví a mirarlo. Su tono de voz era algo distante.
—¿Estás bien?—me atreví a preguntar con cierta diversión. Su cara de tonto era graciosa—Pareces algo…sorprendido, no lo sé.
—Lo siento es que…—aclaró su garganta—Me pareces conocida.
Quizás le recordé a su novia. Podía ser posible.
—Bueno, debo irme—me excusé logrando quedar en la misma situación. El chico sin previo aviso se acercó al carrito golpeando con su pie una de las ruedas logrando que rodara—Gracias—sonreí un poco. Sus ojos chocolates se fijaron en los míos unos segundos.
—¿Puedo preguntar tu nombre?
¿Cómo debía reaccionar la primera vez que un chico parece interesado en mí? Bueno, que quiera saber mi nombre no significa nada. Estás actuando como una tonta, despierta, niña.
—Ahh…—miré alrededor sin ver a los chicos. ¿Y si mentía? Era un extraño, no lo volvería a ver. ¿Para qué ser sinceros? La tentación me ganó cuando finalmente respondí—Helena—reí para mis adentros. Aquel nombre era uno de los que me habría gustado tener.
—Helena—repitió algo desanimado. Hubiese sido mejor decirle mi verdadero nombre, para mi madre, Crystal era hermoso, bellísimo y perfecto para mí. Cuando pretendía girarse tomé su brazo derecho deteniéndolo, volvió a mirarme con curiosidad.
—¿Y tu nombre es…?
—Eddie—contestó con una pequeña sonrisa. ¿Era normal que su temperatura fuera tan alta? En todo el mercado creo que aquel chico iba menos abrigado que el resto, solté su brazo diciendo que era un bonito nombre. Lo miré alejarse para luego buscar a Hayley por los pasillos, al encontrarla, Frank ya tenía todo listo. Tomó el carrito acercándose a la caja para pagar todo.
—¿Dónde estabas?—la curiosidad de Hayley era grande.
—Veía algunas cosas—mentí encogiéndome de hombros.
¿Por qué me sentía algo triste de saber que no volvería a verlo? Genial, el primer chico que me pide mi nombre es un extraño al que no volveré a ver. Perfecto, Crystal, con un día que llevas junto a Hayley ya estás pensando como ella.