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Historia 188526 — capítulo 4

Capítulo 4

Dulce mentira

Desperté en la mañana pensando unos segundos, miraba al techo recordando a Alina. Creo que su reacción me había dejado algo sorprendida. Según Michael, su prima había fallecido, ¿Tan unidas eran? Quizás no sabía la importancia de aquello, desde que tengo memoria nunca he tenido una unión con alguien. Ni siquiera con un amigo, ni con un familiar o hasta un extraño.

Estaba mi madre, sí, pero la mayoría de las personas suelen sentirse identificadas con otras y en mis dieciseis años no me ha sucedido algo así.

En la cocina se encontraba mi madre junto a su hermana. Los chicos seguían durmiendo.

—Buenos días—saludé al entrar y acercarme al comedor.

—Buenos días, cariño, ¿Dormiste bien?—preguntaba mi madre mientras preparaba unos huevos revueltos.

—Sí. Sin problema—sonreí un poco. La tía Marie que secaba sus manos con el pañuelo de la cocina me miró.

—¿Todo bien con los amigos de Hayley? Si hizo algo que te incomodó, le reprocharé por…

—No, no—me apresuré a decir—Sus amigos son buenos—de nuevo pensé en Alina. Recordé lo ocupada que estaríamos esta noche—Hoy volveré a verlos, estarán todos, según Hayley.

—¿Es la fogata que me dijiste?—intervino mi madre sin verme aún.

—Esa misma—fijé mi atención en Marie—¿Sabes algo de esas fogatas, tía?

—No mucho pero los muchachos regresan algo más calmado de allí—se encogió de hombros—Frank suele decir que hablan de cualquier cosa…

Preferí no preguntar más. Estaba claro que no sabía nada.

Había escogido unos Jeans oscuros, camisa sencilla manga larga color vinotinto, una chaqueta café y mis Converse blancas. Recogí mi cabello en una trenza algo despeinada, al verme en el espejo me gustó mi selección.

No era muy baja pero tampoco tan alta, mi piel era algo morena, igual a la de mi madre, cabello oscuro y largo hasta la mitad de la espalda, ojos castaños que a la luz del sol eran café. Labios rellenos, nariz no muy delgada…no era una super modelo pero estaba conforme con mi apariencia. Si de algo estaba segura era que más parecido tenía a mi padre.

Aunque nunca lo conocí, siempre supe que lo que era extactamente igual entre mi madre y yo, aparte del color de la piel, era nuestros ojos.

—¿Estás lista?—la voz de Hayley me hizo saltar al estar tan concentrada en mis pensamientos—Bonita chaqueta.

—Gracias—sonreí un poco acercándome—Estoy lista, ¿Nos vamos?

La noche era tranquila, apenas se podía sentir el frío, Frank prefirió llevarnos en el auto de su madre. La tía Marie solía dejárselo a su cargo cuando iba a ciertos lugares específicos, el chico era buen conductor, Hayley iba escribiéndole a sus amigas. Me mantenía en silencio desde los asientos traseros, al llegar, el auto se detuvo en una colina, el fresco aire salado de la playa no tardó en tocar mi nariz.

Podía ver las olas golpear con furia las rocas, el resto espumoso subía por la arena unos minutos regresando de nuevo a su lugar, el agua había tomado un color oscuro que me agradó, la arena ya no era clara, era de un tono mostaza, los árboles se mecían al compás del viento, casi escondidos en una esquina pude ver el fuego ardiente de la fogata, a su alrededor habían personas. Eran más chicos que chicas, desde lo lejos identifiqué a Michael. Reía junto a sus amigos.

—¿Qué te parece?—escuché decir a Frank—Te vas a relajar, ya verás.

—Vayan ustedes, esperaré a las chicas—avisó Hayley quedándose con las llaves del auto.

Seguí a Frank intentando no caerme con las montañas de arena, con cierta burla y diversión, el chico prefirió llevarme en su espalda. No pude evitar reírme.

—¿Cómo los conociste, Frank?

—Trabajé por un tiempo en un taller, el padre de uno de ellos aceptó darme el trabajo y el resto fue sencillo—miraba al suelo avanzando, mis brazos abrazaban su cuello mirando sobre su hombro—Suelen tratar a todos como si fueran de la familia.

—¿Cómo aceptaron a tu hermana?—susurré.

—Es una gran pregunta—se burló. En el último instante ambos caímos, había perdido el equilibrio de sus pies, con las carcajadas de ambos lograron escucharnos. Me incorporé limpiando mi pantalón y mi chaqueta—Vamos, te presentaré a los demás.

Me sorprendió que todos los presentes conocieran a mi primo. Todos eran muy amables y confiados. Mi vista fue por cada uno de ellos reconociendo los rostros, Michael Uley, Rick Ateara y Alina Lahote Black. La chica apenas me miró, cuando Frank me presentó sentí el corazón latir a mil por hora. Eran muchos nombres que debía aprender, en un instante todo se me había olvidado.

—¿Eres prima de Frank?—Michael se había acercado a mí y no lo creía.

—Sí, también de él, por desgracia—bromeé encogiéndome de hombros.

—Muy gracioso—dijo el chico. En un instante su rostro cambió a uno de felicidad, tres chicos más se acercaban y me llevé una gran sorpresa al reconocer uno de ellos.

Frank se había olvidado de presentarme, Michael tuvo que hacerlo por él cometiendo el error de decir mi verdadero nombre.

—¿Crystal?—levantó una de sus cejas. Sus ojos chocolates lucían excelente a la luz del fuego.

—No creí que volvería a verte—me excusé sorprendiendo a Frank.

—¿Conoces a Jake?

Miré al chico confusa. ¿Acaso no me había dicho que su nombre era Eddie? Noté una pequeña sonrisa de su parte. Al parecer no era la única mentirosa.