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Mundos diferentes — capítulo 1
La guerra había terminado. Voldemort había muerto y los mortifagos habían sido capturados, y los que no, no dudarían mucho tiempo en libertad. Los magos y brujas se abrazaban entre ellos, llorando de emoción por saber que ya no habría mas preocupaciones o temor en sus vidas. Los guerreros caídos estaban sobre camillas en el Gran Comedor, sus familiares y amigos estaban junto a ellos, diciéndose una y otra vez que ellos no murieron en vano. Y el Trío de Oro estaba arrodillado en el medio de todos, abrazándose fuertemente, felices de que todo había terminado. —Todo ha termino —dijo la nueva directora del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, Minerva McGonagall. Las personas se fueron a sentar a las mesas, sin importar de que casa sean—. La batalla final termino, dando paso a una nueva mañana, en donde ya no vamos a sentir más miedo, en donde vamos a ser libres del mal que habitaba antes. Hemos perdidos muchos buenos amigos o familiares —miró hacia los cuerpos que estaban cubiertos por una sabana—, pero por ellos vamos a salir adelante, porque ellos quisieron que estuviéramos felices, pues todo ha acabado. Mañana a primera hora haremos un funeral, en honor a nuestros guerreros que se sacrificaron por un futuro mejor. »También quisiera agradecer a tres personas —los dos magos y la bruja que se encontraban parados en la puerta del Gran Comedor se sintieron incómodos cuando todos los miraron—, por haber hecho todo lo posible por vencer a Lord Voldemort —sin poder evitarlo, la mayoría se sobresaltó al oír el nombre—. Así que —hizo aparecer con su varita cervezas de mantequilla para todos—, ¡por Harry Potter! ¡Por Neville Longbottom! ¡Por Hermione Black! ¡Por el Trío de Oro! —¡Por el Trío de Oro! —gritaron, mirándolos con agradecimiento y orgulloso. —Vamos, salgamos de aquí —dijo Harry, empujando a sus dos mejores amigos por la puerta, cuando la honra para ellos acabó. Los tres caminaron por los pasillos de su colegio ahora destruido. En algún lugar a la distancia escucharon a Peeves zumbando a través de los corredores cantando una canción de victoria de su propia composiciones:
Los hemos machacadomenudo sujeto es Pottery ahora a divertirse**que Voldy la ha palmado
Harry moría por ir a dormir, ya que hace más de veinticuatro horas no dormía, pero le debía una explicación a Neville y Hermione, los cuales habían estado con él ocho años, ayudándolo en la lucha contra Voldemort y merecían saber la verdad. Ya luego dormiría. Les explicó con mucho detalle lo que vio en el pensadero y lo que pasó en el bosque, y no habían empezados a asombrarse, cuando llegaron a su destino, el cual ni siquiera sabían que llegarían. —¿Podemos subir? —preguntó a la gárgola. —Paso libre. Al subir las escaleras y entrar al despacho de los directores, escucharon un ruido ensordecedor, provenientes de los retratos, que aplaudían por ellos, todos ellos de pie. Ondeaban sus sombreros o se estrechaban las manos, sonrientes. Pero Harry sólo tenía ojos para el hombre que estaba parado en el retrato más grande. Corrían lágrimas de sus ojos, ocultados por las gafas de media luna, hasta la larga barba blanca, y el orgullo emanaban en él llenando a Harry con el mismo bálsamo consolador que la canción de un fénix. Habló con Albus Dumbledore, eligiendo sabiamente sus palabras, bajó la mirara curiosa de los demás directores. Cuando mencionó que no usaría la Varita de Saúco, Neville y Hermione lo miraron como si estuviera loco, pero él sólo reparó su varita, anunciando que pondría la Varita de Saúco en la tumba de Dumbledore. Y después, fue a su dormitorio, para por fin poder descansar con sus dos mejores amigo luego de un día, no, luego de años de estar en lucha. Mientras tanto, en la enfermería, Sirius Black y Remus Lupin estaban sentados sobre las camillas, como muchos otros que había luchado en la Batalla Final, esperando a Nymphadora Tonks, que se encontraba con su hijo para ver como estaba. —Deben de estar descansando —comentó el merodeador que se hacía llamar Canuto.—Seguramente. Después de todo lo que hicieron, se lo merecen. —Me alegro que mi hija este bien, no sé lo que haría si hubiera muerto. No después de lo de Jean. Remus se estiró y apretó su mano, en señal de apoyo. Jean Black había muerto hace casi tres años, cuando la difunda mortifago Bellatrix Lestrange le lanzó la maldición asesina, y ni siquiera tenían su cuerpo porque la maldición la empujó a la Cámara de la Muerte, que se encontraba en el Departamento de Misterios del Ministerio de Magia. —Seguro que esta orgullosa de ti y de Hermione, y debe de estar regañando a James con Lily por hacer bromas en el cielo —eso consiguió que Sirius sonriera levemente—. Estarían tan orgullosos de Harry. —Y Frank y Alice lo estarían de Neville —agregó Sirius. —¿De que hablan? —preguntó Tonks al llegar hasta ellos. Inmediatamente, Remus le paso un brazo por los hombros, ella había perdido a su madre anoche y no lo había superado del todo.—Que James, Lily, Frank y Alice estarían orgullosos de sus chicos. —Por supuesto. ¡Todo mundo mágico lo esta! Y también de Hermione. Vaya, mi primita se volverá popular entre los chicos. Sirius y Remus fruncieron el ceño, claro que eso no iba a pasar, para nada. No, mientras estén ellos con vida. Siempre habían sobre protegido a Hermione, incluso Sirius le pagaba a Harry y a Neville para que vigilaran que cualquier chico debía de estar a diez metros de distancia de ella, y siempre lo hicieron bien, excepto en cuarto y en sexto, que Hermione asistió a los Bailes de Navidad de esos dos años, acompañada por dos chicos mayores, Viktor Krum y Cormac McLaggen. Pero Tonks tenía razón, su hija ahora era famosa, o más bien siempre fue famosa por ser amiga del Elegido, pero ahora lo era más, ya que había colaborado bastante en ayudar a destruir la maldad en el mundo mágico. Hasta había escuchado a un par de chicos hablar sobre ella y tuvo que resistir el impulso de lanzarles un maleficio. Eso si, si un chico se pasaba de listo con ella, mejor que cuide su espalda, porque no dudaría en lanzarle un cruciatus. Alejado de los pensamientos del merodeador, Draco Malfoy estaba recostado en su cama en la Mansión Malfoy. Sus padres pensaron que era mejor volver, por las dudas, además Lucius Malfoy tendría que ir a primera hora de mañana al Ministerio, para así poder saber como sería su destino: si lo encarcelaban en Azkaban o sólo pedían que digan nombres de los mortifagos para atraparlos. Draco no sabía si quería la segunda opción, o la primera. La guerra había acabado, eso era lo que pensaba a cada rato. La guerra había acabado. Pero ¿y ahora qué? Miró sin expresión alguna la marca que tenía en el brazo izquierdo, el cual le recordaba lo que era. Nunca tuvo elección, nunca pudo opinar sobre su vida. Si, cuando apenas tenía quince años quería ser mortifago, pero no sabía lo horrible que era hasta que se convirtió en uno. Y ahora no sabía que hacer. Durante dos años trató inútilmente de borrarlo de su piel, pero nunca lo logró. Lo que se hace con magia oscura queda para siempre. Tocaron a la puerta y con un simple "entre", se abrió, dejando ver a una elfina domestica, que traía una bandeja con comida para su amo. Malfoy no hizo ni un movimiento, no tenía ganas de comer, pero no la rechazó, sino que le dijo que la pusiese sobre la mesita de luz y que lo comería cuando quisiese hacerlo. Con una reverencia, la elfina salió de la habitación. —¿Draco? —su madre se asomó por la puerta, minutos después—. ¿Puedo pasar? —Si —su voz sonó ronca, como si no hubiese hablado en bastante tiempo. —¿Cómo estas? —preguntó, sentándose junto a él en la cama. Draco sólo se encogió de hombro, en realidad no sabía como estar. —Enterraran a tía Bellatrix aquí, ¿verdad? —Narcissa hizo una mueca de dolor al recordar que su hermana estaba muerta. —Así es. Se quedaron en silencio, ninguno de los dos sabía bien que decir. No querían hablar de Bellatrix, era doloroso; no querían hablar de Lucius, eso les recordaba que puede ser que lo encierren en Azkaban; no querían hablar de la Segunda Guerra Mágica, era como un tema tabú para su familia ahora. Pero había algo de lo que la señora Malfoy quería hablar, pero no sabía si su hijo quería. —Draco —su hijo la miró—, sé que no es momento, pero tengo que preguntarte si todavía quieres casarte con Astoria Greengrass —el chico hizo una mueca de disgusto. Desde que tenía dos años, sus padres habían arreglado con los Greengrass que él se casaría con su hija menor, y aunque a él no le gustase la idea de tener que casarse por convivencia, había aceptado. Pero ahora no quería en lo más mínimo, aquella chica había tenido el descaro de ir a combatir del lado contrario de Voldemort, además de que era una traidora de sangre. —No, de ningún modo. —¿Y qué tal su hermana? ¿Daphne Greengrass? La conocía, era amiga de él y sabía que no era una traidora como su hermana menor, pero no estaba seguro de querer casarse con ella. Aunque un día se tendría que casar, y si o si su pareja tenía que ser una sangre pura, para seguir con la tradición de su familia. —Lo pensaré —dijo, dando por zanjado el tema. Y mientras él trataba de dormir, Harry Potter despertó. Se llevó la mano a la cara, para limpiarse el sudor. Había tenido una pesadilla, en la cual la Batalla no había terminado, Voldemort seguía con vida y todas las personas que amaba habían muerto por su culpa. Pero sólo fue un mal sueño, todo había acabado. Y las caras de tranquilidad de Neville y Hermione se lo confirmaron. Sabiendo que no podría volver a dormir, se levantó de la cama, para dar un paseo. A pesar de que debía de ser las dos de la tarde, en los pasillos de Hogwarts no se oía ni un alma: todos estaban durmiendo, luego de años de intranquilidad. El héroe que venció al Señor Oscuro caminó con las manos en los bolsillos y la vista en el piso, recordando momentos vividos. "—Soy Hermione Black, ¿y tu eres?—Neville Longbottom.—Y yo soy Harry Potter." A pesar de que el padre de ella era su padrino, igualmente Harry tuvo que ir a vivir con sus odiosos primos y recién los pudo conocer el segundo día de haber pisado Hogwarts, ya que al parecer Hermione tenia que encargarse de encontrarlo y de mandarle una lechuza a su padre para informarle. Y aunque se sintió enojado con ellos por no ir a buscarlo antes, se alegro de que al menos podía pasar el mayor tiempo de las vacaciones en la Casa Black. O en casa de Neville, que se había convertido en su mejor amigo. "—Harry no es bueno escuchar voces, ni siquiera en el mundo mágico —dijo Neville, asustado.—A lo mejor te lo imaginaste.—Si, tal vez. Vayamos al Gran Comedor, muero de hambre." Ellos fueron los primeros en creer que él no era el heredero de Slytherin, aún cuando todo el mundo lo creía. Y fueron ellos quienes lo ayudaron a entrar a la Cámara Secreta y vencer al basilisco. "—En pocas palabras: un asesino esta detrás de ti.—Gracias por hacerme sentir mejor, Hermione —dijo Harry sarcástico. Neville apuntó hacia el mapa.—¡Esta aquí! ¡Peter Pettigrew esta en Hogwarts!" La mayoría del cuerpo estudiantil se había alejado de él aquel año, cuando hubo una fuga en Azkaban y uno de los convictos tenía intención de matarlo. Neville y Hermione se mantuvieron a su lado todo el tiempo, incluso cuando el animago trató de matarlos en la Casa de los gritos. "—¡Yo no metí mi nombre en ese estúpido Cáliz!—¡Y nosotros te creemos, Harry! —exclamó Hermione, irritada—. ¡Sólo nos preguntábamos cómo ocurrió!—Un año tranquilo, ¿es mucho pedir? —exigió saber Neville al cielo." En su cuarto año, cuando quedó seleccionado como cuarto Campeón del Torneo de los Tres Magos, sus compañeros, sobre todo los Slytherins, lo trataron de tramposo y embustero, a pesar de que él decía que no tenía ni la menor idea de cómo pasó. Y él, Neville y Hermione fueron repudiados por casi todo Hogwarts. "—¿Y si Voldemort lo puso en tu mente para tenderte una trampa? ¿Y si es una ilusión?—Sea lo que sea, yo voy contigo, Harry.—¡Es real! ¡Tu madre esta siendo torturada por Voldemort! —hizo caso omiso a los escalofríos de sus amigos, aunque suponía que el de Hermione era por lo de su madre—. ¡Hay que ir al Ministerio!" Y esa noche, por su culpa, Jean Black estaba muerta. Si él hubiera escuchado a Hermione y se hubiera quedado en Hogwarts, la Orden del Fénix no hubiera ido al Departamento de Misterios y Jean no se hubiera enfrentado contra Bellatrix, que terminó con su vida con un Avada Kedavra. Se había sentido tan culpable, que no pudo mirar a la cara a Sirius y Hermione por semanas, hasta que ellos hablaron con él, diciéndole que él no tenía la culpa de nada y que pronto cobrarían su venganza. Y se cumplió, ya que Sirius asesinó a su prima con la maldición asesina. "—¿Qué son Horrocruxes, Hermione?—Ni idea, no recuerdo haberlo leído alguna vez en algún libro.—Hay que fijarnos en la Sección Prohibida —sugirió Neville—. Quizá ahí encontremos algo." Aquel año había sido un choque de emociones. El nuevo profesor de Pociones, Snape como profesor de Defensas Contra las Artes Oscuras, los Horrocruxes, el reliquiario falso, la Batalla en la Torre de Astronomía, la muerte de Dumbledore y misión que tendría que hacer para destruir de una vez por todas a Voldemort, con ayuda de Neville y Hermione. "—No empieces de nuevo.—¡Escuchenme! Esto es muy arriesgado...—No, Harry —lo interrumpió Hermione—. Estamos contigo desde años, ¿en serio crees que te dejaremos solo con esto?" Luego se habían enfrentado una serie de obstáculos para destruir todos los Horrocruxes, dejando pase libre para acabar de una vez por todas con Voldemort. Harry Potter llegó hasta la torre más alta, donde se asomo por la barandilla, mirando hacia los jardines. —Todo ha terminado. Su susurro se perdió con la brisa del nuevo día.