Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Mundos diferentes · de

Mundos diferentes — capítulo 20

Hermione no sabía qué prefería: ¿enfrentarse nuevamente a Voldemort o decirle a su padre, padrino, primos y amigos que saldría con un chico? Ellos olvidaban que cumpliría 18 dentro de unos meses y que ya era mayor de edad, ella no tenía cinco años como para que sean tan sobre protectores. Apenas se dio que era Viernes y si no era por la lechuza que Viktor le envió esa mañana, diciéndole que lo esperada en King's Cross a las siete de la tarde, se hubiera olvidado por completo de la cita acordada. Desde que había encontrado a Harry, sólo tenía la mente en él, preguntándose que podría hacer para que recupere la memoria. En su habitación, Harry -que se quedaba a dormir-, Neville y Draco estaban sentados en la cama, con el ceño fruncido e increíblemente tranquilo; por mucho que Harry no lo recuerde y que Draco le haya pedido disculpas, había veces que discutían por cualquier cosa. Pero al parecer hoy sólo querían buscar la forma de que ella no vaya a su dichosa cita. Tonks se había ofrecido a arreglarla porque ella "no tenía talento en estas cosas y seguro que se estropeara la cara". Hermione se sintió ofendida, pero no pudo replicar; las citas no eran lo suyo y en toda su vida sólo había tenido dos, aunque tampoco fue la gran cosa. Para su gusto, estaba demasiado llamativa, más su prima dijo que estaba perfecta. Le había puesto lápiz labial de un color rosa suave, un poco de rubor en las mejillas y le pintó los ojos con dos tonos de color café, además de delinear las pestañas. Y llevaba un vestido celeste que había comprado en una tienda muggle, a la que Tonks prácticamente le había arrastrado. Era ceñido a la cintura, revelaba su espalda y traía un poco de escote al frente, era suelto abajo y tenía uno que otro destello azul. Unos finos zapatos turquesa finalizaban su atuendo. —A que se ve maravillosa, ¿no? —les preguntó Tonks a los chicos, alzando a su hijo que antes jugaba en el piso. —¿Por qué tiene que ir? —gimotearon ellos. Hermione rodó los ojos. —Tu estas de novio con Luna —le dijo a Neville—, tu tienes una especie de relación con Astoria —señaló a Draco— y yo tuve que soportar que hablarás de Cho por horas —le reprochó a Harry—, así que ahora es que yo me involucre con alguien, ¿verdad? —¡No! —No les haga caso, Cassie —dijo su prima, tomando uno de sus rizos, que ella había definido bien—. Viktor se caerá verte. —Se caerá cuando le pegue un puñetazo en la cara —dijo Regulus, entrando a la habitación seguido de su gemelo. Los dos tenían cara de querer asesinar a alguien—. Se supone que es nuestro amigo y los amigos no se fijan en las mujeres de la familia de su amigo. —Creí que sólo era con las hermanas —comentó Hermione, mirándose en el espejo de cuerpo que tenía. —¡Da lo mismo! Tu eres como una hermana. ¿Por qué has aceptado? —se quejó Orión, sentándose al lado de su primo. —Porque si. Y esto no significa que me vaya a casar con él, ¿saben? Sólo quiero pasar un buen rato. No vale que ustedes salgan con chicas y yo no pueda acercarme a un chico. —¿No piensas que es suficiente para nosotros ver que Tonks tiene marido e hijo? —le dijo Draco. —Ay, cállate. Ginny Weasley se enfureció en cuanto su madre le dijo que haría su hermano esa noche. Subió casi corriendo las escaleras y entró violentamente a la habitación de Ron, quien trataba de peinar su cabello correctamente y tenía ilusión en sus ojos azules. Ella resopló con fuerza, haciendo que él se girara hacia ella, la miró un momento y luego bufo. —Mamá te dijo —no era exactamente una pregunta. —A ella tampoco le agrada la idea. —¿No puedes ponerte en mi lugar? —Si fuera tu, no me ilusionaría con algo que sé que no sucederá. Él lo miró enojado y la ignoro por completo. —¡Dios, Ron! ¿Acaso no recuerdas que ella fue la que te engañó? ¿La que te usó? —¡Basta! Ginny dio un paso atrás por el tono que uso su hermano. Suspiró y luego de darle una mirara de*"Tu sabes en lo que te estas metiendo, luego no llores"*, salió de la habitación, dando un portazo. Ron tomó aire, una parte de él sabía que su hermana tenía razón, pero trataba de hacerle caso omiso. Kiara Montgomery era la chica de los sueños de cualquier chico con dos ojos para ver: cabello rubio platinado largo, brillantes ojos verdes agua, una sonrisa que hace suspirar a más de uno, pequeña nariz perfecta, rostro en forma de corazón y cuerpo de súper modelo. Ella era preciosa y sexy. Desde que cumplió catorce años, era revolución entre los muchachos y todos sin excepción se quedaban viéndola cuando ella pasaba por su lado. Los chicos querían salir con ella y las chicas querían ser como ella. Por eso, cuando un año después, Kiara le reveló que gustaba de él, Ron, se quedó paralizado e incrédulo; él era un Don Nadie comparado con ella. Ron vivía en un sueño cuando estaba a su lado y estaba ciegamente enamorado de ella, por eso no creyó cuando sus amigos y hermana le dijeron que ella lo estaba engañando. Y el día que la vio con otro fue el mismo día que cumplía un año juntos. Ginny capaz tenía razón, tal vez no debería asistir a la cita a la que ella le había invitado, para arreglar las cosas entre ellos. Pero él quería ir, quería volver a verla. —Todo saldrá bien —se dijo frente el espejo. Y esperaba que fuera cierto. Ron miró el reflejo de la foto que Harry tenía sobre su mesita de luz en el espejo. Era una foto de él con sus dos mejores amigos, Hermione y Neville, sonriendo, mostrando los dientes. No deberían de tener más de quince años ahí. Se preguntó si habían ido a DisneyLand ya que se los veía delante de un gran castillo. Harry tenía el cabello más desordenado que ahora, pero con el mismo tono azabache, y sus gafas estaban mal colocadas. Neville estaba más bajo y en las manos parecía llevar un grueso libro. Hermione tenía su cabello castaño en una sola trenza y sobre sus hombros, una campera grande que supuso que sería de alguno de sus amigos. Los tres llevaban una camisa blanca y una corbata de rayas escarlatas y doradas. Él no pudo evitar dad otra ojeada a la Hermione de quince años. Estaba realmente hermosa en esa foto, como lo seguía siendo ahora. Ella había venido a casa ayer, para estar un poco con Harry, al igual que Neville, pero al final ella volvió a juntarse con él en las hamacas. Habían hablado de varias cosas y se habían reído mucho. Hermione pareció disfrutar su compañía. Negó con la cabeza. La idea que ellos estuvieran juntos era tan realista como ver a un dragón o un unicornio. Cuando el reloj marcó las siete y media de la tarde, Ron salió de la casa y se subió al auto que su padre le compró cuando cumplió 18 años, hace casi tres meses. La casa de Kiara estaba a diez minutos de la suya y no tardó mucho en llegar. Ella estaba realmente radiante con su vestido rojo sangre, que traía demasiado escote y era tres pulgadas más arriba de las rodillas, el cabello rubio recogido en un elegante moño, con algunos mechones sueltos, traía mucho maquillaje pero no para sobre pasarse y unos altos tacones naranja fuerte. Se veía divina. —Hey, Ron —dijo sonriéndole, coquetamente. —Ho-Hola —tartamudeó. Kiara abrió la puerta y se adentró al auto, se inclinó hacia él de manera lenta, Ron cerró los ojos, esperando un beso en los labios, pero al final resultó ser un beso en la mejilla. Avergonzado, abrió los ojos y volvió la vista al frente, carraspeando. —Entonces, ¿listo? —Si... Uh, te compré algo... Con timidez, él sacó del bolsillo de su chaqueta una caja de terciopelo rojo pequeña. Kiara lo miró con interés y ladeó una sonrisa, mientras estiraba las manos para tomarlo. Ron estaba nervioso, apenas ella colgó la llamada de cuando lo había invitado a una cita, él había salido de inmediato a comprarle algo y esperaba que fuera de su gusto. Adentro de caja, había una pulsera bañada en plata con pequeñas piedras azules en el contorno y en el medio, piedras negras. Ella dejó escapar un suspiro de sombra al verlo, realmente era precioso. Se lo puso delicadamente en su muñeca derecha y lo admiró. Perfecto. —¿Te gusta? —Es fantástico. Gracias, Ron. —No fue nada —murmuró rojo. Encendió el auto y se puso en marcha—. ¿Cómo esta tu hermano? —Bien. Ayer recibí una carta de él, dice que Harvad es una buena Universidad. El restaurante The Five Fields al que irían quedaba alrededor de cuarenta minutos en auto desde donde estaban y tenían reservación para las ocho y media, llegarían con adelanto al lugar. —¿Cómo esta Ginny? —Uh, bien —contestó en voz baja. —¿Sigue odiándome? —preguntó sin inmutarse. —Yo... esto... Ginny es algo... —¿Buena recordando? —sugirió—. Sé que he sido muy mala contigo, te engañé con tu mejor amigo, y lo siento, de verás. Me sorprendió que aceptaras, yo no lo haría en tu lugar, fui una estúpida. Tu eres perfecto conmigo y mira como te traté yo. Sólo espero que logres perdonarme y que comencemos todo de nuevo. Desde cero. Ron se quedó en silencio, sin saber que hacer ahora, con la vista al frente. Kiara sonrió un poco y se estiró para prender la radio en la estación de música que a ambos le gustaba. La melodía de Real Love de The Beatles era lo único que se escuchaba en el auto. El pelirrojo estaba sumido en sus pensamientos, pensando en todas las veces que estuvieron juntos: paseando por el pueblo, yendo al cine o a comer afuera, caminando en el colegio tomados de la mano, riendo mientras bailaban y besándose cada vez que querían. Y ahora, en el presente, estaban callados, yendo al mismo sitio para estar juntos. —Llegamos —murmuró Ron, casi veinte minutos después. —Perfecto. Kiara abrió la puerta mientras él apagaba la radio y abría la puerta de su lado. Caminó hasta llegar a su lado y le ofreció su brazo y ella entrelazó su manos alrededor de el. Le sonrió alegremente y lo siguió hasta el restaurante. Ron debía de morder su lengua para no hacer algún comentario ofensivo hacia los chicos que lanzaban miraras lascivas a su acompañante, por mucho que ella dijera que quería volver a empezar con él, no podía hacerle un escena de celos, sin embargo. —Siempre me encanto este lugar —comentó ella, rompiendo el silencio—. ¿Recuerdas que aquí fue nuestra primera cita? Nunca lo olvidaré..... Sobre todo por el hecho que nuestro camarero hizo volcar nuestro postre a la señora que estaba sentada atrás suyo y en vez de gritarle a él, nos lo hizo a nosotros. Ron rió, recordando aquel día. En definitiva nunca olvidaría ese momento. —Al menos nos no vetaron de ese lugar —agregó—. Pero aun así, tuvimos que ir a un lugar de comida rápida. —Creo que nuestra ropa no era perfecta para comer hamburguesas con papas. —Y luego empezó a llover. —Y no había ni un taxi —rió Kiara, llevándose la mano a la boca—. ¿Recuerdas que luego tuvimos que ir a tocar las puertas de cualquiera de un barrio? ¡Todos pensaban que eramos fugitivos! Y cuando por fin dos viejitos nos dejaron entrar, tuvimos que ver las fotos de sus gatos. —Que terrible primer cita —comentó Ron, moviendo la cabeza de aquí para allá. —A mi gustó —confesó Kiara—. Digo, fue... original. —No pude mirarte a los ojos por días. —Quizá debí haberte dicho que me gustó. La puerta de entrada de The Five Fields estaba a poco metros de ellos, pero ninguno de los dos pareció darse cuenta. Ron se giró hacia ella y viceversas, Kiara posó su mirara en los labios rosados de él y se acercó lentamente a su rostro. Él se agachó un poco y la imitó, alargando una mano para acariciarle la mejilla. Faltaba muy poco para que se ven, pero una voz los interrumpió. —¿Ron? Él se giró lentamente y vio a Hermione Black.