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Mundos diferentes — capítulo 15
Harry había visto el auto antes que Ron y Ginny. Observó como se estacionaba y unos segundos después, la puerta de atrás se abrió. Primero salió un chico, de cabello rubio y ojos cafés, este le tendió la mano a una chica de cabello castaño y ojos miel. Neville Longbottom y Hermione Black, le dijo una voz en la cabeza. Ella se inclinó y cuando se enderezó, tenía un bebé de seguro unas pocas semanas en sus brazos. El chico de la cicatriz en forma de rayo vio descender del auto a su padrino y a su "tío", acompañados por un hombre de color con corto cabello negro y ojos castaños. Ron y Ginny se miraron y regresaron la vista hacia la última Black, que no se había percatado de su presencia, pues tenía la vista fija en Harry, mientras caminaba hacia él. Si bien a la pelirroja le había agradado cuando la conoció, ahora la destetaba por la forma en la que Harry la miraba. Tanto Neville como Hermione se acercaron velozmente a su amigo y se quedaron a un metro de distancia de él, con los ojos llorosos y temblando. —El es Teddy —fue lo primero que dijo Hermione, y quizá lo único que podía decir. Harry sonrió nervioso y estiró las manos para tomar a su ahijado. El bebé se removió y encerró uno de los dedos de él con su manita derecha. Sirius se acercó y frotó los hombros de su hija, sintiendo lo nerviosa que estaba. —Harry, ¿los recuerdas? Neville y Hermione esperaban ansiosos la respuesta. —Si, son mis mejores amigos. Mis hermanos. Hermione rompió en llanto y lo abrazo con fuerza, aunque procuraba no lastimar a Teddy. Remus se acercó a ellos y tomó a su hijo en brazos, dejando que el Trío de Oro se salude como se debía. Neville también se unió al abrazo y los tres lloraron con ganas, apretándose contra si. Podía ser que Harry no los recordará bien, pero sentía una enorme felicidad al tenerlos tan cerca. El señor y la señora Weasley se acercaron a sus hijos, que miraba resignados la escena. —¿Quieren comer algo? Neville se separó de su amigo y miró con curiosidad la señora, luego le sonrió cordialmente. —No ha falta, ya hemos almorzado. —El es Kingsley Shanklebolt —dijo Remus, presentándolo a los Weasley y a Harry. —¿Usted no es el que estuve el año pasado con el Primer Ministro de Londres? —preguntó Ron, al reconocerlo. Hermione levantó la cabeza al escucharlo y enfocó sus ojos marrones en él. —Así es —contestó el hombre de color, apretando la mano de Arthur. —No puede ser —susurró Hermione. Neville y Harry la miraron confundido. —¿Qué cosa? —Esos pelirrojos, yo los conozco. A ellos conocí en ese parque que esta cerca del Caldero Chorreante. Harry no tenía ni menor idea que era el Caldero Chorreante, pero recordó las palabras de su amigo y se dio cuenta que la chica castaña de la que le habló ayer era Hermione. Neville frunció el ceño, así que ese es chico, pensó. Tendría que avisarle a Sirius y Remus para que vigilen al muchacho. —Hola, Hermione —dijo Ron, acercándose. Ella le sonrió tímidamente. Neville se alejó y fue junto a los adultos para informarle lo relacionado con su mejor amiga. —Ron, que sorpresa volver a verte. Harry gruñó y pegó a Hermione más a él, para el disgusto de Ron, que frunció el ceño molesto. Sirius, enojado por lo que se entero, se acercó rápidamente a ellos y evaluó al chico con la mirara. —Cassie te ha extrañado mucho, Harry —la última de los Black desvió los ojos hacia su mejor amigo y lo volvió a abrazar, con una sonrisa—. Lo digo en serio, todo este tiempo sólo hablo de ti, y de nadie más. Ron chasqueó la lengua y con la excusa de querer ir al baño, se marchó. Sirius sonrió satisfecho y le guiñó un ojo a su ahijado, que ladeó una sonrisa. Finalmente Hermione se separó y se encaminó hacia Ginny, que sonrió forzadamente. —Es una alegría volver a verte. —Lo mismo digo —mintió. Si ella seguía acercándose mucho a Harry, le lanzaría una piedra a la cabeza—. El mundo es un pañuelo, ¿cierto? —Así parece —rió, luego tomó entre brazos a Teddy, mientras Remus se acercaba a Sirius y Harry—. Mi niño, Teddy. ¿No es hermoso? —Si, ¿también es tu ahijado? —Si, mio y de Harry. Ginny sonrió falsamente, luego se disculpó con ella y se marchó a la cocina de su casa, donde su hermano estaba apoyado en la mesada, con los brazos cruzados. Se acercó a él y copió su forma de estar. Los dos bufaron. Él que también bufaba en ese momento era Draco Malfoy, ya tenía claro que su peor enemigo era esa estúpida corbata. Los Greengrass vendrían en unos cuantos minutos y él todavía no se había puesto aquella endemoniada prenda de vestir. —¿Ya estas, hijo? —preguntó Narcissa, entrando a la habitación de su único hijo. Sonrió con ternura al ver como batallaba con la corbata. Se acercó y le ayudó. —Entonces, ¿cuándo iras a hablar con tío Sirius y Tonks? La señora Malfoy hizo una mueca. Podía ser que su deseo más anhelado fuera desde siempre hacer las pases con su familia, pero estaba acostumbraba a despreciar a los traidores de sangre. Aunque, se recordó, su hijo, quiera o no, era un traidor de sangre, y a él lo amaba más que nada. —No lo sé todavía, Draco. —El cumpleaños de los gemelos es dentro de dos semanas, y ellos lo celebraran en el Número Doce, ¿por qué no vienes conmigo? Narcissa suspiró. —Esta bien, iré —aceptó, luego de pensarlo bien. —Ama Malfoy —dijo un elfo domestico, apareciendo en el cuarto—. Los señores Greengrass ya han llegado. Los están esperando en la salón principal. —Gracias, Durys —dijo Draco. El elfo lo miró sorprendido, todavía no se acostumbraba a que su joven amo lo tratara bien, y podía asegurar que la causa de aquello fuera de la dulce muchachita Black que vino el día anterior. Hizo una reverencia y desapareció. —Has pasado mucho tiempo con Cassiopeia, ¿verdad? —inquirió su madre, él sólo sonrió. Los dos bajaron al salón, donde vieron a los señores Greengrass; Draco tuvo la esperanza de ver también a Astoria y Daphne, pero sabía que seguían distanciadas con sus padres. Él los saludó educadamente y no les pasó desapercibido la forma fría y cortante que tuvieron cuando lo saludaron, también él fue el que tuvo más o menos la culpa de que su hija predilecta este de pareja con un traidor de sangre. Narcissa hizo que uno de sus cuantos elfos domésticos trajera té, y galletas para acompañar. August Greengrass sonrió forzadamente aún no comprendía porque su mujer aceptó venir a la Mansión Malfoy cuando el hijo del matrimonio había arruinado las vidas de sus hijas; si se hubiera casado con Daphne, ella no estaría con esa escoria de Nott, y Astoria... Bueno, ella quizás aprendiera a ser una digna Greengrass si hubiera pasado mucho tiempo con la pareja de casados. Arabella Greengrass, si bien se notaba algo reacia a hablar con Draco Malfoy, estaba contenta de que Narcissa tratará de arreglar las cosas, pues eran buenas amigas desde Hogwarts, a pesar de que se llevaran cinco años; la señora Malfoy siempre protegió a la señora Greengrass, aún cuando se graduó. Aunque seguía enojaba con lo que había pasado hace dos semanas. Y Draco lo único que pensaba era cuando se acabaría toda esa tortura. Le prometió a Tonks que iría a la casa de sus padres para ayudarla a sacar algunas cosas que tenían importancia y la ayudaría a llevarla a la residencia Lupin, junto con Orión, Regulus y su mejor amigo, Viktor Krum; Draco aprovecharía para pedirle un autógrafo. Cassioepia no iba a ir ya que estaba en Ottery junto a su padre, padrino, ahijado y amigo, viendo si en verdad Harry Potter estaba bien. —Por supuesto, Draco ha arreglado las cosas con el hijo de los Zabini y vendrán a comer a casa, junto a los Parkinson. ¿Por qué no vienen ustedes también? —Astoria y Daphne vendrán con Theo —carraspeó Draco, mirando incomodo a los señores Greengrass. Ellos dudaron un poco, pero terminaron asintiendo. —¿Saben lo qué pasó con el hijo de los Crabbe? —preguntó Arabella, que se había enterado recientemente que el chico había muerto en la Batalla de Hogwarts. El rostro de Draco se ensombreció, podía ser que tanto Crabbe como Goyle no fueran sus verdaderos amigos, como Blaise y Pansy, pero él los apreciaba y realmente se había sentido horrible al presenciar su muerte. —Murió —contestó simplemente, no quería tocar el tema. Y su madre lo entendió, pues llevó la conversación hacia la noticia de que Potter apareció. —Bastante sorprendente —dijo August, tomando una galleta—. Una extraña manera de encontrar a Potter..... Pero de verdad tengo curiosidad en saber porque El Profeta mencionó que Astoria sale contigo, Draco. Quizás esa fuera la primera vez que el rostro pálido del chico se pasara a un rojo escarlata. —Yo, er, se confundieron..... Sólo la invite a pasear... Como amigos... Yo... —Ah, bien —contestó el señor Greengrass simplemente, aunque por dentro no se veía tan convencido. Draco suspiró aliviado, de en serio sería difícil, si algún día salía con Astoria, hacérselo saber a ellos. Volviendo a Ottery, Harry le mostraba a Neville y Hermione -esta última había puesto un hechizo silenciador en la habitación- lo que había aprendido a hacer con la varita. Sus amigos se vieron muy contentos, incluso emocionados, de que los haya recordado tanto, y de paso le dijeron que lo habían extraño un montón. Si bien Sirius y Remus le habían contado bastantes cosas, Neville y Hermione se encargaron de contarle más, pues ellos sabían de sobra la vida de él. A Harry le gustó enterarse que ganó el Torneo de los Tres Magos, aunque se entristeció cuando le dijeron que un chico había muerto; cuando se enteró que la chica asiática que había dibujado fue su primer amor y beso se sonrojó hasta la raíz del cabello, y se rió con ganas cuando su amigo le contó lo celosa que se había puesto su hermanita cuando el fue el mejor de Pociones en su sexto año. Harry tomó su libreta y se la pasó a Neville, mientras que Hermione se paseaba por la pieza, murmurando sobre las cosas muggles que no conocía del todo bien. El rubio rió al ver su dibujo y comentó que podría hacer un buen artista, pero que su nariz era más pequeña, algo con lo que Hermione no coincidió. Corrigió los hechizos o maleficios que estaban mal escritos y agradeció que no haya usado con nadie Crucio, Imperius y sobre todo, Avada Kedavra. Harry se asustó cuando le dijeron que eran, quiénes las usaban y para qué servían; sinceramente, fue muy bueno que el pájaro que había visto ese día se vaya volando, pues él por poco le lanza la maldición asesina. —La Orden de Merlín es un premio que le dan a los mejores magos del mundo, a los que han hecho grandes hazañas para la comunidad mágica —le explicó Hermione, con una sonrisa orgullosa—. Las Ordenes que nos darán son de primera clase; también hay segunda y tercera clase. La noche del 31 de Julio será el día de la entrega. —El día de mi cumpleaños —dijo Harry. —Te haremos un pequeño festejo esa mañana, pero un gran cumpleaños el día siguiente, tenlo por asegurado —le dijo Neville. —No tienen porque preocuparse —dijo un avergonzado Harry. Sus amigos le sonrieron. —No seas modesto, Harry. Mereces todo. Hermione se levantó y salió de la habitación para ir al baño. Realmente la casa le parecía encantadora, llena de objetos que no sabía de su existencia y gente pelirroja agradable. Y hablando de pelirrojos, Ron estaba apoyado en la puerta del baño, hablando por celular, que por eso no se dio cuenta de su presencia. La joven Black se sonrojó al darse cuenta que estaba sola con él, recordó las palabras que su padre le había dicho antes de subir a la habitación con Harry y Neville, sobre que no se acerque a él, porque le daba aires de chico rebelde y problemático. Y Hermione no pensaba desobedecerlo. —Permiso —murmuró. Ron la miró y sonrió, le dijo a su amigo que luego hablarían y colgó. —Hermione —saboreó su nombre—. Que casualidad, ¿verdad? —Si, mucha —dijo, sin mirarlo—. ¿Me dejas pasar? Ron se movió, algo confundido. Ella pasó al cuarto del baño y él se quedó afuera, pensativo. Su trato de ahora era diferente a como lo trataba en aquel parque. Parecía como si no quisiera estar cerca de él. Suspiró y caminó a su cuarto, ya tendría tiempo para hablar con ella más tarde.