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¿Vamos a leer? Okay-la Sangre del Olimpo — capítulo 2
"¿Narramos nosotros?" Preguntó Leo.
"Eso parece"
"No, en ese tiempo era oscuro depresivo y con un crush con Percy"
"¡¿Qué?!" En ese momento la cara de Percy era digna de fotografía.
"Ya tratamos el tema, hace algunos años me gustabas, después de la guerra contra Gea Will y yo empezamos a salir, es sencillo" Nico fue a sentarse pero hizo una mueca de dolor.
"¿Aún te duele la herida?" Pregunto Calipso, al ver la cara sonrojada de Nico y la sonrisa de Will, ella y Reyna lanzaron chillidos dignos de una fangirl "¿Es lo que creo?, dioses, ¿En serio?" Ambas se lanzaban miradas muy sugestivas.
"Malditas pervertidas" Nico se sentó en el sillón y apoyo su cabeza en el pecho de Will y se tapó la cara, los semidioses no tenían palabras para ese comportamiento, Reyna se sentó, tomando la misma posición con Anthony, cada uno poniendo las piernas sobre el regazo del otro.
cuando el libro se abrió apareció una nota.
tendran todo lo que necesiten en esta isla, no pueden salir ni comunicarse con el exterior, apareceran más adelante, semidioses, dioses y otros a lo largo de la lectura, perteneceran a diferentes bandos.
los semidioses no se acordaran de nada, los dioses si, cambien
ATT: Las Moiras
Jason odiaba ser viejo.
Las risas no se hicieron esperar.
"Ahora serás el viejo Jason" bautizo Leo, Jason gimió, esto no sería agradable.
Le dolían las articulaciones. Le temblaban las piernas. Mientras trataba de subir la colina, sus pulmones traqueteaban como si fueran una caja llena de rocas.
No podía ver su rostro, gracias a Dios, pero sus dedos eran nudosos y huesudos. Abultadas venas azules se extendían como telarañas por sus manos.
Incluso tenía ese olor a anciano, a naftalina y sopa de pollo.
Más risas, algunos incluso rodaron por el suelo.
"Esto es más divertido que las fotos de Leo" aseguro Calipso.
¿Cómo era posible? Había ido de dieciséis a setenta y cinco años en cuestión de segundos, pero el olor a viejo fue instantáneo, como bum. ¡Felicitaciones! ¡Apestas!
Los inmaduros cayeron al suelo de la risa.
—Casi llegamos —Piper le sonrió—. Lo estás haciendo bien.
Fácil para ella decirlo. Piper y Annabeth estaban disfrazadas como encantadoras doncellas griegas. Incluso en sus blancos vestidos sin mangas y sus sandalias de cordones, no tenían ningún problema para andar por el camino pedregoso.
El cabello color chocolate de Piper estaba peinado en una espiral de trenzas. Pulseras de plata adornaban sus brazos. Se parecía a una antigua estatua de su madre, Afrodita, lo cual Jason encontró un poco intimidante.
"¿Qué tengo de intimidante?" Pregunto la diosa.
"Na... Nada"
El salir con una chica hermosa le crispaba los nervios lo suficiente. Salir con una chica cuya mamá era la diosa del amor... bueno, Jason siempre tenía miedo de hacer algo poco romántico, y que la madre de Piper bajará desde el Monte Olimpo y lo convirtiera en un cerdo salvaje.
"Afrodita le hizo eso a mi papá en su aniversario, fue divertido perseguirlo" más carcajadas, aunque Jason estaba pálido.
Jason levantó la mirada. La cima estaba todavía a un centenar de metros de distancia.
—La peor idea del mundo. —Se apoyó en un árbol de cedro y se secó la frente—. La magia de Hazel es demasiado buena. Si tengo que luchar, voy a ser inútil.
—No vamos a llegar a eso —prometió Annabeth. Parecía incómoda en su traje de doncella. Seguía encogiendo los hombros para evitar que se le deslizara el vestido. Su cabello rubio, usualmente recogido, se había deshecho en la parte posterior y colgaba como largas patas de araña. Ya que conocía su odio a las arañas, Jason decidió no mencionárselo.
Annabeth se toqueteaba el pelo, Atenea también estaba nerviosa, malditas arañas, pensaron ambas.
—Nos infiltramos en el palacio —dijo ella—. Conseguimos la información que necesitamos y salimos.
Piper bajo su ánfora, la alta jarra de vino de cerámica en la cual su espada estaba escondida.
—Podemos descansar por un segundo. Recupera el aliento, Jason.
Del cordón en su cintura colgaba su cornucopia, el cuerno mágico de la abundancia. Escondido en algún lugar de los pliegues de su vestido estaba su cuchillo, Katoptris. Piper no se veía peligrosa, pero si fuese necesario, podía blandir la hoja de bronce celestial o dispararle con mangos maduros a sus enemigos en la cara.
Más risas, Piper estaba completamente sonrojada.
"Tranquila tía, si narra Percy o Leo no paran de reír"
"¡¿Tía?!"
"Oh, mi corazón, duele" Anthony había cerrado el libro y se tocaba el pecho.
"Melodramático" canturretearon Reyna, Calipso, Will y Nico, se notaba la cercanía en esos cinco, Reyna le dio un beso en la mejilla.
Annabeth se descolgó su propia ánfora del hombro. Ella también tenía una espada escondida, pero incluso sin un arma visible lucía mortífera. Sus ojos gris tormentosos escaneaban su entorno, alerta por cualquier amenaza. Si algún tipo invitaba a una copa a Annabeth, Jason supuso que lo más seguro es que le diera una pata por lo bajo.
Muchos asintieron.
Trató de regular la respiración.
Debajo de ellos, la bahía Afales brillaba, el agua era tan azul que parecía que había sido teñida con colorante vegetal. A unos cuantos cientos de metros de la costa, el Argo II reposaba anclado. Sus velas blancas no se veían más grandes que una estampilla postal y sus noventa remos parecían palillos de dientes. Jason imaginó a sus amigos en la cubierta, siguiendo su progreso, turnándose con el catalejo de Leo, tratando de no reírse mientras veían al abuelo Jason cojear cuesta arriba.
—Estúpida Ítaca —murmuró.
Supuso que la isla era bastante bonita. Una cordillera de colinas boscosas retorcidas hacia abajo en su centro. Laderas blanco tiza se hundían en el mar. Las ensenadas formaban playas rocosas y puertos donde las casas de techos rojos e iglesias de estuco blanco se ubicaban frente a la costa.
Las colinas estaban salpicadas de amapolas, azafranes y cerezos silvestres. La brisa olía a arrayán en flor. Todo era muy bonito, excepto la temperatura que estaba sobre unos cuarenta grados. El aire era tan húmedo como una casa de baño romana.
A Jason le habría resultado sencillo controlar el viento y volar hasta la cima de la colina, pero nooo. Por el bien del sigilo, tenía que avanzar penosamente como un anciano con rodillas malas y hedor a sopa de pollo.
Pensó en su última escalada, hacía dos semanas, cuando Hazel y el habían enfrentado al bandido Esciro en el acantilado de Croacia. Al menos en ese entonces Jason tenía toda su fuerza. Lo que estaban a punto de enfrentar sería mucho peor que un bandido.
Ambos semidioses se estremecieron.
— ¿Estás segura de que es la colina correcta? —preguntó él—. Parece un poco… no sé… silenciosa.
Piper estudió la cordillera. Tenía una brillante pluma azul de una arpía trenzada en el cabello, un recuerdo del ataque de la noche anterior. La pluma no iba exactamente con el disfraz, pero Piper se la había ganado, al defender un rebaño entero de señoritas gallinas demonio por su cuenta mientras estaba de guardia. Ella le restó importancia a su logro, pero Jason podía decir que se sentía bien por ello. La pluma era un recordatorio de que ella no era la misma chica que había sido el invierno pasado cuando llegaron por primera vez al Campamento Mestizo.
—Las ruinas están allá arriba —prometió—. Las vi en la hoja de Katoptris. Y escuchaste lo que Hazel dijo: "La mayor…".
—"La mayor reunión de espíritus malignos que alguna vez he sentido" —recordó Jason—. Si, suena increíble.
Después de luchar a través de los caminos subterráneos del templo de Hades, lo último que Jason quería era tratar con más espíritus malignos. Pero el destino de la misión estaba en juego. La tripulación del Argo II tenía una gran decisión que tomar. Si elegían mal, fallarían y el mundo entero sería destruido.
La espada de Piper, los sentidos mágicos de Hazel, y los instintos de Annabeth estaban todos de acuerdo: la respuesta estaba aquí en Ítaca, en el antiguo palacio de Odiseo, donde una horda de espíritus malignos se había reunido para esperar órdenes de Gea. El plan consistía en infiltrarse entre ellos, averiguar qué estaba pasando y decidir el mejor curso de acción. Luego salir, preferiblemente vivos.
"¿Estamos pidiendo un milagro?"
Los semidioses suspiraron, los dioses miraron nerviosos como sus hijos hablaban de su vida
Annabeth se reajustó el cinturón dorado.
—Espero que nuestros disfraces resistan. Los pretendientes eran tipos desagradables cuando estaban vivos. Si se enteran de que somos semidioses…
—La magia de Hazel funcionará —dijo Piper.
Jason trató de creérselo.
Los pretendientes: un centenar de los más avaros y malvados asesinos que hayan existido. Cuando Odiseo, rey griego de Ítaca, desapareció después de la Guerra de Troya, una multitud de príncipes de pacotilla había invadido su palacio y se negaron a salir, cada uno con la esperanza de casarse con la reina Penélope y tomar el reino. Odiseo se las arregló para regresar en secreto y los mató a todos, el típico regreso a casa. Pero si las visiones de Piper estaban en lo cierto, los pretendientes estaban de regreso, apareciéndose en el lugar donde habían muerto.
Jason no podía creer que estaban a punto de visitar el verdadero palacio de Odiseo, uno de los más famosos héroes griegos de todos los tiempos. Por otro lado, toda esta misión había sido un evento alucinante tras otro. La mismísima Annabeth acababa de volver del abismo eterno del Tártaro.
Nico se estremeció, maldito Tártaro, pensaron sus amigos
Teniendo en cuenta eso, Jason decidió que no debería de quejarse de ser un anciano.
—Bueno… —Se estabilizó con su bastón—. Si luzco tan viejo como me siento, mi disfraz debe ser perfecto. Vamos allá.
Mientras subían, el sudor chorreaba a lo largo de su cuello. Le dolían las pantorrillas. A pesar del calor, empezó a temblar. Y aunque lo intentó, no pudo dejar de pensar en sus recientes sueños.
Desde la Casa de Hades se habían vuelto más vívidos.
A veces Jason estaba de pie en el templo subterráneo de Epiro, con el gigante Clitio cerniéndose sobre él, hablando en un coro de voces incorpóreas: Os tomó a todos vosotros juntos derrotarme ¿Qué vais a hacer cuando la Madre Tierra abra los ojos?
"¿Lucharon contra los gigantes?" Pregunto Hestia, algo asustada por los semidioses.
"Si señora, ellos siete los mataron a todos, con su ayuda, antes habían matado a Encelado, Porfirión, Efilates, Oto, Polibotes y Clitio" explicó Reyna.
Los dioses se miraron alarmados.
Otras veces Jason se encontraba en la cima de la Colina Mestiza. Gea, la Madre Tierra se levantaba del suelo, una figura en remolino de polvo, hojas y piedras. Pobre niño . Su voz resonaba a través del paisaje, sacudiendo los cimientos debajo de los pies de Jason. Vuestro padre es el primero entre los dioses, sin embargo, vos siempre estáis en segundo lugar… para vuestros compañeros romanos, para vuestros amigos griegos, incluso para vuestra familia. ¿Cómo vais a demostrar vuestra valía?
Su peor sueño comenzaba en el jardín central de la Casa del Lobo en Sonoma. Ante él estaba la diosa Juno, brillando con el resplandor de plata fundida.
Vuestra vida me pertenece, su voz resonó. Un apaciguamiento por parte de Zeus.
Jason sabía que no debía mirar, pero no pudo cerrar los ojos cuando Juno se convirtió en una supernova, revelando su verdadera forma de diosa. El dolor abrazó la mente de Jason. Su cuerpo ardió en capas como una cebolla.
Entonces la escena cambiaba. Jason seguía en la Casa del Lobo, pero ahora era un niño pequeño, de no más de dos años de edad. Una mujer se arrodilló delante de él, su aroma a limón le era muy familiar. Sus rasgos eran acuosos e indistintos, pero él conocía su voz: luminosa y frágil, como la capa más delgada de hielo sobre una corriente rápida.
Volveré por vos, querido**, dijo ella. Nos veremos pronto.**
Cada vez que Jason despertaba de la pesadilla, su rostro estaba perlado con sudor. Sus ojos llenos de lágrimas.
Nico Di Angelo se los había advertido: La Casa de Hades revolvería sus peores recuerdos, haciéndoles ver y escuchar cosas del pasado. Sus fantasmas se pondrían inquietos.
Jason tenía la esperanza de que ese fantasma en particular se mantuviera alejado, pero cada noche el sueño empeoraba. Ahora él estaba escalando las ruinas de un palacio donde un ejército de fantasmas estaba reunido.
Jason se había puesto pálido, eso no sonaba bien, ella no.
Eso no quiere decir que ella estará ahí, se dijo Jason. Pero sus manos no dejarían de temblar. Cada paso parecía más difícil que el anterior.
—Casi estamos ahí —dijo Annabeth—. Vamos a…
¡BUM! La ladera retumbó. En algún lugar sobre el canto, una multitud rugió en aprobación, como espectadores en un coliseo. El sonido hizo que a Jason se le pusiera la piel de gallina. No hace mucho tiempo él había luchado por su vida en el Coliseo Romano ante un animado público fantasma.
"¡¿QUÉ?!" Dijeron Hera y Zeus.
"Fuimos a Roma, Percy, Piper y yo luchamos contra los gemelos gigantes, si éramos dignos Baco nos ayudaría, si no, moríamos"
"¡Dionisio, pide perdón, debiste ayudarlo!"
"Pero" al ver la mirada de Hera se tragó sus quejas "perdón por no ayudar"
No estaba ansioso por repetir esa experiencia.
— ¿Qué fue esa explosión? —preguntó.
—No lo sé —dijo Piper—. Pero parece que se están divirtiendo. Vamos a hacer algunos amigos muertos.
"Fin del capítulo" sentenció el legado.
"Yo leo" se ofreció Annabeth.
Pero antes de que pudiera empezar una luz cubrió el lugar.
¿Qué les parecio?
¿Quién creen que aparecera proximamente?
apuesto todos mis libros que nadie va a adivinar
¿A quién les gustaria que trajera?