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Historia 188742 — capítulo 31
Beautiful Doom/Hermoso Destino
Ha extrañado mucho Londres. Ha extrañado las caminatas en las mañanas, las tardes deslumbrantes que puede capturar en la cámara. Ha extrañado a Lily, y sí, ha extrañado mucho a Hermione.
Subió al primer taxi que encontró en el aeropuerto y vino directo hasta aquí, para verlas.
--Servido, joven—le informa el taxista, se baja del vehículo para ayudarle con las maletas.
--Gracias—y paga en efectivo, despidiendo al hombre.
Se coloca la mochila al hombro y arrastra su maleta hasta la entrada del edificio. Siente la vibración de su teléfono en el bolsillo de su pantalón, acomoda el equipaje al lado de la puerta para poder contestar.
Sucede rápidamente. En un segundo contesta el celular y al siguiente el sonido de su maleta contra el cemento lo poner alerta provocando que se gire para ver el desastre.
--¿Son tuyas?—pregunta la chica desde el suelo.
Al parecer se ha tropezado con ellas, vendría muy distraída para no verlas.
--Sí, lo siento—se disculpa de inmediato--¿estás bien?
Le ofrece una mano, ella la sujeta fuerte para ayudarse. Él mira desde el punto que sus manos se juntan y sigue hasta su rostro. Tiene cabello largo y rubio, la piel clara y ojos marrones. De algún lugar siente que puede conocerla, no está seguro de por qué.
--Estoy bien, pierde cuidado—contesta poniéndose en pie.
--Que descuido dejar mis cosas por aquí—acepta él--¿estás segura que no te lastimaste?
--No, no…--y entonces lo ve a los ojos por una fracción de minuto—…estoy bien.
Graciosamente, la chica parece reconocerlo también.
--Que torpeza la mía—exclama ella riendo—has de creer que soy una tonta.
--Por supuesto que no—replica él rápidamente—el tonto soy yo por poner mi equipaje justo en la entrada. ¿Vives aquí?—pregunta interesado entonces.
Nunca antes había visto a esta chica, aunque supone que muchas cosas pasaron cuando estuvo fuera.
--No, una amiga vive aquí—cuenta entusiasmada por la idea, ya puede llamarla amiga—estaba con ella.
--Ah—es lo que sale de su boca.
Se observan breves instantes, como reconociéndose. Luego recuerdan lo que hacen y se apenan de estar mirándose uno a otro como estatuas.
--Eh… soy Neville Longbottom—se presenta, al no tener algo más ingenioso que decir.
La chica se pasma unos segundos extra, sucede que siente que el nombre ya lo ha escuchado. Hace memoria, cae en cuenta de que también su rostro se le hace conocido.
--Hannah Abbott—y sus manos se estrechan por segunda vez.
--Gusto en conocerte, Hannah—se complace Neville.
--Igualmente Neville—corresponde.
--Si todo está bien, entonces voy a entrar ¿te parece?—le dice él después de otro silencioso momento.
--Por supuesto, sí—se despabila para contestarle.
Neville continúa con su labor. Pensando en que tendrá que llamarle a su abuela, pues con todo el suceso colgó sin más.
Hannah también sigue adelante, al principio camina sin preocuparse pero luego siente como si olvidara algo. Duda mucho, aunque al final ese sentimiento gana.
--Oye—le llama, él se detiene al instante--¿y tú? ¿Vives aquí?
Neville sonríe.
--Según mi primer recibo de renta, sí—afirma.
--Entonces… te veré por ahí—supone Hannah.
Él mantiene una posición derecha, con un pie dentro y su maleta en mano.
--Seguro—confirma.
La chica gira sobre sus pies, satisfecha. Se aleja. Neville la ve perderse, todavía con muchas preguntas sin resolver.
--¡Vaya, vaya! Miren que trajo el viento.
--¡Sirius!
Se saludan con emoción. El hombre lo ayuda con el equipaje.
--Ya casi no te reconozco muchacho—bromea Sirius.
--¡Oh, vamos!—apela el otro—solo fueron unas semanas.
--Pues el mundo cambia mucho en unas semanas—advierte el otro, le pasa un par de hojas y una pluma—llénalas y te entrego tu llave.
Neville empieza con el formulario más largo, escribe con cuidado y aprovecha para preguntar.
--¿Cómo está todo?
--¿Todo?—levanta una ceja—te lo resumiré Neville, ¿Qué cómo esta Hermione? Bien, ella está bien.
El chico agradece tener en que esconder el colorido rostro.
--No ha estado sola—añade después Sirius, en un tono diferente.
--Sí, eso lo sé. Nunca la dejarías sola—razona él.
Sirius luce contrariado, decidiendo si debería contarle las más recientes noticias. Ha pasado suficiente, y posee ese sentido extra que lo hace ver mucho más allá de lo que se ve.
--No solo soy yo—comenta, cree que es mejor si está preparado para la noticia—hay alguien más.
Neville detiene su puño de escribir.
--Ya lo sé—confiesa—el hermano de Ginny ha estado mucho al pendiente, ¿no?
--Pues sí, aunque…
--Listo—lo interrumpe—ya termine. Me urge tomar un buen baño, bajare a platicar más tarde—le informa.
No le queda de otra que dejarlo enterarse por sí solo.
--Ok, entonces…--busca en los cajones del mostrador y saca una llave pequeña y plateada—es el 12, piso 4.
--Gracias—se despide para subir en el ascensor su equipaje. Sirius aun quiere detenerlo, pero en el último momento decide que es algo que en realidad no le incumbe.
Ya en el elevador presiona el 4 y espera. Siente el ligero movimiento en ascenso y escucha el zumbido. Experimenta una clase de nervios que nunca antes ha sentido. No queda mucho del chico extraordinariamente tímido, pero si lo suficiente para no dejar de repasar lo que dirá o bajar la cara cuando una emoción lo sorprende.
Pensó mucho en quedarse con el empleo en Liverpool. Pensó en tomar sus cosas y alejarse, pero cuando más decidido estaba, terminaba arrepintiéndose. No podía alejarse.
Así que volvió. Esta vez no iba a darse por vencido por muy difícil que fuera la batalla.
--Solo respira—se decía a sí mismo.
El numero 3 sobre el tablero del elevador lo llamaba poderosamente, y él quiere ceder. ¿Así que por qué esperar? En un último instante lo presiona y el mecanismo se detiene, abriendo las puertas.
--Solo respira—se repite.
Todo sucede en cámara lenta.
Sale de ascensor y la primera imagen que ve es ella. Parada afuera de su puerta y dándole la espalda. Luego gira de perfil, muy lentamente. Está usando un bonito vestido azul, y con Lily en su portabebé, con su conjunto verde esmeralda. Lo reconoce como uno de los que él mismo le regalo. La bebé se ve preciosa.
Igual que ella.
Su cabello parece flotar en el aire, con gracioso ímpetu. Y sus ojos aún no lo han notado. Decide aprovechar lo máximo posible éste espacio suspendido en el tiempo.
Piensa en una manera ingeniosa de saludarla, pero entonces, Sirius tiene razón. El mundo ha cambiado.
Porque Ron Weasley sale del apartamento en seguida, pierde una décima de segundo comprobando que la puerta está bien cerrada y luego se dirige a ella.
Mirándola como él siempre lo hizo. Acercándose como él nunca logro. Se toman de las manos, felices. Y ese es el fin.
--¡Neville!—grita, poniéndole fin a la inanición de rapidez.
Hermione emprende una pequeña carrera hacia él y lo abraza. Rompe su promesa interior de respirar no importara qué. Esa presión en su cuerpo lo hace terminar de reaccionar.
--Hola—saluda sin aliento, apesumbrado--¿Cómo has estado?¿Cómo esta Lily?
--Muy bien—responde radiante, sube más el portabebé para que pueda ver a la niña--¿Cómo éstas tú? Cuéntame, ¿Cómo está tu abuela?
--Insoportable—bromea, ocultando el derrumbe que ocurre adentro—le ha contado a todos sus conocidos que su nieto ya es una bogado.
La castaña ríe.
--Me da gusto que ahora si hayas pasado tiempo con ella—comenta—pero... ¿Te dieron el trabajo en Liverpool?
La tensión en su voz es innegable, lo reconforta que le importe tanto.
--Sí—confirma, y su expresión decae un tanto—pero lo rechacé--ahora sí sonríe—decidí que me quedaré por aquí, a dar más problemas, ya sabes.
Los dos sonríen, hasta que Hermione extiende la mano hasta Ron y él la estrecha acercado al par de amigos.
--Hay algo que quiero contarte—empieza ella--¿no adivinas que es?
El pelirrojo luce mesurado cuando lo saluda con un movimiento de cabeza. Neville también asiente.
--Ya lo adivine—responde luego—solo que aún no me lo creo. Tú nunca… ya sabes.
--Bueno—se sonroja ella--¿Qué te digo? Ni siquiera yo puedo creérmelo tampoco.
Con solo verlos juntos puede decir que son muy felices así. Y cuando intercambian una mirada termina por convencerse de que todo es real. Ellos dos, enamorados, lo son.
--Me alegro mucho por ustedes—pronuncia, y sus palabras son reales también. Lo que más desea es verla recompuesta, no importa lo demás.
--Gracias—contesta Ron con ese mismo aire de sus conversaciones anteriores.
--¿Qué significan las maletas?—pregunta emocionada Hermione, mirando tras del muchacho.
--Me mudo al edificio—cuenta Neville—estoy en el piso de arriba.
--Genial, nos veremos más seguido entonces—asegura--¿te parece si mañana te das una vuelta por aquí? Tenemos mucho de qué hablar.
Neville hace su mejor esfuerzo para continuar sonriendo.
--Claro que sí—acepta la invitación—estoy ansioso.
Hermione lo abraza de nuevo, su humor ha mejorado muchísimo. Neville acaricia la cabecita de Lily, que esta tan despierta y alerta como nunca la vio.
--Nos vemos entonces—dice la castaña abordando el elevador.
Ron lo mira, con cierta solemnidad.
Hasta que las puertas se cierran y lo aíslan de la imagen de la familia feliz, puede volver a pensar con soltura y debidamente.
Al menos ya sabe que no hay más batalla por luchar.
--Entonces no la conoces.
--Por supuesto que no, nadie de la familia la conoce.
Conversan sobre el tema del momento, ¿quién y cómo será la prometida de Bill? Parece la pregunta del millón por estos días. Ron conduce, Hermione mira por la ventanilla. Los últimos días no han exactamente alegres, sin embargo para ellos dos, cualquier día que puedan pasarla juntos terminara siendo un buen día.
Razón por la cual agradece su "suspensión", le dio todo el resto de la semana para ellos dos.
--Qué bueno que regreso Neville, ¿no?—empieza Ron con un tema nuevo.
Hermione aparata su vista de la ventana.
--Pues sí—acepta—que bueno.
El pelirrojo se mantiene atento a cualquier gesto de la castaña, cualquier cambio de voz o una actitud extraña. Pero se ve tranquila con ello.
--Te dijo que se quedará en Londres, ¿verdad?—insiste en ello.
--Sí—responde--¿por qué?
--Eso es bueno—dice con los ojos en el camino—es alguien importante para ti.
Es turno de Hermione para intrigarse, para tratar de detectar un mensaje bajo las palabras.
--Quiero que tengas cerca a las personas que te importan—añade—cómo Hannah, no sé cómo lo hizo, pero te conquisto—bromea.
Se permite sonreír ante ello. Ron dice en serio todo esto.
--Es bastante persistente—le explica—cuando la conozcas mejor, verás.
Una mejor descripción sería decir que se parece mucho a Ginny, así podría tener una idea.
Al llegar a la Madriguera, lo primero que ven es una gran carpa instalada en el jardín trasero. Seguramente Bill considero más agradable comer al aire libre.
Lily, en su pequeño asiento, reclama atención con llanto. Hermione la toma en brazos mientras Ron recoge la pañalera. Es mágico tal vez, el cómo Hermione se ha acoplado a las necesidades de un bebé es sorprendente.
Caminan hacia el jardín, sin ninguna prisa. Antes de llegar a la zona de la carpa, donde los Weasley seguramente ya estarán, Ron aprovecha para dedicarle una mirada fija a Hermione, de las que no puede permitirse en público aún.
--¿Qué?—le pregunta ella al notarlo.
--Nada—responde, pero le roba un beso fugaz—aprovecho los últimos momentos.
--Ok—accede ella sonriente, feliz.
Nunca supo que besar a alguien se podría sentir así.
--Suficiente—dice después—tengo a Lily en brazos, y alguien podría…
--Sí ya sé—termina Ron, fingiendo molestia.
Rodean la casa para ir directo al patio de atrás, uno metro antes de llegar al lugar donde se extiende una larga mesa, quedan totalmente desconcertados.
--¡Ya no quiero discutir!
--¡Qué fácil te libras de los problemas! Solo basta con ignorarlos y decir que tienes mucho trabajo.
--Si no vas a creerme entonces no me hagas darte explicaciones.
--Pues la verdad es que no. ¡Ya no puedo creerte Arthur!
Alterados, fuera de sí. Se gritan en el pequeño pórtico de la puerta trasera. Vestidos elegantemente y con todas las cosas listas para la comida, cada detalle exterior arreglado, lo que no puede decirse del interior. Pero Hermione no puede evitar pensar en lo mucho que reconoce eso. Le recuerdan a sus padres.
--Ron, Hermione—saluda el señor Weasley cuando los detecta de reojo.
--Qué bueno que ya llegaron—con rapidez Molly compone la sonrisa más radiante que puede—los acompaño a sentarse.
Ron le dirige una mirada a la castaña, como diciéndole "está bien, no tiene importancia". Claro que muy en el fondo, debe saber que sí.
--¿Qué tal estuvo el viaje?—inicia cordialmente la señora Weasley.
--Bien, no hay mucho tráfico—responde ella siguiendo la misma línea.
--¿Dónde está Bill, mamá?—inquiere sin dudar el pelirrojo.
--Adentro con… su prometida—entona diferente lo último—Esa chica me parece demasiado altiva para Bill.
--¿Por qué lo dices?—cuestiona extrañado Ron—pues ¿quién es? ¿la princesa de Mónaco?
--Ya la verán, me darán la razón—se regodea Molly con cierta preocupación.
En un abrir y cerrar de ojos, ya tiene encima a Fred y George, que no se resisten a los encantos de la pequeña Lily. El ausente es Charlie, que debido a que trabaja los fines de semana, no pudo viajar desde Rumania para el evento.
Percy arriba más tarde, Audery, su ahora esposa, desfila de su brazo con gracia y bastante carisma, contrastando con la seriedad perpetúa de su esposo.
Faltando un cuarto de hora para las 4 de la tarde, Bill hace su aparición.
--Hola familia—saluda en voz alta—gracias por estar aquí hoy. Creo que ya todos saben cuál es el motivo.
La señora Weasley se acomoda en su asiento, disimulando. El señor Weasley se mantiene a un par de sillas más a la derecha.
--Para comer—gritan al unísono los gemelos, poniendo el momento cómico de la tarde.
--Sí, también—acepta Bill con una sonrisa—pero antes de eso quiero que conozcan a alguien.
Da un paso al lado, y deja ver a una mujer rubia platinada, bella y con cuerpo esbelto. Sus facciones son finas y estéticas, sus ojos brillantemente azules. Es digna de una portada de revista.
--Conozcan a Fleur Delacour, será mi esposa a finales del mes.
--¡¿A finales del mes?!—se escandaliza silenciosamente la señora Weasley, de manera que solo Hermione y Ron la escuchan—pero si es muy pronto.
Los demás se dividen entre sorpresa y felicitaciones. Bill y Fleur, casi ajenos a todos los demás, se dan un beso que deja ver porque tiene tanta prisa por casarse. Están locos el uno por el otro.
Minutos después, la familia se avalancha sobre la pareja para conversar, saludar de cerca a la futura Weasley, y desearles lo mejor.
--Es un placeg conoceglosfamilia—corresponde la aludida a cada saludo.
Minutos más tarde parecen calmarse los ánimos, y se da paso a servir la comida. Para suerte del apetito de los comensales, las costillas de cerdo, el pavo, las pastas y ensaladas están deliciosas.
Pasan un rato agradable conversando acerca del clima y demás cotidianidades, y enseguida se da paso a la música. Ahí es cuando todos parecen sumergirse en un asunto distinto.
--Al fin te atrapo—le dice Ron por detrás de la oreja, provoca que todo el cuerpo se le erice.
--Me espantaste—se queja Hermione.
--Lo siento—se disculpa él sentándose a una precavida distancia—es que mi papá quería charlar un poco conmigo y se me fue el tiempo. No quería dejarte sola.
--Fred y George estuvieron por aquí, no estuve sola—aclara, arrulla quedamente a la bebé, pero ni así logra quedarse en paz.
--Vamos adentro para que pueda dormir allí—le propone ayudándole con las cosas.
Entran a la casa, alcanzan a ver a la señora Weasley muy ocupada en un interrogatorio a Fleur, y a los gemelos emocionados charlando sobre la próxima apertura de su tienda de bromas. Pasan desapercibidos.
--Mi cuarto aquí ya está vacío, pero podemos llevarla al de mis papas—opina Ron subiendo las escaleras—seguro no les importa.
Inmediatamente dan con la habitación, que es la primera del pasillo. Al fondo, sin que puedan evitarlo, se les van los ojos a la puerta final. La del cuarto de Ginny.
--Pasa—la apresura Ron para cortar el mal momento.
Colocan a Lily en la cama, al principio llora un poco. Hermione tiene que recostarse a medias a su lado para que se calme, le susurra alguna especie de tonada y la niña duerme de nuevo.
Ron la observa, recargado sobre el guardarropa y de brazos cruzados.
--Leí que los bebés crecen con mayor seguridad y confianza si se acostumbra a dormirlos así—explica, como si el gesto fuera algo meramente mecánico—se sienten apoyados por sus padres.
--¿Así que lo leíste?—pregunta él con ciertas reservas.
--Aja—emite con simpleza.
--¿Y la canción?
Hermione aparta los ojos de la pequeña para mirarlo.
--Bueno, tiene una historia—le cuenta tomándose su tiempo— Ginny la cantaba en las madrugadas cuando debía tener 6 o 7 meses, solía tener problemas para dormir porque Lily era bastante inquieta y cambiaba de posición toda la noche--recuerda—yo nunca la oí antes. No sé de donde la saco.
Ron trata de recordar las canciones que su madre cantaba para ellos, pero no viene a su mente ahora.
--Una noche Lily estaba en su cuna llorando tan fuerte que mi cabeza quería explotar—continúa explicando—y de algún lugar recóndito de mi memoria… salió la canción. Por supuesto que no pude recordar la letra, quizá porque siempre que yo la oía estaba media dormida. Pero recordaba bien el ritmo y la tonada. Así que pensé en tararearla, y Lily se calmó. Creo que la recordó también—supone—inconscientemente, como yo.
Ambos lo sopesan en silencio. Dejando que el espacio se llene con quietud.
--Deberías pensar seriamente en quedártela—concluye Ron luego de un rato.
--¿Quedármela? Eso no es parte del plan—la ha tomado por sorpresa—Yo no sabría criar a una niña, es…
--Puedes decir lo que quieras—le interrumpe—escudarte diciendo que lees libros y todo eso, pero en el fondo Hermione, tú sabes que eres su mamá.
La castaña trata de reírse, como si fuera una idea muy descabellada.
--Hablo en serio, Granger—insiste él.
--No. Ella va a quedarse con tus padres, sus abuelos—responde inmediatamente—aquí, con su sangre. Ese es el plan.
--Pues los planes siempre cambian—aporta Ron—yo no apostaría nada aún.
--¿Quieres que me la quede?—le pregunta entonces.
--No, quiero que tú hagas lo que de verdad quieras—responde, descruzando los brazos para meter las manos en los bolsillos del pantalón—lo que sea que tú quieras, sin engaños a ti misma.
—Yo no sé qué es lo quiero—simplifica ella.
Hermione se pierde mirándola dormir, porque es dormida cuando más enternecedora se ve. ¿Quiere quedársela? Bueno, sabe que quiere cuidarla. Quiere que sea feliz.
--¿Y qué hay de mí?—pregunta Ron, todavía tranquilamente recargado.
--¿Qué contigo?—se confunde—Tú sabes que te quiero.
--Ya sé que me quieres—concluye apacible—y tú sabes que soy un hombre paciente, que iremos paso a paso, pero…hay cosas mínimas que necesito saber.
La castaña se levanta de la cama, se para enfrente con la cabeza ligeramente ladeada.
--¿Qué somos?—pregunta el pelirrojo—tu y yo juntos. ¿Qué es lo que somos?
--¿Qué somos?—repite confundida--¿Necesitas una definición?
--Pues sí—acepta—no he hecho ningún movimiento brusco, y tú no has usado una palabra que me dé una idea. No puedes negarme al menos eso.
Tiene razón en parte, Hermione ha progresado bastante en sus relaciones humanas. Y sin embargo ahí están, ocultándose de los Weasley, su familia.
--Somos…—debe hacer un esfuerzo—somos un par de adultos, disfrutando la vida juntos.
--¡Wow! Por eso te quiero, por romántica—comenta sarcástico.
Aunque no lo dijo exactamente en mal plan, está prácticamente en su genética reaccionar a la defensiva.
--Bueno, sabes bien que tú eres el romántico aquí.
Ron se toma un momento, no quiere iniciar una pelea.
--Lo sé, pero no es como que te moleste, ¿o sí?—y sonríe, de esa forma que bien sabe.
--No—admite ella—pero a veces me haces sentir cómo un tempano de hielo.
Caen en cuenta de lo gracioso que es. Ríen un buen rato, procurando no elevar el volumen y despertar a Lily, luego poco a poco se recuperan. Se miran a los ojos, descubren que siguen en el mismo dilema.
--Quiero poder gritárselo al mundo—dice él—o a mi familia, al menos.
--Sé que sí—y reconoce que debe ser flexible en eso, por mucho miedo que tenga.
--Y no es que me esté poniendo pesado, pero quiero saber que…--busca palabras para suavizarlo—tenemos una visión clara de a dónde queremos ir.
Honestamente, se siente contra la pared, aun si no es la intención de Ron. Aun si muy en el fondo sabe a dónde quiere ir, aun con todo ello, el temor a terminar siendo una historia triste cierra su boca.
El muchacho la observa, retraída y pensante, algo como una sombra dentro de sus ojos.
--Vamos abajo, no quiero despertar a Lily—propone ante su silencio.
Salen y cierran la puerta cuidadosamente. Cuando Ron está en el rellano de la escalera, Hermione sabe que no quiere terminar su conversación así.
--¿Cuál es tu visión exactamente?
El chico voltea, las manos siguen en los bolsillos de su pantalón, lleva el saco abierto y se ha aflojado la corbata. Su sonrisa es más bien triste e indulgente.
--Quizá no estás lista todavía—opina—y está bien. Sabes que te esperare siempre Hermione.
Pero eso no la consuela demasiado.
--¡Ron! Gracias al cielo que te encuentro—lo sobresalta la señora Weasley--¿Dónde… estaban?
--Lily necesitaba dormir, le mostré a Hermione dónde dejarla—explica sin titubeos—está en tu habitación.
--¡Ah! Sí, está bien—concuerda Molly—tu padre busca el hielo que compramos, está en el cobertizo, ¿Por qué no lo ayudas?
--De acuerdo
Se retira no sin antes dedicar otra mirada a Hermione.
--¿Estás muy ocupada, Hermione?—le pregunta la señora Weasley, despabilándola--¿puedes ayudarme con las copas?
--Ah… claro, sí.
La conduce hasta la cocina, le indica de donde sacar copas. La castaña se estira para alcanzarla en lo alto de la repisa de un gabinete.
--Francesa, ¿puedes creerlo?—dice de pronto—mi hijo se casara con una francesa. ¿Qué hay de malo con las chicas inglesas, eh?
Hermione se congela por un momento al no saber qué decir, por supuesto que tiene la respuesta adecuada según ella: no se escoge a quien querer en base a su nacionalidad. Prefiere que la señora Weasley siga desahogándose.
--¡A finales del mes! Están yendo muy deprisa—continúa, la castaña vuele a largarse para tomar la segunda copa--¿Acaso es una competencia? Percy hizo lo mismo, que tal si luego Fred y George los siguen. No, ellos son muy jóvenes para casarse.
Nueva mente se enfoca en alcanzar una tercera copa, pretende pasar desapercibida para no tener que opinar.
--¿O Charlie? ¿Qué tal si un día llega y ya está casado? ¡Estan locos!—termina gritando, asusta tanto a Hermione que por poco suelta una copa al piso—y para colmo de males, creo que Ron esta volviendo a salir con una chica.
Se hace completamente sorda a la última frase. Termina de bajar el resto de las copas en silencio. Cuando se gira descubre por qué. Molly Weasley está llorando.
--¿Señora Weasley, se siente mal?—pero ella niega con la cabeza.
La chica se acerca con precaución al fregadero donde está apoyada, mirando por la ventana.
--No quiero ser imprudente y meterme en cosas que no me incumben, pero la vi discutiendo con el señor Weasley—confiesa, haciendo que ésta la mire apenada.
--Lamento que hayas tenido que ver algo así—se disculpa.
--No tiene por qué disculparse, de hecho, si quiere charlar…--quizá está tomando mucha confianza, pero se siente con la necesidad de hacer algo—soy buena escuchando a los demás.
Molly lo medita un tanto antes de hablar, pero lo hace, y eso ya significa mucho.
--Estoy preocupada—acepta—por todo, por todos. Unos se casan como si fuera algo de todos los días. Otros dejan sus carreras y montan tiendas de cachivaches—explica—otros se van de la casa, otros se refugian en el trabajo. Solo estoy muy preocupada.
Se pone a su lado, la acompaña mirando por la ventana. Afuera la tarde está cayendo rápido.
--Señora Weasley—comienza—yo creo que las cosas apenas se están acomodando. Lo que paso… nos… cambió—se incluye ahí, por supuesto—Percy y Bill entendieron que la vida es corta, y que no se pueden permitir esperar para hacer algo de lo que ya están seguros. Y los gemelos, bueno, creo que usted y yo sabemos que lo suyo no es la ingeniería mecánica—logra hacerla sonreír a medias—tienen suerte de poder hacer lo que verdaderamente deseen con su vida. Como Charlie, que está dedicado por completa a su trabajo porque es lo que ama hacer.
Molly seca sus lágrimas con el dorso de su mano. Empieza a recomponerse lentamente pero ahí va.
--Y el señor Weasley está buscando la forma de lidiar con su perdida, igual que usted—le asegura—es completamente normal.
La señora Weasley asiente hacia ella, mucho más calmada. Se toma su tiempo antes de hacer otro movimiento. Bill y Fleur bailan allá afuera, y los demás se ven contentos mientras platican. Respira profundo y le sonríe.
--Gracias—pronuncia, con su mano posada en el hombro de la chica.
Es una escena difícil de imaginar para Hermione, un tanto incómoda después de todos los roces que tuvieron antes. Pero a pesar de todo, reconfortante.
Así que continúan con la tarea de buscar una botella de vino. Cuando localizan una que le agrada a Molly, la cabeza de Hermione no deja de trabajar. Es una locura, esto sí que será una terrorífica locura.
--Señora Weasley—la llama apaciblemente—tiene razón respecto a algo. Ron está saliendo con una chica.
No hace falta describir mucho la cara de la madre Weasley, diría que esta algo sorprendida pero es más bien preocupación.
--¿En serio? Sabía que algo traía entre manos—comenta— regresa a Londres, se va de casa, busca privacidad. Solo espero que no sea otra de esas muchachitas huecas con las que solía gustarle salir.
--¿A qué se refiere?—le pregunta obviamente interesada, o más bien, algo alarmada.
--Ron tiene una increíble facilidad para rodearse de gente que no le conviene—cuenta la señora Weasley—de ahí que siempre termine mal.
Como con Lavender Brown, piensa secretamente mientras acomoda las copas en la bandeja para llevarlas al brindis.
--¿Cómo sabes que Ron sale con alguien?—la cuestiona muy intrigada la señora Weasley--¿La conoces?
Muy bien, piensa para sí misma y se toma unos breves segundos antes de soltarlo.
--Sí, la conozco desde hace buen tiempo—comenta nerviosa, alarga el momento lo más que puede antes de continuar. Levanta la cabeza con decisión y solo lo suelta—soy yo.
Contra todo pronóstico, contra todo posible escenario en su mente, Molly Weasley se para en seco. Procesa con pasividad lo dicho y su expresión se relaja, y con calma digiere las palabras, sonríe.
--Gracias por contármelo—le dice—no debió ser sencillo si lo retrasaron tanto.
¿Por qué siempre tienen que tomarla por sorpresa? ¿Por qué todo el mundo parece saber las cosas antes que ella?
--Espere… ¿qué…
--Andan juntos de allá para acá, todos esos cambios en Ron—enumera las evidencias—y tú sonríes más. Ninguno de nosotros sabía…
--¿Nosotros?—se escandaliza un poco
--¿No creerás que soy la única que lo noto, o sí?—es su respuesta obvia—No estábamos seguros de que pasaba realmente ahí, pero se veían más felices. Hermione, —la ve directo con aire de autosuficiencia—tienen esa cosa en los ojos cuando voltean entre ustedes.
Todo el color posible se le sube a las mejillas, a todo el rostro. La señora Weasley se ríe un poco de ese detalle.
--Entonces…--se recompone para hablarle seriamente—tengo que preguntarte, ¿Es oficial? Contándome esto es lo que quieren, ¿verdad? Hacerlo… formal.
No tiene que meditarlo nada cuando responde. Se encuentra nuevamente con que es simple dejar salir algunas palabras.
--Sí. Contándole esto… quiero mantenerla al tanto de lo que pasa con su hijo—resume—quiero que tenga la certeza de que Ron está en buenas manos. Quiero que su familia sepa lo feliz que es.
--Muy bien—acuerda la señora Weasley un par de instantes después—entonces ven aquí.
La encierra en un abrazo, y en cambio a todos los demás abrazos que le ha dado, éste se le figura más cómodo, más familiar. Debe ser una especie de aprobación y bienvenida.
--Oye Ron. ¿Dónde está la bebé?
El chico menor de los Weasley estaba ocupado partiendo un par de bloques de hielo cuando le pregunto. Percy nota que se extraña un poco, pero al final contesta.
--Dormida, ¿Por qué?
--Audery quería conocerla—le cuenta con rapidez, Ron ve a la mujer aludida que le sonríe tímidamente detrás de su hermano—no la vio mucho en la boda. Hermione se la llevó muy temprano.
--Hacía frio—defiende Ron enseguida.
Los chicos se toman un rato para analizar la mirada del otro.
--Claro—concede Percy—ya no importa. ¿Dónde está?—repite.
--En la habitación de mamá y papá—le informa finalmente.
Percy extiende la mano a Audery y se alejan dejando a Ron detrás y muy extrañado. Aparentemente nadie los ve, aunque no tendrían por qué preocuparse por ello. Van directo hacia la escalera y de inmediato dan con la puerta que buscan.
--Ahí está—señala Percy una vez dentro.
--¡Ay Percy! Es una lindura—opina su esposa entusiasmada.
Se arrodilla a un lado de la cama para tenerla de frente. Pueden ver su pancita subir y bajar al compás de su suave respiración.
--Ya tengo todo el plan—le dice su esposo agachándose en cuclillas detrás de ella —acabo de mandar los últimos papeles. Brooks pone en marcha todo para el lunes temprano.
Audery está totalmente concentrada en Lily. Acaricia una de sus manitas sutilmente, la niña da un respiro más profundo en respuesta. Siente mucha pena porque la pequeña no conocerá a su mamá nunca, y se imagina el inmenso dolo que la familia de su esposo debe tener aún por ello.
Busca la mano de Percy para sujetarla fuerte, luego dice lo que su conciencia le pide a gritos.
--¿En verdad crees que es lo correcto, Percy?
--Si lo creo—afirma seguro—confía en mí.
Pero sin evitarlo, tiene que decírselo. Porque muy en el fondo sabe que esto causara grandes problemas.
--Tengo miedo—le confiesa todavía sostenida de su mano.
--No lo tengas—la reconforta—todo va a salir de acuerdo al plan.
Voltea la cabeza para verlo mejor.
--Justo es de eso de lo que tengo miedo.
Percy besa su frente asegurándole que van a estar bien.
Ya pasaba de las 8 de la noche y aun nadie parecía querer irse de la Madriguera. Fleur había contado más detalles de su vida en el resto de la tarde. Como que tenía un octavo de sangre azul de la realeza, o que era una agente de viajes muy interesada en los lugares turísticos de Inglaterra.
Supieron también que solo tenía una hermana, y dado que los gemelos no dejaban de preguntarle si se parecía a ella, tuvo que dejarles claro que apenas tenía 14. Bill y Ron se murieron de la risa.
Hermione no había tenido más oportunidad de hablar con Ron a solas, así que las cosas entre ellos seguían un tanto tensas para su gusto.
--Fue un placer conocerte Fleur, y felicidades de nuevo Bill—reitero la castaña ya entrada la noche—pero considero que es buena hora para retirarme.
--Por supuesto que sí Hermione, pero antes de irte, quisiéramos proponerles algo—responde Bill—¿Qué me dicen de ser los padrinos de mi boda?
--¿Pa-padrinos?—tiene que volver a preguntar en caso de no entenderlo bien.
--Tu y Gon, pog supuesto—termina confirmándolo la prometido del mayor de los Weasley—mi dama dehonogy el padgino del novio ¿Qué dicen?
Para Ron está bien, puesto que será la boda de su hermano, pero para ella es algo precipitado, puesto que acaba de conocer a Fleur. Recuerda la última vez que le pidieron algo así. Ginny.
--Es que no conozco a muchas pegsonas aquí, mis amigas están en Fangcia—explica leyendo sus pensamientos—y Mi hegmanita Gabgieles demasiado pequeña. Además me has caído muy bienHegmione.
Es repentino sí, pero al mismo tiempo se siente tan bien estar con estas personas que no podría negarse. Y Bill se ha portado muy comprensivo con ella.
Ron y la castaña se toman un par de segundos, en los cuales apenas se encuentran sus miradas. Ella trata de conseguir una aprobación más clara, hasta que Ron palmea por la espalada a Bill complacido.
Hermione sonríe en respuesta.
--Gracias chicos—concluye el futuro novio—significa mucho. Y gracias por venir Hermione.
--No me lo hubiera perdido—corresponde ésta amable—Ahora si me retiro.
--¿Necesitas que te lleve Hermione?—ofrece Fred atento.
--No te preocupes hijo—interviene la señora Weasley—se ira con Ron.
Las caras de sorpresa de todos no son muy bien disimuladas. La más notoria era quizá la del propio Ron, que observaba a su madre como si ésta hubiera dicho que planeaba mandarlo a la luna.
--S-Sí, claro—reacciona el aludido todavía intrigado, y dirigiéndose a Hermione pregunta amable--¿Nos vamos?
--Seguro—responde ella, animada por su tono de voz—Iré por Lily.
Es entonces que Percy reacciona como impulsado por algún resorte en su asiento. Se acerca a los dos y procura llevar puesta su cara de afabilidad.
--De hecho, Hermione—empieza—me gustaría que consideraras dejar a Lily aquí con nosotros por esta noche.
La castaña de inmediato levanta las cejas.
--¿Dejarla?—sopesa—no creo que sea buena idea.
--¿Y por qué no?—insiste Percy—sabes que aquí está más que segura. Además aprovecharíamos para salir a dar un paseo mañana, todos juntos. La familia.
Ella no pasa por alto el ligero y casi imperceptible énfasis en la última frase. Le deja en claro que no está invitándola.
--En serio debo insistir en que no me parece correcto que, siendo yo la responsable legal de Lily, la deje andar por ahí—debate—tiene solo un mes, no puede estar sin su… sin cuidados.
Corrige en última instancia. La primera palabra que había llegado a su mente fue "mamá", pero no. Hermione no es su mamá, debió ser porque hoy pensó mucho en ese tema.
--Cuidados que nosotros podemos darle—se mantiene firme el otro—somos su familia. Además tarde o temprano terminara con nosotros—añade, su voz no refleja malicia, pero si tiene un objetivo claro al decirlo—Tú eres la tutora temporal, es bueno que se vaya acostumbrando a nosotros.
La castaña voltea para ver a Ron, pero éste no regresa su mirada, está muy ocupado inspeccionando el rostro de Percy. ¿Podría seguir negándose? Legalmente sí, pero en términos prácticos y morales cree que no. Percy tiene razón.
--¿Y dormiría aquí, verdad?—condiciona—¿no saldrá a ninguna otra casa, o pasearan muy lejos?
--Los llevare a todos en mi camioneta a la ciudad—explica—solo será una salida a almorzar y ya. A medio día estamos de regreso aquí y puedes recogerla en la tarde.
Sin más armas para replicar, y con Molly llena de ilusión mirándola anhelante.
--Está bien, supongo—termina por ceder, tiene los ojos de todos encima. La señora Weasley sonríe emocionada—tiene suficiente leche en polvo en la pañalera y un cambio de ropa más. No puse demasiados pañales, tal vez deban comprar.
--No te preocupes Hermione, yo tengo un paquete extra aquí siempre, por las dudas—la tranquiliza Molly.
Se olvida que la niña ya pasa varias horas diario con su abuela.
--Ok, entonces solo subiré a echarle un último vistazo, si no les molesta.
--Adelante, adelante—la anima el señor Weasley, abriéndole paso.
Hermione entra a la casa todavía algo turbada. Ron, apenas la ve desaparecer, se lanza sobre su hermano.
--¿Qué fue eso Percy?
--Nada, solo iremos de paseo—responde inocentemente—si quieres venir, estas invitado.
--Si tanto quieres pasar tiempo con tu sobrina porque no simplemente organizar una salida donde invites a Hermione—reprocha Ron, baja la voz para que sus padres o demás presentes los escuchen--¿por qué hacer que se separe de la niña?
--Porque es un asunto familiar—le contesta perdiendo algo la calma—y ella no es de la familia, no importa cuánto pretendamos que sí.
La impotencia corre por sus venas. Quiere gritarle en la cara que Hermione si es de la familia, no solo por las cosas que hizo por Ginny, sino porque tiene planes para los dos. Planes donde ella termine siendo una Weasley.
Pero no lo hace, debe contenerse al recordar que para que todo eso pase, la propia Hermione debe querer lo mismo también. Ese es el detalle.
--Listo—regresa la castaña—ella está bien, aunque es más que seguro que llorara en la noche así que… espero que sepan manejar eso—apunta.
--Pierde cuidado Hermione—una vez más Molly debe ser quien la tranquilice—algo me dice que podré encargarme—algo como siete hijos.
Agradece a la señora Weasley y se despiden de todos con un gesto de mano. Por su propio bien, Hermione evita voltear para ver a Percy quedarse más que satisfecho.
Abre la puerta y enciende las luces. Hoy, más que disfrutar del sueño prolongado por la ausencia del llanto de Lily, es seguro que va a extrañarla.
--Pasa—invita al pelirrojo.
Él cruza la puerta con andar pausado, el viaje de regreso no ha sido nada agradable para los dos. Lleno de silencio y frases cortas demasiado banales.
--Ella estará bien—le asegura cuando su vista se detiene en las cosas de la bebé que hay en la sala.
--Ya sé, confío en tu mamá—comenta Hermione.
Vuelven a quedarse en silencio, ella se para cerca del comedor, él aún no da más de tres pasos más allá de la puerta.
--¿A qué hora quieres ir por Lily mañana?—pregunta Ron para tener algo que decir.
--Sí por mí fuera, estaría allí a las 12 del día—opina—pero supongo que es mejor si voy pasando la hora de la comida.
--Claro—asiente Ron, antes de que el silencio se haga más grande decide continuar preguntando--¿y quieres hacer algo mañana? Es domingo.
Hermione lo ve fijamente. Le molesta tener que estar actuando como si recién se conocieran. No hay hostilidad, y no siente presión. Es justo todo lo contrario, Ron ha dado un paso atrás. Retrocede ante su inseguridad de permitirse llevar por la corriente.
--Esto tiene que parar—suelta la castaña sin más.
Él parece entender bien a que se refiere por que adopta la misma posición de antes. Las manos en los bolsillos y se recarga en la puerta. Se ve profundamente interesado en su corbata.
--Tú, y tu… desanimo tienen que parar—reclama ella entonces.
--No estoy… desanimado—asegura Ron, pero tiene la misma expresión en el rostro.
--Bien, entonces continuemos con nuestra charla—exige Hermione, sin titubear--¿Cuál es tu visión de nosotros? Tú me dices la tuya y yo te digo la mía.
El pelirrojo le sonríe, es la expresión de alguien que mira con fragilidad lo que tiene enfrente.
--No estás lista—vuelve a dictaminar, cambia su postura y abre la puerta—Te veo mañana.
No dejara pasar el momento. Ni un solo momento más.
--¡Tienes que decirme!—grita dando un par de pasos más—deberías decirme—termina.
Ron gira otra vez hacia ella, un tanto asombrado por el coraje y la decisión de Hermione. Son esos chispazos de fuerza los que lo dejaron colgado de ella desde el día uno.
--¿Por qué debería?—pregunta el chico calmadamente.
Hermione sonríe.
--Porque debemos saber si… tenemos una visión clara de a dónde queremos ir—le recuerda, con las mismas palabras que él uso—para saber si vas en serio conmigo—concluye en tono fingidamente serio.
Se ríen juntos. Y escuchar la risa del otro es quizá lo más tranquilizante que pueden recibir en estos momentos. Pero luego, como termina pasando, el silencio regresa.
--Le dije a tu mamá que estabas en buenas manos—lo sorprende por completo, allí, un paso fuera de su puerta, se ha quedado petrificado—le dije que iba a cuidar de ti. Que éramos… formales—culmina con mucho énfasis.
Lo que experimenta Ron es difícil de explicar, tomado con la guarda baja comprende la forma en que su madre insistió en que la trajera a casa. Y en contra de lo que el creyó su máxima capacidad, se queda colgado de la chica que tiene enfrente más que nunca. Se vuelve a enamorar.
--Así que no lo dudes—le pide Hermione con suplica—no te des por vencido conmigo.
Él da un par de pasos al frente, apenas puesto en el tapete de entrada. Relaja los hombros con los brazos extendidos y se dibuja en sus labios una curva ligera. Cuando habla, el mundo entero se detiene. Como ingrávido, congelado.
--Quiero casarme contigo—empieza de pronto—quiero tener hijos contigo. Quiero construirnos una casa. Quiero sentar cabeza y envejecer contigo. Quiero morir cuando tenga 90 años, en tus brazos—ella solo lo ve fijamente, de repente inexpresiva—No quiero ser solo un par de adultos divirtiéndose juntos, ni quiero solo fines de semana y tardes libres. Yo quiero el paquete entero. Quiero toda una vida.
En las distancias cortas, todo luce más aterrador porque no hay mucho que se pueda ocultar. Las grietas en los muros, las cicatrices del tiempo, los errores. Todo está ahí, con ellos. Y de pronto, eso también está ahí, la renovada posibilidad de que todo puede ser mejor.
De que éste es el verdadero principio.
--¿Demasiado?—pregunta Ron con el atisbo de una sonrisa en el rostro.
--No—responde en un suspiro Hermione.
Y va a su encuentro como nunca ha hecho antes. Vulnerable, lo besa. Él responde emocionado, porque nunca ha llegado a tocarla tan profundo, tan real.
Se vuelven dos siluetas borrosas en medio de la grandeza del mundo. Ron la atrapa, con un brazo rodea su espalda y la otra atrapa el rostro. Sus dedos rozan su cabello y parte de su oreja, doblando su pulgar para acariciar su pómulo mientras continúa besándola. Hermione lo aprisiona del cuello de su camisa, completamente negada a dejarlo ir como tantas veces estuvo dispuesta. Porque al fin él está allí, y ella está allí. Porque ahora están realmente allí, juntos.
Comienzan el devaneo entre lenguas y labios, llevados por una especie de insatisfacción que no parece terminar. Entonces entienden que es muy tarde para volver atrás.
Él se deshace del fastidioso saco, y cae al suelo para marcar el antes y el después. Ella empieza a aflojar su corbata hasta que el nudo cede, y pronto, los botones de su camisa también. Ron cierra la puerta y deja que al menos por unos momentos, todos allá afuera desaparezcan.
Luego vence el temor a traspasar su intimidad, y ambas manos bajan a la espalda de Hermione para buscar el cierre de su vestido azul. Todo tiene cierta cadencia desesperada pero sumida en una lentitud aniquilante. La cámara lenta del momento más intenso en la vida.
Una última mirada en los ojos del otro, con los labios rojos y perdida la compostura. Sin rastros de querer ir hacia atrás, sin motivos para detenerse.
Dejan que pase. Ron vuelve adentrarse en sus labios, con deseo y ternura. La toma con fuerza por la cintura y la levanta. Hermione sube sus piernas para atrapar la cintura de Ron con sus muslos y enterrar sus dedos en el cabello revuelto de él. Es una ópera bien ensayada, un baile incrustado en la memoria.
Y para cuando ambos se dan cuenta, las cuatro paredes de la habitación ya los están esperando. Caen en la cama sin prisas ni apuro; primero la camisa de Ron, luego el vestido de Hermione. Prendas deslizándose con suavidad por la piel, siendo atraídas en dirección de las yemas de los dedos. Escalofríos que surcan la espina dorsal, que hacen estremecerse hasta los huesos.
Con las uñas de Hermione enterradas en su espalda, con los labios de Ron paseando por su cuello. Así terminan, enredados entre la desnudez y las sábanas. Besándose, acariciándose, amándose.
Es como si hubieran accionado un mecanismo de reconocimiento, como si se hubieran esperado toda la vida.
Y los vacíos se llenan, y el frío se vuelve calor, y el dolor se vuelve gracia.
"Suddenly I See" by KT Tunstall
"Signal In The Sky" by Matt Kearney
"Kiss Me" by Ed Sheeran
"Grace" by Kate Havnevik