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No sin mi hijo — capítulo 2
Draco conducía prudentemente por la autopista cuando el niño soltó LA PREGUNTA:
-Papá…
-¿Si?- preguntó el rubio mirando a su hijo a través del espejo retrovisor.
-¿Tú has tenido otras novias aparte de mamá?
Draco abrió los ojos como platos y de no ser por sus grandes reflejos producidos por el quidditch se habría estampado contra el coche de al lado.
-¿Qué mier…coles- se corrigió a tiempo Draco. No quería decir palabrotas delante del niño- de pregunta es esa?
-Ya sabes- dijo Zack, completamente serio- A mamá solo la he visto en compañía del tío Harry, los Weasley y el tío Neville, aparte de contigo, así que quería saber si tú tenías novia.
Draco tosió para aclararse la garganta, que de repente se le había secado.
-Pues… antes de mamá si tuve otras novias- respondió Draco, intentando ser diplomático y a la vez no causarle un trauma a su hijo- Pero desde que salimos del colegio me centré en conseguir un buen puesto en el Ministerio, así que… desde mamá y tu nacimiento… no, no ha habido otra persona.
Al mirarle por el retrovisor, vio que Zack había puesto una sonrisilla petulante en su rostro. La misma sonrisa, de hecho, que ponía Hermione cuando hacía pasteles de calabaza (sus favoritos) y lo invitaba a tomar alguno.
-¿Qué estás tramando?- quiso saber Draco.
El niño puso una perfecta máscara de inocencia.
-Nada- dijo- Solo que, ahora que ya soy mayor- Draco sonrió. Mayor, con seis añitos- he pensado que necesitas una novia.
Esta vez casi se empotra contra el todoterreno de delante de su coche, tal fue su sorpresa. ¿Qué demonios estaba pensando este mocoso? Se obligó a tranquilizarse y dijo:
-¿Tú por qué crees que necesito una novia, a ver?
Zack se quedó callado un momento y luego contestó:
-Porque quiero que estés contento con alguien más que no sea yo.
Un nudo se le formó en la garganta al oír la contestación de su niño. No podía creerse que se hubiera dado cuenta. Era cierto que Draco era un alma solitaria, que iba del trabajo a casa y de casa al trabajo, si bien es cierto que de vez en cuando salía con sus amigos Blaise Zabini, Theodor Nott y Pansy Parkinson. Sus relaciones amorosas eran inexistentes desde que se convirtió en padre, aunque tampoco es que antes hubiese sido un rompecorazones. Draco era de la opinión de que una persona como él (ex mortífago y ahora, encima, padre) no podía encontrar a una persona que lo amara, ya que ¿Quién en su sano juicio amaría a alguien como él?
-Cielo, yo sí que me divierto con alguien más que contigo. ¿Te has olvidado del tito Blaise, tito Theo y tita Pansy?- preguntó con una sonrisa.
-Ya… es cierto- murmuró el niño, bajando la cabeza apenado.
-No te preocupes por mí- dijo Draco- Yo estoy perfectamente como estoy.
El niño miró por la ventana sin hacer ningún otro comentario, pero Draco sabía que no estaba conforme con su declaración.
En ese momento llegaron (gracias a Merlín) al apartamento de Draco. El hombre se bajó del coche y soltó el cinturón de seguridad del niño.
-Venga, Scorpius- dijo animadamente- Vamos a hacer unas palomitas y a ver una peli.
El niño sonrió y agarró con fuerza la mano de su papá.
En cuanto el coche de Draco dobló la esquina Hermione se metió en la casa y echó a correr al cuarto de baño para darse una ducha. Esa tarde-noche, aprovechando que Zack estaba con su padre, había quedado con Luna y Ginny para ir de compras y después a cenar en el centro de Londres. Después de ducharse se puso un vestido de color burdeos de lino y unas sandalias bajas para ir cómoda. Se miró en el espejo y se hizo una coleta alta para recoger su larga melena castaña. Para terminar se maquilló ligeramente. Satisfecha con su aspecto, salió de su casa en dirección al coche para ir al encuentro de sus amigas.
Se abrochó el cinturón de seguridad con nerviosismo, pues le estresaba un poco el tráfico muggle del centro de Londres, pero siendo miércoles por la tarde no solía haber mucho jaleo. Con intención de relajarse un poco mientras salía de la urbanización encendió la radio.
Es el ciclo sin fin que nos mueve a todos
Y aunque estemos solos, debemos buscar
Y así encontrar nuestro gran legado
En el ciclo, el ciclo sin fin.
Hermione puso los ojos en blanco ya que, sin darse cuenta, había puesto uno de los cds con canciones infantiles del niño. La canción era la del Rey León, una de las películas favoritas de Zack. Muchas cosas habían cambiado en su vida desde su llegada al mundo, pero no se arrepentía de nada, ni del padre que lo engendró, de nada. Porque había que reconocer que mejor padre para su hijo no había nadie mejor que Draco Malfoy, aunque en su momento lo dudó, pero solo había que ver lo dulce que era con el niño. Con esos pensamientos en la cabeza llegó al centro comercial donde habían quedado y aparcó en el aparcamiento subterráneo que había allí. Cuando salió del coche y caminó hacia la salida del aparcamiento un coche que pasaba por ahí en ese momento casi se la lleva por delante.
-Epa- gritó Hermione dando un salto.
-GINNY, TEN MÁS CUIDADO- se oyó el grito de Harry en el asiento del copiloto del coche que casi se la lleva puesta.
-SI ME EXPLICARAS MEJOR COMO ES ESTO DE CONDUCIR ESTAS COSAS NO PASARÍAN- gritó en respuesta la voz de Ginny.
Hermione rodó los ojos. Hacía unas semanas Ginny le había pedido a Harry, su marido, que la enseñara a conducir "uno de esos cacharros muggles". Como su esposa estaba embarazada y tenía las hormonas revolucionadas, Harry se puso manos a la obra, pero no contó con lo desastre que era Ginny para manejar un coche. De esta manera Harry se pasaba la mayor parte de las veces que Ginny conducía con la varita en la mano, corrigiendo los errores que cometía. En definitiva, Ginny tenía más peligro que el autobús noctámbulo.
-Hola, chicos- sonrió Hermione, saludando con la mano.
-Hermione- sonrió Ginny a su amiga mientras le dirigía una mirada incendiaria a Harry, que había salido del coche y estaba agachado besando el suelo con alivio- ¿Qué tal estás?
-Muy bien- dijo ella.
-Bueno, Ginny, bájate del coche, que me tengo que ir al trabajo. Luego vengo a buscarte, sobre las once o así.
-Vale- consintió Ginny, aún de morros.
Harry rio y besó a su mujer. Hermione sonrió, aunque por dentro se moría de envidia (envidia sana). Aunque era muy feliz con su situación actual, ella siempre había soñado con tener una familia tradicional (esposo, hijos, perro, jardín…).
Alegró el gesto cuando Ginny se acercó a ella y subieron juntas a la planta dos del centro comercial, donde las esperaba Luna. Hubo un momento muy cómico entre Ginny y Luna cuando se saludaron ya que, debido a que ambas estaban embarazadas, no llegaban a poder abrazarse cómodamente debido a su "choque de tripas", como lo bautizó Ginny.
Pasaron un buen rato yendo de una tienda a otra comprándose modelitos para ellas y para sus respectivos hijos, hasta que llegó la hora de cenar. Decidieron entre las tres ir a un italiano que había abierto hacía poco tiempo pero que tenía mucho éxito y, mientras esperaban a que les atendieran sonó el teléfono de Hermione. Ella miró la pantalla un momento y después, con una sonrisa descolgó.
-¿Diga?
-Hola- dijo la voz de Draco- ¿Qué tal? Scorpius quiere hablar contigo, te paso con él.
-Hola mami- dijo la vocecita de su hijo.
-Hola, cielo, ¿Qué tal va la noche?
-Muy bien, papá ha pedido pizza y entre él y yo hemos hecho ensalada.
-Anda, que bien- dijo ella- ¿Vais a ver una peli mientras cenáis?
-No, la hemos visto nada más llegar a casa, hemos visto la peli de Bob Esponja- dijo el niño, emocionado.
-¿Y te ha gustado?
-Mucho- rio el niño.
-Bueno, cariño, pásatelo muy bien. Pásame con papá un poco.
-Vale.
-Dime- dijo la voz de Draco.
-No dejes que cene mucho que luego tiene pesadillas, ¿lo sabes no?
-No lo voy a saber, menuda noche me dio aquel día- rio Draco.
Hermione rio también.
-No os acostéis muy tarde- aconsejó ella.
-No, mamá- se burló Draco.
Hermione volvió a reír.
-Bueno, os dejo ya. Pasadlo bien.
-Vale, igualmente. Chao.
-Chao.
Hermione guardó el móvil para encontrarse con la sonrisilla de sus amigas.
-¿Qué?
-Ay, Hermione- dijo Ginny- Cuanta ternura.
-No inventes cosas- refunfuñó ella- Estaba hablando con Zack…
-Ya, el niño es una ricura…- dijo Luna.
-Y el padre también- terminó Ginny.
-Dejadlo de una vez- dijo Hermione.
-A ver, Hermione: desde que nació Zack has estado cuidando de él, trabajando, cuidando de la casa… lo que toda madre hace, pero tú también tienes tus necesidades, como salir a despejarte un rato, ir al cine, echar un buen pol…
-Señoras, su mesa está libre, acompáñenme- dijo el camarero.
-Gracias- dijo Hermione, roja como un tomate, mientras Ginny y Luna reían.
Una vez instaladas y hecho su pedido, Ginny prosiguió su conversación:
-Cómo iba diciendo, ¿tú has estado con alguien desde Draco?
-No- se sinceró ella- No he tenido tiempo ni ganas.
-Yo tengo un par de amigos que estarían encantados de conocerte- dijo Luna- Creo que tengo fotos de ellos en casa, si vienes un día…
-Gracias, Luna, me parece un bonito detalle por vuestra parte, pero, sinceramente, ya no es lo que yo quiera, se trata también de las necesidades de mi hijo y creo que aún es muy pequeño para que de repente venga su madre y diga: Mira, este es mi novio.
Ginny y Luna se miraron.
-Lo comprendemos, Hermione- dijo Luna- Discúlpanos, solo queremos que seas feliz.
Hermione las miró enternecida.
-Lo sé y no me lo tomo a mal, solo que yo decidiré cuándo, cómo y con quien.
Las tres se sonrieron y continuaron con la cena entre risas y anécdotas de estudiantes.