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No sin mi hijo — capítulo 4
El camarero le sirvió otra copa de wiskey de fuego. La quinta que llevaba en la noche, pensó Draco. Pansy, la reina de la noche mágica, había abierto una discoteca para magos en pleno Callejón Diagón y lo había invitado a la inauguración.
-Merlín bendito- murmuró Draco sacudiendo la cabeza mientras miraba a sus excompañeros de Hogwarts, borrachos como cubas.
De entre todos los invitados a la fiesta había muchísimos funcionarios del Ministerio, que celebraban un cumpleaños, sanadores, profesores…
Él se apoyó en la barra, mirando con curiosidad a la gente que bailaba, cuando notó que alguien se acercaba a él. Se giró de forma automática hacia esa persona y vio que se trataba de una mujer joven y delgada que estaba de espaldas a él, intentando pedirle una copa al camarero que, atareado por la cantidad de gente que había en el local, no la hacía caso.
-¡Eh, camarero!- se hizo oír Draco.
El camarero se giró hacia él, pero Draco señaló la espalda de la chica, indicándole que la atendiera. La chica se inclinó en la barra y le dijo al camarero lo que quería. Cuando él se giró para prepararle la bebida, la chica se giró con una sonrisa en la cara para agradecerle el gesto. Draco inclinó la cabeza hacia ella, cuando la chica abrió muchísimo los ojos y dijo:
-¿Draco Malfoy?
Draco la miró con el ceño fruncido, intentando recordar de qué podía conocerle. El alcohol no ayudaba mucho a su memoria pero, de pronto, un recuerdo inundó su mente: el recuerdo de una niña con el pelo alborotado, con la mano alzada para responder a las preguntas del profesor.
-¿Hermione Granger?- preguntó, asombrado.
Ella sonrió, tímida.
-Vaya, ¿ya no soy la sangre sucia?
Draco esbozó una sonrisilla.
-No me provoques, que a lo mejor puedes volver a serlo- dijo él- ¿Qué haces aquí?
-Pues nada, que es mi cumpleaños y me han organizado una fiesta- explicó ella, tomando un sorbo de su bebida.
-Anda- se sorprendió él- Felicidades.
-Muchas gracias- dijo ella- Han venido mis compañeros abogados, Harry, Ron, gente del Ministerio…
Draco miró alrededor y vio a Harry Potter, el Elegido, riendo y aplaudiendo a Ron Weasley, que estaba pasando por debajo de una barra de madera sostenida por dos magos. La gracia estaba en que no debía tocarla con ninguna parte del cuerpo, así que estaba completamente doblado en una postura que hacía pensar que no tenía columna vertebral. El grupo que rodeaba a Ron lo jaleaba hasta la histeria, ya que parecía estar ganando.
-Ya, del Departamento de Leyes mágicas ¿no?- dijo Draco. Hermione asintió ante sus palabras- Es que yo trabajo en el Departamento de Seguridad mágica y a mí nadie me avisó.
-Anda, en Seguridad Mágica- sonrió ella- Que bien.
Se quedaron callados un rato mientras terminaban de beber.
-Se nota que no estamos muy acostumbrados a hablar.
Hermione rio y se apartó de la barra para volver a la pista de baile.
-Bueno, nos vemos- se despidió ella con una sonrisa tímida.
Draco sonrió y asintió mientras ella se alejaba. En el momento en que llegó a la pista estuvo rodeada de moscones. El chico frunció el ceño mientras la miraba sonreír a Ron Weasley, uno de los moscones que se le acercaron.
PIPIPIPIPIPIPIPI.
Draco pegó un bote en la cama del susto. Alargó la mano hacia el despertador para apagar la alarma mientras pensaba en su sueño. ¿Por qué puñetas había soñado con el día en que volvió a ver a Hermione tras Hogwarts? Sacudió la cabeza y selevantó para arreglarse, ya que esa tarde era la fiesta de cumpleaños de Scorpius y debía estar presentable.
Hermione saltó de la cama a las siete de la mañana completamente despejada y dispuesta a arreglar la casa para la fiesta de esa tarde. Horas después se dejó caer en el sofá, completamente derengada pero con la casa impecable.
-Mamá, están viniendo ya los tíos Harry y Ginny- exclamó Zack.
Hermione abrió los ojos de golpe y se levantó a toda prisa ¿Cómo se le había hecho tan tarde? Corrió hacia la puerta y la abrió para dejar pasar a sus amigos.
-Buenas- dijo Ginny- ¿Qué tal el del cum…?- se interrumpió al ver a Hermione- ¿Aún estás así?
-Acabo de terminar de limpiar…- empezó a decir Hermione cuando Ginny la interrumpió.
-Anda, ve a arreglarte, que nosotros nos quedamos cuidando el castillo- propuso Ginny mientras Harry, acuclillado, tiraba de las orejas de Zack.
-Uno, dos, tres…- decía Harry mientras su hijo se retorcía- Cuatro, cinco…. Y seis. Felicidades.
-Me has dejado sin orejas- dijo el niño, partiéndose de risa.
Hermione rio y subió a su habitación para arreglarse. Había elegido unos pantalones pirata vaqueros y una camiseta rojo oscuro con unas sandalias negras. Algo cómodo y fresco. Volvió a oir la puerta, seguramente ya estaban llegando los invitados.
Cuando volvió a bajar, ya apropiadamente vestida, habían llegado ya Ron, Luna, Neville y dos familias del vecindario con sus niños. Zack corría con los niños al jardín para jugar. Se le veía muy contento de estar con sus amigos, así que sonrió a los adultos y los saludó.
-Hola, Hermione- saludó Ron.
-¿Qué tal?- sonrió ella, abrazándolo.
-Muy bien, le he comprado a Zack uno de esos aviones teledirigidos que me dijo el otro día- explicó muy orgulloso.
-Le va a encantar- dijo ella.
-Hey, Ron- llamó Harry- Mira esto: te voy a enseñar cómo se instala una play station.
-Una ¿Qué?- exclamó Ron, acercándose a su cuñado y a la televisión, donde Harry estaba montando un aparato "extraño".
A eso de las seis de la tarde ya había llegado todo el mundo y la casa estaba llena de risas y animación, pero aún faltaba Draco y Hermione no quería sacar la piñata y partir la tarta hasta que no llegara él.
-¿Hermione?
Ella se giró hacia Neville, que llevaba un trozo de empanada en un plato y se lo tendió.
-Come algo, anda, que no has comido nada.
-Gracias, Neville- sonrió ella- ¿Qué están haciendo los niños?
-Están jugando al pilla-pilla, pero ya tienen hambre.
Hermione torció el gesto. En ese momento sonó el timbre y ella corrió hacia la puerta, seguro que era Draco. En efecto, era Draco, acompañado de Zabini, Nott y Pankirson.
-Ya era hora- dijo ella.
-Vaya, que saludo. Hola a ti también- refunfuñó Draco.
-Hola, Hermione- saludó Zabini, dándole dos besos. De los tres era el más majo.
Los cuatro Slytherins pasaron dentro de la casa y se unieron a la fiesta. En cuanto Zack vio a su padre dio un salto hacia él para abrazarlo, contentísimo.
-Papá, has venido.
-Pues claro, Scorp- dijo Draco, ignorando el bufido de Hermione- Era una sorpresa.
-¿Tú lo sabias, mamá?
-Claro, por eso estaba retrasando partir la tarta.
-Mira, Scorp- dijo Draco, mostrándole un paquete de regalo- Esto lleva tu nombre.
Como ya estaban todos, Hermione dejo a padre e hijo solos y fue a la cocina para sacar la tarta del frigorífico. Cuando se giró para dejarla sobre la mesa de la cocina casi se le cayó del susto al ver a Draco tras ella.
-Oh, por Dios, que susto- exclamó llevándose una mano al pecho.
-Eh, que tampoco soy tan feo- sonrió Draco.
Hermione puso los ojos en blanco.
-Espera, que te ayudo- se ofreció Draco.
Con un movimiento de varita Hermione encendió las velas de la tarta y se la tendió a Draco, para que él la llevara. Hermione entró en el comedor y apagó las luces para que, cuando Draco entrara, se le viera solo a él con las velas.
-Cumpleaños feliz- empezó a cantar Hermione.
-Cumpleaños feliz- continuó Draco.
-Te deseamos todos, cumpleaños feliz- cantaron todos los presentes, antes de aplaudir.
Hermione miró por todas partes para buscar a su hijo, que aún no había acudido a soplar las velas.
-¿Dónde está Zack?- preguntó.
-Estaba por aquí- dijo Ginny.
-¿Scorp?- llamó Draco.
A Hermione se le aceleró el corazón, pero trató de calmarse. Seguramente estaba en el jardín.
-Voy a ver fuera- dijo ella con un hilo de voz.
Salió corriendo hacia el jardín seguida de cerca por Draco… pero el jardín estaba vacío.
-ZACK- gritó Hermione, ya completamente histérica.
Draco se metió de nuevo en la casa para ver si estaba en el piso superior, pero Hermione sabía que era inútil: su hijo había desaparecido.
NOTA DE AUTORA: NO ME MATEIS, PLEASE. JAJAJAJA