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Ayúdame A Recordarte — capítulo 2

POV JULIA

-¿Seis años? -le digo incrédula. ¿Cuánto tiempo llevo aquí?

-¿No recuerdas nada de nada de lo que ha pasado?

    Yo niego con la cabeza. Lorena me dice que va a buscar al doctor y se levanta para irse de la habitación.

    ¿Seis años? ¿He perdido la memoria de los últimos seis años? No… No puede ser… ¿Qué es lo que ha pasado para que no recuerde nada?

    Miro un espejo que hay en la mesita de noche, seguro que es de mi amiga. Lo agarro y me miro en él. Al principio tengo pánico, pero miro con valentía. Estoy cambiada, sigo teniendo el mismo color natural rubio, pero no tengo flequillo, lo tengo muy largo… Siempre me cortaba el flequillo y ahora… Ahora no. Mis ojos marrones están cansados, mi piel está muy pálida. Creo que es porque he estado todo este tiempo dormida y acostada en una cama. Pero, por lo demás, me veo igual.

    ¿Qué es lo que habrá cambiado en mi vida? ¿Amistades nuevas? ¿Trabajos? Demasiadas dudas y ninguna respuesta.

    Miro a mi débil cuerpo. A parte de la fea bata de hospital, tengo moretones y rasguños, en mi frente tengo una venda y en el cuello, justo en el lado derecho tengo otra venda, esa última molesta un poco pero me da igual. Sigo investigando mi cuerpo. Llego a mi brazo izquierdo ¿Pero que le a pasado? Tengo toda la mano tapada con una venda ¿Me la habré roto? No me duele tanto como para decir que me la he partido... Le preguntare al doctor cuando vuelva.

    Sigo observando más abajo y justo me duele la pierna derecha. Me destapo un poco para mirar qué es lo que tengo ahí. Tengo un corte grande que llega desde el principio del muslo hasta la rodilla. Esto me dejara cicatriz.

    ¿Pero? ¿Qué es lo que ha pasado para que esté así? No recuerdo nada de nada. He olvidado seis años de mi vida... ¿Como pudo haber pasado?

    Entonces, cuando menos me lo espero, veo al señor que me va a responder todas mis dudas. Al menos, las necesarias...

    Entra un señor de unos cuarenta años, con una bata blanca de doctor. Lleva unos resultados en la mano y viene corriendo hacia mi.

-¿Señorita Cifuentes? ¿Cómo se encuentra? - me pregunta el doctor.

-Usted cómo cree que me encuentro. He olvidado muchas cosas de mi vida y me pregunta esa gilipollez - le suelto muy enfadada. Mi intención no era esa. Pero si les hubieran pasado lo que me ha pasado a mi harían lo mismo.

-Lo entiendo. Su amiga me ha dicho que lo último que recuerda pasó hace seis años. ¿Está segura que no recuerda más nada?

¿Este hombre es idiota? Claro que no recuerdo nada más.

-Bastante segura.

-Usted sufrió un accidente muy grave hace tres semanas. Estuvo en un taxi y un camión se saltó el semáforo y les embistió en el lado izquierdo... Usted iba en ese lado. Se llevó la peor parte.

-Pero... P-pero no recuerdo nada... C-cómo es posible que... -me quedo sin palabras. Esto es más horrible aún. Prefiero estar en coma antes que superar la horrible realidad.

-Usted sufre amnesia. Ocurre cuando le dan un golpe muy fuerte de lo normal en la cabeza y usted le ha pasado -me explica el doctor.

¿Amnesia? ¿Esto es lo que me impide recordar?

-Y ¿Cuando volveré a recordar?

-Eso no lo sabe nadie. Puede ir recordando poco a poco o puedes no recordar nunca...

     ¿No recordar nunca lo que me paso? Es mejor que me hubiera muerto en ese accidente. No recordar nada es peor.

     La cruda realidad se estampa en mi cara...

     Justo en ese momento, un hombre de unos treinta años entra corriendo en la habitación. Desesperado, gritando mi nombre. Pero no lo conozco. Llega a mi lado y me abraza como si fuese el aire que le falta, la vida, su mitad del cuerpo.

Un desconocido me está abrazando y yo le dejo.

     ¿Y si este hombre me conoce? ¿Un amigo tal vez?

-Señor, no le haga eso -le dice el doctor, pero él no le hace caso, me sigue abrazando como si le fuese la vida en ello.

-Julia, vaya susto que me has dado. Lo siento, lo siento mucho. Si no me hubiera enfadado contigo aquella noche, no hubieras entrado en ese taxi -me dice con lágrimas en los ojos. No lo conozco pero me parte el corazón verlo así.

     Mi mente no le recuerda, pero mi cuerpo es como si lo conociera de toda la vida. Su toque me transmite calidez, seguridad, protección. Pero no le conozco. El me mira a los ojos con mucha preocupación. En cambio, yo le miro con una interrogación en mi cara. Y me duele decir esto, pero tengo que hacerlo.

-Perdón, pero... ¿Te conozco? -le pregunto.

     El me mira con mucha más tristeza que antes. Sus lágrimas caen y caen como una cascada. Sus hermosos ojos azules brillan de tristeza. Su pelo corto oscuro está despeinado. Sus labios son gruesos y su nariz es algo grande. Este hombre es hermoso... Pero no recuerdo nada de él.

     Este hombre me mira con tristeza.

-¿N-no... No sabes quien soy? -me pregunta entrecortadamente.

     Yo niego con la cabeza. ¿Debo conocerlo?

-Señor. Tenemos que hablar en privado -le responde el médico.

     Él asiente, pero le cuesta dejarme. A regañadientes me suelta y se va con el doctor.

     La puerta está entreabierta y escucho hablando a esas dos personas. Frases como "¿Por qué no me recuerda?" "Tiene amnesia, con el tiempo recordará" "¿Pero si nunca lo llega hacer?" Y muchas más cosas, pero que no logro descifrar.

Entran en la habitación y la cara del chico es un poema. Está más blanco de lo que estaba antes.

Se acerca a mi y me dice.

-Me llamo Derek -me dice. Pero me mira como diciendo. Soy yo... Derek... Tu Derek. Pero no se quien es. Es la primera vez que lo veo... Al menos, mi mente.

-Hola Derek. Yo soy... -pero no me deja terminar.

-Julia -me responde con una hermosa sonrisa -Tu nombre es hermoso.

-¿De qué nos conocemos? ¿Desde cuando? -pregunto mirando a sus hermosos ojos tristes.

      El me mira, pero está callado y demasiado angustiado.

Odio verle así. Solo porque no le recuerdo...