Esperanza del corazón — capítulo 4
-¿Dónde se supone que vas, Rose?- pregunto Hermione cruzando los brazos
-Voy al parque central, he quedado con Anna y con unos compañeros de la academia…
-¡No vas!, has estado toda la mañana tosiendo y tosiendo, ¿crees que no me he dado cuenta?
-¿Qué pasa?- pregunto Ronald entrando por la puerta principal junto a Hugo, que venía comiendo unas galletas de anís.
-Tu hija, que esta tosiendo y tosiendo, además quiere salir
-Rose, ¿te sientes mal?
-No, mamá exagera solo es eso.
-¿Qué yo exagero?
La pelirroja rodo los ojos. Hermione era una excelente madre, pero muy sobreprotectora.
-Solo voy al parque. Hace un lindo día, quiero salir con mis amigos.
-Pues no iras, de seguro estas enferma otra vez y no quiero…
-Si iré, quiero salir
-¡Pues no!, llamare al doctor para pedir una cita…
-No, déjame tranquila, solo tosí, solo eso.
Rosie se puso a llorar y Ronald la abrazo con mucha delicadeza como si fuera de porcelana.
-No tiene fiebre, y tampoco su rostro se muestra decaído. Dejémosla que vaya Hermione
-Pero… ¿y si se siente mal?
-No me sentiré mal
Hermione miro atentamente a Ronald, y luego de varios minutos que parecieron horas, asintió.
La pelirroja tomo su chaqueta y se fue donde se juntaría con sus amigos. Ya eran las dos cuarenta y cinco, por culpa de su madre llegaría tarde.
-¿Quieres una bebida?- pregunto Blaise a la morena
Ella asintió, aunque no dejaba de mirar para todos lados, Rose se caracterizaba por ser puntual.
-¿Estás segura que Rose vendrá?- pregunto Theo
-Claro que si, ella me llamo hace una hora confirmándolo, algo tuvo que suceder.
Scorpius se veía nervioso. Estaba vestido con unos jeans, una camisa blanca y unas zapatillas azules.
-Creo que alguien debería estar más tranquilo, su Julieta ya llegara.
kajakjakjajajajajajajakjakjakjakja- comenzó a reír Theodore.
-No molesten - dijo Scorpius que tenía entre sus manos una flor.
-¿Y esa Rosa?- pregunto con interés Annabeth
-Es para… Rose
-¡Te gusta!, lo sabía- el grito que dio Annabeth fue monumental.
-Hola- dijo Rose apareciendo de pronto.
Malfoy sonrió de lado.
Ojos azules, ojos grises, lindo choque.
-¿y esa flor?, es linda- dijo Rosie
-Es… para ti- dijo Malfoy entregándosela con cierto nerviosismo.
-¿Para… mí?- la pelirroja abrió los ojos de par en par, era la primera vez que un chico le entregaba una flor.
-Vamos tortolitos a jugar- grito Anna, seguida de Blaise y Theo
La tarde pasó rápido, subieron a la montaña rusa e incluso entraron al castillo embrujado, donde Rose no pudo evitar estremecerse cuando un fantasma apareció.
Scorpius se percato de ello, y con delicadeza la abrazo.
-Son personas disfrazadas, no tengas miedo- le susurro al oído.
Rosie sonrió y los demás se dieron cuenta, aunque miraron a otro lado para no incomodarlos.
-Vamos a comer algo- propuso Anna
-Al restaurante que está aquí cerca- dijo Blaise
Theo rodo los ojos. Mientras Scorpius tomaba la mano de Rose y entrelazaban sus dedos.
-Estas fría- dijo cuando estaban a punto de entrar al lugar
-Iré al baño- dijo ella, con una sonrisa.
Al entrar se mojo las manos y la cara, no sabía que le pasaba, pero otra vez ese dolor en su brazo.
-Rosie, ¿estás bien?- pregunto Anna al otro lado de la puerta
-Sí, salgo enseguida.
Se volvió a mojar y respiro varias veces. Se sentía agotada, como si un camión hubiera pasado por encima de ella.
Salió y dio su mejor sonrisa a sus amigos.
-Te pedí un jugo de naranja y un sándwich de jamón con palta y queso fresco.
-Gracias- le sonrió al rubio
-Scorpius Malfoy, ¡pero qué alegría es ver al chico más guapo de Londres aquí!
Una muchacha de pelo negro y ojos café se acerco a él y lo beso en la mejilla. Malfoy no pudo evitar sonrojarse, al darse cuenta que era Lucila Goyle, la hija mayor de los amigos de su padre.
-Hola- dijo al ver a todos ahí reunidos, pero su mirada era para Scorpius.
Él se corrió a un lado para que ella se sentara.
Lucila y él eran amigos desde niños. Siempre sus padres habían querido unirlos como pareja, pero él por ser tan tímido y no saber cómo reaccionar frente a una chica, se cohibía cuando la tenía cerca. Ella era de la misma edad de él, pero parecía un poco mayor, ya que le gustaba vestirse y maquillarse guiándose por las revistas de moda. Rosie se percato de aquello, la chica era muy bonita y parecía que se llevaba bien con Scorpius y los demás.
Anna la miro a los ojos, y luego desvió su mirada a Scorpius y la chica nueva. Estaban hablando y contando anécdotas de cuando eran niños, más bien ella, ya que Scorpius no decía nada, solo se sonrojaba.
-Es tarde, tengo que irme- dijo la pelirroja
-Pero, si acabamos de llegar- dijo Blaise, al percatarse que Annabeth también se ponía de pie.
-Le prometí a mi madre llegar temprano.
-Perdón, pero tenemos quince años, a esta edad no pedimos permiso- dijo Lucila.
Rose observo como tomaba el brazo del rubio y este sonreía.
-Adiós, nos vemos el lunes en la academia
-¿Estas en la academia de los Zabinni?
-Sí, soy bailarina
-Estupendo, nos veremos más seguido entonces. Tu madre Blaise, me pidió que entrara para la próxima función y no pude negarme.
-Adiós Scorpius- señalo la pelirroja al rubio.
-Espera- dijo este- te acompaño.
-Scorpius, yo acabo de llegar y hace tiempo que no nos veíamos.
-No te preocupes por mí, me voy con Annabeth
Y las dos se marcharon del lugar.
Al tomar el autobús, Rose no pudo evitar soltar unas lágrimas.
-¿Te gusta, verdad?
-Sí, pero ya viste como él la miraba a ella, con admiración y se sonrojo cuando lo beso en la mejilla.
-Pero a ti te trajo una flor, y te pidió una orden de comida, que apenas probaste.
-No tengo hambre, y eso lo hizo tan solo por cortesía, porque me vio mal y…
Annabeth la sostuvo antes que cayera desmayada
-Por favor ayúdenme, mi amiga se siente mal.
-Rose despierta, despierta.
Continuará…