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Ceder Ante el Amor — capítulo 5
Capítulo 5 -
Sirius se quedó estático, con los ojos abiertos como platos, sin poder creer lo que oía. Remus estaba un poco nervioso, deseaba no haberse dejado llevar por ese impulso, le avergonzaba la situación, no podría creer que se sintiera como un adolescente confesando una travesura. Éste se sentó en una silla del comedor y se cubrió la cara con sus manos, esperando la peor respuesta por parte de Canuto, al menos un golpe en la cara, pero no sucedía nada.
Lupin miró a Sirius a través de sus dedos, vio como éste cambiaba su semblante. Pasó de una actitud sorprendida a una sonrisa pícara. Tomó asiento al lado de Remus.
—Vaya, vaya, ha regresado el Lunático cautivador —Contestó Black mientras tomaba asiento al lado de Rems, sin dejar de sonreír—. Un Lunático que muy pocas veces he visto.
—Canuto, no es lo que parece, estábamos muy ebrios ayer, dudo que ella lo recuerde, mi intención nunca ha sido cortejarla, tú sabes sobre mis problemas.
—Tal vez de forma inconsciente no ha sido tu intención, porque, vamos, si no te gustara mi sobrina no hubieras accedido a lo de ayer. Bien dicen que los borrachos y los niños no mienten, así que déjate de dramas, Remus. Tu "pequeño problema peludo" no creo que sea un impedimento fuerte para que no pueda suceder algo con ella.
—No lo sé, Sirius, como dije, dudo que ella lo recuerde, es más, dudo que ella sienta algo por mí —Remus se apresuró a aclarar—, es decir, tampoco es como que yo sienta algo por ella.
—Sí, claro, Lunático —Respondió de forma irónica su amigo.
Remus iba a refutar cuando una alegre Nymphadora entraba al comedor y tomaba asiento al lado de su tío.
—¿Están listos para ir con mis padres?
—Así es sobrina —Contestó Sirius—. Aunque Remus creo que no se siente muy bien. Iré por unas cosas, regreso.
Claro que Remus Lupin sabía la técnica de su amigo para poder dejarlo solo con Tonks, sabía lo que él pretendía.
Lupin inconsciente se puso muy nervioso. Su cercanía con aquella dama lo alteraba. No podía controlar sus sentimientos y le preocupa esa situación. Le sorprendía como de alguna forma se había adentrado a sus sentimientos tan pronto. Alguien como él no tenía el derecho a amar, a querer alguien, sobre todo a alguien como Dora, tan joven, bella. Ella merecía alguien mejor, pero lo cierto es que de sólo pensar que podría estar con alguien más se deprimía, le daba tristeza no poder ofrecerle nada.
—¿Qué sucede, Remus? Te ves un poco triste —Pregunto Nymph, se podía ver la preocupación por él en sus ojos.
—No pasa nada, Tonks. La luna llena será mañana, tal vez sea por eso. —Lupin intentó sonreír pero en su cara sólo apareció un gesto.
—¿Estás seguro de eso? Puedes confiar en mí —Respondió Tonks, tomándolo de la mano tiernamente.
Un silencio reinó en la cocina de los Black, esperando una respuesta por parte de él, ya que no se veía muy convencido de lo que estaba a punto de decir.
—Yo necesito decirte algo, lo de ayer… —Nymphadora no dejó continuar a Remus, le tapo suavemente la boca con sus dedos, ella de alguna forma sabía lo que él estaba por comentar.
—No es necesario que digas algo —Respondió Tonks con una sonrisa y le acarició lentamente la mejilla izquierda a Remus—, lo comprendo Remus.
Nymphadora le dio un beso en la mejilla y salió de ahí, para encontrarse de nuevo con su tío y charlar un poco.
Remus se sentía asombrado y feliz, le encantaba esa chica, podía sentir que a su lado todo sería mejor. Sus sentidos estaban un poco más agudos que de costumbre porque se acercaba la luna llena, le encanta el aroma de aquella chica, un perfume de frutas tropicales.
¿Por qué negar lo que sentía por ella? Le gustaría ser él quien la llevara de la mano y la hiciera muy feliz. Pero no podía hacerlo, no podía esperar que ella sintiera lo mismo y, sobretodo, no podía permitir que ocurriera algo más en aquella relación, no tenía algo que ofrecerle, era pobre, viejo y era un hombre lobo.
Poco después, los tres amigos fueron a la casa de los Tonks. Hacía 14 años de la última vez que Remus y Sirius habían estado ahí, se sentía un poco de nostalgia por recordar a sus amigos caídos en la primera guerra mágica contra Voldemort.
Sirius soltó un suspiro, su amigo supo lo que debía estar sintiendo, a pesar de que habían ido pocas veces los merodeadores, nunca olvidaría lo bien que la pasaban con Andrómeda, prima de Sirius, eran demasiados recuerdos que llegaban de forma muy abrupta.
Nymphadora tocó la puerta de su casa y al pasar unos minutos, la puerta fue abierta con un Ted Tonks muy sonriente, quien abrazo inmediatamente a su hija. Al separarse de ella se percató de los dos hombres que estaban a un lado.
—Chicos, por las barbas de Merlín, ¿cómo están?, tanto tiempo sin verlos —Y el Sr. Tonks les brindó un gran abrazo con sus respectivas palmadas en la espalda a los dos hombres que estaban postrados en la entrada de la casa.
—Hola, primo —Respondió Sirius con una de sus mejores sonrisas, se lo podía ver la felicidad en sus ojos, reunirse con la poca familia que él tenía y quería tanto no era de verse todos los días.
—Ted, qué alegría verte —Respondió Remus—, hemos estado muy bien, gracias.
—Pero no se queden ahí, pasen, pasen.
El trío de amigos entraron a la casa, detrás de ellos venía Ted Tonks con una sonrisa, como si no creyera que ellos hubieran regresado después de tantos años, después de tantas batallas.
—Cariño, mira quienes nos vinieron a visitar —
Una sonriente Andrómeda Tonks, salió de la cocina de la casa para percatarse de que su hija, Remus y Sirius estaban ahí, como lo hacían hace ya casi 14 años. Habían pasado demasiadas cosas en sus vidas, necesitaban platicar de todo. Drómeda saludó a su hija con un beso y un abrazo, poco después se dirigió a su primo. Su adorado primo, que había pasado de forma inocente 13 años en Azkaban. Ella lo conocía muy bien para saber que él no había sido culpable de esos crímenes, conocía su lealtad hacia sus amigos.
—Primo Sirius —Abrazó a éste y comenzaron a escucharse unos sollozos por parte de la madre de Tonks—, siempre supe de tu inocencia, me alegro que estés aquí con nosotros. No habíamos podido ir a visitarte, desde la resolución del juez no hemos tenido mucho tiempo.
—Tranquila, Andrómeda, no pasa nada, todo está bien ahora —Respondió con una sonrisa mientras se separaban de aquel abrazo, se podía sentir su comprensión a su prima, la miraba con cara de agradecimiento, sabía que ella sí era su familia.
Al percatarse de otra mirada, la señora Tonks se volteó para ver a Remus, que de alguna forma también lo miraba de forma sonriente.
—Remus, querido —lo abordó con un abrazo, cosa que a él le sorprendió un poco, después de unos breves segundos se separaron—. Te ves un poco flaco. Mañana es luna llena ¿cierto? —Remus asintió con la cabeza y le ofreció una cálida sonrisa— ¿estás preparado para ello?
—bueno, sí —Respondió un Remus avergonzado por hablar de su condición— Severus se encarga de darme la poción matalobos.
—Eso es bueno, Remus —Concluyó la conversación Andrómeda para después dirigirse a los tres que habían llegado—. Se quedarán a cenar ¿cierto?
—Yo sí, madre —Respondió Tonks—, no sé si los chicos tengan algo que hacer.
—Sí, prima, nos quedaremos —Dijo Black mientras le sonreía de forma cómplice a Remus quien se sentía un poco incómodo.
Después de esperar un poco para que la comida estuviera lista, comenzaron a relatar historias, a recordar todo aquello que habían vivido, poniéndose al día con las cosas. Las miradas de Tonks y Remus de repente se cruzaban, cosa que ponía nervioso a él, si los padres de la chica sabían lo que había pasado el día anterior seguro lo matarían. Tonks parecía muy contenta y participaba animadamente en la plática.
Así pasaron los minutos al lado de los Tonks, en la hora de la cena siguieron conversando hasta que un recuerdo los hizo comenzar una nueva platica.
—Remus, recuerdas cuando venían entre vacaciones de verano que siempre jugabas con Nymphadora —Decía Ted mientras sonreía. Tonks hizo una mueca de desagrado al escuchar su nombre— Tú eras muy pequeña, hija.
—¿Cómo olvidarlo? —Respondió Sirius— Si Nymph no dejaba ni un segundo a Lunático, y éste siempre cargaba con un puñado de chocolates, eran el uno para el otro.
Remus apenado le dio un golpe con el codo a Sirius, le avergonzaba mucho que dijera ese tipo de cosas, sobretodo enfrente de los padres de la chica. Al ver la reacción a tal comentario todos comenzaron a reír.
Unas palabras seguían resonando en la cabeza de Lupin… "eran el uno para el otro…".
Lo siento, chicos.
Ingrid.