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El libro de la Tercera Generación — capítulo 49
"...Te mereces a alguien que te ame con todo su corazón, alguien que piense en ti constantemente, alguien que pase cada momento del día preguntándose qué estás haciendo, dónde estás, con quién estás y si estás bien. Necesitas a alguien que te ayude a hacer realidad tus sueños y que sepa protegerte de tus temores. Necesitas a alguien que te trate con respeto, que ame cada parte de ti, sobre todo tus defectos. Deberías estar con alguien que supiera hacerte feliz, realmente feliz, que te hiciera sentir en las nubes de tanta felicidad..." Astoria Greengrass no era una chica de libros, a ella le iban más las obras mágicas que otra cosa; los únicos libros que había leído habían sido los que le habían pedido en Hogwarts. Pero sinceramente, Donde termina el arco irisera un fantástico libro, bueno, si, le estresaba que Rosie Dunne y Alex Stewart dieran tantas vueltas para acabar juntos. Aprovechando que Dumbledore había decidido que retomarían la lectura mañana, ya que la familia Weasley no se había recuperado del todo para después de la merienda, Astoria había terminado el libro en cuestión de horas, completamente maravillada y emocionada por el desarrollo de la historia. —¡Por fin! —chilló Daphne cuando ella y Pansy entraron en la habitación de chicas de cuarto año de Slytherin—. Pensé que no vería nunca más a mi hermana. —Solo estuve aquí por unas horas —se quejó, guardando cuidadosamente el libro en su mochila. Aunque sabía que Rose Weasley la quería como una madre en el futuro, dudaba que no lo hiciera nada malo si le hacía algo al preciado libro de ella. —Pues ya que terminaste, ¡hora de irnos! Iremos a Hogsmeade con los chicos —le informó Pansy—. Beberemos unas cervezas de mantequilla. Astoria la miró. Hace una semana, ella ni siquiera podría estar en la misma habitación que Parkinson sin empezar una pelea. Hace una semana, Pansy, Blaise y Draco eran chicos superficiales y egocéntricos, típicos niños mimados que se creían superiores a cualquiera que no fuera un sangre pura. Pero ahora, con un libro que contenía información sobre sus futuros hijos, las cosas habían cambiado bastante: los tres chicos de Slytherin que se creían los reyes del mundo ahora podían tener una conversación civilizada con algún Gryffindor. En otras palabras, Astoria al fin se sentía dispuesta a tener una relación de amistad con Draco Malfoy, Blaise Zabini y Pansy Parkinson. —Pero —dijo, mientras se ponía la bufanda de Slytherin alrededor de su cuello— el tiempo está parado, ¿piensan robar en Las Tres Escobas? —Le dejaremos galeones en el mostrador —le restó importancia Daphne—. ¡Vamos! Theodore, Draco, Blaise y Colton no son pacientes. Astoria tomó un gorro de lana de cabeza de panda, incluso tenía adherido dos orejitas negras, y se la puso sobre la cabeza, lo bueno del regalo de su abuelo era que no la hacía ver ridícula o infantil, sino que le daba una apariencia tierna y la hacía ver más bella de lo que era. Finalmente se puso una chaqueta verde esmeralda y siguió a su hermana y a su nueva amiga a la Sala Común, donde en efecto los chicos las esperaban apoyados en la pared. Draco se acercó a Astoria al verla. La observó un momento preocupado. —¿Cómo está tu labio? La chica de cabello castaño oscuro lo miró sin comprender, hasta que recordó la pelea que tuvo con Granger horas atrás. Se llevó los dedos a su boca, la enfermera de Hogwarts se lo había arreglado cuando el director dijo que era momento de descansar, aún así le dolía un poco. —Bien, no duele mucho —respondió, encogiéndose de hombros. —Lo que si debe doler es el golpe en el pómulo que le diste a Hermione —dijo Blaise, quizás algo enfadado. Sus amigos alzaron la ceja hacia él—. ¿Qué? Ella es la imagen maternal más cercana que tienen mis hijos, seguro en el futuro debemos llevarnos bien. —Hasta que Rose nos elige sobre su familia —agregó Theodore—. Debe de ser muy duro para Weasley y Granger escuchar que su hija no los quiere. —Ellos se lo buscaron —protestó Pansy, quien al parecer igual que sus amigos Slytherins, se había encariñado con la pequeña Rose—. ¿Cómo se atrevieron a repudiar a Rosie por estar con alguien a quien ama? ¡Ella no hizo nada más que ser una hija perfecta! Ya me encargaré yo que Rose tenga su final feliz con James. —Por supuesto —concordó Daphne, sacando imperfecciones inexistentes de su remera—. ¡Incluso podemos ayudarla a planear su casamiento! —Tiene quince años —se quejó Draco, tal padre celoso—. Ella se va a casar a los treinta. —Dile eso y escapará con James —afirmó Colton, desordenándose su cabello negro—. ¿Vamos? —Vamos —aceptaron sus amigos. Astoria se acomodó bien su bufanda y estuvo a punto de salir por el muro de piedras que ocultaba la Sala Común de Slytherin cuando sintió la suave mano de Draco tomar la suya. Ella lo miró, el adolescente rubio tenía un ligero rubor en sus pálidas mejillas, pero no la miró. Sonriendo alegremente, y estando un poco sorprendida por la sencilla muestra romántica de Draco, Astoria se reunió con sus amigos, quienes miraron con sonrisas divertidas las manos unidas.
Las clases no se retomarían hasta después de que el libro terminé, o como se rumoreaba entre los pasillos, hasta una semana luego de que todo acabe, para poder volver a la normal rutina sin que en la cabeza pase una y otra vez lo que habían escuchado del libro de terciopelo azul. Y si los profesores no daban las asignaturas, cada salón de Hogwarts se encontraba completamente vacío. Por eso, Ron Weasley y Hermione Granger se encontraban en uno de ellos. La adolescente de alborotado cabello castaño estaba sollozando en el pecho de su novio, quien tenía que hacer fuerza de voluntad para controlar las lágrimas en sus ojos. En el salón de Transformaciones, ellos habían estado sentados por horas en las mesas, con la única compañía del otro. Los elfos domésticos habían traído un plato con pedazos de tarta de melaza y dos vasos con jugo de calabaza para que merienden, sin necesidad de irse al Gran Comedor; tal vez había sido idea de alguno de sus amigos. En sus cabezas todavía resonaban las palabras de Draco Malfoy al leer sobre Rose Weasley. Ella había sido directa, ellos, los Ron y Hermione del futuro, habían reaccionado por completo mal al enterarse de la relación que su hija mantenía con su propio primo, James Sirius Potter. Entendían que seguramente en el año que ocurrió eso las cosas fueran diferentes, que ya no fuera normal ver a dos personas compartiendo la misma sangre siendo pareja, pero ¿mirarla con asco y decepción? ¡Eran sus padres, Merlín! Ellos debían ser los primeros en apoyar la relación de su hija pase lo que pase, no repudiarla porque al fin encontró a la persona con la que quería pasar el resto de sus días. Su hija finalmente, presa de la rabia y la tristeza, había terminado yéndose a vivir a la Mansión Malfoy, siendo invitada por los padres de su mejor amigo, Scorpius Malfoy. Y convivir con esa familia, hizo que Rose se uniera más a ellos, a los Nott, a los Rosier y a los Zabini, pasando el cariño familiar hacia ellos, olvidándose de querer a su propia familia -excepto su hermano y primos, ellos fueron lo bastante maduros para apoyar la relación que ella y el joven Potter tenían. Si eran sinceros, ni Ron ni Hermione podían culpar a Draco Malfoy y Astoria Greengrass. Ellos se comportaron como verdaderos padres para Rose que ellos mismos, apoyándola en su relación y dándole el cariño que necesitaba. Los dos, aparte de sentirse tristes, estaban profundamente decepcionados de su forma de reaccionar, de pelear contra ellos, cuando Draco y Astoria solo intentaron hacer feliz a Rose. Hermione suspiró y se incorporó levemente, mientras se secaba las lágrimas de la cara. Ron le acomodó sus mechones rizados castaños detrás de su oreja, con suma delicadeza. Él también se secó los ojos, quitándose las lágrimas que se negó a sacar. —Si es que Rose viene —murmuró Hermione con voz ronca, a causa del llanto—, vamos a hablar con ella; no quiero que nuestra hija nos siga odiando. —No te preocupes, lo arreglaremos todo —le prometió Ron—. Seremos una familia perfecta y por supuesto apoyaremos la relación de ella y James. —Es que es tan triste que nosotros, que somos sus padres, no apoyemos lo que ella quiere —suspiró ella, apoyando su cabeza en el hombro de su novio—. Nosotros debimos ser los primeros en felicitarla al estar con James. —Y así será, cariño. Cuando nosotros estemos en ese futuro, la abrazaremos y le diremos que estamos felices de que haya encontrado el amor de su vida. Hermione le sonrió. Tomó su mano entre las suyas y levantó la cabeza para llegar hasta sus labios, pero no pudieron besarse porque en ese momento la puerta del salón se abrió bruscamente. Los dos chicos de Gryffindor se sobresaltaron pero se relajaron al ver que solo eran Ginny Weasley y Harry Potter. —Aquí están —suspiró aliviada la pelirroja. Ella se apoyó en la pared, tratando de recuperar el aliento, al pacer habían corrido para encontrarlos. —Los buscamos por todas partes —les dijo Harry, que al igual a Ginny, lucía cansado. Ron y Hermione les sonrieron y se levantaron de la mesa para ir hasta ellos. La última de los Weasley puso una sonrisa compasiva al ver los ojos de su cuñada y hermano, mientras que Harry le dio a ambos unas palmadas en la espalda e señal de apoyo. Harry y Ginny sabían que ellos, como los futuros matrimonios Weasley, no tomarían bien saber que su hijo mayor, James, estuviera de novio con Rose, la ahijada de ambos, pero al parecer su primogénito los había perdonado, a diferencia de la joven Rose, quien parecía resentida todavía con sus padres y tíos. —No vale la pena estar triste cuando saben que lo van a arreglar —les dijo Ginny suavemente. —¿Vamos a Hogsmeade? —propuso Harry, intentando que con la salida los ánimos de sus amigos subieran. —Pero el tiempo está detenido, ¿qué vamos a hacer en Hogsmeade? —preguntó Hermione confundida. —Vamos a ir a Las Tres Escobas, nos servimos cervezas de mantequilla y dejamos el dinero en el mostrador. Fácil —respondió la pelirroja. —¿Y cuándo el tiempo siga? —inquirió Ron, sonriendo levemente—. Madame Rosmerta se preguntará porque hay menos cerveza de mantequilla y más galeones. —Pues que ella se fije luego. ¡Vamos! Los cuatro amigos se pusieron en marcha para ir al pueblo de Hogsmeade, mientras disimuladamente la pareja de novios se intentaban arreglar lo más que podían su rostros, ya que cualquiera que los veía, podría asegurar que estuvieron las anteriores horas llorando.
La metamorfomaga Nymphadora Tonks había esperado mucho este momento. Tener la mano de Remus Lupin entre la suya era fantástico, eso era suficiente para que sonriera embobadamente y que su cabello se cambiara a un rosa chillón. Ni siquiera le importaba que estuvieran unas cuantas personas con ellos, lo único importante era tener tomar a Remus de la mano. Atrás de ellos, Sirius Black refunfuñaba sobre que su supuesto mejor amigo lo había traicionado al salir con la hija de su prima segunda. Remus únicamente puso los ojos en blanco y Tonks soltó una risita. Afortunadamente, no tuvieron que escuchar más comentario del antiguo merodeador porque Molly Weasley, Prewett de soltera, le pegó en la cabeza, regañándolo como si fuera alguno de sus hijos. Arthur Weasley, su marido, Minerva McGonagall y Albus Dumbledore soltaron una risita. —Que raro, pensé que los lugares estarían abiertos —dijo Arthur, mirando las tiendas de Hogsmeade. Al parecer, gran parte de los que estaban leyendo el libro de la Tercera Generación habían decidido visitar el pueblo mágico, sobre todo los de primer y segundo años, quienes no podían hacerlo hasta que estuvieran en tercero; esto era una oportunidad que no iban a rechazar. Pero los alumnos, profesores e invitados que se encontraban ahí habían esperado ver las tiendas abiertas, ya que cuando el tiempo se detuvo, todavía era temprano para que cierren. Sirius chasqueó la lengua, él había esperado encontrar Las Tres Escobas abierta para tomar un Whiskey de Fuego y, bueno, robar el dinero de Remus para dejarlo sobre el mostrador. A Tonks esto sinceramente le dio igual, ella ya estaba feliz de estar de la mano con Remus como una pareja de enamorados en San Valentin. —¿Los elfos domésticos pueden conseguir bebidas alcohólicas? —preguntó Sirius, recibiendo una severa mirara de Molly y Minerva. —Pero, están abriendo —observó Dumbledore, mirando confundido como en algunos lugares subían las persianas o se abrían las puertas. Por ejemplo, en Zonko un chico salió con un gorro de lana que le cubría el cabello y letrero para colocarlo cuidadosamente en una de las ventanas. En Cabeza de Puerco, dos hombres se encargaban de ordenar las mesas y las sillas. —¿Idea de la Tercera Generación? —inquirió Remus. —Así parece —dijo Arthur. Un tanto confundidos, avanzaron hasta la taberna más famosa de Hogsmeade. Tonks entró con rapidez, tenía muchas ganas de saber que había tramado la Tercera Generación, porque era obvio que las tiendas cerradas y ahora abriéndose era idea de ellos. Sorpresivamente no había nadie en Las Tres Escobas, ni los clientes que se quedaban ahí hasta la noche ni madame Rosmerta. Rogó internamente que aquellas personas estuvieran bien, sea donde sea que estuvieran. —¡Oh, clientes nuevos! —chilló una voz femenina. La mujer que de acercó a ellos con una sonrisa era realmente bonita, tanto que Sirius se quedó con la boca abierta, y eso que él era muy exclusivo para elegir a las mujeres más lindas. Debía tener poco años menos que Tonks, pero aún así era de la mima estatura, pero tenía más curvas, que ella. Su cabello era rubio castaño, rizado y tan largo hasta las caderas. Sus ojos eran verdes oscuros, que hicieron que Tonks recordará el color de la corbata de Slytherin. Su piel era blanca y en su rostro habían lindas pecas rojizas. Tonks se preguntó quién era, pues no tenía edad para ser una estudiante de Hogwarts y por supuesto no estaba entre los invitados. —Sientense donde quieran —les dijo la mujer de ojos verdes dulcemente—. En un momento llegará alguien a entenderles. —¿Alguna idea de quién es? —preguntó McGonagall, siguiendo al grupo con quien estaba hasta una de las mesas del centro. —Tal vez alguien que el Trío de Plata contrató para atendernos —propuso Remus, ayudando a su novia a sentarse, consiguiendo que ella le sonriera y que Sirius fingiera que iba a vomitar. —No lo sé, pero es extremadamente hermosa —dijo Black—. No me importaría conseguir su número. —Es quince años menor que tú —rió Molly. —¡Bah! Remus es trece años mayor que Tonks y nadie le dice nada. El hombre lobo rodó los ojos mientras que la metamorfomaga sonreía. A ella no le importaba que Remus fuera más viejo que ella, mientras estuviera a su lado era suficiente. —¿Qué les sirvo? Una chica, quizá de la misma edad que Hermione, apareció frente ellos con un anotador en sus manos. Tenía el cabello negro oscuro casi tan largo como la primera mujer y eléctricos ojos grises. Ella les sonrió amablemente antes de tomar su orden.
Dean Thomas y Seamus Finnigan tenían una idea muy diferente de lo que era lindo. El lugar en el que estaban era demasiado horrendo y empalagoso, para ser simplemente lindo. La decoración era tan pegajosa que te daban ganas de vomitar, las ventanas estaban empañadas y las mesas y sillas eran demasiado llamativas; las mesas tenían servilletas de encaje y azucareros de plata. Además, el lugar era tan pequeño que apenas si se podía caminar. El Salón de té de Madame Tudipié no sería un lugar que los dos mejores amigos de Gryffindor vinieran voluntariamente a pasar el día. ¿Entonces quienes eran las culpables que estuvieran mirando con ascos las paredes del establecimiento mágico? Fácil, Parvati Patil y Lavender Brown. Los cuatro estaban ahí porque ya que iban a ser esposos en el futuro, deberían conocerse mejor, según las palabras de ambas chicas. Seamus y Dean estaban de acuerdo, hasta el momento habían leído sobre una hija del matrimonio Finnigan-Brown y sobre tres hijos del matrimonio Thomas-Patil, así que era más que obvio que dentro de dos décadas estaban completamente enamorados y felices. ¿Por qué no adelantar las cosas?, pensaron. Cuando asumieron que pasarían el resto de sus días al lado de Lavender y Parvati respectivamente, se habían puesto a observarlas, quizá para saber como serían sus futuros hijos, y ninguna de las chicas era una mala opción para compartir sus vidas. Pero ellos habían esperado que intentarán conocerse dentro de Hogwarts, paseando por las calles de Hogsmeade o mientras tomaban cervezas de mantequilla en Las Tres Escobas. En ningún momento pensaron que irían al Salón de té de Madame Tudipié. —Bienvenidos al Salón de té. Lavender y Parvati fruncieron el ceño y miraron de forma asesina a Seamus y Dean. ¡No podían culparlos por ponerse así! No era su culpa estar babeando por semejante belleza que había frente suyo. La mujer de quizá más de veinte años era la personificación de la hermosura. Tenía el cabello rubio, casi dorado, hasta el pecho, y los ojos azules tan hermosos como el mar. Su piel era blanca como la nieve y podían ver pecas rojizas cubrirlas en su delgada y alta figura. Prácticamente, los chicos que estaban en el pequeño establecimiento olvidaban a sus acompañantes femeninas por verla, sin darse cuenta del anillo de casamiento en su dedo anular y su barriga de cuatro meses de embarazo. —¿Eres un ángel? —balbuceó Seamus. La magnífica mujer rió suavemente, lo que hizo que él y Dean sonrieran estúpidamente. —¿Hay una mesa? —preguntó Parvati bruscamente. La mujer le sonrió cordialmente, asintiendo. —Los acompaño hasta su mesa. Siganme. Las dos muchachas de quinto año de Hogwarts tuvieron que darle un golpe en la cabeza a ambos chicos para que comenzarán a caminar. Aquella cita doble no estaba saliendo como esperaban. —Ya los atienden —les dijo la mujer rubia cuando ellos se sentaron en la mesa. Se despidió moviendo una mano y fue a recibir a los nuevos clientes. —Entonces, ¿té y galletas o algo en especial? La mujer que se apareció frente a su mesa debía de tener la misma edad que la otra. Dean frunció el ceño pensativo, ella se le hacía muy familiar con su cabello rubio oscuro y sus ojos marrones, pero no sabía de dónde. —Solo té y galletas —pidió Lavender. La camarera asintió y se retiró en busca de lo pedido—. ¿En dónde está madame Tudipié? —preguntó curiosa. —Tal vez paralizada, siendo vigilada por el Trío de Plata —opinó Seamus seriamente. —Y también el resto del personal de Hogsmeade —agregó Parvati. —Me pregunto quiénes son ellas —murmuró Dean, señalando a las demás chicas con la cabeza. —Pues como nunca las vimos por acá, deben de venir del futuro —señaló la rubia. —Teniendo en cuenta que leemos un libro sobre nuestros hijos, no me sorprende —reveló Dean suspirando—. ¿Y cuándo llega el té y las galletas? La mujer de ojos marrones regresó pocos segundos después de que él haya terminado de decir eso con el pedido. Pese a que Dean y Seamus les disgustara estar en un Salón de Té tan meloso como aquel, no podían negar que uno, la mujer parecida a un ángel era un belleza digna de ver y dos, las galletas estaban riquísimas.
Como una vez que el libro terminé, Fred y Geoge Weasley, Lee Jordan, Angelina Johnson y Alicia Spinnet tendrían que empezar a estudiar para sus EXTASIS y Oliver Wood debía volver al entrenamiento del equipo Puddlemere United, Katie Bell decidió que todos ellos debían ir juntos a Hogsmeade a pasar las últimas tardes juntas que les quedaba. Sus compañeros de Hogwarts y su novio aceptaron sin rechistar, sobre todo al enterarse que había personas que supuestamente venían del futuro para atender las tiendas del pueblo mágico. Estaban por dirigirse a Las Tres Escobas cuando los gemelos Weasley decidieron que había que ir a Zonko; Lee fue el primero en apoyarlos, mientras Angelina se lamentaba del futuro marido que tendría, haciendo reír a Katie, Alicia y Oliver. —Entonces, Oliver está con Katie, George está con Angelina, y como yo no pienso estar con nadie, Lee se quedará con Alice —dijo Fred seriamente. —¿Qué? ¡No! —chillaron los dos aludidos, mientras que las parejas y el gemelo reían. —No hay discusión, las cosas son así —dijo George, intentando no reír. —Su pareja se llamará, uh —se burló Katie—, Leecia. —Suena genial —admitió Angelina—. Y con George, nosotros somos Georgelina. —Y acá está Olitie —anunció Oliver, señalándose a si mismo y a su novia. —Me siento tan solo —suspiró Fred, fingiendo tristeza. Riendo, el grupo entró al tienda de bromas. Fred y Geoge miraron maravillados los productos que había, pero al ver el letrero de un nuevo mueble que decía "Artículos de bromas del siglo XXI", corrieron directo hacia ahí, con la boca abierta, siendo seguidos por sus amigos, que los miraban divertidos. —¿Puedo ayudarlos en algo, il mio parenti*? Los jugadores de Quidditch pusieron una verdadera cara de confusión al escuchar lo último, haciendo que el chico de diecisiete años que estaba frente ellos sonriera. Su cabello estaba ocultó por un gorro de lana, aunque se podía ver algunos mechones negros azabache escaparse del regalo de su abuela. Sus ojos marrones chocolate estaban detrás de unos anteojos cuadrados que sorpresivamente, lejos de hacerlo ver como un idiota, lo hacía ver bien, completamente bien, tanto que Angelina, Katie y Alicia estaban babeando, sobre todo al notar los músculos del muchacho que se marcaban por la remera ajustada que traía. —¿Qué dijiste? —preguntó Lee. El chico sonrió divertido y negó con la cabeza. —Nada. Olvidenlo. Mi novia me enseñó algunas cosas en italiano y las estoy poniendo en practica —contestó simplemente, encogiéndose de hombros. —¿Tienes novia? —preguntaron las tres chicas desilusionada, consiguiendo malas miraras de los chicos. —Sip. Mi bella novia ahora está trabajando en Las Tres Escobas, si pasan por allí, diganle ti amo* de mi parte. —¿Qué le digamos qué? —Que la amo —respondió sonriente el chico. Las chicas suspiraron enternecidas, como si antes no estuviera tristes porque el chico no estaba soltero—. En fin, ¿en qué puedo ayudarles? —¿Estos son los polvos para el desmayo? —preguntó George encantado. —Así es, señor... Eh, il mio amico*, acércate —llamó el azabache a otro chico. Éste tenía el cabello rojo largo, unas gafas de sol sobre sus ojos pese a que afuera hiciera menos de diez grados y estaba abrigado con una campera gruesa. Fred y George fruncieron el ceño, el chico les parecía conocido. —Deja de hablar en italiano, hombre. Te ves ridículo —le dijo el pelirrojo como saludó. Su amigo rodó los ojos, sin perder la sonrisa. —Solo tienes celos porque io so parlare in italiano*, mientras que tú solo sabes hablar en ingles —replicó. El pelirrojo puso los ojos en blanco y siguiendo las indicaciones del chico de ojos marrones, llevó a las chicas a la sección dedicada para el sexo femenino, donde una adolescente de dieciséis años, de cabello oscuro y ojos marrones explicaba cada cosa; lo único que se veía era su cabello y sus ojos, ya que estaba abrigada con una bufanda que le tapaba la mitad de la cara y tenía un pullover negro que le llegaba hasta las rodillas. Angelina sintió que conocía a esa chica, pero negó con la cabeza ante esos pensamientos y se puso a mirar los productos con Katie y Alicia.
Neville Longbottom, por completo sonrojado, le abrió la puerta como un caballero a Hannah Abbott. La Hufflepuff sintió la sangre subir a sus mejillas y le sonrió tímidamente a su futuro esposo. Ellos habían ido a Las Tres Escobas cuando se encontraron con Harry, Ron , Hermione y Ginny y éstos le propusieron ir todos juntos. Ellos, por otra parte, sonrieron con diversión y ternura al ver la actitud de la futura pareja. —Ya sabemos que Frank y Alice salieron igual a sus padres —les dijo Ginny. —Si, pero Frankie se volvió mal influenciado por James —dijo Neville, fingiendo molestia. Harry rió. —Si, tal vez, pero si se llama James Sirius, es obvio que va a conseguir que varias personas sean bromistas. —Vas a necesitar mucho tinte de cabello rojo para no tener canas blancas —le aconsejó Hermione a su amiga —Todos vamos a necesitar tinte de cabello si no queremos tener el cabello blanco —suspiró Ron. Mientras reían, el grupo de seis amigos estaba a punto de caminar hacia una mesa cuando una chica apareció delante suyo. Ella tenía una gorra de los Yankees que cubría su cabello rojo. No podían ver bien sus ojos porque el flequillo pelirrojo que tenía los tapaba. Era alta, no tanto como Ron, pero más que Harry, y tenía una campera abrigada roja, que en la parte de atrás tenía escrito Potter. —¿Potter? —preguntó Harry confundido. La chica le sonrió, pero no agregó nada más. Bajo la mirara hasta la libreta que tenía en las manos y asintió. —Al fin llegaron señores Potter, señores Weasley y señores Longbottom, los estaban esperando —dijo dulcemente. —¿Cómo? —cuestionó Hannah. —Su reservación —explicó la chica, sin dejar de sonreír—. Por aquí. Siganme. Los cinco leones y la tejona fruncieron el ceño confundidos, pero finalmente se encogieron de hombros y la siguieron. Ellos estaban viendo a la chica pasearse entre mesa y mesa con interés, les parecía muy familiar. Además, se preguntaban por qué ella tenía una campera en el que tenía el apellido de Harry. Pero antes de sacar una conclusión coherente, llegaron a su destino, por completo incrédulos. —Acá están sus acompañantes —anunció la chica de la gorra de los Yankees. Draco Malfoy abrió los ojos sorprendido. Cuando él y sus amigos llegaron, un chico alto de cabello negro azulado y ojos azules brillantes los había guiado hasta aquella mesa, aunque sea más grande de lo que habían esperado para su grupo, pero el chico con un sonrisa divertida, les había dicho que tendrían que esperar a las otras personas que se sentarían con ellos. Por supuesto, ninguno de los Slytherins había esperado que fueran ellos, no después de lo ocurrido en el Gran Comedor al leer sobre Rose Weasley. —Sientense, vamos —animó la chica. —Eh, no —balbuceó Hermione. Ella ya no culpaba a Draco y Astoria porque su hija los prefería, pero tampoco tenía ganas de sentarse con ellos—. ¿No hay otra mesa? La chica se apartó su flequillo del rostro, mostrando unos preciosos ojos azules rey que en ese momento los miraban con impaciencia. —¿Sigue todavía la enemistad entre Gryffindor y Slytherin? —pregunto, moviendo la cabeza decepcionada—. Mis mejores amigos son de Slytherin, mientras que yo soy de Gryffindor. —Pero... —comenzó Daphne. La chica la interrumpió. —No sean inmaduros y sientense juntos. Ahora vendrá alguien a atenderlo. Y sin más, la chica se fue. Harry, Ron, Neville, Ginny, Hermione y Hannah se miraron entre ellos y con un suspiro resignado, se sentaron con Draco, Blaise, Theodore, Colton, Pansy, Daphne y Astoria. Era obvio que ninguno de ellos parecía cómodo al estar en esa mesa gigante. Se quedaron en silencio varios segundos, mirando a cualquier lado que no fuera sus supuestos enemigos, hasta que un chico apareció. Él tenía el cabello negro en puntas, en un estilo de cantante de una banda de rock and roll, y unos bonitos ojos verdes claros. Él les sonrió casi burlón y apoyó sus manos en la mesa. —¿Qué van a pedir? Me mandaron a decir que nada de Whiskey de Fuego porque son menores de edad —informó el chico. —Umm, trece cervezas de mantequilla —pidió Colton, con voz neutra. —Ajam. ¿Tarta de melaza o de calabaza para acompañar? —preguntó el camarero. —De melaza. —De calabaza. El chico de cabello negro en puntas era lo bastante listo para saber que las respuestas de Harry y Draco trajeron tensión a la mesa. Sencillamente contestó que traería tanto tarta de melaza como de calabaza y se marchó. En la mesa volvió a aparecer el silencio tensó e incómodo, hasta que Hannah bufó, no podía dejar las cosas así. ¡Digna Hufflepuff! —Bien, es suficiente —dijo firmemente la rubia. Tenía todas las miraras puestas en ella—. No pueden seguir comportándose de esta forma tan inmadura, no cuando nuestros hijos son amigos, o en otros casos, parejas. ¡Una de las principales razones por las cuales ellos hicieron esto, era para que dejáramos de lado nuestras diferencias! Pansy carraspeó. Neville tosió. Draco miró hacia otro lado. Ginny se hizo la tonta. Daphne jugó con sus dedos. Ron fingió que sus zapatos eran interesantes. Hermione se puso un mechón detrás de la oreja. Theodore apretó los labios. Blaise miró intensamente las paredes. Harry se acomodó las gafas. Astoria tragó saliva. Colton fue el único en asentir, tal vez porque conocía a todos desde hace pocos días y había crecido como un traidor de sangre. O solo porque le daba miedo la mirara de Hannah. —Ella tiene razón —tomó el Slytherin la palabra—. Ahora mismo estamos en Guerra. Bueno, quizá no ahora, ya que el tiempo está detenido. Pero... Agh, ustedes me entienden. El punto es que luego de terminar de leer el libro, vamos a luchar por la misma causa: una vida sin Lord Voldemort —Harry sonrió al ver que nadie, ni siquiera Neville, se estremecía al escuchar el nombre del mago tenebroso. Eso era un avance—. No vamos a negar que, desde las presentaciones, todos hemos estado más amigables con el otro. —Granger le rompió el labio a Asstoria —interrumpió Draco. Hermione se sonrojó. —En verdad lamento eso, Greengrass —murmuró la castaña apenada—. No tuve derecho a hacerlo, no cuando en el futuro tú cuidarás de Rose. Estaba enojada y celosa, no pensaba con claridad. Lo lamento. —No te preocupes —dijo la Slytherin, con una sonrisa cálida—. Yo tampoco debí haberte dicho que eras una mala madre. —Uhh, ¿hay que abrazarnos, entonces? —preguntó Blaise confundido, haciendo reír a más de uno—. Digo, ¿vamos a hacer amigos? —Primero empecemos siendo conocidos que se saludan al verse —opinó Ginny, con una gran sonrisa en el rostro—. El primer paso será diciendo nuestros nombres y no nuestros apellidos. —Será difícil de acostumbrarse —admitió Harry. —Ya veremos como logremos que esto sea fácil —dijo Pansy tranquilizadora. —Será tan divertido cuando le digamos a nuestros padres que somos una especie de amigos —bromeó Theodore. Ellos sonrieron divertidos. —Oh, aquí llegan las cervezas de mantequilla y las tartas —avisó Neville, viendo como el camarero de cabello negro traía todo en sus manos, haciendo equilibrio. Así pasaron ellos la tarde, charlando y riendo entre ellos, conociéndose mejor. Era más que obvio que antes de terminar el libro de la Tercera Generación, los alumnos de Hogwarts de diferentes casas se harían grandes amigos para toda la vida.
—Claro —dijo al celular, mirando como sus mejores amigos cerraban Cabeza de Puerco, después de dejarla como estaba antes que ellos la invadieran—. Si, tía Hermione. No tienes porque preocuparte, estoy donde Oliver con los chicos —asintió ante lo dicho por la mujer por la linea telefónica. Frunció los labios y suspiró—. Vale. Ya voy para allá, pero quiero de postre helado —su amigo que fue Slytherin le hizo una seña para que se acercara a ellos y se juntarán con el resto—. Yo también. Nos vemos en unos minutos. Teddy Lupin finalizó la llamada y se acercó a Oliver Wood I, Derek Thomas y Jace Zabini. Tras decirle que una vez volvieran al departamento del primero se iría a la casa de su madrina, partieron hacia Las Tres Escobas, donde los demás debían de estar esperando. Ya eran las ocho menos veinte ahí y en Hogsmeade no quedaba nadie más, salvo los chicos de la Tercera Generación. Era sábado en, hace una semana, 2022 y en el grupo de DoxytsApp que los que estaban vinculados al libro de terciopelo azul tenían, habían visto el mensaje de Severus Potter, en el que decía que viajarían aquel día a 1996 para atender las tiendas de Hogsmeade, aclarando que no detendrían el tiempo detenido y que si viajaban, tenían que asegurarse que nadie notaría su falta de presencia por horas. Los únicos que habían ido habían sido: Rose, Severus, Scorpius, Teddy, Jace, Oliver, Derek, Daniel, Draco, Victoire, Dina, Joanna, Nadine, Fred, James, Roxanne, Esmeralda e Ian. Los únicos que faltaban para llegar eran Draco, quien terminaba acomodar las sillas en Las Tres Escobas, y Roxanne, que estaba ordenando los productos de bromas en Zonko. Los dos llegaron pocos minutos después, cuando Teddy estuvo a punto de maldecir a James por decirle cosas lujuriosas en el oído de Rose. —Como si le estuviera molestando —se quejó James, haciendo que Fred riera. —No creo que estés en posición de pelear cuando tienes que estar usando un bastón y tienes vendas rodeando tus costillas —se burló Jace. Teddy suspiró. El día después que la familia Weasley-Potter se enterara que él estaba casado con Victoire, los hombres lo habían atacado -por tercera vez, cabe destacar; la primera fue cuando anunció que salían por primera vez y la segunda fue cuando se enteraron que él pudo haberla embarazado, Oliver también recibió una paliza-, y él había terminado con una pierna y las dos costillas rotas. Fue una suerte que no hubiera sido tan grave como la primera vez. —Listo —dijo Scorpius, al finalizar el hechizo que protegería el embarazo de Victoire. Como ella tenía tan solo cuatro meses de embarazo, podían ponerle el hechizo, pero cuando ella cumpliera los cinco meses, ya no podría viajar más en el tiempo sin recibir un daño hacia el bebé—. Ya podemos irnos. Como al Trío de Plata le gustaba lucirse, inventaron otra forma de viajar en el tiempo, solo para que vean que poderosos magos eran. Hicieron que todos se agarraran las manos y Severus, Scorpius y Rose empezaron a murmurar en griego antiguo (a petición de Rose. Hay que agregar que sus dos mejores amigos tardaron dos meses en pronunciar esas tres palabras correctamente). Unos siete segundos después, todos se encontraban en una casa en medio del bosque. En una de sus acampadas, James, Fred, Dominique y Frank habían encontrado la gran casa algo destruida. Entre ellos, se habían encargado de arreglarla y al final, James anunció que una vez terminé Hogwarts, se iría a vivir allí. Ninguno de sus amigos pusieron reparo, Fred argumentó que entre los árboles no podría encontrar a alguna chica para calentar las sábanas y Frank y Dominique querían vivir en Cambrigde. Siendo sinceros, James quería la casa porque recordaba que su hermosa novia le había dicho cuando tenía seis años que le gustaría vivir en medio del bosque. —Vayan con cuidado —les dijo Rose a todos los chicos, mientras salían de la casa e iban por sus autos para regresar a sus casas—. ¡Nos vemos mañana en la Madriguera! James se acercó a ella y la rodeó con los brazos, una vez que cerró la puerta y se tiraron sobre el sillón. —Creí que hablarías con tus padres. Rose suspiró. No odiaba a sus padres, pero no podía evitar sentirse todavía resentida con ellos y por aquello, seguía viviendo en la Mansión Malfoy. Ella ya se estaba haciendo la idea de que viviría ahí hasta que James le propusiera que vivieran juntos. —Estaban hablando con los de Slytherin, no quería arruinar el momento —Rose pensó un momento y se echó a reír—. ¡No puedo creer que nadie nos haya reconocido! —Y eso que dejamos pistas —James suspiró y se inclinó hacia ella para besarla—. Te amo, Rosie. —Yo también, Jamie —susurró sonriente. Y entre beso y beso, volvieron a desatar la pasión que tanto había en esa relación, con el sonido de lo salvaje como música.
1*: Il mio parenti: Mis parientesen italiano. 2*: Ti amo:Te amo en italiano. 3*: Il mio amico: Mi amigoen italiano. 4*: Io so parlare in italiano: Yo sé hablar en italiano en italiano.
Nota de la autora: Nuevo capítulo por veinte actualizaciones a la historia, ¡treinta más y termino! Besos.