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¿Aún te amo? — capítulo 2

30 de julio, 2004

La mañana del 30 de julio el sol deslizaba sus rayos tras la ventana de la habitación de Harry Potter. Eran aproximadamente las siete en punto, tiempo suficiente para arreglarse, desayunar e irse a trabajar, ese día sin duda lo haría sin parar. No quería tener tiempo para pensar en nada, ni siquiera en su cumpleaños número veinticuatro. Siempre, desde hace seis años, su cumpleaños le traía malos recuerdos.

Con un poco de esfuerzo se levantó de su cama y se dirigió al baño a darse una ducha, con la esperanza de que el agua fría le ayudara a despejar su mente. Posteriormente se dirigió a su closet y saco uno de sus trajes de oficina, uno muy fino color negro. Una vez listo se miró en el espejo y se contempló unos segundos cuánto había cambiado en esos seis años, su cara ya no era la misma. Ahora era un hombre, ya no portaba aquellas gafas redondas que solía usar en sus años de Hogwarts, ahora simplemente se ponía unos de tipo cuadrado y en ocasiones lentes de contacto para ocultar su identidad;  el cabello indomable como siempre, solo que un poco más largo; por su cara se podía apreciar una larga y espesa barba bien cuidada, dándole un toque más varonil; su cuerpo ahora era más ancho, sus músculos lo hacían resaltar además de que su estatura se había ampliado un poco ¿pero sus ojos? ellos habían sido el reflejo que más había cambiado aunque él lo negase, ya no brillaban de aquella forma, ahora simplemente lucían opacos, sin un brillo de felicidad en ellos. Un sabor amargo recorrió su boca al notarlo hasta que una voz lo hizo volver a la realidad…

— ¡Harry, el desayuno está listo! —gritó una mujer desde abajo.

— ¡Voy enseguida, Ellen! —le contestó éste. Ellen era una mujer mayor de unos cincuenta años, cabello canoso, rechoncha, pero eso sí, muy fuerte y de carácter duro. Pero sólo con personas que lo requerían, con otras era la persona más cariñosa que podías conocer.

— ¡hombre, apresúrate que llegaras tarde al trabajo! —volvió a llamar ésta. Harry suspiró con pesadez, tomó su celular y bajó.

— ¿Puedo saber cuál es tu prisa? —dijo malhumorado al bajar, entrando al amplio comedor.

— ¡Feliz cumpleaños! —Soltó ésta, recibiéndolo con un pequeño pastel de chocolate y fresas.

—Ellen, en serio no debiste… —trató de sonreír, pero no lo consiguió.

—No fue nada —Colocó el pastel sobre la mesa y luego fue a darle un abrazo al oji-verde. Si había algo que Ellen tenía era que podía llegar a ser igual o más sobreprotectora que Molly Weasley —Ya es tiempo de que celebres tu cumpleaños como lo hacías antes ¿no crees? —le dijo al separarse tomando su rostro y mirándolo con infinita ternura, como lo hacía una madre.

—Pero es que…

— ¡pero nada! —replicó, luego depositó un tierno beso en su mejilla. —Deberías quitarse esa barba ya de una buena vez—agregó haciendo una mueca por el rose —Como sea, ahora sopla —señaló las velas con forma de veinticuatro.  Harry negó con una pequeña sonrisa, posteriormente sopló y se sentó a desayunar. Tras un par de minutos comiendo miró su reloj de mano y se dio cuenta que sólo tenía unos minutos para llegar al trabajo.

— ¡Demonios, voy tarde! —dijo incorporándose enseguida.

— ¡Por dios Harry! tu eres el jefe y es tu cumpleaños, no pasará nada si llegas unos minutos tarde a la oficina —regañó la mujer mirándolo con desaprobación.

—Mi cumpleaños no importa, trabajo es trabajo Ellen. —Dio un último sorbo a su café, tomó las llaves de su auto y salió hacía su cochera, no sin antes darle un sonoro beso en la mejilla a aquella mujer.

— ¡Hombres, hombres! —lanzó la mujer con exasperación.

Harry se hizo el de oídos sordos y fue directo hacia su auto, un precioso Audi A4 2004, hizo una mueca al recordar cómo había conseguido aquel puesto en la empresa fuera del mundo mágico.  

Flash Black

—¿Qué tienes pensado para mantenerte en el mundo muggle sin que te descubran? —preguntó Ron mientras se recargaba en el respaldo de una de las sillas de su departamento.

—Debo cambiarme el nombre —aseguró serio. —En Australia solía llamarme James, hasta ahora nadie me descubrió, creo que sería bueno seguir manteniéndolo igual—dijo convencido.

—¿No crees que podrían descubrirte? —agregó un poco en desacuerdo su amigo.

—No, no lo creo. Con otro apellido podríamos ocultarlo perfectamente—Lupin asintió de acuerdo con el moreno.

—Pero tu cicatriz…

—Ya casi no se nota, de igual manera buscaré la forma de hacer que desaparezca —decía mientras tomaba asiento en aquel viejo departamento del pelirrojo.

—Yo te recomendaría que mantengas tu apariencia así —sugirió el licántropo refiriéndose a su barba y cabello. —Ni yo mismo te reconocí la primera vez que te miré —le recordó. El oji-verde y el pecoso asintieron de acuerdo.

—¿Qué me dices de tu problema de la vista? —añadió de inmediato Ron al recordar ese pequeño gran detalle.

—Por lo que se los muggles usan diferentes formas para dejar de usar gafas, desde lentes de contacto o incluso someterse a alguna cirugía… —le explicaba a su amigo.

—Basta con que cambies de anteojos —intervino su antiguo profesor de defensas. —Lo importante ahora es saber ¿cómo sobrevivirás sin tocar tu dinero de Gringotts? —Harry se pasó las por su rostro, había olvidado ese detalle.

—No sé cómo demonios voy a resolver eso —se dijo consternado.

—Yo tengo algo que puede servirnos —le informó el licántropo mostrándoles un folder que había traído consigo pero que hasta ahora nadie preguntó qué era. —Hace unos días un par de mortífagos atacaron a un empresario muggle torturándolo con el maleficio cruciatus —les explicaba mientras sacaba los documentos —lamentablemente no sobrevivió —terminó entregándole la información que tenía acerca de aquel hombre al moreno. Éste lo tomó aún sin entender a qué se refería, pero al leer el nombre quedo sorprendido.

—¿Gregory Jobs Evans ? —lo miró confundido.

—Desconozco que sea algún familiar de tu madre, Lily jamás menciono algo de él ¿Petunia nunca te dijo nada? —Harry negó.

—Dudo que ella sepa algo —reconoció.

—Aun así ¿de qué le serviría saber eso? —preguntó el pecoso.

—Podría ser bueno para ocultarte, bien podríamos borrarles la memoria a todos y poner a otro sustituto en su lugar, pero debido a que llevan el mismo apellido sería más creíble si tú tomas su lugar y así la gente no haga preguntas. El hombre por lo que sabemos es alguien importante… —Tanto Ron como Harry asentían con atención.

—¿Qué me dices de sus hijos o familia? —recordó el Gryffindor.

—No tiene, ni siquiera estaba casado. Lo único que sé es que vivía con una empleada que tenía más de treinta años trabajando para él, creo que se llama Ellen.

—Aun así, si lo mataron ¿Qué nos asegura que Harry estará a salvo ahí? —agregó el pecoso en desacuerdo.

—Los mortífagos fueron atrapados y sometidos a una interrogación. Tal parece que desconocían el nombre de él. Mataron a más de uno y cuando lo hicieron estaban ebrios… —pasaron unos segundos en los que ninguno dijo nada, pensando si sería bueno arriesgarse o no.

—De acuerdo, hagámoslo —aceptó al fin.

Fin del flash black

Gregory Jobs resultó ser un hombre moreno, cabello canoso y ojos azules de aproximadamente cincuenta años de edad. Debía reconocer que al principio le costó adaptarse un poco a ser el nuevo jefe de aquel lugar, pero se vio obligado a la necesidad de aprender con tal de ayudar a aquellas personas, eso sí jamás pensó llevarse bien con aquella empleada del hombre: Ellen Robert. La cual resultó ser la pareja por muchos años de Jobs, pero sin llegar a casarse ni tener hijos, pues según la explicación que le dio la mujer aquel hombre era estéril. Ellen resultó ser la mejor compañía para él desde entonces, era como una especie de abuela o madre para Harry, sabía que la mujer era bastante lista como para saber que su "tío" no murió a causa de un ataque terrorista y sus repentinas salidas por la noche. Sin embargo, jamás hacia preguntas y lo trataba con el mismo cariño de siempre. Cuan drástico había sido el cambio en su vida, pasar de un pobre muerto de hambre en una isla desconocida sin familia ni identidad a un empresario de Londres. Llegó al estacionamiento de la empresa y parqueó su auto.

—Buenos días, señor Evans —Saludó uno de sus guardias dedicándole una cálida sonrisa.

—Buen día, Josh —contesto éste de manera cortante sin molestarse en mirarlo a la cara. Ron con frecuencia lo regañaba por tener tan malos modales con sus empleados, pero Harry prefería no tener ningún lazo cariñoso que más adelante pudiera perjudicarlos. Entró y Jessica, la chica de recepción, lo saludó, pero como siempre la ignoró olímpicamente. Subió al elevador y marcó el último número, pues su oficina estaba en la planta más alta. Al llegar a ésta, se encontró con que su secretaria Anahí discutía con Max, un chico de no más de veintiséis años, pelinegro, alto, de ojos azul celeste que no tenía trabajando ahí más de un mes.

—Max, entiende. Esto que me estás dando es basura, hazte un favor a ti mismo y tira esto si no quieres hacer el ridículo delante de todos. —Decía la castaña usando un tono bastante serio.

— ¿tirarlo? ¿Tienes idea de cuánto duré terminando esos informes? ¡James me oirá y…!

— ¿Qué tengo que oír, Max? —se adelantó el moreno a hablar, mirándolo con seriedad y de brazos cruzados. El chico intentó hablar, pero no le salían las palabras… — ¿Qué tienes ahí, Anahí? —preguntó sobresaltando a la chica.

—Estos… Estos son los informes que le pidió a Max que hiciera y… —Pero inmediatamente su jefe se los arrebató con poca delicadeza haciendo que ésta respingara de nuevo.  Harry analizó los papeles un par de segundos y luego miró con seriedad al oji-azul.

—Esto es una porquería —soltó rompiendo los papeles frente Max, dejando a éste perplejo ante aquella actitud.

—Pero… —intentó decir algo y de nueva cuenta el oji-verde lo interrumpió.

— ¡Pero nada! —alzó la voz. — Toma tus cosas y lárgate. —Le ordenó señalando la salida.

— ¿Qué? James, no puedes hacerme esto, mi padre me dijo…

— tu padre es un idiota que no sabe que tiene un inútil por hijo —escupió perdiendo la paciencia.

— ¡No puedes hacerme esto, es injusto…!

— ¿injusto? —lo miró exasperado, el chico tragó saliva ante aquella mirada que le dirigió Harry. —Escúchame bien muchacho, si te acepte aquí fue para hacerle un favor a tu padre, pero ahora veo porque te mandó —dijo mirándolo de arriba-abajo con desdén. — ¿crees que por tu cara bonita y bronceada puedes conseguir lo que quieras? —Max levantó su rostro orgulloso de aquello. —Pues no, estas muy equivocado, aquí se necesita gente útil, trabajadora ¡no basura como tú! ahora si no te importa… ¡lárgate y no vuelvas a poner un pie en G-Jobs! —De nuevo volvió a señalar la salida y al ver que no se movía se dirigió a su secretaria —Anahí, encárgate de que seguridad lo saque a patadas de aquí —le ordenó para enseguida entrar a su oficina cerrando la puerta con poca delicadeza.

—Te lo dije —agregó la chica cansada mientras negaba.

Una vez adentro fue directo a su escritorio y sacó un par de carpetas de uno de sus cajones derechos. Soltó un hondo suspiro mientras escribía; estaba molesto y cansado de tener que lidiar con gente inútil que sólo venía a calentar la silla frente al escritorio. Necesitaba a personas que en verdad tuvieran ganas de trabajar y hacer las cosas bien, no a chicas acuerpadas de anchas caderas, descerebradas o jóvenes de gran torso, bronceados y con sonrisa de comercial. Si había algo en él que no toleraba era que no hicieran las cosas bien, cualquier error así sea el más mínimo se los echaba en cara. Podía aguantarle esos errores a alguien con poca experiencia, pero cuando se trataba de los otros simplemente no lo toleraba. Algunos hacían unas maquetas fatales para presentarles a otros empresarios que tenían la idea de hacer un centro comercial o algún otro negocio, que estaba seguro, un niño de seis años podía hacer mejor. Últimamente requería a alguien que se encargara de la constructora, puesto que en los últimos días había estado teniendo misiones extras como auror y no tenía tiempo para hacer las dos cosas a la vez, además de que en ocasiones debía viajar por negocios de ésta. Pero hacía ya más de seis meses que lo estaba buscando y todos fracasaban, sino eran diez los que despidió no era ninguno. En días como esos agradecía tener tanto trabajo para no tener tiempo de pensar, pero ciertamente había otros en los que se volvía loco, la mayoría de sus trabajadores le temían por su fuerte carácter y siempre lo trataban con el mayor respeto posible. La puerta sonó…

—Adelante —dijo sin apartar la vista de las hojas.

—Sr. Evans la señorita Klein lo busca —informó su secretaria mientras le entregaba un par de carpetas.

—Dile que estoy ocupado, que me busque en otro momento. —contestó tomando lo que le entregó la chica. Pero lamentablemente su novia fue más rápida y entró sin su autorización.

—Anahí, alguien te busca allá afuera —mintió ésta.  

—Señor, yo… —trató de disculparse la castaña al ver el modo en que entró la engreída mujer. Harry hizo un ademan con la mano de que no se preocupara, él se encargaría. La oji-azul asintió y salió, mientras que Sharon arrojaba su bolso en uno de los sofás que tenía el moreno en su oficina, dirigiéndose posteriormente a él.

—Feliz cumpleaños, Harry —Le susurró con coquetería y luego depósito un escaso beso en sus labios. Él hizo una mueca de disgusto al oír su nombre.

—Ya te he dicho mil veces que no me digas Harry, llámame James. —Le recordó mirándola con seriedad. La mujer sonrió y se sentó frente al escritorio cruzando sus piernas con elegancia.

—Una vez al año no hace daño ¿no crees? —Le respondió con una sonrisa socarrona. El moreno la regresó a ver con molestia.

— ¿Puedo saber a qué se debe tu agradable visita? —le preguntó mordaz mientras escribía algo. Ella lo miró con acidez tras oír aquel tono.

—Es que acaso ¿no puedo venir a felicitar a mi prometido por su cumpleaños? —lo miró de mala gana.

—Tengo mucho trabajo, retírate —contestó con poca delicadeza sin apartar la vista de su escritorio y haciendo un ademan con la mano, ignorando lo que dijo Sharon. Ésta soltó un bufido de molestia y se incorporó tomando su bolso para posteriormente salir de la oficina de Harry azotando la puerta. Al salir Anahí la miró unos segundos…

— ¿y tú? ¡Qué tanto me ves! —soltó Sharon con brusquedad lanzándole una mirada de odio. La chica sólo negó torpemente, posteriormente salió de ahí.

Minutos después, la joven estaba tan concentrada en su trabajo que no oyó los pasos de un hombre acercarse, hasta que éste tocó su escritorio con delicadeza para llamar su atención.

—Ah, buenos días detective Weasley —saludó Anahí al ver al pecoso. Luego de un par de años de estar viajando tratando de capturar a otros cuantos aliados de Voldemort, Ron fue asignado a trabajar al mundo muggle como detective para así encargarse de aquellos mortífagos que se sabían mover perfectamente entre los muggles ocultando su identidad, así mismo para tener más acceso a información. El pecoso vestía un pulcro traje negro con camisa blanca, la cual dentro de esta portaba un cinturón sobre su pecho que cargaba con su arma muggle y su varita, oculta por su chaqueta. Para éste los años también se hicieron notar, las facciones de su cara ahora eran más duras, así mismo también una fina capa de barba sobresalía de su rostro.

—Buenos días, Anahí ¿se encuentra el señor Evans? —Sonrió al preguntarle, mirando de reojo la oficina del oji-verde.

—Sí, pero… —ésta mordió su labio, nerviosa.

— pero ¿qué?  —quiso saber al ver su estado.

—La señorita Klein se acaba de ir muy molesta y… bueno, quiero suponer que el señor esta de mal humor, así que no sé si usted… —trató de decir, pero los nervios se lo impedían.

—ah, ya… ¡Sharon, Sharon! —negaba con cansancio —siempre poniendo de malas a mi amigo, no te preocupes soy la segunda persona que puede aguantar a tu jefe, gracias. —le sonrió y se dirigió a la puerta, pero antes de abrirla se devolvió hacia ésta… —Y por favor, no le avises que estoy aquí ¿sí? —le suplicó.  La castaña tragó saliva ruidosamente, pero asintió, temiendo por la reacción de su jefe.

El pelirrojo tomó la perrilla de la puerta y giró, no sin antes dar dos ligeros golpes. El moreno tras oír aquello no pudo evitar levantar la voz molesto…

— ¡y ahora qué demonios quieres! —Exclamó golpeando su escritorio al tiempo que levantaba su cabeza.

—sí, hola cómo estás a mí también me da gusto verte amigo —soltó el pecoso sarcástico mientras se introducía a su oficina.

—ah, Ron… eres tu —dijo un poco sorprendido mientras se incorporaba. Ron le extendió la mano y luego le regaló un fuerte abrazo de hermanos.

—Feliz cumpleaños, Harry. —le deseó dándole unas palmadas a su espalda.

—Ron, ya te he dicho que…

—Lo sé, lo sé "no me llames Harry en la oficina" — lo imitó con fastidio mientras tomaba asiento frente a su escritorio, el moreno lo miró fulminante —Lo siento, pero entiéndeme. Tengo más de siete años llamándote así, es difícil decirte de otra forma de la noche a la mañana. —El oji-verde soltó un hondo suspiro, su amigo nunca iba a cambiar. —Como sea, vine a invitarte a desayunar ¿Qué dices? —le propuso entusiasmado.

—Oh, lo siento Ron, pero Ellen ya me dio…

— ¿desayuno? Te conozco Harry, tus desayunos son tazas de café negro —hizo una mueca de asco al decir esto último. —Así que anda, vamos. La cafetería no está lejos —trató de animarlo.

—Tengo mucho trabajo y…

— ¡Potter, Potter! ¿Tú nunca cambias? No seas amargado, además unas horas fuera de la oficina te hará bien, tanto tiempo aquí encerrado ha hecho que te olvides de cómo vivir. —le dijo incorporándose.

—Está bien, pero que no pasen de dos horas ¿está claro? —le advirtió antes de incorporarse.

— ¡Si, si, si! anda, que muero de hambre —le apresuró éste. Al salir le dijo a su secretaria que volvería en un par de horas.

— ¿vamos en mi auto o en el tuyo? —preguntó el oji-verde al llegar al estacionamiento.

— ¿estás loco? Vamos en el mío —contestó dirigiéndose a su carro. El auto del pecoso era un jetta azul, al principio le costó un poco adaptarse a la forma de vida de los muggles, pero con la ayuda del moreno lo logró fácilmente maravillándose en ocasiones por todo lo que tenían.

—veo que hoy no traes tu auto de trabajo —le comentó el moreno al subirse.

—No, últimamente no ha habido casos que investigar en Londres —decía mientras se acomodaba.  Se colocaron el cinturón y salieron rumbo a la cafetería. Al llegar tomaron asiento junto a una mesa cercana a una de las ventanas. El mesero llegó…

—Señor Weasley, buenos días —saludó un chico alto y delgado, de cabello oscuro y ojos negros. — ¿señor…? —esta vez se dirigió al moreno.

—Evans —contestó éste.

—Buenos días, Richard. —saludó el pecoso, tomando el menú. —Para mí tráeme unos huevos fritos con tocino, pan tostado con mermelada, una orden de quaffles y un vaso de jugo. —el chico apuntaba a prisa todo lo que dijo el pecoso. — ¿y tú? —se dirigió al moreno.

—A mí solo tráeme pan tostado con mermelada y un café negro…

— ¿Qué? Te digo, ya ni sabes que es un desayuno decente —lo interrumpió su amigo, Harry lo miró fulminante. —Richard, tráele lo mismo que a mí, sólo que ahora en lugar de un jugo tráenos la jarra mejor. —El chico asintió y salió enseguida por sus desayunos.

—Tú y tu maldita costumbre de cambiarme el menú cada vez que venimos a un restaurant. —Le reprochó el oji-verde mientras colocaba su celular en la mesa.

—Y tú y tu maldita costumbre de pedir café ¿no te hartas de tomar eso? —le preguntó haciendo una mueca.

— ¿Me trajiste aquí para criticar mi forma de comer o para platicar? —lo miró con seriedad mientras se cruzaba de brazos.

—Ok, ya entendí. Te traje aquí para invitarte a salir esta noche —le comentó, pero en eso Richard se acercaba con la jarra de jugo.

— ¿Salir? ¿A dónde? —no pudo evitar mirar con desconcierto a su amigo.

—Bueno, hace siete años que mis padres no te ven y mi madre estaba pensando en prepararte algo especial…

—Ron, ya te dije que yo no puedo volver ahí —lo interrumpió el pelinegro sirviéndose un poco de jugo.

—Lo sé, pero me han insistido tanto que prometí que te llevaría. —le contestó apenado.

—Pues hiciste mal, sabes de sobra que no iré —decía mientras les entregaban sus desayunos.

— ¿y qué harás? ¿Te encerraras en tu cuarto como lo has hecho en tu cumpleaños los últimos cuatro años? —escupió Ron con reproche, el moreno lo miró de reojo.

—No pienso discutir eso contigo —respondió moviendo ligeramente sus huevos fritos con el tenedor.

—Siendo así, no pienso insistir —dijo dándose por vencido el pelirrojo.  Enseguida el ruido de un teléfono llamó la atención de oji-verde, mirando enseguida que era Sharon. Rodó los ojos al ver que era ella, así que mejor decidió apagarlo. —No sé cómo te comprometiste con esa mujer, está loca —le comentó el oji-azul mirando su celular como si fuera un bicho raro.

—Ya te lo dije, necesito adoptar a Henry de nuevo, además de que no le he tomado ni una pisca de cariño y eso es bueno —decía probando sus huevos fritos para después darle un sorbo a su jugo de naranja.

—¿No has pensando en buscarte a alguien más? —sugirió tomando sus quaffles.

—Ella me parece bien pese a que es un poco dura —reconoció. —después de estar unos años con ella me he dado cuenta que no le podre tomar afecto y no pienso arriesgarme con otra —añadió serio.

—De lo único que te puedo asegurar es que está loca y si yo fuera tu no le daría una madre loca, histérica gruñona y amargada a mi hijo —contestó como si aquello fuera algo normal en la chica.

—Lo dices porque no se llevan bien.

— ¿bien? ¡Ella me odia! —soltó ofendido.

—Aja y tú la quieres, supongo ¿no? —soltó con sarcasmo.

—Bueno no, simplemente no me simpatiza. Siempre anda de mal humor —hizo un gesto de disgusto.

—Así es ella.

—Amargada —recalcó el pecoso, Harry lo regresó a ver con seriedad.  

—Ya que estamos hablando de compromisos, dime ¿Cuándo decidirás comprometerte con Rose?

— ¡Nunca! —contestó apenas terminó de formular la pregunta.

—Ron, llevas cuatro años de relación con ella ¿No crees que ya disfrutaste tu soltería?

—No empieces con tus sermones ¿quieres? Rose sabe perfectamente que jamás llegara conmigo a algo serio —decía cortando sus quaffles con el ceño fruncido.

—Claro, olvidaba que hablaba con Ronald Weasley, el mejor caza novas de Londres. —añadió haciendo énfasis al final.

—Amaneciste graciosito eh —agregó con disgusto.

—Si de graciositos hablamos, tu llevas la corona amigo —le devolvió éste con el mismo tono.

—Eso que ni que —aceptó sin vergüenza.  —Cambiando de tema ¿Cómo vas con tu nuevo asistente personal?  Max dijiste que se llamaba ¿no? —El moreno hizo una mueca al escuchar el nombre del chico.

—Lo despedí esta mañana —respondió con tranquilidad, probando su pan tostado. El pecoso, quien en ese momento daba un sorbo a su jugo, se atraganto al escuchar lo que dijo su amigo.

— ¿Qué? ¡Harry, por Merlín! ya perdí la cuenta de cuantos has despedido —le dijo una vez pudo hablar.

—Era un inútil, Ron. —añadió sin darle importancia.

—Vaya, pues… —Negó soltando un hondo suspiro para después limpiarse la boca. —Para ser el jefe eres bastante duro con tus empleados —reconoció, mirando con cierto miedo a su amigo.

—No exageres, tan sólo busco lo mejor para los trabajadores. Eso es todo —le aclaró con simpleza. Ron lo miró con desaprobación. Una vez terminaron de desayunar, el pecoso pagó la cuenta y llevó devuelta al moreno a su trabajo.

Llegó a la empresa antes de la hora que había acordado con Anahí…

— ¿Algún recado en mi ausencia? —preguntó a la chica al llegar.

—Eh, si… —sacó su agenda de su cajón y empezó a buscar. —Aquí esta. El señor Massey quiere una cita con usted lo antes posible —Informó la castaña.

— ¿y no sabes que quiere?

—No me dijo, sólo que era algo muy importante y que le convenía. —contestó cerrando su libreta.

—Está bien, mantenme al tanto de cualquier cosa —Pidió antes de entrar a su oficina.

—Como usted diga, señor Evans. —seguido de esto el moreno se perdió tras la puerta.

Por lo regular su jornada era de nueve a tres de la tarde, dedicándole más tiempo a su trabajo como auror los fines de semana. Pero como todos los años siempre en su cumpleaños dejaba todo lo de esa semana para ese día, no quería tener tiempo ni para respirar.

Sin darse cuenta se hicieron las nueve de la noche.

Estaba agotado, todos sus trabajadores se habían ido hace tres horas y él seguía ahí. No quería recordar, no quería pensar, no quería que aquellos malditos recuerdos lo invadieran como hacía cuatro años. Luego de quince minutos más, logró terminar; guardó un par de carpetas en su cajón y lo aseguró, después de esto tomó su saco, las llaves de su auto y salió rumbo al estacionamiento.

Una vez dentro del automóvil, pensó si sería buena idea o no irse a su casa, así que opto por ir a un bar de paso y así lo hizo. Eligió uno muy conocido, estaba a un par de cuadras de su trabajo, el lugar no era ni muy lujoso ni muy simple, prefería siempre pasar desapercibido en esos lugares y no llamar tanto la atención. Entró y como era de esperarse, el lugar estaba lleno ¿Qué se podía esperar? era viernes. Caminó hasta la barra y le habló a uno de los encargados…

—Tráeme un whisky. —pidió mientras se aflojaba su corbata. El hombre asintió y enseguida se lo trajo.  Se tomó todo de un trago, apretando los ojos al sentir como el líquido le quemaba la garganta. —Tráeme la botella —volvió a pedir para enseguida pasarse las manos por su cabello con desesperación. No quería recordar, no…

Flash Black

Era la última noche en el castillo y como despedida los chicos de Gryffindor había organizado reunirse en la sala común, tomarse un par de cervezas de mantequilla ¿y por qué no? recordar viejos tiempos. La guerra con Voldemort por fin había terminado, Harry había salido victorioso, y hacia unos meses acaba de iniciar su relación con su mejor amiga, Hermione. Todos los chicos estaban ya en la sala, sólo faltaba él, la castaña y Ron, el moreno hubiera preferido quedarse a esperarla, pero la insistencia de sus compañeros lo obligó a irla a buscar…

—Seguro lo olvido —se dijo despreocupado mientras se dirigía a la biblioteca, antes de doblar el pasillo escuchó un ruido que lo desconcertó. Rápidamente se asomó pues llegó a la idea de que podría ser alguien herido que necesitara ayuda, pero inmediatamente descarto esa idea al ver a dos compañeros tanto de Gryffindor como de Slytherin, besándose de manera apasionada. Pensó en retirarse, pero lo peor llegó después al ver como unos penetrantes ojos miel lo miraban con una sonrisa burlesca…

—Hermione.

Fin del flash Black

"¡Debí haberlo matado esa noche!"

Pensó con odio apretando sus puños. Se sirvió otro trago de whisky, miró el líquido perdiéndose en sus recuerdos.

—Yo les creí… —una amarga lágrima corrió por su pálida mejilla.

Flash Black

Había preparado todo para su cena especial con Samantha, pues ese día era su primer aniversario de casados. Revisó que no faltara nada: las velas, el mantel, la comida ¡todo tenía que quedar estupendo! Dio un último vistazo y sonrió satisfecho, no pudo evitar estrujarse las manos con nerviosismo.  Miró su reloj ¿Por qué se demoraba tanto?

*—Tranquilo, no debe tardar —se dijo tratando de calmar sus nervios. Pasó una hora aproximadamente y la rubia aún no llegaba, comenzó a preocuparse. —Sam, Sam ¿Dónde estás? —murmuró sin apartar la vista de la ventana. —Será mejor que vaya a buscarte —con un soplido apagó las velas y salió. Lo primero con lo que se encontró al salir fue con la hermosa vista hacia el mar.*Camino un poco a prisa por sobre la arena, tenía un mal presentimiento; al llegar a la bahía pudo divisar a lo lejos a dos personas que parecían discutir. Agudizó su vista y era ella, Samantha discutía con el que sin duda era su padrastro.

—Oh no, otra vez no... —se dijo preocupado corriendo hacia ellos.

— ¡Ya va siendo hora de que hables con ese muchacho y le digas la verdad! —le exigía el hombre gritando.

— ¡no puedo, James no debe enterarse de la verdad! —soltó asustada, estaba llorando.

— ¿y cuándo será eso? ¿Cuándo tu verdadero esposo venga por ti? —Exclamó molesto.

— ¡no sé, no sé! —decía nerviosa. — ¡ya veré cómo lo soluciono! ¡AHORA DEJAME EN PAZ! —lanzó con desesperación. Algo dentro de él se rompió…

Fin del flash Black

Las odiaba, jamás perdonaría su traición, les había dado todo de él. Engañarlo de la manera más ruin, Hermione revolcándose con otro y Samantha casándose con él cuando en realidad ya estaba casada con otro hombre, uno rico ¿y que era él en ese entonces? Un maldito muerto de hambre que se ganaba la vida trabajando como pescador en Australia, pensando que con eso sería suficiente, pero no, no fue así. Rio con sarcasmo y luego bebió de su whisky. Secó sus lágrimas con brusquedad y sacó su billetera dejando una buena cantidad de dinero llevándose la botella consigo, saliendo de aquel lugar. Si cualquier persona lo mirara a simple vista en ese estado, desalineado, con los ojos rojos e hinchados a causa del llanto, con ese brillo de tristeza en ellos, sentiría pena por él. Subió a su auto y recargó su cabeza unos segundos en el volante tratando de tranquilizarse. Dio un hondo suspiro…

—Maldito el día en que las conocí —escupió con rencor.


¡Hola!

Lamento no haberlos saludados anteriormente, pero quería dejarlos un poco más con la duda. Como verán este primer capítulo es más confuso que el prólogo y ese era su finalidad, crear más incógnitas. Sé que hable un poco (demasiado) de los muggles y casi nada del mundo mágico. Eso poco a poco se ira aclarando con el paso de los siguientes capítulos e iremos añadiendo más sucesos mágicos más adelante, así que quédense tranquilos.

Por ahora me despido, no sin antes invitarlos a leer mi otro fic: "antojos placenteros" también harmony que estoy segura les va a sacar más de una carcajada (:

 ¡Hasta pronto!