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¿Aún te amo? — capítulo 7
Luego de la visita que le hizo a su hermano y que por cierto le dejó un mal sabor de boca, decidió ir a verificar los últimos papeleos del intercambio a Londres, además de su horario oficial con las materias que le impartirían, dándose cuenta que únicamente una de éstas estaba vacante y era precisamente medicina muggle, pues según lo que escuchó de sus compañeros el maestro que la impartía tuvo ciertas complicaciones de salud y regresaría quizás a mitad del año. Lamentablemente tuvo que pasar gran parte del día ahí, encontrándose en el camino con varios colegas, una de ellas fue Padma, pasando así una tarde agradable con su excompañera. Almorzaron en un restaurante muggle que no se encontraba muy lejos, hablando de todo tipo de cosas y sin darse cuenta la noche les llegó, teniendo así que regresar al departamento, no esperando encontrarlo vacío…
—¡Hermione! ¡Luna! —llamó, pero nadie contestó. —Qué extraño, creí que ya estarían aquí —se dijo revisando su reloj de mano, pues según sus cálculos antes de las ocho ya estarían en casa todas. —Seguro algo importante se les cruzó —y sin darle tanta importancia pasó a darse una ducha y preparar todo para sus clases de mañana. Minutos más tarde, el azote de una puerta logró llamar la atención de la pecosa desde la habitación, saliendo enseguida al pasillo.
Lo iba a matar, definitivamente lo iba a matar…
—¡Eres un idiota, Harry Potter! —soltó la castaña apenas entró a su departamento. Caminó hacia su recamara y se dispuso a cambiarse de ropa de manera brusca ¡era tanto su molestia! —Insensible, idiota… —murmuraba enojada, colocándose de mala gana sus pantalones de dormir. El ruido de una de las habitaciones de al lado la desconcertó, terminó de cambiarse rápidamente y salió.
—¡Merlín! —lanzó llevándose una mano al pecho la pecosa desde el pasillo.
—Lo siento —se disculpó la castaña mientras caminaba hacia la cocina.
—No esperaba que llegaras tan tarde, creí que tú y Luna ya estarían en casa —decía mientras caminaba detrás de ella.
—Y estas en lo cierto, no se "suponía" que debería de haber llegado tan tarde —enfatizó con fastidio. — Me han descontado el día y me mandaron a casa temprano, así que decidí regresar a San Mungo y trabajar horas extras —agregó malhumorada mientras se dirigía a la nevera y sacaba una jarra de agua.
—¿Qué? —soltó con sorpresa. —¿Cómo es que…? —intentó formular, pero un segundo azote sobresaltó a ambas chicas.
—¡Estúpido! —escupía una rubia enfurecida apenas entró, lanzando con molestia sus cosas hacia el sofá e importándole un carajo que sus amigas estuvieran mirándolas asustadas.
—Creo que alguien más tuvo un mal día—murmuró Ginny, mirando de reojo a la castaña quien asintió de acuerdo sin quitar la vista de asombro de la oji-azul, la rubia la miró con recelo tras oírla.
—¡Y todo gracias a tu estúpido hermano, Weasley! —gritó molesta dirigiéndose a la alacena buscando algo con desesperación.
—¿Ron? —preguntó ahora Hermione olvidándose un momento de sus problemas.
—¿sabes lo que el muy idiota me hizo? —decía mientras se acercaba a ellas con lo que al parecer era una botella de whisky. —¡me arrestó! —se quejaba mientras se servía un trago —Pase casi nueve horas en una cárcel muggle de mala muerte! —lanzó bebiendo enseguida todo el trago del vaso. Ginny y Hermione la miraron boquiabiertas.
—¿Por qué el…?
—Y por si fuera poco me quitó mi varita ¡Mi varita! —repitió escandalizada.
—¿desde cuándo Ron trabaja con los muggles? —recordó la castaña, pues ese día la secretaria de Harry se lo hizo saber.
—Eso es algo que sin duda a mí también me gustaría saber —añadió la rubia molesta, esperando una explicación de su amiga.
—¡No me mires así! —se defendió al ver la mirada enojada de ésta. —por si no lo recuerdas Luna, tú me repetiste más de una vez que estaba terminantemente prohibido mencionar cualquier cosa de Ronald —le recordó de brazos cruzados —y en segundo lugar para su información, Ron no trabaja con ellos, se hace pasar por uno de esos muggles que investigan casos…
—Detective —corrigió Hermione.
—Eso, con la diferencia de que no es cualquier caso, sino muertes a manos de mortífagos que se saben mover muy bien fuera del mundo mágico. Así que en realidad Ron es un auror —terminó esperando la respuesta de ambas.
—Ahora entiendo. Bien por él, supongo —reconoció con tranquilidad la oji-miel, lamentablemente el silencio de Luna y la fuerza que ejercía en sus puños no dio a entender lo mismo.
—¡Yo lo mato! —gritó colérica con el rostro rojo.
—Luna tranquilízate… —intentó calmarla la oji-miel y es que, a decir verdad, el temperamento que estaba mostrando la rubia comenzaba a asustar a las chicas, pues ésta siempre se caracterizó por tomar las cosas con demasiada serenidad.
—Me arrestó, me encarceló nueve malditas horas rodeada de mujerzuelas, pandilleros y encima, me obligó a tomar clases de manejo —enumeró con la mandíbula apretada.
—¿clases de manejo? ¿Qué fue lo que ocurrió? —quiso saber la pecosa, ya imaginándose la causa. Tras aquella pregunta la rubia respiró hondo tratando de calmarse…
—Digamos que… tuve un pequeño accidente con otro auto —le explicó en voz baja sin voltear a ver a ninguna a la cara.
—¡Te dije que ese trabajo no me agradaba! —atacó Ginny apenas terminó la oji-azul.
—¡Fue un accidente! —se defendió molesta. —De cualquier manera, tu hermano se portó como un idiota…
—No pienso discutirte eso, después de la visita que le hice hoy me quedó muy claro que si lo es. —dijo dándole la razón, Luna la regresó a ver extrañada y añadió:
—¿Por qué lo dices?
—Lo encontré revolcándose en la cama con otra —contestó con tono molesto.
—Oh —respondió de manera neutral, sintiendo como un vacío se instalaba en su estómago haciéndola sentir incomoda.
—No lo hubiera tomado tan mal si su novia no se hubiera aparecido ahí más tarde —le explicó con tono amargo. Luna, quien bebía un poco de agua que le había ofrecido Hermione en ese momento para dejar de lado el whisky, comenzó a atragantarse tras escuchar eso ultimo ¿novia? ¿se había revolcado con otra que no era su novia? ¿Cómo se le llamaba eso? ¿amante? Un nudo en su garganta comenzó a formarse, impidiéndole el pase de saliva.
—Lo siento por su novia, entonces —comentó mordaz, minutos después.
—Su novia después de todo resultó ser una buena persona, si les digo la verdad hasta me cayó bien —decía la pelirroja sin notar el rostro inexpresivo de la rubia, no fue hasta que el carraspeo de Hermione la hizo darse cuenta que estaba hablando de más. —Pero dejemos eso de lado —se corrigió rápidamente, acomodando un mechón de cabello tras su oreja —mejor dime Hermione ¿Por qué te descontaron el día? —preguntó al recordar lo que le había dicho la castaña al principio.
—¿te descontaron el día? —agregó de inmediato Luna con desconcierto. Hermione soltó un suspiro rodando los ojos al recordar.
—Harry —pronunció con fastidio. —el muy idiota me amonesto ¿pueden creerlo? —explicaba molesta ignorando por completo el hecho de que sus amigas no tenían ni idea de que trabajaba para el moreno.
—Espera ¿Harry? ¿Harry Potter? — repitieron mirándola confundida, la castaña asintió.
—¿Qué tiene que ver él en todo esto? —quiso saber la pecosa, recordando de inmediato las palabras de su hermano "Despreocúpate, Hermione sabe perfectamente bien donde esta…"—No me digas que Harry es tu…
—¡Si, es mi jefe! —soltó dejando el vaso sobre la encimera de forma brusca, logrando tirar un poco de agua de éste. —No sé cómo no me di cuenta antes ¡era demasiado obvio! —se quejaba pasando las manos por su rostro con frustración.
—¿Por qué Harry trabaja en una empresa muggle? —preguntó ahora la rubia, llamando la atención de ambas chicas.
—Buena pregunta —concordó la pecosa. —Esta mañana, después de la visita que le hice a mi madre fui con Ron a sacarle algo de información de Harry, mamá me pidió ese favor —agregó al ver la mirada de desconcierto de la castaña —no me dijo nada si les soy honesta, pero me recalcó que a estas alturas tú ya sabrías perfectamente en donde se encontraba y ahora entiendo porque —terminó de explicar, ya no sorprendiéndose de aquello.
—Si trabaja con los muggles ¿Por qué nunca lo encontramos mientras lo buscábamos? Más de la mitad de aurores también lo hizo —se cuestionó la oji-azul.
—Es porque usa otro nombre, además de que está muy cambiado —añadió Hermione al recordar su cabello y espesa barba.
—¿Qué dices? ¿entonces cómo se llama?
—James Evans. Se ha puesto su segundo nombre con el apellido de su madre y por lo que sé, creo que no usa magia —comentó con seriedad.
—De cualquier manera, si es un empresario debe de salir en alguna revista ¿no lo creen? Hasta con los muggles es famoso, no por nada Ginny escuchó malos comentarios de ese lugar —dijo dudosa la rubia.
—Hermione ¿aún tienes esa laptop que tus padres te regalaron la navidad pasada? —preguntó insegura.
—sí, está en mi habitación ¿Por qué…? —pero no alcanzó a terminar cuando la pecosa salió disparada a su habitación por ella.
—¿Qué piensa hacer? —Hermione negó no teniendo idea tampoco. Un minuto después la chica regresaba corriendo con la laptop en las manos.
—¡Aquí esta! —dijo tomando asiento de nuevo mientras la abría y la encendía.
—¿para qué la quieres? —le cuestionó Hermione acercándose a ella.
—Sé que los magos no somos unos genios a veces en artefactos muggles y que se nos podrían pasar detalles como estos, pero estoy segura a que los muggles no se les pasó tener siquiera una foto de alguien tan importante como lo es "James Evans" —le explicó abriendo una página web que tenía el título de colores. —Dime el nombre de la empresa —pidió regresando a ver a Hermione.
—G-Jobs —respondió mirando con seriedad como la pecosa comenzaba a teclear añadiendo el nombre que usaba el moreno, yendo de inmediato a la pestaña de imágenes en donde rápidamente aparecieron varias fotografías. Cuidadosamente iba pasando imagen tras imagen, había muchas, pero ninguna de él, hasta que…
—¡Esa! —soltó rápidamente.
—¿ese es Harry? —quiso saber la rubia acercándose a la pantalla, Hermione asintió. —¿Qué onda con su cabello y su barba? Acaso busca ser el sustituto de Dumbledore ¿o qué? —comentó ésta con una mueca de disgusto al ver el look de su excompañero.
—Yo diría que más bien a Snape —sugirió Ginny, quien no pudo evitar reír por el comentario de su amiga, pues ella pensaba lo mismo. Hermione les dirigió una mirada seria y ambas chicas guardaron silencio borrando todo rastro de sonrisa.
—Eso no importa ya—declaró la castaña cruzándose de brazos regresando a su lugar. —Está a punto de echarme en cualquier momento —recordó con molestia.
—¿a qué te refieres? —dijo la pecosa cerrando el computador.
—Es mi semana de prueba, al tercer error me echará y hoy ha sido el primero —les explicó cabizbaja.
—¿Por qué te amonesto?
—Por una estupidez —contestó enojada regresando a verlas, Luna y Ginny arquearon sus cejas sin entender nada. —Discutimos. Harry es muy hosco y grosero con sus empleados y bueno, yo… —intentó explicarles asomándose un rubor en sus mejillas.
—Lo enfrentaste ¿no? —contestó lo obvio la pecosa, Hermione asintió.
—¿Entonces resumiríamos esto en que tanto Harry como Ronald son unos idiotas? —agregó con simpleza Luna mirando como sus amigas asentían. —¿Piensas renunciar? —Hermione negó de inmediato.
—¡De ninguna manera! —declaró segura. —No le daré ese gusto. Harry es un muy injusto con todos ahí, con un poco de suerte varios terminan apoyándome —aseguró.
—Espero que estés tomando la decisión correcta, Hermione.
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¡Estaba muerto! Apenas llegó a su departamento no dudo en dejarse caer sobre el sofá cansado, definitivamente había sido un día pesado. Sonrió al recordar su encuentro con la rubia…
—Esa mujer sigue igual de loca —se dijo mientras sonreía con burla, recordando lo sucedido esa tarde.
Flash Black
—¡Basta! ¡Suéltame, maldita sea! —renegaba la rubia intentando forcejar de su agarre una vez llegaron a la estación de policía.
—¡Guarda silencio, Lovegood! —contestó molesto mientras llegaban con el jefe de oficina.
—¿Qué me traes ahora Weasley? —preguntó Richard, un hombre joven de estatura mediana, rubio y de ojos avellana.
—Loca al volante —contestó con gracia, ganándose una mirada fulminante por parte de la rubia. —¿hay alguna celda disponible? —preguntó mientras firmaba un documento que el hombre le pasaba, pero sin soltar el agarre de la rubia.
—La celda seis —le indicó tomando los expedientes. Con una afirmación tomó las llaves y pasó a llevarla a aquel lugar.
—Juro que me las vas a pagar —le decía por lo bajo Luna caminando de mala gana, el pecoso se limitó a ignorarla.
—Estúpido Richard, le pedí una celda vacía —murmuró molesto al ver que aquel lugar estaba ocupado por lo que al parecer era un adolescente. En un movimiento rápido quito sus esposas y abrió la celda, indicándole con un movimiento de cabeza que entrara.
—¿Qué? —preguntó sin entender aquella señal, no se había percatado en qué momento la había soltado del brazo.
—Entra —señaló lo obvio, manteniendo su expresión seria.
—¿me dejaras sola con él? —pero tarde formuló su pregunta cuando de un movimiento brusco el pecoso la ingresó al lugar cerrando enseguida la puerta de la celda.
—Vuelvo en un momento —le avisó saliendo de aquel lugar, dejando a Luna sola con aquel hombre. Una vez se perdió por aquel pasillo, chasqueó los dientes molesta, de ninguna manera se pensaba quedar en ese lugar. De inmediato buscó en sus pantalones su varita, asustándose al no encontrarla en ninguno de sus bolsillos.
—¿Dónde…?
—¡Oye tú! —habló una voz detrás de ella, sobresaltándola. —Me gusta tu ropa —desconcertada, la rubia volteó hacia aquel sujeto que de adolescente no tenía nada. —quítatela —demandó con seriedad mientras se incorporaba.
—¿Qué? ¿te has vuelto…? —pero calló al ver como el chico se lambia los labios y le dirigía una mirada lujuriosa.
—¿No escuchaste? —repitió poniéndose serio. Luna lo miró molesta…
—¡De ninguna manera! —se negó ofendida.
—¡Quítatela! —ordenó molesto cada vez más cerca de la rubia, quien rogaba internamente porque el pelirrojo regresara pronto.
"¡Merlín, ¿Dónde diablos te has metido Ronald?!"
—¡Ro…! —intentó llamarlo, pero de inmediato el chico cubrió su boca, logrando hacer que la rubia entrara en pánico.
—De ninguna manera voy a dejar que llames a tu amiguito —susurró con voz escalofriante a unos centímetros de su rostro. Luna apretó sus ojos asustada…
—¡Aleja tus sucias manos de ella! —bramó una voz a los segundos. Abrió los ojos de inmediato, notando como un tolete estaba frente a su rostro separándola de aquel sujeto, quien rápidamente la soltó echándole una mirada de odio al pecoso. —retírate —le ordenó señalando con el bastón la esquina donde anteriormente estaba, después de esto abrió de nuevo la celda y tomó a Luna del brazo sacándola de aquel lugar. —¿estás bien? ¿te hizo algo malo? —no pudo evitar preguntar con cierta preocupación una vez estuvieron lejos de esa celda.
—Estoy bien ¿Dónde está mi varita? —preguntó con molestia una vez se recuperó del susto.
—Yo la tengo —contestó mientras caminaban a otra nueva.
—¿Qué? —se detuvo en seco. —¡¿y así me dejaste encerrada con ese?! —soltó colérica.
—¡Fue un error de Richard! —se justificó rápidamente. —Le pedí una celda vacía, por eso regrese con él, pero apenas me dijo que ese chico sería trasladado a un penal por violación, regrese de inmediato. —le aseguró con gesto serio, tomándola del brazo para que caminara de nuevo. Miró hacia arriba de la celda, la cual indicaba el número trece y verificó que esta estuviera vacía antes de ingresar a la rubia.
—Entra aquí —pidió esta vez en un tono más suave.
Fin del Flash Black
Sí, no podía negarlo, el ver a Luna de nuevo había logrando sacar a flote aquellos viejos sentimientos que había intentado reprimir todos esos años. Había planeado todo eso para fastidiarla un momento, pero después del mal rato que le hizo pasar aquel sujeto, se arrepintió de inmediato, pues tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para controlarse y no moler a golpes a aquel chico.
—¿Por qué justo ahora tuviste que regresar? —murmuró con la mirada perdida en algún punto de su techo.
Flash Black
Habían pasado ocho horas y no había señales del pecoso ¿Qué demonios pensaba hacer con ella? Es decir, solo fue un accidente, no era para tanto ¿o sí? Se preguntaba mientras estrujaba sus manos con nerviosismo caminando de un lado a otro por toda la celda y, por si fuera poco, moría de ganas por entrar a un baño y de ninguna manera usaría ese sucio retrete que se encontraba en aquel lugar. De inmediato, el tono de un silbido logró llamar su atención, mirando a lo lejos como el pecoso se acercaba con tranquilidad a ella, apretó sus manos a los barrotes con molestia lanzándole una mirada fulminante.
—¿Qué dicen las rejas, Lovegood? —preguntó con gracia una vez llegó a ella.
—¿Cuándo saldré de aquí? —preguntó con fastidio al ver su sonrisa burlesca.
—En un par de horas, no lo sé —informó con simpleza mientras le daba vueltas a unas esposas que se encontraban en su dedo índice. —Pero tranquila, te he traído compañía —le aseguró sonriente mientras llamaba a aquel hombre que los recibió al llegar, notando enseguida como éste no venía solo, sino que acompañado de una mujer de la que, a simple vista, puedo notar que era esa clase de personas que se dedicaban a vender su cuerpo por unos cuantos euros. La mujer vestía un vestido ajustado al cuerpo, color negro y de lentejuelas que apenas le alcanzaba a cubrir parte de sus atributos, portaba un maquillaje exagerado, cabello corto y negro. Luna tragó saliva ¿ahora que seguía? Se preguntó cansada recargando su cabeza en las rejas.
—¿Cuál es tu nombre? —le preguntó Richard a aquella mujer quien portaba una cara de fastidio.
—Me dicen Luna —contestó con desdén.
—¡Vaya, pero que sorpresa! —soltó el pecoso con asombro mientras sonreía, ganándose la atención de aquella mujer quien no dudo en sonreírle con coquetería.
—Luna es mi nombre artístico, corazón —le explicó con descaro ésta, la rubia le dedicó una mirada de recelo.
—Esa es una buena noticia, apuesto a que se harán buenas amigas —comentó mientras le abría la celda con caballerosidad. —Luna, ella es "Luna" —las presentó con una sonrisa socarrona. La mujer miró con desdén a la rubia y pasó a sentarse en aquella vieja cama de piernas cruzadas mientras encendía un cigarrillo, la Ravenclaw por otro lado le dedicó otra mirada fulminante a Ron.
—Espera que te ponga las manos encima, Ronald —murmuró con los ojos entrecerrados.
—¡Vamos Luna no es para tan…! —pero de inmediato fue atraído de las solapas haciendo que éste chocara contra las rejas de manera brusca.
—¡¿no es para tanto dices?! —repitió entre dientes colérica, sin percatarse lo cerca que estaba del rostro del pelirrojo. —¡Llevo ocho malditas horas encerrada aquí, fui acosada por un violador, muero por ir al baño y el maldito retrete de ahí —señaló la esquina —esta asqueroso y por si fuera poco me traes a una prostituta como compañera de celda que quien sabe qué clase de enfermedades venéreas traiga consigo ¿y dices que no es para tanto?! —volvió a decir al borde del colapso sin apartar la vista del chico, quien apenas acomodó su rostro pudo notar como una pequeña vena se marcaba sobre la frente de la rubia. Sonrió al ver lo cerca que estaba de ella…
—¿tanto te molesta? —susurró en un tono suave, casi íntimo, dirigiéndole una mirada sin disimulo a los labios de la oji-azul. Ésta de inmediato se apartó con brusquedad al sentir golpear su suave aliento contra su cara, logrando hacer que su rostro tomara el color de un tomate.
—Yo… —dijo pasando sus manos de manera nerviosa por su cabello —quiero irme ya ¿de acuerdo? —demandó intentando volver a aquel tono firme, logrando hacer que el pecoso sonriera abiertamente ante aquella muestra de nerviosismo.
—Está bien, pero con una condición —pidió de brazos cruzados sin borrar su sonrisa, Luna lo miró con desconfianza.
—¿Cuál? —preguntó con los ojos entrecerrados, por alguna razón presentía que nada bueno saldría de todo eso.
—Tendrás que asistir a clases de manejo durante un mes.
—¡De ninguna manera! —se negó de inmediato.
—En ese caso, disfruta tu estancia con "Luna" —terminó mientras daba media vuelta.
Fin del Flash Black.
Luego de media hora más logro convencerla, una risa suave escapó de sus labios mientras vertía un poco de leche en un vaso. Había descubierto que extrañaba sus rabietas y que a sus ojos solo la hacían ver más adorable…
Flash Black
De acuerdo, había dicho un rotundo no a la propuesta del pelirrojo, pero en esos momentos en verdad estaba considerando tomarle la palabra. A estas alturas honestamente ya no sabía que era peor: si ser acosada, no tener baño o intentar ser convencida por aquella mujer de entrar en el negocio.
—De verdad te lo digo niña, tienes todo para estar dentro ¡solo mírate! —le decía desde aquel catre mientras miraba el esmalte de sus uñas. —Cualquier hombre pagaría lo que sea por ti —insistía.
—Me imagino —se limitaba a decir con cansancio la rubia.
—Si entras, procura que sea de preferencia con magnates. Esos son los mejores —le explicó sacando otro cigarrillo. —Y si no te gustan los hombres, despreocúpate. También están las orgias lésbicas, te las recomiendo —sugirió para enseguida soltar una risita y luego darle una calada a su cigarrillo. La oji-azul la miró escandalizada aferrada a los barrotes de la celda ¡Por merlín, que alguien la sacara de ahí ya!
—¡RONALD! —Gritó**desesperada casi con la cabeza fuera de las rejas.
Mientras tanto en una de las oficinas de al lado…
—¿No crees que te estás pasando, Weasley? —le dijo su compañero Frank mientras miraban las cámaras de seguridad donde se encontraba la rubia. Frank a comparación de Richard era mago, él y Ron estaban encargados de llevar los casos de muggles asesinados por mortífagos sin tener una relación aparente con el mundo mágico.
—Vamos, no puedes negar que es divertido —contestó sonriendo sin apartar la vista de la pantalla.
—Espera a que Lovegood se entere que no tenías poder para arrestarla, y que además eres un auror —le recordó con diversión al imaginarse la buena reprimenda que le pondría Luna.
—No estaré para ese entonces —expresó con despreocupación mientras subía los pies a aquel escritorio y cruzaba sus manos detrás de su cabeza. De inmediato, el grito de una mujer lo sobresaltó haciendo que callera bruscamente de la silla. —¿pero qué demonios…? —se dijo desde el suelo aturdido.
—¡Ronald! —volvió a llamarlo a punto de perder la cabeza. Unos pasos acercarse por el pasillo le indicaron que sus gritos funcionaron.
—¿Qué diablos te pasa mujer? —preguntó una vez llegó hasta ahí mientras se sobaba la cabeza.
—Acepto —soltó de inmediato.
—¿aceptar? ¿aceptar qué? —la miró sin entender.
—¡Las clases de manejo, idiota! —repitió enojada ante la falta de atención del pecoso.
—¡Oh, ya! —dijo entendiendo al fin. —Excelente. Has usado las palabras mágicas, Lovegood —añadió sonriendo. —Pero lamento decirte que mi hora de salida fue hace diez minutos—le explicó mirando su reloj de mano, ganándose una mirada atónita por parte de ésta. —Así que tendrás que esperar a que Richard vuelva, salió por cena. Le dejaré la indicación que te deje ir cuando llegue —Terminó mientras se daba media vuelta y se despedía con un gesto de mano. Luna apretó las rejas con tanta fuerza que pudo jurar que dobló los tubos de aquella celda ¡Esto no se iba a quedar así definitivamente!
Fin del Flash Black.
Una risa suave escapó de sus labios, definitivamente disfrutó fastidiarla. Había olvidado lo linda que se miraba enojada, era como un tierno conejito indefenso haciendo rabietas. Pensó que quizás tratarla indiferente le ayudaría a ocultar más fácil sus sentimientos hacia ella, pero era prácticamente imposible, hacía siete años se había vuelto vulnerable ante los encantos de Luna. La sonrisa de felicidad en sus labios se apagó lentamente siendo remplazada por una de nostalgia. Siete años en donde él se había equivocado…
̶ │ ̶
Luego de la charla con las chicas optó por mejor retirarse a su habitación y descansar, después de todo había tenido un día muy pesado. Acostada sobre su cama contemplaba el techo de su recamara, buscando quizás una respuesta a todo aquello que le había pasado ese día ¿Qué había sido todo eso? No pudo evitar cuestionarse, es decir, ¿Por qué la actitud de Harry tan despreciable hacia ella?, ¿Qué lo llevó a odiarla tanto? La opresión en su pecho de inmediato se hizo presente ¿Qué había hecho mal con él?
—¿Qué te hice? —murmuró a la nada. Si bien, había aceptado que su actitud en un principio le pareció grosera y molesta, pero fuera de eso también le resultó extraña ¿Por qué él debería de estar molesto con ella? Harry fue quien la abandonó aquella noche y por si fuera poco cuando lo encontró él ya tenía formada su propia familia ¿de quién fue la traición ahí entonces? De él, de eso no había duda ¿no debería ser ella quien estuviera molesta entonces? Algo aquí definitivamente no cuadraba. Pero después de aquello sería absurdo esperar una respuesta por parte del moreno, le había dejado claro que no quería tener otro tipo de relación con ella que no fuera laboral, incluso dudaba que quisiera tener el mas mínimo contacto con ella. Ahora bien, ¿Por qué no usaba su nombre de pila?, ¿Qué ocultaba o de quién se escondía?, ¿De ella? Arqueó su ceja confundida y de nuevo la misma pregunta cruzó su mente: ¿Qué le había hecho? Sabía por Ginny que el único que tuvo contacto con él fue Ronald, pero ¿Por qué el pecoso únicamente? ¿Por qué buscó a Ron luego de dos años de haber desaparecido? En un principio, después de que lo encontró aceptó su privacidad, no cuestionó sus razones por las que él no quería que lo encontraran, inclusive la castaña aprovechó o consideró, que después de todo, sería buena idea, pues así le facilitaría a ella olvidarlo y no tener que lidiar con su presencia. Pero luego de descubrir ese día que se ocultaba de los demás con otro nombre la llevó a cuestionarse que algo no andaba bien y que, por supuesto Ron estaba al tanto de todo, así que, podría hacer dos cosas: darse por vencida y renunciar, o bien, quedarse e investigar las cosas por su propia cuenta ¿Qué debía hacer? Se incorporó de su cama tomando asiento sobre ésta y miró la laptop en donde hacía unos minutos Ginny había buscado información del moreno. Si, definitivamente debía quedarse y descubrir que ocultaban ese par…
Tomó la máquina y la abrió, encontrándose como primera imagen el buscador con la fotografía del moreno, pese a que no eran muy clara intentó buscar una de mejor calidad hasta que por fin dio con una.
Miró la imagen unos segundos y no pudo evitar que un suspiro de nostalgia escapara de sus labios ¡Cuánto había cambiado! Si no fuera por aquellos ojos verdes y su marca en la mano ni ella misma lo hubiera reconocido a simple vista, otra idea cruzó por su cabeza...
—¡Cómo pude ser tan tonta! —se dijo así misma reprendiéndose. Era obvio, no solo su nombre había modificado, sino también su apariencia, no quería ser reconocido por nadie, pero mayormente de aquellos que ya lo conocían. Miró con detenimiento la imagen y de nuevo se desconcertó ante lo que descubrió en ella: una cicatriz. Y no, no era aquella familiar cicatriz en forma de rayo con la que lo había visto tanto tiempo y la que ahora apenas era visible, eran aquellas dos marcas que se encontraban entre su ojo izquierdo. Inconscientemente no pudo evitar llevar su mano a su muñeca derecha palpando aquella marca sobre ésta, no pudiendo evitar relacionarla con las del moreno. Pasó sus dedos por encima de ésta, esa marca llevada siete años recordándole su última noche en Hogwarts, levantó su rostro de su mano y de nuevo aquel desagradable recuerdo se volvió a hacer presente en su mente…
Flash Black
Había decidido ir por última vez a la biblioteca aquella noche, después de todo era su ultimo día en Hogwarts como estudiante y no quería irse sin antes haber recorrido aquel lugar por última vez. Harry había insistido en acompañarla, pero optó por ir mejor sola, pues no tardaría ya que sus compañeros de casa habían organizado un pequeño convivio como despedida en la sala común, la cual estaba autorizada por la profesora McGonagall.
—Buenas noches señora, Pince —se despidió la castaña antes de salir, pues estaban a punto de cerrar el lugar.
—Buen viaje señorita, Granger —contestó aquella mujer con un asentimiento de cabeza. Si bien, con la mayoría de los estudiantes no solía tener muestras de afecto, con la castaña fue diferente. Ya que no había visto en tanto tiempo a un estudiante tan apasionado a los libros como ella. Sonrió con nostalgia, definitivamente la echaría de menos.
Decidida, se dirigió a la sala común de Gryffindor subiendo por las escaleras, esperando con paciencia que estas se movieran a la dirección que quería; sin embargo, mientras esperaba, el ruido del llanto de un niño llamó su atención, confusa volteó a todas direcciones buscando de dónde provenía, sin darse cuenta que la escalera estaba cambiando de lugar de nuevo, subió un par de escalones más acercándose al lugar de donde venía, notando de inmediato que era del tercer piso, lo que la llevó a desconcertarla aún más, con determinación subió el último tramo que le faltaban hasta llegar ahí.
—¿Hay alguien aquí? —preguntó al llegar al corredor, mirando hacia todas direcciones encontrando el lugar vacío. Los lloriqueos se volvían más insistentes, caminó hasta el final del pasillo topándose con aquella vieja puerta donde anteriormente habían ocultaron aquel enorme perro de tres cabezas de Hagrid, Fluffy. De repente, los lloriqueos habían cesado, dio la vuelta con sigilo, por alguna extraña razón tenía un mal presentimiento. El chirrido de aquella puerta la alertó, dándose vuelta de inmediato mirando como ésta estaba entre abierta. —¿Quién anda ahí? ¡Contesten! —exigió esta vez un poco asustada sacando su varita. El lugar estaba silencioso, bastante silencioso para su gusto. El único ruido que se oía era el crepitar de las llamas que iluminaban aquel oscuro corredor y su agitada respiración. Inesperadamente, aquellas llamas dejaron de emanar luz, envolviendo aquel lugar de oscuridad total, tragó saliva con dificultad, sosteniendo su varita con firmeza. Un escalofrió recorrió su cuerpo al sentir el ruido de una silenciosa ráfaga.
¡PLAM!
Se giró de nuevo sobresaltada, sus manos comenzaron a temblar al ver que la puerta había sido cerrada de nuevo, sentía como su corazón latía a prisa al escuchar acercarse el ruido hueco de unos pasos. Con lentitud se volteó sin soltar su varita y miró a lo lejos la sombra de una figura que la que atribuyó como la de una mujer. Agudizó la vista tratando de identificarla, pero le era imposible debido a la oscuridad, vio como la mujer sacaba de su manga su varita en un movimiento rápido y la apuntaba.
*—«*Incarcerous» —escuchó detrás de ella y de inmediato se vio envuelta en gruesas cuerdas que la hicieron caer al suelo de forma brusca haciendo que arrojara su varita a unos metros de ahí.
—¡Suel…! —intentó decir, pero una mano cubrió su boca impidiéndole el habla.
—«Obscuro» —pronunció una segunda voz a la supo identificar como la de la mujer. Sus ojos mieles de inmediato fueron cubiertos por una venda negra, impidiéndole así ver algún rostro o luz que pudiera ayudarle a saber quiénes eran ellos. Rápidamente sintió como era arrastrada de forma brusca hacia atrás y posteriormente el sonido de una puerta cerrarse, fue entonces cuando la mano se apartó de su boca.
—¡¿Quiénes son ustedes? ¿y que quieren de mí?! —Gritó apenas pudo hablar intentando forcejar con el agarre de las cuerdas desesperada. —¡Contesten, maldita sea! —exigió con la respiración agitada; sin embargo, solo se escuchó una escalofriante risa que logró erizarle la piel.
—«¡Crucio!» —profirió y de inmediato el grito desgarrador de la castaña inundó aquel lugar haciendo que ésta se retorciera en el suelo debido al dolor insoportable que corría por su cuerpo. Solo el eco de su dolor se oía en aquel lugar junto con aquella risita fría. —«¡Crucio!» —repitió varias veces hasta que finalmente perdió todo rastro de consciencia.
Fin del Flash Black
Cerró sus ojos con dolor, el simple recuerdo de esa noche le provocaba un daño casi agonizante. Estrujó sus puños con fuerza al tiempo que una sensación de impotencia la invadía. Desesperada, llevó sus manos a su cabeza al tiempo que trataba inútilmente de alejar aquellos malos recuerdos…
Flash Black.
La cabeza le dolía y el aire cada vez era más escaso, había demasiada humedad en el lugar, podía sentir como de su cuerpo escurrían gotas de sudor. Se le era imposible respirar con normalidad y un dolor agudo recorría su cuerpo al menor intento de moverse, las muñecas les dolían debido a las cuerdas, incluso podía sentir la sangre seca sobre estas. Tenía sed, no sabía cuántas horas o días llevaba encerrada ahí, podía sentir sus labios resecos y partidos debido a la soga que cubría ésta, ni siquiera podía articular una simple palabra. La espalda le dolía debido a la posición fetal en la que sabía que se encontraba, lagrimas comenzaron a escapar consumiéndose en aquella venda que cubría sus ojos no llegando a tocar sus mejillas.
"Harry ¿Dónde estás?"
Pensaba con desesperación rogando porque su novio la encontrase y la sacara de aquel lugar. Pero las horas pasaron y nadie llegaba, ni siquiera un ruido exterior le indicaba que tuviera alguna esperanza de ser encontrada, únicamente se oía el caminar y el chillar de un par de ratas que se encontraban ahí; y lloró una vez más, tragándose sus sollozos. De repente, el ruido de una explosión en el techo la asustó, logrando hacer que ésta retrocediera rápidamente hasta chocar con una pared, fue entonces cuando pudo distinguir varias voces gritando desde arriba…
—¡HERMIONE! —gritaba Ginny desesperada buscando entre los escombros.
—Aquí no está —dijo Luna mirando hacia todos lados. —Revisa el mapa —le ordenó mientras lo tomaba junto a ella, notando como el nombre su amiga estaba justo debajo de ellas. La pecosa miró hacia abajo, notando como estaban encima de una trampilla.
—¡Aquí! —señaló a sus pies apartándose mientras Luna la ayudaba a abrirla.
Lloraba desconsolada aferrándose como podía a sus piernas, tenía miedo. No sabía que otras intenciones tenían aquellas personas con ella…
Bajaron al lugar y de inmediato notaron el clima sofocante de éste, todo estaba rodeado de oscuridad, pero justo en eso, el débil sollozo de alguien logró llamar su atención.
—«Lumos» —soltó de inmediato la rubia apuntando hacia el lugar de donde prevenía el llanto. Un jadeo escapó de ambos labios de las chicas, acercándose sin dudar a la castaña.
—¡Hermione! —llamó la pecosa mientras apartaba rápidamente aquellas cuerdas de su cuerpo y la venda de sus ojos. —¿Hermione, puedes oírme? —pero la chica se apartó con brusquedad intentando aferrarse a las paredes asustada. —Somos Luna y Ginny —añadió de inmediato acercándose de nuevo. La castaña agudizó un poco la vista pues apenas se estaba acostumbrando a la luz de nuevo, pero apenas distinguió sus rostros preocupados se echó a llorar de nuevo, arrojándose a ellas con desesperación.
—¡Llama a McGonagall! —pidió de inmediato Ginny, la rubia asintió saliendo enseguida por su maestra. —Tranquila, ya estas a salvo.
Fin del Flash Black
Luego de eso despertó a la mañana siguiente en la enfermería. La profesora McGonagall se ofreció a llevarla a su casa directamente debido a que tanto Ginny como Luna y ella habían perdido el tren en su búsqueda por la oji-miel. Lo extraño fue que no estaban con ella sus amigos, ni Ron, ni muchos menos Harry…
Flash Black
—¿Dónde está Harry? —preguntó apenas McGonagall y la señora Pomfrey se fueron. Luna miró nerviosa a Ginny…
—Bueno, veras… —intentó formular, pero de sus labios no salió nada, únicamente le dirigió una mirada de lamento a su amiga.
—¿le ocurrió algo? —soltó alarmada al ver como sus amigas dudaban en decirle.
—Nadie sabe dónde está Harry. Salió a buscarte anoche al ver que te tardabas y según Dean y los demás, el no regresó —le explicó la rubia. Hermione las miró con un gesto de dolor…
—¿Me estas queriendo decir que Harry esta…? —pero apartó su mirada de ellas tratando de reprimir sus lágrimas.
—Eso no lo sabemos Hermione. Todas sus pertenencias están aquí, nadie lo vio salir del castillo. La profesora ha mandado a Hagrid a buscar en los alrededores, inclusive en el bosque prohibido, pero tampoco lo encontró —añadió la pecosa al tiempo que tomaba asiento junto a ella.
—¿Qué me dicen de Ron? —quiso saber. —¿él tampoco sabe nada? —dijo esta vez un poco extrañada al no verlo ahí. La rubia inmediatamente agachó la mirada y optó por no contestar esa pregunta ella. Ginny le dirigió una mirada de lamento a la Ravenclaw.
—Yo… estaré afuera por si necesitan algo —agregó enseguida la oji-azul saliendo con rapidez de la enfermería; la pelirroja soltó un suspiro cansada al verla salir.
—Sabes que las cosas entre ellos no terminaron bien después de todo —murmuró una vez estuvieron solas. —Me comunique con Ron de inmediato y me aseguró que Harry no subió al tren con él, después de lo que pasó con Luna mi hermano buscó un compartimiento solo, pensando que quizás a Harry y a ti les gustaría estar un tiempo a solas y no quería incomodarlos con sus problemas —dijo mientras jugaba con la manga de su blusa. Hermione estaba atónita sin poder creer lo que escuchaba ¿Qué estaba pasando? Inconscientemente una lagrima escapó de sus orbes castaños… Un silencio incomodo se formó entre ellas y Ginny no puedo evitar hacer la pregunta que todos se estaban cuestionando:
—¿Quién te hizo esto? —Hermione regresó a verla con los ojos vidriosos y negó.
—Yo… no lo sé —contestó con pesar. —No pude verlos, solo sé que eran dos personas: hombre y mujer. —agregó no muy convencida. —No me parecieron conocidos —dijo mientras inultamente trataba de recordarlos, formándose únicamente sombras en su cabeza.
Fin del Flash Black
Al salir de la enfermería se dedicó junto a los demás a buscar al moreno, incluso un grupo de aurores emprendieron una búsqueda, pero jamás hubo señales de él. Pero dos años después la vida le devolvió las esperanzas que le faltaban, esperanzas que le fueron derrumbadas como castillos de naipes apenas vio al moreno rodeado de su pequeña familia. Y ahora, cuatro años después, irónicamente el destino volvía a cruzar sus caminos… Una mueca de sonrisa se formó en sus labios ¡vaya coincidencia! Miró la pantalla de su computador una vez más.
—Voy a descubrir lo que pasó hace siete años, lo juro.
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¡Ey Harmonys!
¿Cómo están? Espero que bien :D yo aquí trayéndoles otro capítulo más que espero que les haya gustado y sobre todo, que haya resulto una que otra duda. El rompecabezas se está comenzando a formar, tengan paciencia que aún nos falta más por saber. Personalmente me divertí mucho escribiendo la parte de Ron y Luna jajaja aunque tuve mis dudas porque sentía que el temperamento se me estaba saliendo de las manos, aunque después lo considere y pues, ella también tuvo un pasado que la marco y por ello es así con Ron. Eso lo explicaremos más adelante… Ahora bien, retomando un poco el tema de Hermione, muchos no se tragaron el cuento de que Harry la encontró besándose con alguien más (capitulo 1) y he ahí su respuesta a esa pequeña duda. Hay gato encerrado en todo y a como vayamos actualizando se irán resolviendo este confuso acertijo como el titulo lo indica, ya tengo consideradas varias cosas entre ellas matar a un personaje, que personalmente no tiene mucha importancia para mí, pero que es importante para la historia, hay un lazo que tengo que romper ahí. En verdad espero que a como aparezca no se encariñen con él/ella.
En fin, sin más me despedido no sin antes agradecerles a todos aquellos que se han tomado la molestia de comentar ¡En verdad muchas gracias! Así mismo, también los invito a leer, porque creo que no lo hice en el capítulo anterior, mi último one-shot: travesura realizada (:
Nos vemos el próximo mes y si bien nos va, los veré con 2 capítulos.
¡Hasta pronto!
-Laura.
PD: nunca esta demás decirlo, pero en serio, si ven algún error de dedo discúlpenme. Siempre lo leo como diez veces, pero ya saben, cualquier detallito siempre se nos pasa.