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El Duque — capítulo 5
Una promesa
Para cuando terminé de ponerme el vestido de gala nuevamente, ya no había remedio con mi cabello, sencillamente sería una batalla que no ganaría, así que decidí recogerlo un poco de a un lado y aquello tendría que bastar.
No podía sacar la imagen de mi abuela al salir del escenario, y lo que aún más me atemorizaba, no recordaba haberla visto tan confundida desde hacía mucho tiempo.
-Quién lo diría, sabías bailar.- Alec apareció ofreciéndome un vaso de lo que supuse sería ponche.
-Gracias.- murmuré aún con aquella imagen en mi mente.
-¿Te encuentras bien? - arqueó una ceja pero no había un tono de burlar en su voz esta vez.
-Claro, ¿Por qué me lo preguntas? - tomé un pequeño sorbo de ponche y luego alcé la vista hacia él.
Sus ojos me examinaban tratando de tantear el terreno.
-¿No me reprocharás nada? ¿No desaparecerás buscando a alguien más? ¿No me atacaras a mi o a mi título un poco más?
Suspiré sin contestarle y bebí otro poco de ponche, estaba frío y eso me reconfortó un poco.
-No puedo creer que Delawer Collins no tenga nada más que decir.- arqueé una ceja al escuchar mi apellido en su boca y entrecerré los ojos.- Así que… Pat era tu abuela.- sonrió claramente complacido.
-¿A quién más esperabas?
-A tu novio, quizás.- su sonrisa tenía un aire de complicidad.
-No eres mi tipo.- puntualicé y terminé de beber mi ponche.
-¿Y quién ha dicho que tú fueras el mío? - entrecerró los ojos usando esa voz aterciopelada suya.
-Para ser un duque, eres muy trasparente.- admití tomando asiento en una de las sillas de grandes lazos.
-No suelo serlo.- admitió tomando asiento frente a mí.
-¿Debo sentirme especial por eso su majestad? - ironicé y él rodó los ojos.
-Vaya, es un alivio saber que Delawer ha vuelto.- se carcajeó pero vi en su semblante algo de alivio.- ¿Se puede saber qué fue lo que te llevó al mutismo? Sería un arma valiosa a mi favor.
Centré mi vista en una de las servilletas de seda de la mesa y empecé a jugar con ella.
-Estoy preocupada por mi abuela.- admití sin alzar la vista.- Ella suele hacer sus travesuras, pero allá arriba… por un minuto ella no me reconoció.- susurré recordando su rostro vacío.- Nunca antes le había pasado.
-A todos nos va a suceder en algún momento. Es el curso natural del ser humano.- Alec habló con voz suave y serena.- Mira esos cuadros.- señaló el gran retrato que yacía sobre nosotros.- Es hermoso, pero está desgastado. Cuenta una historia, pero te aseguro que no es la misma que contaba cuando lo pintaron. Lo mismo sucede con tu abuela, y lo mismo nos sucederá a nosotros. No podemos pretender ser eternos.
-No… pero siempre he deseado que ella pudiera serlo.- murmuré con los ojos algo vidriosos.- Pero esto fue diferente.- lo miré tratando de olvidar aquel sentimiento.- Ella suele tener días malos, es solo que… hace tanto no la veía así, es algo duro.- confesé.- Por eso es que permito que ella y sus amigos disfruten de todo… incluso hasta las últimas consecuencias.- me reí recodando las innumerables aventuras de Pat.- Eso la hace feliz, y prefiero que, aunque sea, en diez días malos, ella tenga un día bueno.
Alec se levantó y me ofreció un pañuelo. Analicé con cuidado su postura pero no había indicio de que fuese una trampa.
-Con una nieta como tú, dudo que haya tenido más días malos que buenos, Delawer.- la sonrisa que me ofreció nubló mi juicio y acepté lo que él me ofrecía.
-Gracias.- murmuré devolviéndole el pañuelo al ver que el mantenía su mano extendida hacia mí.
-El pañuelo puedes quedártelo.
-¿De verdad? ¿Para mí? Oh, si hubiera una princesa seguro que se moriría de la envidia.- fingí una sonrisa encantadora.
-No lo pude haber dicho mejor.- Alec pareció encontrar cierto humor en aquella broma pero luego señaló con sus ojos la pista de baile.- Ya que no se te da tan mal, creo que podría invitarte a bailar.
Miré su mano y luego su sonrisa despampanante. O era una trampa, o me estaba perdiendo de algún dato importante.
-Depende.- dije cruzándome de brazos.
Alec por segunda vez aquella noche dejó caer la mandíbula lleno de incredulidad y entrecerró los ojos sin dar crédito a mis palabras.
-¿Depende de qué exactamente? - preguntó algo frustrado.
-¿Bailaré con el duque o con el muchacho normal?
Alec abrió la boca para responder pero la volvió a cerrar durante unos segundos.
-Cualquiera moriría por bailar con un duque…- yo iba a abrir la boca pero él tomó mi mano y me hizo parar.- Pero ya sé que tú no eres cualquiera, y no me lo vas a hacer fácil. Así que, con el muchacho será.- alzó una ceja en dirección a la pista de baile y esta vez sonreí complacida.
Alec nos llevó hasta el centro de la pista y luego alzó ligeramente las manos como advertencia.
-¿Si pongo mi mano en tu cintura ahora, te enfurruñarás conmigo? - preguntó con inocencia grabada en sus ojos.
Pero en el resto de su rostro una sonrisa traviesa comenzaba a dibujarse. El condenado no me concedería ni un respiro.
-¿Este es el momento en el que debo decir que debí escoger al duque? - entrecerré los ojos y coloque una mano en su hombro y con la otra acepté su mano.- Ten en cuenta que mi padre me enseñó muy bien qué hacer con los chavales que se pasan de listillos.
Su sonrisa no disminuyó cuando me atrajo hacia sí mismo con suavidad por la cintura.
-Lo tendré presente.
-Por el bien de tu descendencia, eso espero.- sonreí irónicamente y él meneó su cabeza.
-No eres para nada quién pensé que serías.- suspiró sosteniéndome la mirada mientras nos movíamos al compás de la música de salón.
-¿Debo interpretar eso como un cumplido? - alcé una ceja tratando de imitarlo.
-A eso me refiero. Pareces tan dulce algunas veces, pero ni bien alguien se acerca, sacas toda tu artillería pesada y lo haces puré.- me reí de la mueca que me dedicó.
-Eso solo pasa si la persona que se me acerca eres tú.- le corregí.
-Ya, de eso ya me di cuenta.- me dio una vuelta y luego volvió a atraerme hacía él con gran facilidad.- Pero eres autentica.- sonrió sin una pisca de burla.- Dices lo que piensas, actúas por desinterés y aunque intentas demostrar valentía ante cualquier adversidad, en el fondo.- aquellos dos océanos inquebrantables se sostuvieron la mirada.- Sigues siendo la dulce, algo molesta, pero buena persona que uno ve al inicio. Sin importar la circunstancia, tú siempre sigues siendo tú.- su mano guio la mía con cuidado sobre su hombro, y me abrazó por la cintura.- Es raro conocer a alguien así.
Desvié la mirada pues no era un buen juicio de mi parte seguir mirando aquellos ojos. El cosquilleo de mi estómago poco a poco se fue expandiendo hacia mis manos muy sutilmente. Era una sensación extrañamente reconfortante, como la que había sentido en el escenario cuando Alec me había mirado. No sabía cómo describirlo, pero me hacía sentir viva.
-¿Ahora resulta que eres duque y psicoanalista? - cerré mis manos en su cuello y decidí que evitaría mirar aquellos ojos.
-Solo duque, por ahora.- aceptó sonriente.- ¿Acerté?
-Supongo. No suelo ir por ahí escuchando lo que la gente opina de mi, Alec.
-Pues deberías, no creo que alguien pudiese decir algo malo.- sus palabras fueron tan espontaneas que no pude evitar mirarlo y noté el leve rosado en sus mejillas.- Además de lo obvio.
-¡¿Qué obvio?! - me quejé subiendo un poco mis decibeles.
-Eres adorable cada vez que te enfurruñas conmigo.- se rio complacido.
-Creí que el muchacho sería menos fastidioso que el pseudoduque…- murmuré más para mí que para él.
Alec me hizo tropezar de modo que caí en sus brazos como si hubiera sido parte de nuestro baile normal. Cuando me devolvió a mi lugar juré que le daría un buen zapatazo al muy condenado duquesito pero su mirada me distrajo nuevamente de mi propósito.
-¿Te gustaría tomar un poco de aire?
Algo de aire quizás era lo más conveniente en este momento, no sabía que podía más conmigo: esa extraña sensación que sentía al concentrarme el Alec, mis ganar de ahorcarlo, o sus ojos azules que parecían no tener inicio ni fin.
-Vale.- susurré y caminamos nuevamente hacia uno de los balcones en los jardines.
Tomé asiento en uno de los muros de una fuente y lo observé debatirse por un momento en silencio. Alec se sentó a unos centímetros de mí y miró el agua correr en la fuente.
-He pasado la mayor parte de la noche contigo Delawer y en todo este tiempo no he dejado de sentirme normal.-el aire que había estado conteniendo se escapó de los labios y cuando sus ojos se posaron en los míos entendí que le estaba costando mantener aquella conversación.- Nunca me había sentido tan cómodo con alguien nuevo, lo cual, francamente, me parece increíble. Incluso a veces con mi familia y amigos hay cosas que debo aparentar, códigos que debo respetar.- Alec se paró y apoyó ambos brazos sobre la barandilla junto a las escaleras.- Pero no sé por qué, contigo todo eso queda de lado y yo me siento… yo.
Con suavidad caminé hasta la barandilla y comencé a acariciar las rosas del arbusto más cercano, sin dejar de vez en cuando de echar un vistazo furtivo en su dirección.
-Tú eres tú, Alec.- le aseguré acariciando un pétalo casi marchito.
-Ser duque es muy bueno, mi vida es buena Dee, pero son más las veces que siento que me pierdo a mí mismo que las veces que en verdad disfruto algo como quisiera. Como ahora.
Cuando volví a mirarlo, encontré un océano calmo y sereno en sus ojos. Alec avanzó unos pasos hacia mí. Mi cerebro pedía a gritos que me moviera, que reaccionara, pero mi cuerpo se hallaba a medio camino entre aquel mar y el infinito.
-¿En verdad crees que el duque es peor que muchacho?
-¿Me pides que escoja ente Dr. Jekyll y Mr. Hyde? - alcé una ceja y aunque rodó sus ojos por mi comentario, igual me devolvió una sonrisa.- Pues, si en verdad quieres saberlo, creo que el muchacho es mucho más auténtico que el duque.- admití.
-Me hubiera gustado que esa fuese la primera impresión que tuvieses de mí. Me hubiese gustado que conocieras al muchacho primero.- confesó.
-Lo estoy conociendo ahora.- sonreí para animarlo pero me arrepentí en cuanto Alec alzó la mano y me acarició suavemente la mejilla con el dorso de esta.
-¿Y qué pasaría si te digo que no puedo ser lo uno sin lo otro? Cada vez siento que las personas quieren más al duque que al muchacho.- sonrió con tristeza.
-Eres ambas cosas Alec, y cualquiera que no se dé cuenta de eso no creo que valga la pena conservar cerca.- admití,sintiendo como mis mejillas poco a poco se teñían con su roce.
El brazo de Alec acarició con ternura una vez más mi mejilla y luego su mano tomó la mía, su mirada no se apartaba de ella.
-Si siguiera tu consejo Delawer, probablemente me quedaría solo.- susurró suavemente.
-De allí la frase mejor solo que mal acompañado.- admití.
-No quiero dejar de sentirme así, Dee.
-Y no tienes por qué hacerlo. Eres libre de hacer lo que quieras, es tu vida. Vívela.
Los ojos de Alec se clavaron en mí, su rostro estaba a tan solo unos centímetros del mío, y cuando me dedicó la sonrisa más angelical y radiante que tenía, estuve segura que mi corazón se detuvo un poquito.
-Estoy muy seguro de lo quiero ahora, pero si te beso, creo recordar que dijiste que me dejarías sin descendencia.- su voz era aterciopeladamente aturdidora.
Mis ojos se dilataron con sorpresa y fui incapaz de articular algo.
-Me gustas Delawer, y antes de que digas algo, sé que puedo ser muchas cosas, pero no soy esa clase de persona, yo no suelo tomar las cosas importantes a la ligera y ahora mismo, tú opinión es muy importante para mí.
Era evidente que debía decir algo, y rápido pero lo único que logré hacer fue girarme sobre mis pies y abrazarme los brazos por el repentino frío que sentía en aquel instante.
No puedes quedarte callada, pensé.
Claro que podía, pero no sentía que fuese lo correcto. Sentí la suave seda del interior de la chaqueta de Alec cubrir mis hombros y me mordí el labio con más fuerza de la necesaria.
-Yo no soy de las chicas que suelen besar a alguien nada más apenas conocerse, Alec.- susurré en un hilo de voz.- Yo quiero que terminada una velada, las personas me recuerden por quien soy, y no por algo que hice. Si tú me besaras…- boté un poco de aire contenido y pude ver mi propio aliento.- Al final del día, yo solo sería eso, un beso. Y quizás no recordarías las cosas que te gustaron de mí en primer lugar.
-Cremé Delawer, no creo que esa regla aplique contigo.- Alec me rodeó con gentileza por la cintura y me giró suavemente de modo que pudiese verme a los ojos.- Sería muy difícil que alguien pudiese olvidarte.
Esta vez, cuando Alec tomó mi barbilla sentí un ligero temblor que recorrió mi cuerpo. Si seguía mirando aquellos ojos, lo que acababa de recitar se iría por el drenaje. El muchacho acortó unos cuantos milímetros más nuestra distancia.
-Alec.- pedí en un susurro bajando la mirada.
-No te besare Delawer, te lo prometo.- susurró apoyando su cabeza en la mía.
Escuchar aquello permitió que me relajara lo suficiente como para devolverle el abrazo que me estaba dando.
-Ya sabes cómo me siento, pero tú aun no has dicho nada. Eso no es normal en ti.- se rio complacido.- Si te hubiera horrorizado lo que te dije, estoy seguro que me hubieras reprochado por ello.
Alec colocó uno de mis rebeldes rulos por detrás de mí oreja.
-Aún sigo esperando el temible reproche. Pero conforme está pasando el tiempo, empiezo a creer que quizás tu sientes lo mismo.
Otro silencio. Si alzaba la vista, mi cara delataría algo que quizás mi cabeza aún no había decidido. Así que opté por lo más sincero que podía decir.
-Yo creo que son muy pocas las personas que tienen la capacidad de distinguir con facilidad a quienes van a formar una parte importante de sus vidas.- susurré con suavidad, manteniendo mi cabeza apoyada en su hombro.- Sé que lo que has dicho fue sincero porque yo también siento que nuestros caminos van a cruzarse más de una vez. Pero ahora mismo…-
Alcé la vista para asegurarme de que Alec entendiera mis palabras.
-Apenas y nos hemos conocido, ¿Me gustaría conocer más al chico detrás del duque? Sí Alec, me gustaría. Pero por ahora, lo único sincero que realmente puedo ofrecerte, es mi amistad.
Sostuve su mirada el tiempo suficiente para que aquellos ojos azules pudieran analizar y decidir si eso era lo que él podía aceptar.
-Me encantaría ser amigos, Delawer.- su sonrisa llenó su rostro y sus ojos adquirieron un brillo que llevaban su descripción de increíble a hermoso.
-Amigos, lo prometo.- sonreí separándome ligeramente de él y ofreciéndole la mano.
Alec se retiró con cuidado la máscara, dejando al descubierto una tez casi tan blanca como la mía y tan perfecta como la de cualquier actor de cine. Tomó mi mano y con una pequeña reverencia se acercó y depositó en ella un muy suave beso. Aquella sensación extraña apareció por tercera vez en la noche dentro de mí.
-Amigos.- aceptó con aquella voz aterciopelada y seductora que a más de una chica le movería el piso.- Por ahora.
La sonrisa que me dedicó mantuvo presente en mi mente el hecho de que él contaba con que nuestra condición de amistad pudiera convertirse en algo más.
Y por segunda vez en la noche, el corazón se me paró un tantito más.
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Espero este capítulo les guste. Y de ser posible, háganme saber sus opiniones o dejen un comentario. Intentaré actualizar lo más seguido posible.
A. Marie ("