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El Duque — capítulo 4

Suerte que sé bailar

-¿Tan malo es? - Alec inquirió cuando el color se fue de mi rostro.

-Yo…-

No tenía nombre para eso. La música estaba por empezar y Pat estaba bien abrazada al bailarínclaramente ejercitado y evidentemente mucho más joven que ella. No sabía si describir la escena como una pesadilla o como un la escena de un muy mal reality show. Cuando era más pequeña, recordaba lo mucho que mi abuela me hacía reír, e incluso ahora, habían muchas oportunidades en las que a pesar de estar ebria ella era la mejor. Peroesta no pintaba como una de esas ocasiones.

-¿Delawer?

  • la voz de Alec desvió mi mirada de aquel escenario y la expresión de mi rostro debió ser fatal pues él me tomó por ambos hombros y bajó la cabeza a la altura de la mía.- ¿Te sientes bien?

Yo asentí botando el aire que había estado conteniendo. Junto con ese peso que estaba liberando también se estaba esfumando la poca cordura que este chico quizás aún veía en mí.

-Deberías irte Alec.- susurré queriendo esconderme debajo de la mesa y no salir más.

-¿Pediste mi ayuda no? El duque a sus servicios, madame.- bromeó casi sarcásticamente pero la risa no llegó a sus ojos. El chico claramente estaba confundido por mi estado casi catatónico.

-Pues ya me estoy arrepintiendo bastante de haberlo hecho.- murmuré más para mí que para él.

-Auch.- murmuró teatralmente ofendido.

-Pues yo te advertí.-le aseguré depositando mi máscara en sus manos. Suerte que aun así llevaba detalles espiralados pintados en el borde de los ojos que evitaba que fuese completamente reconocible así.

-Descuida, estoy oficialmente advertido.- rodó los ojos pero yo dejé de observarlo y clavé mis ojos en Pat.

-Sí querías un momento normal.- murmuré sin apartar los ojos de mi objetivo.- No debí haberme acercado.

No esperé una respuesta y comencé a abrirme paso hacia el escenario. No iba a servir de nada que gritase el nombre de Pat, pues con el ruido del público ella jamás me oiría. Debía estar lo suficientemente cerca como para sacarla de allí, pero eso solo sería posible subiendo al escenario yo misma.

Y lo único que me impedía hacerlo era el guardia de seguridad.

-¿Su pase señorita? - preguntó con una voz muy gruesa.

-Yo…-

-Ella puede pasar.- la voz aterciopelada y elegante de Alec corto mi discurso.

El hombretón y yo volteamos a verlo pasmados.

-Sin credencial muchacho, la señorita no subirá.

-No soy muchacho. Soy el Duque de Heminsworth III y …- Alec comenzó con el discurso de su impresionante linaje, pero al igual que yo, al de seguridad no podía importarle menos

-Aquí no valen su título niño. Yo cumplo mi labor. Sin credencial, no pasará.

Quise girar y decirle te lo dije una y mil veces pero la frustración de Alec cuando su mirada encontró la mía me arrancó una sonrisa victoriosa.

-Ni se te ocurra…- susurró evidentemente enfadado.

En ese momento una de las bailarinas me vio y no tardó en reconocerme. Ambas habíamos compartido escenario para tía Beth en otra de sus reuniones y ella no dudó en socorrerme.

-Está bien Emile, viene conmigo.

-Debe estar vestida antes de subir al escenario, son órdenes del jefe.- murmuró el hombretón.

La muchacha asintió y tomó un vestido de ballet dorado igual al suyo y me lo entregó.

-Maya, espera, solo quiero bajar a Pat…- pero la muchacha meneó la cabeza y señaló al hombretón con los ojos.- Vístete, la música está por cambiar.

-¡Pero si no me sé el baile!

-Tranquila, improvisa. Lo harás bien Dee.

Tragué tan audiblemente como pude. Todos los colores se me subieron a la cabeza y el mundo me comenzó a dar vueltas mientras me metía al vestidor. Dos minutos después salía con un gran tutú muy ostentoso y el estómago hecho un manojo de nervios.

-Ahora si pareces una princesa.- Alec ironizó partiéndose a carcajadas.

-Ni se te ocurra…- imité su pésimo humor y le arrebaté la diadema que Maya le había dado.

-¿Y qué se supone que harás? - alzó una ceja con curiosidad mientras yo me ponía las zapatillas de ballet.

-Improvisar.- mi voz sonó algo temblorosa, pero ya era demasiado tarde para dar marcha atrás, cualquier vergüenza que yo pudiese pasar sería leve en comparación a lo que Pat era capaz de hacer.

-¡Debussy!

  • me gritó Maya desde el escenario y agradecí en mi interior saberme siquiera la primera mitad de ese baile pues ya lo había presentado antes en casa de tía Beth y me lo había aprendido.

-Esto va a ser interesante.- canturreó Alec por lo bajo mientras yo daba un par de estirones rápidos. Hacía bastante tiempo que no practicaba ballet, así que esperaba que los entrenamientos de patinaje sirvieran de algo aquí.

-A ver Sir Alec si aprende a guardar silencio.- murmuré por lo bajo mientras Alec seguía observándome increíblemente divertido.- Estoy intentando concentrarme.

-Oh princesa Dee, requieren su hermoso y esponjoso tutú en el escenario ahora.- hizo una exagerada reverencia en mi dirección y yo salí disparada para alcanzar a Maya.- ¡Rómpete una pierna!

No tuve tiempo de pensar en una respuesta suficientemente buena para que aquel chico cerrara su boca de una vez,pues Maya ya estaba dándome unas últimas indicaciones.

-Son dos tiempos,el primero sé que te lo sabes Dee, luego hay una improvisaciónde cada una de nosotras, cuando sea tu turno deberás inventarte algo pues los muchachos estarán "seduciendo" a Pat.- hizo comillas en el aire pero aun así aquella imagen mental me daría pesadillas.- Y luego, allí es cuando la tomas y la sacas de aquí antes del segundo acto...-

-¿Y si no lo logro?- mi estómago empezó a dar vueltas

-Tendrás que bailar rock and roll al estilo Elvis.- me mostró el vestuario con una gran sonrisa y luego tomó su posición.

Solo un baile y luego en casa Pat tendrá que disculparse por el resto de su vida…

La música empezó y salimos todas tomadas de la mano, con un breve juego de punta y pie, punta y pie, terminando en un pilé. Lo único que podía pensar en ese momento era no olvidar ni un solo paso. Gracias al cielo los bailarines no tardaron en darse cuenta de mi presencia y me ayudaban en cada cambio de pareja.

-Salta en tres, dos, uno…- Y saltaba crenado la pose de un ángel con los pies y las manos como el resto de las bailarinas.

-Plié…. ya.- me decía otro muchacho en cuanto sus manos me recibían después de un giro.- Y regresa al centro en tres, dos, uno… ya.

Gracias al cielo tenía buena resistencia dando vueltas de lo contrario los nervios me hubieran hecho vomitar.

Completé con éxito la secuencia más difícil de la primera parte y cuando había movimientos lentos podía observar como Alec seguía cada uno de mis pasos como si estuviese esperando a que me cayera para socorrerme… o burlarse. No supe descifrar cuál de las dos sería.

Sentí más nervios en cuanto me volví consciente de que él estaba en el público, cosa que nunca antes me había pasado, ni siquiera con mis mejores amigos. Y a pesar de que estaba en constante movimiento, incluso con los ojos cerrados era perfectamente capaz de decir en qué dirección estaba Alec, lo cual sinceramente me perturbaba mucho…

El momento de los solos llegóy aproveché en posicionarme lo más cerca de Pat que pude.

-¡Pat! Ya es suficiente escenario por hoy, debes bajar.- le pedí entre dientes cuando nuestras miradas se cruzaron. Como nunca antes, ella tardó unos instantes en reconocerme incluso sin la máscara puesta.

-¡Abuela!

  • le rogué pero no podía quedarme a oír su respuesta pues era mi turno de "improvisar".

Decidí no hacer el ridículo y soltando el aire contenido, tomé impulso, contraje los músculos del abdomen y comencé a girar sobre un pie extendiendo la pierna y luego flexionándola en sobre mi rodilla.

En cada vuelta, la mirada de Alec me penetraba en cuanto sus ojos se encontraban con los míos. Empecé a sentir más fuerza en mis músculos, como si algo me recorriera por las venas. Aquella sensación me hizo sentir incapaz de poder mantener aquella rutina por mucho tiempo y llevando mi pierna lo más alto que pude acabé con un último giro y un plié más.

Mis ojos inmediatamente se clavaron en Alec y de alguna forma algo en su rostro me hizo pensar que él también había sentido aquello pero su expresión fue tan fugaz que no tuve tiempo de comprobarlo.

Lamentablemente perdí un tiempovalioso en esos instantes y no pude alcanzar a Pat antes de que el segundo acto comenzara. Maya me había separado un vestuario de rock por si no lo lograba y tuve que correr al camerino y hacer un milagro.

-¡Damas y caballeros, el rock de la cárcel de Elvis! - anunció el anfitrión y todos tomaron posiciones. No lo pensé dos veces y me coloqué como pareja de la mismísima Pat.

-¡Abuela, por favor, reacciona! - le rogué mientras ella nos guiaba al son de la música.

-¿Delawer?

  • ella no solía llamarme por mi nombre.

Una sonrisa se dibujó en su rostro y suspiré aliviada de que estuviera ahora más consciente.

-¿Eras tú bailando ballet? - sonrió aún más cuando yo asentí mientras un muchacho me hacía girar.

-Pat, tienes que bajar. Ya ha sido suficiente por hoy.- admití borrando mentalmente a mi abuela bailando un tango tan inapropiado con aquel bailarín hacía unos instantes.

-Por los polvos estelares mi cielo, pero si eres tan bella como la misma Khaleiis.

Aquella frase me descolocó y me quedé observándola mientras un recuerdo crecía en mi mente. Impedí que mi memoría me distrajera y tomé la mano de Pat y logré hacerla entrar en un coche utilería que habían puesto en el escenario.

Sonriendo encantada de la vida, Pat abandonó el escenario conmigo y con Maya pisándole los talones y dos minutos después la música volvió a cambiar, ahora sin Pat.

Mis ojos se posaron en Pat y luego mi cabeza me recordó por qué lo que me acababa de decir mi abuela era algo tan ilógico pero no extraño para mí.

Cuando era más pequeña y mi abuela tenía malos días, ella solía decirme cosas extrañas, cosas sobre los polvos estelares, algo sobre una energía y cuando su malestar empeoraba, siempre terminaba pidiendo por Khaleiis. Nunca supe diferenciar si se trataba de una persona o una cosa, pero cuando mi abuela volvía en sí, ella solo sonreía y me aseguraba que estaba bien.

Hacía ya más de diez años que no la había vuelto a escuchar decir aquello.

-¿Abuela, te encuentras bien? - pregunté y el temor afloró en mi voz.

-Quizás deba descansar, peeweeka.- su sonrisa no se desvaneció pero sus ojos lucían cansados.

-Déjalo Dee, yo me encargo.- Tía Beth apareció a mi lado y me acarició la cabellera con suavidad.

-Me ha dicho peeweeka, está muy desorientada tía.- le aseguré al recordar que aquella palabra hacía referencia a los magos de las historias que ella solía inventarse para mí antes de dormir.

La cara de mi tía se descompuso durante unos instantes y luego me aseguró que no tenía por qué preocuparme.

-El trago últimamente tiene un poderoso efecto en tu abuela, cielo.- me abrazó con ternura me dejó al pie del escenario, desapareciendo con mi abuela.

¿Allí es donde se iría mí abuela a matar sus penas, con los peeweekas y los polvos de estrellas?

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Espero este capítulo les saque más de una sonrisa. Y de ser posible, háganme saber sus opiniones o dejen un comentario. Intentaré actualizar lo más seguido posible.

A. Marie ("

Gracias Cornamenta24 por darte el tiempo de dejar tu opinión, la actualización con este capitulo va dedicada a ti.