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Historia 189423 — capítulo 28
Rose se encontraba bailando alegremente sobre la cama de Albus, quien se hallaba tendido en el suelo con almohadones escuchando de la música. Malfoy contemplaba a la pelirroja divertido, pues solo actuaba así con ellos dos. Ella se tumbó en la cama, estirándose parsimoniosamente, para gatear hasta donde Albus estaba para observar por sobre encimas de él que leía. Arrugo la nariz en muestra de desaprobación.
- ¿De dónde sacaste eso? - pregunto apagando el reproductor que siempre se llevaba a escondidas. Albus se hallaba leyendo un libro de Artes Oscuras.
-De la casa de Malfoy- dijo con simpleza. Rose miro al rubio azorada, exigiendo una explicación para no salir de allí y vociferar que los Malfoy seguían haciendo magia oscura.
-Mi papá no toca esas cosas, pues la biblioteca era el cuarto de mi mamá, quien tampoco practico nunca magia oscura. Mas es el legado familiar, y de eso a leer las novelas románticas de mi madre…
- ¡Pero no lean esto! ¡El diccionario es más interesante! - exclamo arrebatándole el libro y guardándolo en su bolsa (la cual tenía un hechizo de expansión, fue un regalo de mamá).
-Vamos, Rosie, no es como que me vaya a quedar sin nariz por leer esta cosa, si al final no hago nada…
-No es chistoso Al. No te rías Malfoy…
-Te ahogas en un vaso de agua…
-Con agua, Malfoy, lo correcto es con agua, no de agua- corrigió la pelirroja sin poder evitarlo, haciendo que el rubio rodase los ojos irritado, ella jamás cambiaria-. ¡Y no me hagan divagar! El punto es que basta de leer estas cosas, no mientras yo pueda evitarlo…
-Ya oíste, Scorp. Tendremos que dejarlo para la noche…
-Sí, quizás aprendamos como ser inmortales…Yo consigo el corazón de un pecador…- a los dos les gustaba bromear sobre hacer cosas macabras para asustar a Rose, quien, debido a su defecto de juzgona, era capaz de creérselos por ser de Slytherin. Cosa que amaban, pues sus gestos eran hilarantes.
-…Necesitaremos los cabellos de una virgen- acto seguido, tomo un mechón de pelo de Rose, haciendo que Malfoy soltase una carcajada y que la pelirroja se pusiera roja cual tomate. Pero la vergüenza no tardo en convertirse en rabia que refulgía en sus ojos celestes. Y nada daba más miedo que Rose Weasley enojada.
-Voy a matarte, Potter. A los dos…- acto seguido tomo su varita, pero más rápido que una snitch, Malfoy se la arrebato, mientras que Albus la paralizaba.
-Tranquilízate, Rosie, era un chiste- calmo Albus como si su vida dependiese de eso. Scorpius re rio de el por ello.
- ¡Merlín, no te hará nada! Tú, que te has enfrentado a las hijas del maligno, le temes a tu prima…
El rubio salió disparado fuera de la cama. Rose de algún modo se había librado de la paralización y había hecho magia sin su varita. La mejor maga de esa generación era corto para describirla.
-TU…- Rose se dirigió a Albus, quien prácticamente usaba una almohada como escudo. Los Potter, por naturaleza, eran manipuladores, por lo cual basto una mirada suplicante de esos ojos verdes para que Rose se calmase de golpe y se esfumase su enojo. Quizás esa era la razón por la cual siempre cedía a sus locuras.
- ¿Perdón?- dijo el sin saber que era lo que quería escuchar exactamente Rosie. El, quien era quien ms la conocía en el mundo, todavía seguía en la búsqueda del cómo actuar cuando se enojaba.
-Prometemos nunca hacer uso de lo que leamos allí- completo Malfoy, haciendo que ella suspirase resignada.
-Me vuelven loca- sentencio ella cansinamente, haciendo que el rubio sonriese de lado y Albus le acariciada el pelo, acomodándoselo tras la oreja.
-Mi linda primita, tienes que tranquilizarte, no puedes estar perpetuamente enojada…
-Ya, entendí, perdonare a James…
-¡No lo digo por el!
-¿A no?
-
¿Desde cuándo este hace algo por su hermano? - corroboro el rubio. Rose, quien se habia levantado para atacarles, se acomodó esta vez en la cama del rubio, quien se hallaba en una de las sillas tratando de traducir aquel pergamino.
-
¿Necesitan ayuda con eso? - pregunto bostezando, alzando la vista a sus amigos, quienes tenían unas ojeras apenas marcadas y un aspecto no muy saludable.
-
¡Para nada! - aseguro Albus de forma convincente, sin mirarla.
-Rosie, ¿Qué haces aquí? Ya es algo tarde…- pregunto Malfoy al ver que estaba oscureciendo.
-Si quieren me voy…
- ¡No dije eso! - se apresuró en aclarar Malfoy, haciéndola reír suavemente.
-Estoy jugando. Igual, cualquier cosa me dicen…
-Te ves cansada Rosie, ¿Qué anduviste haciendo?...
-Estudiando y practicando hechizos, debo aprender a controlar mi carácter, pues según Teddy enojada soy capaz de matar con un "Wingardium Leviosa" …. Exagerado…
-Tu no matas ni a una mosca- se burló Albus, pues ella tenía pánico a cualquier insecto, ¡hasta las hormigas la ponían nerviosa!
-Muy chistosito, Al- dijo antes de bostezar. No pasaron ni diez minutos para que se quedase profundamente dormida.
Pero los chicos siguieron hablando y hablando, hasta que se les ocurrió doblegar su orgullo y pedirle ayuda a Rosie. Hasta entonces se percataron que se hallaba descansando plácidamente desde hacía un buen rato. Se removía inquieta en sueños, mas no parecía estar sufriendo de pesadillas.
-La voy a levantar, será mejor que se regrese a Gryffindor para descansar- dijo Albus mientras la removía suavemente, más el rubio lo detuvo.
-Mírala, tanto tu como yo sabemos que no había podido dormir desde hace días. No podemos despertarla…aquí sobran tres camas, me voy a la que le pertenecería a Theo, dudo que le molestaría- dijo con simpleza mientras cubría a Rose con un cobertor, pues hacia frio afuera.
-Vaya, me sorprende lo amable que puedes llegar a ser con ella, considerando lo reacia que suele ser contigo…
-Alguien tiene que ceder, ¿no?...
-Me gusta que al fin se lleven bien… igual, voy a la biblioteca a ver si el problema es en donde lo buscamos…
-No te tardes- respondió Malfoy, acto seguido Albus abandono el cuarto, dejándolo prácticamente solo. Bueno, solo con una dormida Rose Weasley. No pudo evitar acercarse a mirarla de cerca.
Era simplemente perfecta. Su piel blanca tatuada de pecas, su nariz respingada y facciones suaves. Aquellos ojos azul cielo, que aun cerrados transmitían la misma calidez de siempre. Sus labios rosados que lo volvían loco y que recordaba perfectamente los suaves que eran contra los suyos. El cabello pelirrojo formaba un halo de fuego en la almohada, dejando su rostro sonrojado y su cuello a la vista.
Cualquier pista de la fiera Rose Weasley se esfumaba cuando la veías dormida. Lucia angelical, tierna y delicada. Aunque claro, Scorpius visualizaba atisbos de esa niña dulce de vez en cuando. De hecho, él era el único que describiría a Rose como tierna.
Inteligente, Tierna y hermosa. Esas tres palabras describían a Rose en pocas palabras en su opinión. Inteligente era obvio, pues era una bruja talentosa y una chica de gran intelecto en general.
Tierna también era sencillo, pues bastaba con verla jugueteando con niños o con su gatito. Bastaba con verla dormida o escucharla suplicando que no la abandonen. Sus reacciones infantiles a la hora de enfadarse o los brinquitos que pegaba cuando estaba alegre. Madura o no, la niña interior de Rose estaba presente siempre, por mucho que se esforzase en reprimirla.
Y hermosa no solo se refería a su belleza física, que de por si embelesaba a cualquiera. Ella era tan hermosa por dentro como por fuera. Ella tenía un gran corazón y una sensibilidad increíble, pero el jamás entendió la necesidad de demostrar lo contrario… jamás entendió porque alguien como Rose, que nació amada y que vivió sin complejos de ningún tipo se limitaba a fingir desinterés e ira… cuando e realidad era compasiva, dulce y buena…
Era su familia, por la que se desvivía, quien provocaba aquello. Ella siempre se responsabilizaba por ellos o quería ser fuerte por ellos… no se permitía ser débil o vulnerable, lo cual la dañaba. El más que nadie sabía que eso le había impedido hacer algunas cosas a causa de la culpabilidad que sentía después… así la perdió, después de todo…
Se dedicaba delinear sus rasgos con la mirada, mientras pensaba en cuantas veces la pelirroja lo había mandado al diablo. Albus, quien sabia de esa situación, tan solo se enteró de 1 de 3. Todas aquellas veces por lo mismo: no es lo correcto. Otro defecto en ella, que su intelecto no daba para deducir que la perfección es imposible…
El trataba de olvidarla, pero le era imposible hacerlo viéndola todos los días, siendo ella misma, tan perfectamente imperfecta. Ella le daba alas para luego cortárselas en pleno vuelo, y lo peor es que el seguía intentando sin cesar…
De hecho, si dejo que se quedase a dormir allí fue para que el perfume de vainilla de Rose se quedase impregnado en su almohada durante unos días.
Ella no dejaba que la amase ni dejaba que el amase a otras. era como si su felicidad dependiese de que el fuese miserable.
Le dio un beso en la frente antes de regresar a su silla. Continuo sus intentos inútiles de descifrar el mensaje, a la espera de su amigo, para poder distraerse de la presencia de la bella durmiente.
Porque quizás ella tuviese razón: no era correcto lo que el sentía hacia ella. todo sería aun más complicado. Estaban bien así. Pasaría el tiempo y encontraría al alguien mas, al igual que ella lo había empezado hacer hacía dos años atrás.
Había cosas descabelladas, como un Malfoy y una Weasley amigos. Y luego, los imposibles, como en este caso…
-Mira, hermanito, ya son dos aparte de ti que quedaron prendados de Lily, hermanos gemelos y unos de tus mejores amigos desde que llegamos de América… quizás no valga la pena. Yo quiero a Lily, y mucho, pero te imagino con alguien diferente…
-No es lo que tu te imagines, Em, además, eso lo tengo más que claro. Lily se merece algo mejor, además, no le haría eso a Albus…
-Tampoco es para que te tires a la mierda. Ella no te merece, Peter, nadie lo hace- dijo melosamente, colgándose del cuello de su hermano entre risas. El rodo los ojos, más la abrazo por los hombros mientras seguían su camino por los pasillos de Hogwarts, iluminados por una vela. Los retratos se quejaban o simplemente les miraban anonados.
-Me podrías recordar el porqué de deambular a las 11 por los pasillos- pregunto Peter después de un buen rato de silencio. Emily alzo la vista para mirarle directamente a los ojos, de un celeste tan clara que parecía blanco, ojos idénticos a los suyos.
-Porque, hermanito, tuve una horrible pesadilla y fui a buscarte. Es la costumbre, salimos a pasear…
-Claro, a ver, ¿Qué ocurre?...
-Mamá- una palabra fue capaz de perturbar al sereno Peter Dumbledore. Una sola palabra, pero con tanto significado. El recuerdo de su bella y joven madre llego a su mente, sus sonrisas anchas y voz suave. Con esa mirada de amor infinito al mirar a todos, irradiaba luz y calor a su alrededor. La sensación gélida al tocarla en un desesperado intento de despertarla.
-Tienes que olvidarlo…
- ¿Tu puedes? - respondió a la defensiva.
-Sería más fácil si no lo mencionaras…
-Lo lamento, pero mamá no es algo que olvidar…
-Olvidar, superar: son lo mismo…
-No. por supuesto que no. y se supone que eres el listo. Si no me crees, mira a Ari…
-No metas a Ari, ella era muy pequeña…
- ¿Estas sugiriendo que no le dolió tanto como a nosotros? ¡Era su madre! - exclamo soltándose del agarre de su hermano. Ellos jamás peleaban, pero había tres cosas que podían ocasionar una pelea de magnitudes gigantescas: su madre, su hermana y sus amigos.
-No grites ni pongas palabras en mi boca- sentencio con autoridad, haciendo que los ojos de la rubia brillaran de la rabia. Parecía apunto de pegar un grito tremendo, cuando alguien los interrumpió.
-Un poco tarde para un paseo, ¿no les parece? - pregunto Dumbledore con voz suave haciéndolos pegar un brinco del susto a la vez. Se les había olvidado que su oficina no se hallaba tan lejos. No pudieron evitar quedársele mirando fijamente, sorprendidos por el aspecto sabio y sereno que transmitía aquel anciano de sonrisa amable. Y el brillo en sus ojos, idénticos a los de ellos…
-Lo sentimos tanto, Profesor. De hecho, ya nos íbamos. Ya no queda nada de qué hablar- el tono que empleo el gemelo hizo que la chica rodase los ojos de forma notoria.
- ¿Se encuentra bien, Emily? - pregunto el profesor mirando atentamente a la jovencita que tenía enfrente. Vaya que le recordaba un poco a su joven hermana, Ariana, con ese cabello rubio y ojos de cristal. Mas sus rasgos eran más afilados y su rostro menos aniñado. No era su Ariana.
-El idiota de mi hermano tiene razón, profesor, ya no hay nada de qué hablar. Le dejaremos dormir en paz…
-Eso no fue lo que le pregunte, ¿o sí? - no podía evitar que su curiosidad lo impulsara a preguntar más y más, después de todo, ¿cuándo volvería ocurrir algo así? -. En la tarde, durante las presentaciones, mencionaron la muerte de su madre. Honestamente, espero que todo haya salido bien…
-Gracias. Si, en resumidas cuentas, estamos bien- respondió el muchacho ignorando la mirada de reproche de su hermana gemela.
-Pero el que no estuvieran con su hermana…
-Fue culpa de papá- explico la chica-. Pero ahora estamos con ella para apoyarla, cuidarla y, por qué no, aprender de ella- Peter rodo los ojos ante la indirecta tan directa de Emily.
-Escuchen- inhalo largo y profundo, como tomando aire para un largo discurso-. Sé que no llegaran a conocerme, pero me recordaran y quiero dejarles algo, algo que no pude hacer por ella- su mirada se hallaba perdida, mirando más allá de ellos, recordando algo siniestro-. Yo tengo un hermano, Abefforth, mas también tuve una vez una hermana, Ariana. Era tan solo un par de años más joven que su Ariana cuando falleció. Yo no la cuide lo suficiente, Abefforth la subestimo y aisló demasiado… y aunque yo no la apunte con mi varita, tanto el como yo atrajimos la oscuridad a casa…. Nuestros pleitos propios sobre qué era lo mejor para ella no nos permitió ver el peligro… y la perdimos… Abefforth jamás me lo perdono, pues creyó que yo la mate… durante años creí lo mismo de el por no querer ver que en parte tuve la culpa por traerlo a casa…- los gemelos le miraron algo asustados, pues no era el alegre profesor del que les habían hablado-. La moraleja de la historia es que, si Abeforth y yo nos hubiésemos aceptado, hubiéramos podido cuidar bien de ella y quizás estaría con nosotros…
-Profesor…lo sentimos…
-Ya la tuvieron lejos. Lejos cuando más los necesitaba, tengo entendido. Tienen que cuidarla…
-Y lo hacemos…
-Hasta de ustedes mismos- aclaro el Profesor. Un largo minuto de silencio, antes de que el aura risueña lo invadiese de nuevo-. Eso era todo. Un placer conocerlos y que disfruten de su tiempo aquí.
-Jaque mate- declaro Hugo, para disgusto de la pelirroja, quien odiaba perder ante el presumido de su primo.
- ¿10 de 15? - propuso tratando de compensar, más el soltó una carcajada.
-Aunque me encanta ganarte en el ajedrez, la verdad es que ya me aburrí…
-¡Ándale, Huguito!- rogo ella de forma caprichosa, haciéndolo rodar los ojos.
-Eso no funciona conmigo, Luna, asi que se mas creativa- dijo en cuanto puso carita de perrito atropellado. Ese tierno y lastimero gesto se convirtió en una mueca de enojo.
-¡Bien! De todos modos, ¡quien quiere jugar contigo, tramposo!
-¿Tramposo? ¡Te deje ganar 3!...
-¡Mentiroso! Solo te enoja que te haya vencido en tres…
-
¡Ay ya como quieras! -cedió después de un buen rato de insistir e insistir en lo mismo-. Sabes, esto es raro…
-
¿Qué?
-Hogwarts se siente tan diferente… luce casi igual, más la sensación…
-Más vivo, esa es la palabra. No ayuda mucho que el nuestro tenga un cementerio…
-O que haya más fantasmas de alumnos de lo usual…
-Sabes, Peter cree que no son ni los centauros o la gente del agua los que nos atacan. Cree que es quien-tu-sabes…
-Peter puede ser paranoico- corto Hugo, mientras recogía las piezas de ajedrez que Lily había tirado por frustración-. Sabes que desde muy pequeños yo siempre he sentido la necesidad de cuidarte…
-Ajam, por mi enanismo. ¿Cuál es el problema?...
-Pues quiero que tengas eso en consideración cuando te diga esto: es obvio que le gustas a Dumbledore, y a los gemelos y no pongas esa cara que solo un ciego no se daría cuenta…
-
¿Y eso que?...
-
¿Cómo que "y eso qué"?
-
¡No es mi culpa que se hayan enamorado de mi los tres! ¡No me odien por ser bonita!...
-Lily, yo te conozco y sé que lo que dices es mentira. A ti no te valdría algo así, sé que hay un cerebro en esa bella cabecita tuya y que eres capaz de sentir EMPATIA…
-El burro hablando de orejas…
-Estamos hablando de ti…
-¡Pues claro que me importa! Adoro a los gemelos, y a Peter. Hasta hace poco los empecé a ver como algo más que amigos, Hugo, no me presiones…
- ¿A los tres? - la pelirroja asintió-. ¡Lily, eres tonta o te haces!...
-Yo no lo elegí. Además, tengo muy claro lo que voy a hacer: nada. Que me olviden y yo a ellos. Todo será como antes. No soy tan cruel como para separar a los gemelos o quitarle a Pete sus mejores amigos. Yo tampoco quiero perder el cariño de ninguno…
-Cualquiera que no fuera yo se sorprendería con lo que has dicho, Lily. Creo que por fin estas madurando…
-¿Verdad? Solo espero que sea lo correcto…
-Lo es, de hecho, me alegro de no haber tenido que explicarlo…
-Te quiero Huguin…
-No me llames Huguin…
-No me respondiste…
-Yo también…
- ¿Yo también que?...
-Yo también te quiero, enana, ¿contenta?...
-¡Y mucho! Ahora, ¡la revancha!