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Me Enamoré de un Fantasma — capítulo 1

Laketown, Julio 20, 1889

Era verano cuando mi padre decidió aceptar aquella oferta de matrimonio. Yo no esperaba mucho, la mujer con la que pretendían casarme era algo hueca, tosca. Sin embargo, provenía de una familia rica, como la mía, ése era el único interés real en esa unión: El dinero.

Han pasado dos meses desde entonces, y la boda se realizará pronto; en dos semanas para ser exactos. Mi madre está muy emocionada, suele llamarme a la hora del té para acompañarla, y comienza a hablar de los preparativos que ya están listos y los que aún faltan por realizar.

—No estoy segura, Charles ¿Debería usar terciopelo, o seda? — decía— Bueno, tú usarás seda y tal vez no sea muy apropiado que yo la use también.

Mi madre era alegre, sonriente. Yo la amaba de verdad, era a la única de mi familia que en realidad quería. Ella con sus ojos azules y cabello largo y rubio, que me hacía sonreír siempre que me ocurría algo malo. Si le llegara a pasar algo, yo moriría.

Luego estaban mis dos hermanos: August, de veintitrés años, sólo un año mayor que yo. Y Thomas, de tan solo diez. El primero ya estaba casado, él era el orgullo de mi padre, quien heredaría toda la fortuna de la familia Pemberton, mi familia. El segundo era parecido a mi madre: sonriente. Sin embargo, tenía a veces la actitud odiosa de mi padre, lo cual me hacía odiarlo más que quererlo.

En cuanto a mí: Tengo los ojos de mi madre. Mi cabello es negro, como el de mi padre, Lord Benjamin Pemberton; pero despeinado, cosa que él no tolera. Tengo un poco de barba, que me he dejado crecer en las últimas semanas. Más por descuido que por placer; a mi padre tampoco le gusta que sus hijos se dejen la barba. Dice que es de gente desaliñada, de pobres de pueblo que nada tienen que ver con nuestra clase. Pero amo hacer enojar a mi padre, lo odio más que nada. 

Odio sus aires de arrogancia; la forma en la que trata a mi madre cuando no estamos mis hermanos y yo presentes. He visto que la golpea, que la grita. Aún así, ella lo ama. Dice que aquel joven soldado del que se enamoró sigue en él, ¿tiene sentido?

Agosto 1, 1889

Estamos desayunando en el comedor. Benjamin está a la cabeza de la mesa, como es costumbre.

—Charles, faltan dos días para la boda. Espero que no hagas nada que pueda arruinarlo todo—dice con voz seria—. Thomas me ha dicho que planeas huir ese día.

Miro a Thomas con las cejas levantadas.

—Te he dicho que es una broma, hermanito—digo.

—No hay tiempo de bromas, Charles, compórtate como un adulto por una vez en tu vida—dice furioso—. La familia Aldrich ha sido el mejor partido que hemos conseguido para ti.

— ¿Para mí? ¿Crees que me importa el dinero?

— ¿Crees que me importa tener un hijo soltero? —pregunta. Mi madre le mira sonriente.

—Cálmate, Benjamin. Charles no habla en serio. Él mismo me ha comentado que lady Charlotte es encantadora.

Miro a mi madre con una sonrisa falsa. Era más encantadora una estufa que mi espantosa prometida.

—En todo caso, hoy nos visitarán los Aldrich. Sabes que debes comportarte, Charles—comenta mi madre.

—Elizabeth, no es necesario que se lo digas—dice mi padre, mirándola—, él sabe lo que puede pasar si no se comporta como es debido.

Dicho esto, se levanta de la mesa y, sin siquiera mirarnos, sale del comedor.

—Deberías ir a vestirte, hijo—dice mi madre tomándome la mano—. Llegarán pronto y queremos recibirlos bien ¿Qué te parece si sales al jardín a recoger unas rosas para lady Charlotte? He oído que le encantan.

— ¡Sí, hermano! ¡Eso sería encantador! —exclama August con una risita.

Me levanto, me despido y salgo al jardín.

Vivimos en una mansión grande, con doce habitaciones, tres pisos y un gran jardín. Bueno, más que jardín le llamaría terreno, ya que es lo suficientemente grande para que alguien se pierda en él. A una hora a caballo hay un acantilado que da al mar. Suelo bajar hasta la playa a nadar de vez en cuando. Por eso he desarrollado músculos, incluso más que mi hermano mayor. Creo que es lo único que él me envidia.

Voy al establo por mi caballo y voy lejos de la mansión. Sé que debería estar tomando rosas para mi futura esposa, sin embargo no lo hago, sólo me voy, rápido. Hacer esto es de las pocas cosas que me hace feliz. Una vez cuando era pequeño me caí de mi caballo. Esto debido a que se me ocurrió la grandiosa idea de cabalgar con los ojos cerrados. Pero esa es otra historia.

Quisiera irme lejos de aquí, no cumplir con el estúpido compromiso que se me viene, ¿pero qué puedo hacer? No quisiera darle una decepción más a mi padre, aunque lo que él piense no me importa. Sólo me he sentido mal conmigo mismo, toda mi vida, al escuchar de él que nada de lo que hago está bien.

He vivido mi vida rodeada de lujos: Desde fiestas en palacios de duques hasta riquezas inigualables. Mi familia hace todo lo que hacen las personas ricas. Mi padre quería mudarse a la ciudad, a un castillo, pero Londres es demasiado para mi madre. A ella no le gusta el ambiente de la ciudad. Aunque mi padre sigue considerando la idea, pues, según él, ningún Pemberton antes de nosotros había vivido en un pueblo pequeño. De todas formas, cuando mi padre obtenga su título tendrá acceso a mansiones y castillos más grandes que nuestro hogar. Nuestro ''hogar'' es muy grande, no me gusta. No me gusta esta vida de extravagancias, de máscaras. Todas las personas que conozco pretenden ser quienes no son. El poder mueve el mundo en el que vivo, y yo no quiero poder, yo sólo quiero ser feliz.

Ha pasado una hora desde que me fui. Oigo truenos, pronto comenzará a llover. Doy vuelta a mi caballo para regresar a la mansión. Claro, sin olvidar el estúpido detalle de las rosas.

Llego al establo todo mojado y lleno de lodo. No sería mala idea presentarme así ante mi futura familia.

Entro por la cocina, por donde salen y entran los sirvientes. Mi padre nunca me vería, si lo hiciera, me daría un golpe por no estar decentemente vestido. Bueno, ¿acaso importa?

Dejo las rosas sobre una mesa, salgo de la cocina y me dispongo a subir lo más rápido que pueda. La sirvienta de mi madre se me atraviesa e interrumpe mi escape.

—Mi Lord, ya han llegado los…

—Sí, sí… lo sé.

—Lo están esperando en la sala del té, mi Lord.

—Está bien. Por favor avísenles que no demoro.

—Como usted diga…

Y sigo corriendo. Creo que estoy dejando huellas de pantano en las alfombras persas de mi padre. Sólo me interesa ir a secarme y ponerme algo decente, antes de que Benjamin vaya a buscarme furioso. Llego a la gran escalera de mármol cuando escucho un murmullo. Proviene de la biblioteca de mi padre, al lado derecho del hall. Camino cauteloso hacia la puerta medio abierta, ya he oído esa voz.

—….sabe que tenemos poco tiempo—susurra un hombre, pero lo suficientemente fuerte para yo oírlo—. Este matrimonio significa un vínculo al poder.

—Sí, mi Lord Aldrich—dice quien creo reconocer como el mayordomo del padre de mi futura esposa—. Ya está todo bien planeado.

—Eso espero, señor Adams—continúa—.Sólo ocúpese de no dejar rastros ¿Mi hija sabe ya todo el plan?

—Sí, señor.

—Pronto los títulos, riquezas y propiedades de los Pemberton serán mías ¿Entiende lo que eso significa? Sería el hombre más poderoso de Laketown. Benjamin Pemberton pronto obtendrá su título de conde, enviado del mismo rey. No podemos permitir que eso suceda.

—Es cierto, señor.

—Pronto no habrá ni un solo...

Comienzo a sentir latidos fuertes. Se me atora la respiración. No sé qué sucede, no entiendo muy bien lo que dicen ¿Pretenden robarnos? Espero estar malinterpretando sus palabras ¿Debería advertirle a mi padre? Me tomaría por loco, como siempre ha hecho.

Comienzo a retroceder. Debo salir de aquí antes de que ellos me vean. Me doy la vuelta y pego un grito.

— ¡Charles! —exclama Charlotte con su voz chillona— Te hemos estado esperando, querido—no puedo soportar la visión de esta mujer arrogante. Me toma de la mano— ¡Estoy tan emocionada! Pronto seremos marido y mujer… he esperado tanto para esto—se me lanza en un abrazo. Parece no importarte que esté todo lleno de lodo. Su perfume extravagante ahoga mis sentidos.

—He escuchado un grito, ¿está todo bien? —pregunta una voz masculina detrás de mí.

—Sí, padre. Sólo he asustado un poco a Charles—responde Charlotte.

—Bueno, Charles. Un gusto verte. Estaba mirando la biblioteca de tu padre, ¡encantadora! Quisiera tener una colección tan grande de libros.

No puedo confiar en él.

Charlotte mira a su padre con una sonrisa ambiciosa.

—Te esperamos en el salón del té, querido.

Dicho esto, se dan la vuelta y comienzan a caminar.

¡Hola! Espero que se encuentren muy bien.

Hace unos días me encontré de nuevo con mi antiguo perfil de Potterfics, y no pude evitar leer las historias que ya tenía (que obviamente ya eliminé) Esta historia en específico la escribí hace unos cuatro años, pero nunca la terminé. Me encanta la idea de la trama y, después de leerla (casi quedándome ciega por la espeluznante redacción y ortografía de mi yo pasada) decidí retomarla.

Este primer capítulo y el siguiente serán una pequeña introducción a la historia.

¡Espero que les guste! Saludos.

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