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Me Enamoré de un Fantasma — capítulo 2

Males

Agosto 3, 1889

Ha llegado el día.

Me han levantado temprano hoy, pues debo estar vestido y listo para ir a la catedral. La boda se celebrará en Londres, que está a una hora de Laketown. Irán los más distinguidos aristócratas y la noticia de nuestra boda apareció en el periódico también. Mamá está muy contenta y ha estado conmigo desde que desperté, ayudándome a vestir y repasando lo que debo hacer al llegar allá.

Pasaron tres horas y ''por fin'' la boda se celebró. Mi padre me ha acusado de tener cara de amargado durante la boda, pero no puedo ocultarlo. Aquella insoportable mujer parada a mi lado con su extravagante vestido será la que me acompañe durante el resto de mi vida.

No puedo evitar notar cómo Charlotte le da una mirada a su padre cada diez segundos, con una sonrisa de triunfo en sus labios. Aún no sé lo que planean y me asusta un poco qué puede ser. De igual forma esta mujer y su odiosa familia no tienen acceso a las riquezas de la mía. No hasta que ella y yo nos hayamos mudado por fin a nuestra propia mansión.

Es un día lluvioso, como casi todos en Londres. Salimos de la catedral y hay gente esperándonos afuera, felicitándonos y lanzando rosas. La recepción será en la mansión de los Aldrich. *Una fiesta llena de lujos,*decía Charlotte en el carruaje hacia Laketown, no seremos olvidados entre la gente más distinguida.

Durante la fiesta hablé con los invitados sobre cuán felizestaba. Recibimos muchos regalos y bendiciones. Qué ironía.

Después de la fiesta fuimos a la mansión Pemberton, donde tuvimos una cena privada con la familia de Charlotte. Todos estaban felices, pero yo presentía algo malo venir.

Los Aldrich han debido quedarse a dormir, una fuerte tormenta cae afuera.

Como es costumbre Charlotte y yo tenemos nuestra propia habitación en la cual se supone deberíamos cumplir con nuestros deberes matrimoniales.

Estoy recostado en la cama, con ella a mi lado. Está aburrida, puedo notarlo. De igual forma aquello no me sorprende; llevo horas tirado en esta cama y no le he tocado un pelo.

—Charles, querido—dice acariciándome el pecho con una mano, mientras apoya su cabeza sobre la otra—, ¿qué te parece si te pones tu ropa de dormir y…hacemos lo que debemos hacer?

Una sonrisa coqueta se asoma en sus labios.

—No, Charlotte—respondo secamente.

—¿No? —se ríe— No me digas que no deseas a tu esposa.

—No, Charlotte—digo de nuevo.

La sonrisa desaparece de su boca.

—Me han dicho que eres un gran bromista, veo que es cierto.

Se levanta de la cama y comienza a desvestirse. Pretende que la mire, ¿cree que puede seducirme? Tomo el libro que dejé sobre mi mesa de noche y me dispongo a leer. Puedo oír un resoplido de su parte. Sonrío, estoy logrando mi objetivo.

Se recuesta a mi lado de nuevo. La miro, se ha quedado en paños menores. Cualquier hombre a este punto estaría excitado, ansioso. Ella es la típica mujer deseada: Ojos verdes, cabello rubio con tonos rojizos, una piel perfecta que estoy seguro es producto de los polvos, y un cuerpo… ¿encantador? Aún tiene puesto su corsét.

Sin embargo, yo no hago parte de ese grupo de hombres que mueren por bellezas superficiales. Sueño con una mujer sencilla y que esa sencillez la haga hermosa. No siento nada al ver a esta muchacha recostada a mi lado en poca ropa.

—Buen intento, Charlotte. Sin embargo, encuentro más interesante mi lectura que tus fallidos intentos de seducción. Así que si me lo permites, continuaré con eso. Puedes irte a dormir.

Escucho un gruñido de su parte.

—Estás cansado, entiendo—dice con resignación, cubriéndose con las sábanas—. Lo haremos en la mañana.

Sin embargo, la mañana se ve muy lejana aún. Estoy de pie junto a la ventana, viendo la fuerte lluvia caer. Todos están dormidos a esta hora. Yo sólo puedo ver oscuridad a mi alrededor. Siento que Charlotte se levanta, pero se vuelve a acostar inmediatamente.

Finalmente, un par de horas después, el sueño me viene y no tengo otra opción que irme a dormir. Intento estar lo más alejado de ella posible.

Truenos, truenos, truenos. Hay una leve luz al final del pasillo. Oscuridad. No veo ni mis propias manos, incluso con el pequeño resplandor de aquella luz. Camino hacia ella, hacia la puerta medio abierta que la deja entrar. Me asomo pero no hay nada, sólo una luz blanca. Sigo sin ver mis propias manos. Siento como si estuviera flotando, sin embargo, sé que tengo mis pies pegados al piso. Hay paz, a pesar de los truenos que puedo oír a lo lejos. No se siente como el mundo real. Camino a través de la luz y hay otra puerta. La atravieso y llego al comedor. Hay gente que no conozco, muebles que no conozco. Un hombre y una muchacha joven están dándome la espalda, con atuendos extraños y señalando un cuadro de peras. Sin embargo es mi casa, lo sé. Aquella joven se da la vuelta. Su cabello está trenzado. Toma su trenza y se tapa los ojos con ella. El hombre se ríe. Ella mira hacia mí, pero parece mirando nada. El hombre también me observa. Los miro pero ellos parecen no poder verme. Les hablo pero parecen no oírme ¿Qué sucede?

Despierto agitado, sudando. No fue una pesadilla y sin embargo me asustó. La tormenta sigue afuera, azotando las ventanas. El viento hace ruidos extraños y aterradores. La sombra de los árboles atraviesa los vidrios y parecen garras que vienen por mí. Me recuesto de nuevo, tratando de dormir.

Pero algo falta.

Miro a mi izquierda y hay… nada ¡Charlotte no está! Me levanto, en el piso ya no está su ropa, no hay ningún rastro de ella. Me asomo a la ventana, el carruaje de su familia sigue ahí. Debería estar tranquilo, no me importa que ella no esté. Sin embargo, me asusta.

Salgo de mi habitación hacia el pasillo. No hay nadie. También a este lado la sombra de los árboles penetra en el lugar. Un fuerte trueno me hace dar un salto. Miro al final del pasillo, hacia la habitación de mis padres. La puerta está abierta y puedo ver la luz de una vela encendida salir de ahí. No me preocupo, mi padre no puede dormir con las tormentas y suele levantarse a leer a la luz de las velas.

Aun así, algo me dice que me asome a la habitación de August, y lo hago… Pero él no está allí ¿Y Thomas?

Bajo la gran escalera de mármol y hay silencio. Pero algo en el suelo llama mi atención. Me agacho y no puedo creer lo que veo: sangre.

Son gotas que se convierten en charcos. Sigo el rastro, me lleva al comedor. Entro cauteloso y lo que veo me hace gritar.

—¡August! —corro hacia él. Está tumbado sobre el comedor, sollozando.

—Char…—intenta pronunciar mi nombre, pero no lo logra.

Su mano está apoyada sobre su estómago, la retiro y ahí sólo hay sangre, heridas, cortes.

—¡Qué está sucediendo! —grito. Intento levantarlo pero eso lo hace gritar del dolor.

—Ellos…—murmura

—¿Qué debo hacer? —pregunto. Siento los latidos en mi cabeza. Estoy temblando—¡August, responde!

Sus ojos siguen abiertos, pero ya no está parpadeando…

Escucho gritos que provienen de arriba.

—¡Ayuda! —Es Thomas.

Corro lo más rápido que puedo. La adrenalina me hace lograr subir en menos de diez segundos.

Otro grito, desgarrador.

Esta vez son mis padres.

Miro a mi alrededor. Otro trueno retumba, pero no me asusta. Corro por el pasillo y logro ver algo tumbado en el piso. Es Thomas y su cuerpo yace inerte.

Mi madre grita de nuevo. No paro a ayudar a Thomas, que está rodeado de sangre. Es muy tarde ya.

Corro hasta el final del pasillo, a la habitación de mis padres. Allí hay tres personas. Lo único que puedo ver es a mi madre agachada al lado del cuerpo sin vida de mi padre. Está llorando, gritando, me mira con ojos suplicantes. Me acerco a ella pero una silueta a sus espaldas me detiene.

—Charlotte…—susurro

Está parada detrás de mi madre. Su rostro sólo refleja locura. Su pijama blanco está cubierto de sangre. Tiene un gran cuchillo en su mano derecha. La veo alzar su mano, dispuesta a enterrar aquel horrible objeto en la espalda de mi madre. La luz de las velas refleja su sombra en la pared detrás de ella, parece un demonio.

Toma impulso y con una risa, mueve su brazo a su objetivo.

No a mi madre, pienso con furia.

Corro hacia ella lo más rápido que puedo. No pienso, no siento. Si la toca, la mato.

Sin embargo, reaccioné muy tarde. Escucho el grito de dolor de mi madre, la risa de Charlotte. Pero no paro, por más doloroso que sea. Charlotte es lenta y no ve venir mi ataque. La empujo y el cuchillo cae al suelo. Intenta alcanzarlo, pero no lo logra. La tomo del cuello y la levanto del piso. Estoy llorando, temblando; grito, la ira me consume. La tengo agarrada del cuello con mis dos manos, ella no puede tocar el piso con sus pies.

Aprieto con todas mis fuerzas. Sus ojos se ponen rojos, se ahoga, intenta alejarme. Pero no lo hace. Al final, con sólo un movimiento de mis brazos, le tuerzo el cuello. Un sonido desgarrador proviene de él. Y la dejo caer. Muerta.

—¡Qué has hecho! —grita furioso un hombre detrás de mí. Es Lord Aldrich parado al lado de la puerta, también cubierto de sangre y con otro cuchillo en sus manos—¡Qué has hecho! ¡Mi hija!

Corro hacia él sin pensarlo, gritando. Lo tumbo al piso y caigo con él. Lo odio. Lo golpeo con todas mis fuerzas y de inmediato le rompo la mandíbula. Hace un movimiento que no veo venir y quedo debajo de él. Me paraliza completamente con sus piernas.

Esta vez el lento soy yo.

Lo miro, es un loco.

Lo último que veo es su cuchillo acercándose con furia a mi cuello.

—¡Te maldigo, Charles!—grita con cólera.

Siento la fría cuchilla, el doloroso y profundo corte. La sangre caliente correr por mi cuello.

De repente todo es negro.

¡Buenas!

Con este capítulo terminamos la introducción a la historia. A partir del siguiente comenzaremos con la protagonista.

Buen día :)