← Oscura atracción · de
Oscura atracción — capítulo 13
HARRY
Me toca guardia mientras Hermione duerme. Necesita descansar, llevamos unos días en los que las emociones han sido demasiado fuertes. Si en un principio, nos frustraba el no tener ningún tipo de acontecimiento, solo andar y viajar; después de habernos enfrentado a la serpiente de Voldemort creo que hemos tenido suficiente y que nos merecemos un descanso.
Tenemos que pensar bien en nuestro siguiente movimiento sin llamar la atención del enemigo.
Calculo que la Navidad está a punto de acabar y espero que se cumpla aquello que un día le escuché a mi tío Vernon: Año nuevo, vida nueva.
Espero de verdad que esa vida nueva sea para todos la desaparición de Voldemort y nuestra victoria.
Me rodeo con mis brazos intentando mantener el calor corporal. No es muy agradable estar sentado en la nieve y a la intemperie. Pero considero que Hermione necesita descansar así que procuro no quejarme.
El silencio del bosque me envuelve y por un momento desearía tener a Ron allí para escuchar las interferencias de su radio mientras busca un canal específico. Ojala tuviera noticias de los Weasley… de Ginny. Lo último que sé de ella era que había sido sorprendida por Snape mientras intentaba robar la espada.
Snape.
Aun no sé qué pensar de él. Dumbledore confiaba en él ciegamente, yo aún no olvido como lo mató. Pero si algo he aprendido a lo largo de estos años es que no todo es lo que parece.
Si tan solo supiera donde pusieron la espada verdadera.
Y entonces lo vi. Un Patronus paseando entre la oscuridad del bosque iluminando los troncos del árbol con su luz.
Me quedé congelado.
De repente, como si tuviera la voz de Hermione en mi cabeza, empecé a pensar en los diferentes inconvenientes de que un Patronus estuviera allí. Por supuesto, alguien lo ha invocado, ¿pero quién? No conocía a nadie que tuviera una cierva, seguro que del ED no era.
Alguna vez escuché que mi madre invocaba un Patronus en forma de cierva, pero era absolutamente imposible que fuese ella.
Tal vez era una trampa y lo hacían para atraparme.
No sabía qué hacer.
No me lo pensé y caminé hacia ella.
Empezó a alejarse y yo aceleré mis pasos, creo que me estaba guiando hacia algún sitio.
Después de unos minutos, llegamos a un lago que estaba congelado. Se puso justo en el centro del enorme hielo y se evaporó.
Me acerque a la orilla del lago y tanteé con la punta del pie la fuerza del hielo. Como me parecía bastante sólido para aguantar mi peso, empecé a caminar con cuidado por la superficie resbaladiza.
Llegué al lugar donde la cierva había desaparecido y noté que algo brillaba. Pasé mi mano por el hielo y la vi.
La espada de Gryffindor brillaba en el fondo del lago.
Eufórico, abrí un agujero con un conjuro y me quité la ropa.
Aunque estaba solo y no habría manera de que alguien lo robara, no me quité el guardapelo que llevaba al cuello.
Un error que casi pago con mi vida.
Respirando hondo y mentalizándome por lo que estaba a punto de hacer, junté valor y me tiré al agua helada. Sentí como si miles de agujas se clavaran en todo mi cuerpo mientras intentaba calmar mi respiración.
Tomé aire y me hundí en el agua. Tenía que conseguir la espada, era nuestra única arma contra los Horrocruxes. Y si tenía que aguantar el agua helada, lo haría.
Pero no contaba con que el guardapelo reaccionara a la cercanía de la espada.
Me olvidé que estas cosas tienen parte del alma de Voldemort y están vivos de alguna manera.
El maldito objeto empezó a ahorcarme y, entre espasmos, empecé a alejarme de la salida del hielo. Iba a morir allí, iba a dejar a mis amigos a disposición de ese asesino.
Cuando ya empezaba a perder el conocimiento, un par de brazos me llevaron a la superficie.
Tosiendo y sin poder ver bien sin mis gafas, intentaba encontrar mi ropa y vestirme corriendo.
Ya vestido y con las gafas, me llevé la sorpresa de mi vida.
Draco Malfoy estaba delante de mi entretenido en secar su ropa con la varita.
-¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo me has encontrado?-pregunté con la voz temblorosa por el frio.
-He seguido el Patronus de la cierva, ¿era tuyo?-preguntó con desdén.
-No, dime que haces aquí.-exigí mientras buscaba con la mirada la espada.
-Unirme a ti.-de Malfoy me hubiera esperado cualquier cosa, pero eso definitivamente no.
-¿Unirte a mí? ¿Te has vuelto loco? -pregunté atónito. El chico negó con la cabeza y por su seriedad pareciera que había ocurrido algo muy gordo, Malfoy parecía más maduro, más mayor. Como si hubiera tenido que crecer de golpe.- ¿Por qué quieres hacerlo?
-Quiero ayudarte a destruirle.-y por primera vez, desde que lo conozco, no encuentro en su voz ese desprecio con el que siempre nos ha hablado.-Quiero que pague el haber matado a mi madre.
El silencio se hizo entre nosotros.
Me fijé en que la mirada del chico estaba llena de dolor y odio. Pero no pude ponerme en su situación. Yo perdí a mis padres, sí. Pero era muy pequeño para acordarme. No significa que no me duela que no estén; pero él ha vivido con su madre, lo ha criado y posiblemente había sido asesinada delante de él como castigo.
-Puedes empezar ahora.-asentí de acuerdo con la nueva alianza.- coge la espada.
-Es de Gryffindor.-escupió. Rodé los ojos ante la tontería que había soltado y lo miré con una ceja levantada.-Está bien.-soltó agachándose.
-Le ordenaré que se abra y tú le das con la espada. Por una vez, olvida tus prejuicios, piensa como un Gryffindor, sé valiente. Porque esta cosa será implacable. ¿Listo?-le vi tragar saliva y sujetar con fuerza la espada. Asintió.
-Estoy listo, cuando quieras.
Le ordené al guardapelo que se abriera utilizando la lengua pársel.
Una especie de energía emanó de él y me tiró hacia atrás. Desde mi lugar, vi una nube negra que empezaba a tomar forma. Y lo peor, empezó a hablarle a Draco.
-Eres un maldito traidor. Iré a por ti igual que maté a la necia de tu madre.-vi la cara de Malfoy descomponerse por el dolor.- ¿Crees que alguien te querrá? ¿Crees que vales para algo?
-Malfoy, usa la espada.-le grité cuando vi que estaba flaqueando y bajaba la espada.- ¡Hazlo!
Y como si fuera a cámara lenta, le vi recomponerse y lanzarse hacia el guardapelo.
Se escuchó un chillido cuando la espada golpeó y después nada. La calma volvió al lugar como si nada hubiese ocurrido.